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JAVIER Y RAQUEL, DOS GRANDES DE LA CULTURA EXTREMEÑA

 

Verano de 2019. Presentación Exposición FIGURANTES

Conocí a Javier Llanos en el verano de 2019, a raíz de la exposición que monto en la sede del Festival Internacional del Teatro Romano de Mérida, con el título de FIGURANTES. Años atrás yo había escrito en mi blog, una intrahistoria sobre mi efímera intervención en el teatro romano, allá por los mediados de los años 60 del siglo pasado, con el título: “Cuídate de los idus de marzo”, en la que participe como figurante. Javier se puso en contacto conmigo para preguntarme si tenia fotografías de aquel evento.

No tenía fotos, pero si memoria y desde entonces hemos mantenido una excelente relación personal, tomándonos algún vino que otro y participando en variadas ocasiones, en especial en radio cuando se me ha requerido. Las mas cercanas en el programa de Gente Corriente, de Canal Extremadura Radio, programa con el que he estado colaborando algo más de un año y en el que me he sentido muy a gusto.

Lástima que todo lo bueno acabe. Me duele su inesperado cierre, tanto por sus conductores, Javier y Raquel, como por ser un excelente programa. Un programa de claras raíces extremeñas, en directo, fresco, entretenido, formativo, diverso, de cultura popular, etc, no merece esa decisión tan radical. En fin, la vida continua y yo continúo hablando de Javier y Raquel.

En su biografía, Javier Llanos, se denomina, cómico e Integrante de la compañía TAPTC? Teatro. Pero Javier, es más, mucho más. En esa compañía teatral, desde su creación hace casi 40 años, Javier ha desarrollado multitud de tareas, tales como actor, director, autor, productor, figurinista o diseñador de espacios físicos y sonoros. Así mismo, participa activamente en la investigación y la divulgación de las Artes Escénicas, también es director de programas radiofónicos en Canal Extremadura Radio. Es coordinador de la colección Teatro de Mérida, de Éride editorial, dedicada a publicar textos estrenados en el Festival de Mérida, etc., etc.

Fue director de la Escuela Municipal de Teatro de Mérida mientras existió. Como autor tiene creaciones propias, adaptaciones y espectáculos compilatorios. Como melómano, participa en diferentes programas de radio de entretenimiento, así como diferentes proyectos musicales. Como gastrónomo, divulga recetas tradicionales del entorno extremeño. En definitiva, un artista polifacético y claro ejemplo de bien hacer por la cultura popular, la del pueblo y en su caso la del pueblo extremeño.

Emeritense de nacimiento y residencia, su compromiso con la ciudad milenaria, le ha llevado a desarrollar proyectos de potenciación de las artes escénicas en la misma, siendo el más importante Agusto en Mérida, una actividad teatral y de danza, incluida en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. Después hablaremos de ello.

En cuanto a Raquel Bazo, la conocí en la radio, también en Canal Extremadura Radio. Hace ya casi dos años me hizo la primera entrevista, sobre uno de mis libros, “Los carriles de la vida”.

Con Raquel Bazo en Canal Extremadura Radio. (Noviembre 2023).

Después he coincidido con ella en bastantes ocasiones. Ella en el escenario y yo de espectador, o conduciendo el programa de Gente Corriente y yo de tertuliano o entrevistado y siempre he sacado la misma conclusión de ella: una gran profesional con muchas tablas y siempre con un elemento que ya esta en desuso, se estudia sus papeles. No improvisa y eso es importante en los tiempos que vivimos. Esta es la ultima entrevista que me hizo en Gente Corriente, hablando de las Estaciones de Tren Extremeñas.

Al igual que Javier, Raquel, también es una gran artista polifacética, pues dice que es Actriz, pero también es, comunicadora, dramaturga, directora de escena, formadora, directora de teatro y empresaria. Es cofundadora de Taptc? Teatro, la compañía teatral emeritense de la que hablaba antes. Además, es presidenta de la asociación Colectivo de Empresas de Artes Escénicas de Extremadura desde 2020 y co-creadora de DeSúbito Producciones. En resumen, Raquel Bazo en una figura destacada en la escena cultural extremeña. 

