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LEMA DE ESTA BLOG: ... hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida. (Miguel Hernández)
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LA LUCHA OBRERA POR EL FERROCARRIL EN EXTREMADURA

Uno de los paneles de la exposición “Vías de dignidad. La lucha obrera por el ferrocarril”, expuesta en Plasencia 

Dicen que dijo Ernesto Sábato que “vivir consiste en construir futuros recuerdos”. En ese sentido, al ver anunciada esa interesante y oportuna exposición “Vías de dignidad. La lucha obrera por el ferrocarril”, de la Fundación Cultura y Estudios de CCOO de Extremadura, que puede visitarse durante esta semana en Plasencia y que reivindica un tren digno para la región extremeña, me han venido a la memoria muchos recuerdos de esa lucha obrera que ya dura cerca de medio siglo y que seguro continuará.

La exposición tiene como objetivo sensibilizar a la ciudadanía a través de distintos contenidos y se plantea como un ejercicio de memoria colectiva, así como una llamada a la acción. Recuerda que los avances logrados no han sido fruto del azar, sino de la presión social sostenida y de la movilización ciudadana.

Lo reitero: me parece una iniciativa muy interesante. Espero y deseo que esta exposición pueda verse en otras ciudades extremeñas.

Y pasando a los recuerdos personales, tengo que decir que, a finales de la década de los 70 del siglo pasado, desde CCOO comenzamos a sembrar la semilla del movimiento obrero ferroviario extremeño. Aquello daría lugar posteriormente a la creación de un potente sector ferroviario dentro de CCOO, que fue y sigue siendo punta de lanza de las movilizaciones para que el Gobierno central y también el autonómico (cuando se creó en 1983), tuvieran en cuenta las reivindicaciones del personal ferroviario y de la ciudadanía en su conjunto.

Como relato en mi libro “El pasado es la linterna del futuro” (60 años de CCOO en el ferrocarril), mucho antes de contar con gobiernos autonómicos ya nos habíamos movilizado para conseguir mejoras para los trabajadores, siendo conscientes de que esas mejoras también repercutirían en beneficio de la ciudadanía..

Aunque debemos reconocer que siempre hemos tropezado con la misma piedra: gobernara quien gobernara, se apostaba más por la carretera que por el ferrocarril. A pesar de ello, nunca desfallecimos.

Recuerdo cuando, por primera vez, vine a Extremadura para participar en la puesta en marcha de la primera ejecutiva del sindicato ferroviario de CCOO en la provincia de Badajoz. Era a finales de 1977, y celebramos la reunión en el antiguo edificio del sindicato vertical, en la calle San Salvador de Mérida.

Aún conservo una fotografía de aquel momento. Está fechada el 26 de diciembre de 1977. Ya ha llovido. La imagen fue tomada en la antigua casa sindical de Mérida.. En ella aparecen, junto a la sigla de CCOO, los participantes en la asamblea de personal ferroviario: Ángel Álvarez (responsable entonces de CCOO en la provincia de Badajoz), Paco Naranjo —es decir, yo mismo— y José Luis Piñeiro, ambos pertenecientes al Sindicato Ferroviario de CCOO a nivel estatal.

El objetivo de aquella reunión era constituir el sindicato ferroviario de CCOO en la provincia de Badajoz, algo que conseguimos. Con la asistencia de cerca de un centenar de trabajadores, quedó elegido el núcleo de dirección del sindicato, compuesto por los compañeros Eugenio Nieto, como secretario general y  Eugenio Coronado, Manuel Guisado y Pedro Moreno, formando el núcleo duro de la dirección.

Y aunque, según datos de CCOO de Extremadura, por aquellas fechas se superaban los 300 afiliados ferroviarios en la provincia, era la primera vez, tras la represiva dictadura franquista, que se constituía formalmente el Sindicato Ferroviario de CCOO en la zona.

Desde entonces han pasado 48 años y el destino de las personas nombradas ha sido diverso. Ángel Álvarez Morales se incorporó a la política y, diez años después (1987), llegó a ser consejero en uno de los gobiernos de Rodríguez Ibarra. A José Luis Piñeiro Novoa, tras varios años en el Comité Intercentros de RENFE, le perdí la pista. Lo último que supe es que presidía la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Galicia.

A los compañeros que asumieron responsabilidades aquel día, quiero agradecerles su disposición y compromiso en aquellos momentos. Un recuerdo especial para Eugenio Coronado, con quien más congenié. Me consta que todos ellos han fallecido. Descansen en paz y, de nuevo, gracias por vuestro compromiso con la clase trabajadora en tiempos tan difíciles.

Aquella fue la primera vez que me desplacé desde Madrid por estos menesteres, pero no sería la última. Han sido innumerables las ocasiones en las que he viajado a Extremadura: a Mérida, a Cáceres y a su provincia, organizando asambleas —a veces con apenas dos o tres personas— en estaciones, en brigadas de vías y obras, recorriendo la línea hasta Navalmoral, especialmente en 1978, durante las primeras elecciones sindicales en libertad.

Años después, y en especial con el regreso de Paco González en 1980 a su pueblo natal, Calamonte y una vez elegido secretario general, el sector ferroviario en la región se consolidó notablemente. Tanto es así, que los secretarios generales que le sucedieron — Antonio Toscano, Manolo Taguas, Miguel Fuentes y Manuel Nicolás— no solo representaron excelentemente al sector, sino que también asumieron responsabilidades de mayor alcance. Todos ellos, excelentes personas y grandes sindicalistas. (Manolo Taguas se nos quedó por el camino. Descanse en paz; siempre te recordaremos).

Todos los mencionados, junto a muchas otras personas quizá menos conocidas, han encabezado la lucha por el ferrocarril: en la calle, en la vía, subidos a un bidón… Sí, sé que hoy hay muchos más, que alzan la voz —especialmente en redes sociales— por un ferrocarril digno. Recordar que esto de las redes es algo relativamente reciente, pues estas herramientas no se generalizaron hasta finales de la primera década del actual siglo. Quizás lo más novedoso es que en la actualidad se haya subido al carro el sector empresarial, que en aquella época de los cierres de línea permaneció mudo. Bienvenidos a la lucha por un ferrocarril digno.

