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| Cristina Almeida, intervino el pasado 22 de Abril, el centro cultural Alcazaba en Mérida (Badajoz). |
Cristina Almeida, amiga y compañera
durante casi dos décadas en la Fundación Abogados de Atocha, ha estado en estos
días en Mérida participando en una conferencia sobre las mujeres durante la
dictadura franquista. Allí hemos estado escuchándola. Ella como siempre,
brillante. Y, además, la he visto llena de energía y vitalidad, recuperada de
la delicada operación a la que fue sometida en el hospital público Ramón y
Cajal. “Estoy disfrutando de una segunda vida”, ha dicho, agradecida a la
sanidad pública.
Su paso por Mérida me ha llevado
a recordar una vieja aventura electoral en Extremadura, en las elecciones
europeas de 1987. Yo militaba entonces, desde el sector ferroviario, en CCOO y
en el PCE, y fui candidato de IU al Parlamento Europeo en un puesto simbólico:
el número 13 de la lista. Sabíamos que salir eurodiputado era imposible, pero
me lo tomé muy en serio, hasta el punto de pedir dos semanas de vacaciones
laborales, de mis treinta días, para hacer campaña.
En esos días recorrí varias
regiones de nuestro querido país, pero guardo especial recuerdo de Extremadura.
Salimos de Madrid hacia Mérida, en un día caluroso del mes de junio, en un Renault
6 sin aire acondicionado, atravesando el entonces interminable puerto de
Miravete, de la provincia de Cáceres. Tardamos casi cinco horas en llegar a
Mérida, con grupo de periodistas esperando desde hacía rato.
Aquel día fue una maratón: rueda
de prensa, encuentro en Montijo, mitin en Badajoz, regreso a Mérida para otro
acto y cena con los camaradas en el hotel Las Lomas, en Mérida. Yo hacía de
telonero de Cristina. Pensaba que dormiríamos allí, pero surgió la sorpresa:
había que volver a Madrid esa misma noche por compromisos laborales suyos.
Así que conduje de vuelta
mientras ella descansaba. Llegamos de madrugada. La dejé en su casa y me fui a
la mía, en Alcorcón. Me acosté cerca de las siete, tras casi 24 horas de
militancia activa… y con una reunión a mediodía. Tenía entonces menos de 40
años y una convicción intacta, así que físicamente también aguante.
La compañera y camarada de aquel
viaje sigue siendo hoy una gran amiga: Cristina Almeida. Incluso prologó recientemente
mi libro Los carriles de la vida. Y cada vez que la escucho decir que no
ha perdido ni un día de su vida de hacer cosas, me reafirmo en esa forma de
estar en el mundo.
Han pasado muchos años, casi
cuarenta, desde aquellas fechas que relato hoy, y aunque a veces haya motivos
para el desencanto, sigo creyendo que hay que votar siempre, aunque sea con la
mano en la nariz. Costó demasiada sangre obrera y trabajadora, el conquistar
ese derecho como para renunciar a él.
Desde la clase trabajadora, desde
los progresistas, debemos seguir llenando las urnas con votos conscientes y
decentes, recordando quién ha defendido lo público, la sanidad, la educación
etc y quienes se dedican a privatizar, una y otra vez.
Y tú, Cristina, sigue así, dando
lecciones de igualdad y de la historia real de esta España mía, de esta España
nuestra, que diría la cantante Cecilia y continua con lo que significa esa
frase, tan tuya, de “vivir sin perder un solo día” pues es, sin duda, una gran
filosofía que ya quisiéramos algunos poder seguir tus pasos por la vida. Un
gran abrazo amiga y seguro que nos seguiremos viendo por los caminos.
Francisco Naranjo Llanos,
director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.
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