No quisiera terminar esta breve semblanza de Raquel y Javier, sin hablar del proyecto mas destacado de la compañía TAPTC? Teatro. “Augusto en Mérida”. Este proyecto se incluye en el Festival de Teatro Clásico de Mérida. Surge en el año 2009 con el objetivo de divulgar la cultura grecolatina y ampliar el número de escenarios en Mérida durante la celebración del Festival, desarrollando un amplio número de representaciones teatrales y de danza.

En la actualidad, Agusto en Mérida, ha crecido de tal manera, que se ha convertido en un verdadero festival paralelo, con programas espectáculos de temática grecolatina y de danza, en diferentes estilos, que se pueden ver y gozar en lugares emblemáticos de la ciudad milenaria de Emérita Augusta, hoy Mérida.

Para dar cuenta de su importancia, este verano de 2025, se tienen previsto 26 días de programación, con 15 espectáculos diferentes, que suponen un estupendo y grato complemento a las representaciones del 71º Festival Internacional en el Teatro Romano de Mérida. Todos ellos con entradas a precios muy asequibles.

Esto es solo la punta del iceberg del gran trabajo que desarrollan estas dos grandes personas, pues su labor no solo lo realizan Mérida, Ambos también se recorren, -estilo el gran Federico García Lorca con su grupo de teatro “La Barraca”- las plazas de los pueblos extremeños para acercar la cultura a un público amplio y diverso, con el fin de que gocen con sus obras.

En fin, sería para escribir un libro con la biografía de cada uno de ellos. Eso sí, puedo asegurar, que sin perder nada de su inmensa humanidad y sencillez, Raquel y Javier, son dos grandes de la cultura extremeña, entre otras personas que seguro que me quedan por descubrir de mi querida tierra extremeña.

Nota: Esta crónica, además de glosar los trabajos de dos grandes profesionales, es también, para dar a conocer que además de  Madrid, existen otros lugares de nuestra querida España que se hace cultura de las grandes. Esa cultura popular que tanto necesitamos el pueblo llano. 

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.

LA MATANZA DEL CERDO EN EXTREMADURA

La matanza del cerdo. El desangrado (foto cogida de internet. Autor desconocido)

Ya he escrito en varias ocasiones en este blog sobre mis vivencias en Proserpina, pequeña estación de ferrocarril, situada en la línea de Aljucén a Cáceres, a unos 15 Km de Mérida. Esta vez me voy a centrar sobre todo lo que rodea al día de la matanza del cerdo y lo que suponía de acontecimiento familiar, casi siempre de alegría, e incluso de fiesta.

La historia de la matanza del cerdo está ligada a la del ser humano desde hace ya millones de años, desde que se domesticó al jabalí, hace más de 5000 años. Se tienen pruebas de que ya los pueblos celtas realizaban esta práctica, aunque no se pueda concretar exactamente su origen. 

En España, se cree que los fenicios introdujeron los primeros cerdos que se mezclaron con los jabalíes que ya existían en el norte, dando lugar a la raza celta, y en la parte central y sur de la península, dieron lugar a las razas ibéricas. 

La matanza del cerdo en todos los casos tenía una misma finalidad, que era abastecer a la familia, sobre todo en el medio rural, de carne con la que pasaban todo el invierno. Al ser alimentos ricos en grasas y proteínas, proporcionaban una buena base para poder tener una alimentación lo suficientemente buena para que el invierno no fuese tan duro.  

En general, la matanza del cerdo, siempre tuvo un carácter festivo, de alegría. Se reunía a todos los familiares y se invitaba a vecinos y amigos a echar una mano, ya que el proceso debía ser rápido y había mucho trabajo, por lo que se necesitaban muchas manos para realizarlo en el menor tiempo posible. 