Recordar que lo más grave ocurrió, sobre todo, en la primera mitad de los años 80, y culminó el 1 de enero de 1985. La Nochevieja de 1984 fue la última en la que cerca de 2.000 kilómetros de vía vieron pasar trenes (914 km de supresión total y 894 km cerrados para viajeros). Se cumplía así el acuerdo del Consejo de Ministros del 30 de septiembre de 1984, que eximía a RENFE de mantener el servicio en aquellas líneas cuyos ingresos no cubrieran el 23 % de los gastos, facilitando su cierre.

Con ese criterio, el recorte habría sido aún mayor. La previsión inicial, basada en datos de 1982, contemplaba la supresión de servicios en 3.500 kilómetros de los más de 13.000 existentes. Las presiones sociales, políticas e incluso internas lograron reducir parcialmente aquel impacto..

Algunos gobiernos autonómicos —Extremadura, Andalucía, Murcia, Valencia y Cataluña— alcanzaron acuerdos con el Gobierno central para asumir déficits y evitar cierres. Resulta llamativo que Castilla y León, gravemente afectada por el cierre del tramo Palazuelo-Astorga de la Ruta de la Plata, no suscribiera ningún acuerdo. También es significativo que algunos pactos, como los de Andalucía, se firmaran la misma noche del 31 de diciembre, o que el tramo Zafra-Llerena cerrara esa noche y reabriera seis meses después.

Desde CCOO impulsamos la creación de coordinadoras locales en defensa del ferrocarril, así como la Coordinadora Estatal, presidida por Agustín García Calvo, siendo yo su portavoz. Se organizaron numerosas movilizaciones antes y después de los cierres, como refleja la hemeroteca: “El Gobierno central margina a Extremadura” (Hoy), “El transporte ferroviario margina a las regiones más deprimidas” (La Crónica), “Tristes vías sin trenes” (Diario de León), entre otros titulares.

1986: En una rueda de prensa de la coordinadora estatal, en el fondo: Paco Naranjo, Portavoz y Agustín García Calvo, Presidente de la Coordinadora.

No quiero terminar sin recordar otros momentos clave, como la movilización del 28 de mayo de 1997. Según Antonio Toscano, fue a partir de entonces cuando las instituciones comenzaron a reaccionar. Hay que tener en cuenta, como señaló Miguel Fuentes, que la situación del ferrocarril en Extremadura partía de un retraso histórico considerable, dando datos que avalan sus palabras.

En definitiva, poco más que añadir. Quien quiera profundizar que vaya a ver la exposición. También puede adquirir mi libro “El pasado es la linterna del futuro”. Y en cuanto al presente, creo sinceramente que el movimiento obrero ferroviario está en buenas manos: las nuevas generaciones mantienen vivo el compromiso.

Porque, además, no se pide nada extraordinario. Las reivindicaciones son las mismas de hace años: simplemente que Extremadura disponga de un ferrocarril digno, equiparable al del resto de regiones de España. Ni más ni menos.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.

LA MATANZA DEL CERDO EN EXTREMADURA

La matanza del cerdo. El desangrado (foto cogida de internet. Autor desconocido)

Ya he escrito en varias ocasiones en este blog sobre mis vivencias en Proserpina, pequeña estación de ferrocarril, situada en la línea de Aljucén a Cáceres, a unos 15 Km de Mérida. Esta vez me voy a centrar sobre todo lo que rodea al día de la matanza del cerdo y lo que suponía de acontecimiento familiar, casi siempre de alegría, e incluso de fiesta.

La historia de la matanza del cerdo está ligada a la del ser humano desde hace ya millones de años, desde que se domesticó al jabalí, hace más de 5000 años. Se tienen pruebas de que ya los pueblos celtas realizaban esta práctica, aunque no se pueda concretar exactamente su origen. 

En España, se cree que los fenicios introdujeron los primeros cerdos que se mezclaron con los jabalíes que ya existían en el norte, dando lugar a la raza celta, y en la parte central y sur de la península, dieron lugar a las razas ibéricas. 

La matanza del cerdo en todos los casos tenía una misma finalidad, que era abastecer a la familia, sobre todo en el medio rural, de carne con la que pasaban todo el invierno. Al ser alimentos ricos en grasas y proteínas, proporcionaban una buena base para poder tener una alimentación lo suficientemente buena para que el invierno no fuese tan duro.  

En general, la matanza del cerdo, siempre tuvo un carácter festivo, de alegría. Se reunía a todos los familiares y se invitaba a vecinos y amigos a echar una mano, ya que el proceso debía ser rápido y había mucho trabajo, por lo que se necesitaban muchas manos para realizarlo en el menor tiempo posible. 

Mis recuerdos personales se remontan a los años 50 del siglo pasado. Yo tendría entre 8 y 12 años, así que lo veía todo con esa inocencia infantil que hace ver todo de color de rosa. En fin, vamos al grano:  La matanza se hacía en pleno invierno, en los meses de diciembre o enero y lo primero que recuerdo era la llegada de familiares y amigos más íntimos la tarde anterior al gran acontecimiento del día siguiente para comenzar y adelantar las faenas necesarias del evento. Mi abuela y mis primas Nieves e Inés, nunca faltaban.

Esa tarde y el mismo día de la matanza era una fiesta. Currando sí, pero a su vez divirtiéndonos. Los problemas surgían por la noche, a la hora de acostarnos, pues éramos muchos para las pocas camas que teníamos. La mayoría dormían en unos colchones que se tendían en el suelo de las habitaciones de la casa. Una casa pequeña, hecha de ladrillo de adobe, de unos 60 metros cuadrados, con un par de habitaciones, sin luz eléctrica ni agua corriente y los WC eran todo el amplio campo de encinas del entorno de la vivienda.

Aun de noche, pero ya de madrugada, nos alumbrábamos con quinques de aceite y con lámparas de carburo, ya que no teníamos luz eléctrica. Eso dentro de la casa. Fuera, se encendía una gran fogata que servía de luz para dar comienzo a la matanza, siempre realizada por un matarife “profesional”, que según recuerdo hacía que el animal sufriera lo menos posible, cuando el matarife acertaba a la primera. Cuando no acertaba o se ponía nervioso, los gritos de dolor del cerdo eran estremecedores. No gruñían, chillaban.  Yo era raro el año que no lloraba a lagrima viva al escuchar sus gemidos.

Aunque en general mis recuerdos eran de fiesta y alegría, reconozco que en mi casa la matanza era un medio de subsistencia, una necesidad, para que durante prácticamente todo el año nos abasteceríamos de alguno de los productos del cerdo. Siempre hacíamos, mondongo, morcilla patatera, chorizo rojo y blanco, huesos y sobre todo tocino, mucho tocino. Jamones y lomos no hacíamos pues esos eran artículos de lujo. Su carne la utilizábamos para hacer los mejores chorizos.

Con mi prima Inés, en el pueblo de Esparragalejo, años 50 del siglo pasado. (Fotografía archivo personal)

Todos los miembros de la familia, desde los abuelos, primas y hasta los más pequeños, ayudaban y aportaban en la medida de lo posible para que todo saliera perfectamente. Desde pelar ajos a encender la fogata. Mi labor de cuando yo tenía 12 o 13 años, era ir en bicicleta, con mi hermano, al pueblo de Esparragalejo con una pieza del cerdo para que el veterinario nos diese el Vº.Bº, para su consumo. Creo que llevamos un trocito de lengua o entraña.

Durante el año criábamos y engordábamos dos cochinos, casi siempre encerrados en la zahúrda, de los cuales sacrificábamos uno de ellos. El otro lo vendíamos ya engordado y lo que nos pagaban nos servía para los gastos de la matanza y para que, en febrero o marzo del año siguiente, comprar un par de gorrinos ya grandecitos. Entre 10 y 15 kg de peso.

Por cierto, recuerdo con absoluta nitidez, que cuando íbamos mi padre y yo montados en un asno al pueblo a comprarlos, a la vuelta mi padre iba andando y los cerditos en una parte del serón y yo en el otro lado. Como contrapeso mi padre metía unas piedras en uno de los huecos del serón, para compensar mi peso y el de los gorrinos. En alguna ocasión rodábamos por los suelos los lechoncitos y yo, al resbalarse el serón para uno de los lados.

Burro con serón (fotografía cogida de internet. Autor desconocido)

En fin, estos son retazos de mis recuerdos personales de la matanza del cerdo, pero no quisiera terminar sin el deseo que esta tradición milenaria perdure, aunque sea como atractivo turístico en los muchos pueblos extremeños que sus familias pudieron subsistir gracias a esas matanzas que he comentado. Merece la pena recordar también estas historias.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013/2024) y sindicalista de CCOO.

Paco el de Calamonte: Un héroe anónimo.

Con Paco Gonzalez en el 1º de mayo de 2016 en Mérida 






Ya hace años, más que años varias décadas de esta historia. Hablamos de los años 70 del siglo pasado. Fue a finales de 1976, meses después de “La asamblea de Barcelona”, cuando las CCOO decidieron que había que afiliar a los trabajadores para hacer un gran sindicato de clase y de nuevo tipo. 

En el ferrocarril, los que estábamos de “dirigentes” siempre fuimos muy disciplinados con lo que nos encomendaba la dirección confederal, formada por aquel entonces por Marcelino Camacho, Julian Ariza, Nico Sartorius, etc, etc. Así que iniciamos, ya en 1977, una campaña de afiliación en Madrid, pero también en toda España. Eran tres sectores los que dependían en aquellos momentos del Sindicato Ferroviario de CCOO: RENFE, FEVE y Contratas ferroviarias. Un colectivo de más de 80.000 personas.

Previamente, a través del Pleno de Representantes Ferroviarios, la “Platajunta”, ferroviaria, como se decía popularmente, ya se tenía a muchas personas organizadas, pero sin afiliar. Así que no costo excesivamente muchos problemas el poder afiliar a muchas de ellas. Así y todo, no era fácil convencer de la necesidad de la afiliación masiva para defender y conseguir nuestros legitimo derechos como clase obrera.

Recuerdo, si no me bailan las cifras, que mas de un 80 % del personal ferroviario estaba afiliado antes de superar el año 1980. Solo en RENFE, éramos 70.000 trabajadores, de los cuales, en CCOO, como sindicato mayoritario, llegamos a ser 25.000 los afiliados y afiliadas. El resto de la afiliación se distribuía entre UGT, USO y SU. Por aquel entonces aún no había nacido el SEMAF (sindicato amarillo de maquinistas).

Estos eran, mas menos los datos generales, pero para llegar a esos datos, los militantes tenían que currárselo mucho y bien. En la campaña de afiliación, además de afiliar, había que intentar convertir a cada afiliado en militante activo. Y en dicho sentido los que vivimos en vivo y en directo esos prolegómenos, tenemos multitud de anécdotas.   

Una de ellas por su importancia de la persona y de sus resultados, la voy a contar aquí: A los pocos meses de comenzar la campaña de afiliación en Madrid, que es donde yo estaba, nos venían afiliaciones de un montón de sitios, pero sobre todo de los centros de trabajo donde había mas personal y de forma especial en talleres y grandes oficinas. Eran más difícil afiliar en pequeñas estaciones y otros lugares con poco personal.

Por ello nos llamó tanto la atención que de una estación de ffcc pequeña como Roblegordo, de la linea de Madrid- Burgos, (por cierto, esa estación lleva muchos años cerrada) nos llegaran constantemente afiliaciones y además de diversas categorías profesionales. Y para mas inri, en el núcleo de dirección sindical del ferroviario, incluido su secretario de finanzas, no conocía ni siquiera a la persona que nos mandaba tantas afiliaciones. Así que tuvimos que investigar de quien se trataba.

Estación de ffcc de Roblegordo, en la actualidad, cerrada hace ya muchos años.

Se trataba de un chaval joven, de origen extremeño, que llevaba poco tiempo en Roblegordo, Factor de Circulación para más señas. Entonces no era tan fácil localizar a una persona. No había móviles y los teléfonos fijos eran los menos. Cuando ya conseguimos hablar con él, nos encontramos con una persona normal y corriente. Al principio y dado su enorme capacidad de afiliar a tantas personas, creímos que era un “Superman”, pero no, nos equivocamos, solo era una persona con gran conciencia de clase y con unas enormes ganas de echar el resto por sus queridas CCOO y lo demostraba afiliando a todos los ferroviarios que pasaban por aquella estación, fueran de estaciones, de vías y obras, de conducción, o de cualquier otro servicio.