Mis recuerdos personales se remontan a los años 50 del siglo pasado. Yo tendría entre 8 y 12 años, así que lo veía todo con esa inocencia infantil que hace ver todo de color de rosa. En fin, vamos al grano:  La matanza se hacía en pleno invierno, en los meses de diciembre o enero y lo primero que recuerdo era la llegada de familiares y amigos más íntimos la tarde anterior al gran acontecimiento del día siguiente para comenzar y adelantar las faenas necesarias del evento. Mi abuela y mis primas Nieves e Inés, nunca faltaban.

Esa tarde y el mismo día de la matanza era una fiesta. Currando sí, pero a su vez divirtiéndonos. Los problemas surgían por la noche, a la hora de acostarnos, pues éramos muchos para las pocas camas que teníamos. La mayoría dormían en unos colchones que se tendían en el suelo de las habitaciones de la casa. Una casa pequeña, hecha de ladrillo de adobe, de unos 60 metros cuadrados, con un par de habitaciones, sin luz eléctrica ni agua corriente y los WC eran todo el amplio campo de encinas del entorno de la vivienda.

Aun de noche, pero ya de madrugada, nos alumbrábamos con quinques de aceite y con lámparas de carburo, ya que no teníamos luz eléctrica. Eso dentro de la casa. Fuera, se encendía una gran fogata que servía de luz para dar comienzo a la matanza, siempre realizada por un matarife “profesional”, que según recuerdo hacía que el animal sufriera lo menos posible, cuando el matarife acertaba a la primera. Cuando no acertaba o se ponía nervioso, los gritos de dolor del cerdo eran estremecedores. No gruñían, chillaban.  Yo era raro el año que no lloraba a lagrima viva al escuchar sus gemidos.

Aunque en general mis recuerdos eran de fiesta y alegría, reconozco que en mi casa la matanza era un medio de subsistencia, una necesidad, para que durante prácticamente todo el año nos abasteceríamos de alguno de los productos del cerdo. Siempre hacíamos, mondongo, morcilla patatera, chorizo rojo y blanco, huesos y sobre todo tocino, mucho tocino. Jamones y lomos no hacíamos pues esos eran artículos de lujo. Su carne la utilizábamos para hacer los mejores chorizos.

Con mi prima Inés, en el pueblo de Esparragalejo, años 50 del siglo pasado. (Fotografía archivo personal)

Todos los miembros de la familia, desde los abuelos, primas y hasta los más pequeños, ayudaban y aportaban en la medida de lo posible para que todo saliera perfectamente. Desde pelar ajos a encender la fogata. Mi labor de cuando yo tenía 12 o 13 años, era ir en bicicleta, con mi hermano, al pueblo de Esparragalejo con una pieza del cerdo para que el veterinario nos diese el Vº.Bº, para su consumo. Creo que llevamos un trocito de lengua o entraña.

Durante el año criábamos y engordábamos dos cochinos, casi siempre encerrados en la zahúrda, de los cuales sacrificábamos uno de ellos. El otro lo vendíamos ya engordado y lo que nos pagaban nos servía para los gastos de la matanza y para que, en febrero o marzo del año siguiente, comprar un par de gorrinos ya grandecitos. Entre 10 y 15 kg de peso.

Por cierto, recuerdo con absoluta nitidez, que cuando íbamos mi padre y yo montados en un asno al pueblo a comprarlos, a la vuelta mi padre iba andando y los cerditos en una parte del serón y yo en el otro lado. Como contrapeso mi padre metía unas piedras en uno de los huecos del serón, para compensar mi peso y el de los gorrinos. En alguna ocasión rodábamos por los suelos los lechoncitos y yo, al resbalarse el serón para uno de los lados.

Burro con serón (fotografía cogida de internet. Autor desconocido)

En fin, estos son retazos de mis recuerdos personales de la matanza del cerdo, pero no quisiera terminar sin el deseo que esta tradición milenaria perdure, aunque sea como atractivo turístico en los muchos pueblos extremeños que sus familias pudieron subsistir gracias a esas matanzas que he comentado. Merece la pena recordar también estas historias.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013/2024) y sindicalista de CCOO.