Después, en las primeras elecciones sindicales libres celebradas en 1978 -una vez pasada los más de 40 años de oscuridad franquista- se presento y fue elegido represente sindical en las listas de CCOO en el Comité de Empresa de Movimiento y Conducción en Madrid Chamartín. Recuerdo que estuvo poco tiempo demostrando su valía, pues en cuanto pudo en un concurso de traslado, en 1979, se fue para su querido pueblo extremeño: Calamonte (Badajoz).

Manifestación en defensa del ferrocarril en Mérida (Octubre 1984), de izquierda a derecha:
En pancarta: Mediavilla y Paco González. Delante: Paco Naranjo y José Caballero...

Ya en Extremadura, al comienzo de la década de los años 80 del siglo pasado, los afiliados de CCOO en el sector ferroviario lo eligieron secretario general del sindicato ferroviario de la provincia de Badajoz. Cargo en el que estuvo hasta el año 2000, consolidando al sindicato en la región extremeña, compaginando su cargo con otras responsabilidades políticas en Calamonte, siendo concejal elegido en las listas del PCE e IU, en varias legislaturas, formando parte del gobierno municipal durante 8 años.  En la actualidad esta jubilado laboralmente, pero sus sueños de libertad y su lucha a favor de los más desfavorecidos continúan indemnes, asistiendo a las movilizaciones y actos sindicales y políticos, que se convocan. 

Aunque muchas personas que van a leer esto, no lo conozcan me estoy refiriendo a Francisco Gonzalez Perez, en el leguaje de los militantes sindicales, “Paco el de Calamonte”, uno de esos héroes anónimos, de los muchos que han contribuido a que en España hayamos podido alcanzar la libertad y la democracia, así como a consolidar un gran sindicato como es CCOO.

Gracias Paco Gonzalez, gran amigo y excelente persona, por estar ahí siempre. A las duras y a las maduras, pues personas como tu son referentes para los jóvenes que quieran realizar un trabajo colectivo, político o sindical, que luche y mejore a la gente de nuestra clase, la clase obrera,

Un abrazo Paco, compañero, camarada y también amigo, que sigas disfrutando de tu merecida jubilación, en compañía de tu compañera Antonia y de tus hijos y nietos y por supuesto no dejes tu deporte favorito: tu querida bicicleta.


Francisco Naranjo Llanos, director Fundacion Abogados de Atocha y sindicalista de CCOO.  


FERROCARRIL EN EXTREMADURA: 25 AÑOS DE “BASTA, HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO”



Todavía contigo,

trenecito de plata,

de Plasencia la pimentera

a Hervás la galana,

de los Baños trepando

 a Béjar serrana

 y de Béjar arriba bajando

    hacia Salamanca.

   (Agustín García Calvo)

CCOO de Extremadura ha organizado el pasado 26 de mayo en Badajoz, la II Cumbre por un Tren Digno en Extremadura, coincidiendo con el 25 aniversario de la gran movilización del 28 de mayo de 1997, una jornada de debate y trabajo que ha demostrado, una vez más, el compromiso del conjunto de las CCOO, por la defensa de un tren digno, moderno, de calidad, y que sirva de motor económico y social. En esta cumbre han participado los máximos responsables del sindicato a todos los niveles: Confederal, Federal, Autonómica y Sectorial. Desde Unai Sordo a la secretaria del sector Ferroviario Pepa Páez, pasando por Encarna Chacón, la máxima responsable del sindicato en la región extremeña. Igualmente, han participado en el evento, reconociendo el grado de responsabilidad de CCOO, el presidente de la Junta de Extremadura Guillermo Fernández Vara, así como los máximos responsables sindicales de CCOO de Castilla León, Andalucía y Castilla la Mancha, así como de la Federación de Servicios a la Ciudadanía.

Gran jornada y además con contenido. En una primera lectura parece que ya todo el mundo apuesta por el ferrocarril y no solo de palabra, si no con hechos. Ahí está la segura puesta en circulación en Extremadura, del Tren de Altas Prestaciones el próximo mes de junio por unas vías nuevas preparadas para la alta velocidad, después de una inversión, de cerca de 1500 millones de euros en los últimos cuatro años por parte del Gobierno Central, el gobierno de los “socialcomunistas”, que dirían algunos. Antes, con el gobierno central en manos del PP, mucho hablar y poco concretar. O sea, que en principio la jornada perfecta.

¿Ahora bien, por ello los extremeños debemos estar contentos y felices…? Pues como diría un gallego: depende. Si, depende de si vemos el vaso medio lleno o medio vacío. En la propia cumbre de CCOO se mostró también esa clásica dicotomía pesimismo–optimismo. Por un lado, alegrándonos por los avances conseguidos en los últimos años y por otro viendo la necesidad de seguir reivindicando otras mejoras y alternativas necesarias, por no decir imprescindibles.

Los participantes de CCOO en la jornada del pasado 26 de mayo

Por mi parte, recordando las movilizaciones y también las propuestas que realizamos los extremeños en los años 80, encabezadas por CCOO, para que no nos cerraran líneas y se apostara por un ferrocarril de progreso, debo reconocer que aquellas movilizaciones en Mérida, Cáceres, Plasencia, etc,,  a pesar de la buena voluntad que pusimos y las miles de personas que se movilizaron, sirvieron de poco y el cierre de líneas fue un hecho el 1 de enero de 1985, así como el continuo retroceso del ferrocarril extremeño, como muy bien contaba en la jornada del 26,  Antonio Toscano, (de la Federación de Servicios a la Ciudanía, gran dirigente sindical, por aquel entonces en el sector ferroviario y en la Unión Regional de CCOO de Extremadura) y solo fue a partir de la gran movilización del 28 de mayo de 1997, hace ahora  25 años, cuando los gobiernos e instituciones varias, comenzaron a tomar nota y darse cuente que sin un ferrocarril digno en Extremadura no se podía seguir y que la sociedad había dicho, basta ¡ y hasta aquí hemos llegado..

Y fue a partir de esos años cuando las autoridades comenzaron a preocuparse de la necesidad de mejora de las líneas férreas extremeñas y el error del cierre de líneas y aunque se hicieron cosas, no fue hasta el año 2016, cuando las organizaciones sociales y empresariales extremeñas conjuntamente con el Gobierno Regional firmaron el Pacto por Ferrocarril en Extremadura, un buen acuerdo que apuesta claramente por el desarrollo del ferrocarril extremeño, sin ningún género de dudas. (Ver documento completo ).

 Pero además de firmar hay que cumplir y por ello hay que seguir presionando. Creo que ha sido y es, un necesario y buen acuerdo y debe de tener un seguimiento exhaustivo para que nadie se pierda. En su propio origen representa de hecho a todas las sensibilidades políticas y sociales de Extremadura. Por ello tiene una gran importancia. Desde su firma, el avance del ferrocarril en nuestra región va siendo un hecho real. Gracias al Pacto se dio un impulso importante a las obras de la plataforma AVE que estaban semiparalizadas y se constituyó una comisión de seguimiento en la que se verifica el cumplimiento de los plazos e inversiones comprometidos, entre otras muchas medidas. 

Además, gracias al Pacto, se han producido mejoras en la vía convencional, en las instalaciones de seguridad y el compromiso de electrificación de la línea Mérida-Puertollano, la recuperación del talgo Madrid-Badajoz o el acuerdo sobre las terminales de mercancías ya en ejecución, etc.

Pero lo decía la líder del sector ferroviario Pepa Páez y Miguel Fuentes (secretario de Estudios de CCOO de Extremadura y durante bastantes años responsable del sector ferroviario regional) en sus intervenciones: la actual situación del ferrocarril en Extremadura, no es nada halagüeña. Hay que tener en cuenta que partimos de un retraso de muchísimos años. Muy resumidas, estas son sus principales reflexiones y propuestas:

-Extremadura ha perdido, solo en los últimos 30 años, tres cuartas partes del conjunto de empleados ferroviarios. (de mas de 1200 en 1986 a los poco más de 350 en la actualidad). Se han cerrado un buen número de estaciones y se han suprimido trenes y servicios, tanto de mercancías como de pasajeros.

-Es la única comunidad que aun a día de hoy, no tiene ni un solo kilómetro electrificado, aunque está en marcha la electrificación del tramo Badajoz-Plasencia, que se espera ver electrificado en menos de un año. Reconociendo la mejora del servicio prestado por RENFE con respecto a hace pocos años, aún son frecuentes los retrasos y averías. 

-Se debe acelerar la construcción del corredor AVE entre Badajoz y Madrid en vía doble y electrificado en todo su recorrido y que se recupere la Ruta de la Plata hacia el norte, algo que también se está demandando desde otras comunidades autónomas.

-Igualmente, se necesita más rapidez en la renovación y electrificación de la línea Mérida y Puertollano, y se construya un intercambiador de ejes en Brazatortas, facilitando el acceso a la vía AVE Madrid- Sevilla y una salida competitiva de las mercancías para las empresas de la región hacia los puertos de Algeciras y Valencia.

-También se considera importante la modernización urgente de las líneas que comunican Extremadura con Sevilla y Huelva y su electrificación, y una conexión rápida de viajeros con Lisboa y de mercancías con el puerto de Sines en Portugal.

Como se puede observar todas estas reivindicaciones son de años, de tantos años como retraso lleva el ferrocarril en Extremadura y que quede claro:  CCOO no pide nada que no tengan ya la mayoría de las regiones de España. Solo nos gustaría estar similar a ellas. Ni más ni menos.

Por otro lado, en la cumbre se recordó, muy merecidamente, al que fuera secretario general del Sector Ferroviario de CCOO, Manuel Taguas, fallecido hace dos años. DEP compañero Manolo.



Esto ha sido para mí, muy resumido la crónica de lo tratado en unas jornadas importantes para el ferrocarril extremeño. Vuelvo a opinar: Creo y lo digo como lo siento, que un tema como este del ferrocarril, teniendo en cuenta lo que tardan sus obras, es necesario, creo que imprescindible, que fuera cuestión de Estado, con inversiones a medio y largo plazo y en ese sentido tiene mucha importancia los partidos políticos estatales y en especial los que forman gobierno.

Desde Extremadura esperemos que todos sigamos en tensión cara al Gobierno Central, gobierne quien gobierne. Por CCOO no va aquedar. Siempre van a estar al pie del carril (lo del cañón se lo dejo a otros), como han demostrado una y otra vez a lo largo de los años. Solo hay que echar una ojeada a las hemerotecas. Mirad por ejemplo lo que escribía yo mismo, en nombre de CCOO, en 1987 en el periódico El País (Los olvidos del PTF)

Francisco Naranjo Llanos

Sindicalista Ferroviario de CCOO en la década de los 80 del siglo pasado y actual director de la Fundación Abogados de Atocha


CONSTITUCION DE LAS CCOO FERROVIARIAS DE BADAJOZ.


La mejor fórmula de acordarse de lo que se vive a lo largo de los años es contemplar una imagen. Enseguida te viene a la memoria lo que hay detrás de la foto y en su entorno.
 
José Luis Piñeiro, Paco Naranjo y Ángel Álvarez, en la sede de la casa sindical en Mérida, diciembre 1977

La foto no es de mucha calidad, que digamos, pero da motivos para recordar un acontecimiento histórico dentro de las CCOO ferroviarias de Extremadura, la constitución del sindicato ferroviario en la provincia de Badajoz.

Está fechada el 26 de diciembre de 1977. Ya ha llovido. Y está hecha en  la antigua casa sindical de Mérida,  situada al lado de la iglesia de Santa María, concretamente en la calle San Salvador y en ella, además de la sigla de CCOO, están los intervinientes en una asamblea de personal ferroviario, que son, de izquierda a derecha: Ángel Álvarez (responsable CCOO en la provincia de Badajoz), Paco Naranjo -o sea yo-  y José Luis Piñeiro. Los dos pertenecientes al Sindicato Ferroviario de CCOO a nivel estatal.

El objetivo de la reunión era constituir el sindicato de las CCOO ferroviarias en la provincia de Badajoz. Cuestión que conseguimos, pues con la asistencia de cerca de un centenar de trabajadores, quedo elegido el núcleo de dirección del sindicato ferroviario, compuesto por los compañeros Eugenio Nieto, Eugenio Coronado, Manuel Guisado y Pedro Moreno.

Y aunque según los datos de CCOO de Extremadura, por aquellas fechas se superaban los 300 afiliados ferroviarios en la provincia, era la primera vez, después de la represora dictadura franquista, que se constituía formalmente el Sindicato Ferroviario de CCOO por aquellos lares.

Desde entonces, han pasado más de 40 años y el destino de las personas nombradas ha sido diverso: Ángel Álvarez Morales,  se pasó a la política y diez años después (1987)  llego a ser  Consejero en uno de los  Gobiernos de Rodríguez Ibarra.  A Josa Luis Piñeiro Novoa, después de varios años en el Comité Intercentros de RENFE, le perdí la pista. Seguro que estará en su Galicia natal haciendo cosas relacionadas con el ferrocarril, pues teniendo en cuenta lo inquieto y activo que era no lo veo sedentario. Lo ultimo que vi de el es que presidia la asociación de amigos del ferrocarril de Galicia. Si llega a leer esto un gran abrazo José Luis!!. 

A los compañeros nombrados ese diá, Eugenio Nieto, como secretario general y Eugenio Coronado, Manuel Guisado y Pedro Moreno, elegidos como núcleo duro de dirección sindical, para aquella primera etapa del sector ferroviario, agradecerle a todos su disposición y ganas en aquellos momentos. Un recuerdo especial para Eugenio Coronado, persona con la que mas congenie. Me consta que la mayoría de ellos, si no todos, han fallecido. DEP y reitero: gracias compañeros por vuestro interés y compromiso con la clase trabajadora en momentos difíciles, como eran aquellos de los que estamos hablando.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha y sindicalista de CCOO. 


EN LA FERIA DE MÉRIDA

Con mi hermano y primos en la Feria de Mérida, años 50 siglo pasado.

La mejor fórmula de acordarse de lo que uno vive a lo largo de los años es contemplar una imagen. Rápidamente te viene a la memoria lo que hay en la foto y la asocias a su entorno.

La foto que vamos a ver y comentar hoy es de la feria de Mérida, Extremadura, España.  La fecha, poco más de los años 50 del siglo pasado. Tendría unos 6 o 7 años. Máximo 8.  Habíamos ido mi hermano y yo desde la estación de ferrocarril de Proserpina, que es donde vivíamos por aquel entonces, a pasar la tarde a la feria de septiembre de Mérida, que en aquellos tiempos se situaba en la Rambla Santa Eulalia, muy cerca del Parque López de Ayala.

Habíamos quedado con nuestros primos, que venían de los pueblos de La Garrovilla y Esparragalejo. Nosotros, mi hermano y yo, como decía antes, veníamos en tren desde Proserpina.  En la foto, estamos de izquierda a derecha, arriba, mi primo Diego (fallecido recientemente DEP) y su hermana, mi prima Vicenta.  Abajo, en primer lugar, yo, a continuación, en el centro, mi primo José María y por último, a la derecha, mi hermano Juan.

Después de hacernos la foto, de las pocas que tengo recuerdos de esa época, es de darnos una vuelta por la feria, especialmente para comernos algunas chucherías, un trozo de turrón de Castuera y un cucurucho de camarones muy salados y por supuesto montarnos en los caballitos. De poco más me acuerdo. Esta otra foto da fe de ello.

 

Montando en los Caballitos en la feria de Mérida. Años 50 del siglo pasado

Pero recuerdo el entorno de la foto y me vienen a la memoria varia historias de aquella época o quizás, algún año después.  Por ejemplo, recuerdo que una tarde mi padre me llevó al cine Trajano (Actual teatro) a ver una película de Joselito, creo que era “El pequeño Ruiseñor” que se estrenó en 1954. Los niños de entonces éramos de Joselito o de Marisol, de guerrero del Antifaz o de Roberto Alcázar y Pedrín. O de todos a la vez.

El día de la película de Joselito, una vez que finalizo, nos encaminamos a la estación de ferrocarril de Mérida y allí estuvimos unas horas hasta que cogimos un tren para Proserpina. Y en la estación me ocurrieron cosas extraordinarias, resultado de las cuales lo pase muy mal. Resulta que viviendo y estando en el campo de Proserpina yo tenía claro que había un Sol y una Luna   y me encuentro de golpe y porrazo que, en Mérida, desde los andenes de la estación, se ven al menos 8 o 10 lunas y todas llenas.

Dolor de cabeza tenia de tanto pensar, pero no dije nada para no pecar de inculto, pero al otro día, nada más levantarme, le pregunte a mi padre el porqué de esa diferencia y su contestación me lo aclaro todo. Lo de Mérida no eran lunas, eran luces muy altas que alumbraban las playas de vías de la estación.

Viendo las fotos, me viene a la memoria otra anécdota, que me ocurrió siendo algo más mayor, en el Teatro Cine Alcazaba, de reciente inauguración por aquel entonces. Ya serían los primeros años de los 60. Íbamos mi primo Paco Llanos que EPD y yo a ver una película de sesión continua. Era por la tarde y entramos a oscuras y sin acomodador.  Subimos sin luces y en los primeros asientos libres que pudimos nos sentamos. Nada más sentarnos comenzamos a pensar que vaya mierda de cine, tan nuevo y tal y vaya asientos tan duros e incómodos tiene, con lo bien que vemos el cine de verano en mi pueblo (Esparrágalejo), que nos llevamos las sillas de casa.

Cuando ya llevamos allí un ratito y nos acostumbramos a la oscuridad del cine Alcazaba nos dimos cuenta de nuestro error, nos habíamos sentado en los escalones de las escaleras del cine.  En fin, cosas veredes amigo Sancho, que me hacen recordar mi infancia extremeña.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha y sindicalista de CCOO.


DOLORES, MUJER DE PUEBLO (MI SUEGRA).

Dolores en los años 60, con su marido Miguel y sus hijos, Paco, Isabel, Julio y en sus brazos, Miguel.

(Escribí esta breve crónica en recuerdo de mi suegra Dolores, hace ya algo más  20 años. En estas fechas que cumple años mi amor -su hija- quiero recuperarla para adema de dedicársela, dar a conocer de nuevo mis sentimientos y mi homenaje a una mujer pequeña de cuerpo pero grande de corazón y con un enorme coraje en unos años muy difíciles)

Dolores nació en 1913 en un pequeño pueblo blanco de una de las regiones más pobres de España (Extremadura), Feria y aún no había cumplido los 20 años cuando trasladó su vida a la ciudad: Mérida. No sabía ni leer ni escribir, pero en asuntos económicos no la engañaba nadie, a pesar de que hacía la compra no sólo para su familia sino también para el pequeño negocio que tenían.

Pasó la guerra incivil a trancas y barrancas, pero con el negocio familiar consiguió, conjuntamente con su marido, criar a los cuatro hijos que tuvo, e incluso les dio «carrera» a algunos.

La posguerra la pasó escuchando «Lucecita» y otros culebrones de la radio. Cuando vino la televisión tampoco se perdió ninguno de los episodios de «Hombre rico, hombre pobre» a la vez que continuaba trabajando como una «burra» para sacar adelante a sus hijos.

Pequeña, enlutada hasta hace más bien poco -su marido murió en los años 70-, se reía y disfrutaba con las películas de la «camama», como ella decía, refiriéndose a los actores de las películas cómicas españolas: Landa, López Vázquez, Gracita Morales, etcétera.

Recientemente, con más de 80 años, ha dicho adiós,  recordando  su infancia y llamando a su madre, que se quedó en aquel pequeño pueblecito de Extremadura, desde el cual Dolores se fue a la ciudad en los años treinta.

Pueblo de Feria (Badajoz)

Cientos de personas le dieron el último adiós mientras la recordaban con su bastón y sus enormes ganas de vivir y, por qué no decirlo, con su genio endemoniado cuando se enfadaba.

Nunca en la vida ha conseguido ningún premio, no ha salido en la televisión, ni tampoco su nombre ha figurado en letra impresa en los periódicos, pero ha luchado tanto o más que muchas de las personas que salen en los medios de comunicación y después le dan su homenaje.

Desde este rincón quiero dedicar mi particular homenaje con esta crónica a esa mujer de pueblo. Sé que como ella hay miles de mujeres en la geografía española, pero para sus hijos ella era única, la más grande, la más guapa, la más bondadosa. . .

Sirvan estas líneas para darle ese homenaje en letra impresa a esa mujer de pueblo que como otras muchas mujeres  han hecho posible con su sacrificio que muchos hombres y mujeres pudieran estudiar y prepararse para que nuestro país saliera de las negras sombras  de la dictadura franquista hacia la luz de Ia democracia, así como para contribuir en el desarrollo social y económico que en la actualidad vivimos.

!! Descansa en paz, Dolores, mujer de pueblo !!

(Publicado en La Calle de Las Rozas, el 15 de octubre 1994)


Ronteky

LOS REYES MAGOS DE LOS AÑOS 50


Con mi hermano y mis primos en los años 50 en Merida (Badajoz) 

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraba los días
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

“Las desiertas abarcas” de Miguel Hernández.

A mí, la verdad, siempre me han gustado más los Reyes Magos que Papa Noel, pues los veía más auténticos, mas nuestros. Eso del hombre gordo vestido de rojo lo veía muy lejano. Tan lejano que cuando yo era niño, que es cuando más te gustan los reyes, no recuerdo ni siquiera que existíera Papa Noel.

Bueno, teniendo en cuenta que yo procedo de un pequeño pueblo de Extremadura y en aquella época no existía TV ni redes sociales, era lógico que no lo conociera. Lo máximo una radio, radio que no recuerdo que hablara de Papa Noel, si de lo Reyes Magos y  si de lo bien que vivíamos en España, mas menos igual que ahora, sobre todo por los muchos pantanos que teníamos.

Y nos gobernaba un gallego, un fascista llamado Franco, mas menos igual que ahora… que también nos gobierna un tal Rajoy, menos fascista pero muy de derechas y también gallego. Cada siglo uno. Estamos aviados con algunos gallegos, con perdón de los habitantes de Galicia.

Volviendo a lo de los Reyes Magos, había cogido la pluma  -es un decir- pues uno ya escribe directamente en el ordenador, entre otras cosas porque tiene menos falta de ortografía que la pluma y además tiene sinónimos, cuestión que no tiene tampoco la pluma,   digo que había cogido la pluma para contar los reyes que a mí me traían, un año sí y otro también, al menos hasta donde me alcanza la memoria.


El regalo que más recuerdo en aquellos años de los cincuenta era una caja de lápices de colores, marca Alpino, eso sí de docena, pero cortos, que para mi eran largos, lo de cortos me entere muchos años después, lapiceros que aunque parezca mentira me duraban hasta el año siguiente. Y eso que a veces venían acompañados con un pequeño afilalápices, cuestión que era interesante pero perjudicial, pues de tanto afilarlos se acaban antes. Y eso era todo por ese año.

Otros años recuerdo que además de los consabidos lápices me dejaban una pequeña cajita de mazapán redonda y dentro había un dulce en forma de culebra, que en principio daba un poco de miedo pero luego con lo rica que estaba perdía uno  cualquier precaución. Jo, los años que los reyes me dejaban dos cosas era el niño más feliz del mundo.Y el año que los reyes nos traian un estuche de madera, -plumier, le deciamos-, era la ostia...



Y no me digáis que era poco y que lastima de niños, que en ese sentido mucho peor era lo que paso y me contaba mi suegra, que en sus tiempos de niña, los reyes le traían todos los años  “un duro de plata”, una moneda de cinco pesetas grande, con la que  mi suegra -niña- disfrutaba jugando el día de reyes todo el día. Pero el problema era que al día siguiente ya no tenía el duro de plata, pues los reyes habían vuelto y  se habían llevado el duro hasta el año siguiente. O sea le habían dejado un regalo temporal, como algunos contratos de trabajo.

Ahh, y estos regalos me los traían después de pasarte todo el día anterior preparando el agua para los reyes, el heno para los camellos, le dejaba incluso la chimenea encendida por si venían frios, etc., etc.

En fin, que queréis que os diga: En aquellos años 50 sí que eran importantes y esperados los Reyes Magos y no ahora, que yo creo que se han vuelto incluso clasistas, pues para algunos niños le traen un montón de juguetes y a otros no les traen nada, incluso ni carbon, ...bueno tengo que reconocer que al igual que entonces para que vamos a discutir...

Verdad,  verdadera, es lo que hay. Vale ¡!.


“Las desiertas abarcas” de Miguel Hernández.  

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha y sindicalista de CCOO.

LOS AÑOS DEL HAMBRE.( EN CASTUO: LA JAMBRE )

(…Yo te traigo la güena simiente,
la flor del granero:
trigo rubio, más rubio que el oro
que d'América trajo el agüelo;
trigo rubio que en pan convirtiera
la Jambre, si Amor no anduviera por medio…

...del poema LA SEMENTERA,
de Luis Chamizo)

Después de escribir hace un par de semanas  la entrada del blog  sobre la guerra civil en Extremadura, unos días después y por azares del destino,  por pura coincidencia, mi nieto me pregunto que quien reinaba en España cuando yo era pequeño. Lógicamente yo le conteste que en aquel tiempo, los años cincuenta,  no reinaba nadie en nuestro país, pues entonces éramos  “gobernados” por la dictadura franquista,  un régimen dictatorial militar. Y ya puestos le conté algunas  de las cosas que yo mismo viví, algunas anécdotas, eso sí dulcificándolas y aun así  mi nieto, con nueve años, le parecían increíbles.

Esto que cuento me da pie a reiterar lo necesario que es que todos conozcamos la historia, nuestra historia real y después que cada cual opine lo que considere oportuna. En fin, aquí voy a contar algunas de las cosas que le conté a mi nieto y otras que no se las conté porque considere que aun es pequeño para comprenderlas.

Como todo  el mundo sabe, o debería saber, después del sangriento y cruel golpe de estado y posterior guerra civil que finalizo con el triunfo del fascismo en 1939, los españoles  vivieron una de las épocas más trágicas desde  los años cuarenta hasta más allá de los cincuenta, en cuanto a pasar hambre, pues en cuanto a la represión fue mucho más allá, hasta prácticamente  la muerte del dictador en 1975, pues como se recordara Franco firmo las ultimas penas de muerte de cinco jóvenes por motivos políticos, jóvenes que fueron ejecutados  el 27 de septiembre de 1975..

Después de la guerra una recesión económica hizo estragos en un país dividido y maltrecho, donde, según las estadísticas  más fiables, de una población de 26 millones de habitantes cerca de  400.000 habían tomado el camino del exilio, casi otro tanto abarrotaban las cárceles del gobierno fascista y más de la mitad de la población restante pasaba hambre, por falta del principal componente familiar que pudiera trabajar, muerto en la contienda o preso.

 A mediados  de 1939 se implanta el racionamiento de la población y pronto se comprobó que los alimentos suministrados carecían del mínimo  necesario para la subsistencia ya que estaban compuestos de forma predominantes por garbanzos, patatas, boniatos, pastas para sopas, bacalao y muy de tarde en tarde por carne de membrillo, chocolate terroso incomestible y jabón.

 El déficit de hidratos de carbono y grasas, así como la carencia de vitaminas, calcio y hierro era evidente. El pan, que antes era el alimento base de las familias modestas, se convirtió en otro apreciado artículo de lujo ya que para aquellos que tenían una cartilla de racionamiento, era de unos  100 gramos. Tras este desastre alimenticio floreció un mercado negro de productos que por sus precios sólo estaban al alcance de privilegiados afectos al régimen fascista; el resto de la población se convirtió en devoradores de almortas, altramuces, salazones y castañas.

 Ricardo de la Cierva en su ‘Historia del Franquismo’, historiador afecto al régimen,  cuenta que  “sólo” hubo treinta mil muertos de hambre entre los años 1940 y 1946, claro está que él no tuvo en cuenta aquellos certificados de defunción que encubrían vergonzosamente como otras causas lo que era evidente, como  consta por referencias de facultativos de la época. Esto es síntesis lo que ocurrió en los llamado años del hambre en España.

Yo,  que como contaba en la anterior historia en el blog de ronteky, como era hijo de “vencedor” por las circunstancias descritas en esa historia, no pase esas calamidades y no recuerdo haber pasado hambre, Me explico:

Mi padre una vez finalizada la guerra volvió a su anterior trabajo, jornalero del campo extremeño, en un pequeño pueblo de Badajoz: Esparragalejo. En 1941 ingreso en el ferrocarril, de auxiliar de obrero de vías y obras, con un salario de 7 pesetas diarias. Para hacernos una idea de lo que significada ese sueldo, decir en esas fechas un litro de aceite de oliva valía también cerca de 7 pesetas y el salario mínimo era de 5,95 pts.
       Con mi padre y mi hermano en los años cincuenta

En cuanto a mis vivencias sobre los años cincuenta, recuerdo cosas como que durante muchos días, prácticamente la mitad de cada mes, con la comida de medio día: cocido de garbanzos, teníamos para el almuerzo, la cena y el desayuno. Es decir garbanzos en el almuerzo, sopas de garbanzos por la noche y el tocino para las tostadas del desayuno. Un día sí y otro también.

Otras cuestiones de las que recuerdo con nitidez  eran los muchos  resfriados que cogía todos los inviernos debido sobre todo a que hasta la edad de 10 o 12 años no tuve zapatos, siempre iba con alpargatas o con sandalias de goma con los dedos de los  pies al aire. Cuando me compraron los primeros zapatos fueron los famosos gorila, de segarra, los de la pelotita verde,  con un par de números más de mi pie, pues  tenían que durarme dos o tres años. Zapato-bota, que servian para invierno y para verano,  por cierto calzado que llevo puesto en la fotografia.

Para que os hagáis una idea general de la situación os contare que en un momento dado, cerca de los años sesenta, conseguimos tener una cabra que hacía posible que tuviéramos leche fresca casi todos los días. Pues bien mi padre decidió que tenía que vender la cabra pues esta daba cada vez menos leche.

Cuando ya estaba en trámites de venderla no quedo otro remedio que confesar que la culpa de que la cabra no diera leche no era de ella, sino de nosotros –mi hermano y yo- que por la noche antes de acostarnos íbamos a su cuadra y nos bebíamos la leche directamente desde sus ubres y claro era lógico que al día siguiente a primera hora la pobre cabra diese poquísima leche, pues como decía Bertol Brech: "entre los vencidos, el pueblo llano pasaba hambre; entre los vencedores, el pueblo llano la pasó también".

Pero a pesar de todo esto que cuento, que quede claro que yo no pase hambre en la posguerra  al ser hijo de “vencedor”, algo de necesidades quizá, pero ni punto de comparación con lo que pudieron pasar los hijos de los  vencidos, especialmente en las fechas que se llamo “los años del hambre”.

RONTEKY