LEMA DE ESTE BLOG...

LEMA DE ESTA BLOG: ... hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida. (Miguel Hernández)

La lucha obrera por el ferrocarril en Extremadura

Uno de los paneles de la exposición “Vías de dignidad. La lucha obrera por el ferrocarril”, expuesta en Plasencia 

Dicen que dijo Ernesto Sábato que “vivir consiste en construir futuros recuerdos”. En ese sentido, al ver anunciada esa interesante y oportuna exposición “Vías de dignidad. La lucha obrera por el ferrocarril”, de la Fundación Cultura y Estudios de CCOO de Extremadura, que puede visitarse durante esta semana en Plasencia y que reivindica un tren digno para la región extremeña, me han venido a la memoria muchos recuerdos de esa lucha obrera que ya dura cerca de medio siglo y que seguro continuará.

La exposición tiene como objetivo sensibilizar a la ciudadanía a través de distintos contenidos y se plantea como un ejercicio de memoria colectiva, así como una llamada a la acción. Recuerda que los avances logrados no han sido fruto del azar, sino de la presión social sostenida y de la movilización ciudadana.

Lo reitero: me parece una iniciativa muy interesante. Espero y deseo que esta exposición pueda verse en otras ciudades extremeñas.

Y pasando a los recuerdos personales, tengo que decir que, a finales de la década de los 70 del siglo pasado, desde CCOO comenzamos a sembrar la semilla del movimiento obrero ferroviario extremeño. Aquello daría lugar posteriormente a la creación de un potente sector ferroviario dentro de CCOO, que fue y sigue siendo punta de lanza de las movilizaciones para que el Gobierno central y también el autonómico (cuando se creó en 1983), tuvieran en cuenta las reivindicaciones del personal ferroviario y de la ciudadanía en su conjunto.

Como relato en mi libro “El pasado es la linterna del futuro” (60 años de CCOO en el ferrocarril), mucho antes de contar con gobiernos autonómicos ya nos habíamos movilizado para conseguir mejoras para los trabajadores, siendo conscientes de que esas mejoras también repercutirían en beneficio de la ciudadanía..

Aunque debemos reconocer que siempre hemos tropezado con la misma piedra: gobernara quien gobernara, se apostaba más por la carretera que por el ferrocarril. A pesar de ello, nunca desfallecimos.

Recuerdo cuando, por primera vez, vine a Extremadura para participar en la puesta en marcha de la primera ejecutiva del sindicato ferroviario de CCOO en la provincia de Badajoz. Era a finales de 1977, y celebramos la reunión en el antiguo edificio del sindicato vertical, en la calle San Salvador de Mérida.

Aún conservo una fotografía de aquel momento. Está fechada el 26 de diciembre de 1977. Ya ha llovido. La imagen fue tomada en la antigua casa sindical de Mérida.. En ella aparecen, junto a la sigla de CCOO, los participantes en la asamblea de personal ferroviario: Ángel Álvarez (responsable entonces de CCOO en la provincia de Badajoz), Paco Naranjo —es decir, yo mismo— y José Luis Piñeiro, ambos pertenecientes al Sindicato Ferroviario de CCOO a nivel estatal.

El objetivo de aquella reunión era constituir el sindicato ferroviario de CCOO en la provincia de Badajoz, algo que conseguimos. Con la asistencia de cerca de un centenar de trabajadores, quedó elegido el núcleo de dirección del sindicato, compuesto por los compañeros Eugenio Nieto, como secretario general y  Eugenio Coronado, Manuel Guisado y Pedro Moreno, formando el núcleo duro de la dirección.

Y aunque, según datos de CCOO de Extremadura, por aquellas fechas se superaban los 300 afiliados ferroviarios en la provincia, era la primera vez, tras la represiva dictadura franquista, que se constituía formalmente el Sindicato Ferroviario de CCOO en la zona.

Desde entonces han pasado 48 años y el destino de las personas nombradas ha sido diverso. Ángel Álvarez Morales se incorporó a la política y, diez años después (1987), llegó a ser consejero en uno de los gobiernos de Rodríguez Ibarra. A José Luis Piñeiro Novoa, tras varios años en el Comité Intercentros de RENFE, le perdí la pista. Lo último que supe es que presidía la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Galicia.

A los compañeros que asumieron responsabilidades aquel día, quiero agradecerles su disposición y compromiso en aquellos momentos. Un recuerdo especial para Eugenio Coronado, con quien más congenié. Me consta que todos ellos han fallecido. Descansen en paz y, de nuevo, gracias por vuestro compromiso con la clase trabajadora en tiempos tan difíciles.

Aquella fue la primera vez que me desplacé desde Madrid por estos menesteres, pero no sería la última. Han sido innumerables las ocasiones en las que he viajado a Extremadura: a Mérida, a Cáceres y a su provincia, organizando asambleas —a veces con apenas dos o tres personas— en estaciones, en brigadas de vías y obras, recorriendo la línea hasta Navalmoral, especialmente en 1978, durante las primeras elecciones sindicales en libertad.

Años después, y en especial con el regreso de Paco González en 1980 a su pueblo natal, Calamonte y una vez elegido secretario general, el sector ferroviario en la región se consolidó notablemente. Tanto es así, que los secretarios generales que le sucedieron — Antonio Toscano, Manolo Taguas, Miguel Fuentes y Manuel Nicolás— no solo representaron excelentemente al sector, sino que también asumieron responsabilidades de mayor alcance. Todos ellos, excelentes personas y grandes sindicalistas. (Manolo Taguas se nos quedó por el camino. Descanse en paz; siempre te recordaremos).

Todos los mencionados, junto a muchas otras personas quizá menos conocidas, han encabezado la lucha por el ferrocarril: en la calle, en la vía, subidos a un bidón… Sí, sé que hoy hay muchos más, que alzan la voz —especialmente en redes sociales— por un ferrocarril digno. Recordar que esto de las redes es algo relativamente reciente, pues estas herramientas no se generalizaron hasta finales de la primera década del actual siglo. Quizás lo más novedoso es que en la actualidad se haya subido al carro el sector empresarial, que en aquella época de los cierres de línea permaneció mudo. Bienvenidos a la lucha por un ferrocarril digno.

Recordar que lo más grave ocurrió, sobre todo, en la primera mitad de los años 80, y culminó el 1 de enero de 1985. La Nochevieja de 1984 fue la última en la que cerca de 2.000 kilómetros de vía vieron pasar trenes (914 km de supresión total y 894 km cerrados para viajeros). Se cumplía así el acuerdo del Consejo de Ministros del 30 de septiembre de 1984, que eximía a RENFE de mantener el servicio en aquellas líneas cuyos ingresos no cubrieran el 23 % de los gastos, facilitando su cierre.

Con ese criterio, el recorte habría sido aún mayor. La previsión inicial, basada en datos de 1982, contemplaba la supresión de servicios en 3.500 kilómetros de los más de 13.000 existentes. Las presiones sociales, políticas e incluso internas lograron reducir parcialmente aquel impacto..

Algunos gobiernos autonómicos —Extremadura, Andalucía, Murcia, Valencia y Cataluña— alcanzaron acuerdos con el Gobierno central para asumir déficits y evitar cierres. Resulta llamativo que Castilla y León, gravemente afectada por el cierre del tramo Palazuelo-Astorga de la Ruta de la Plata, no suscribiera ningún acuerdo. También es significativo que algunos pactos, como los de Andalucía, se firmaran la misma noche del 31 de diciembre, o que el tramo Zafra-Llerena cerrara esa noche y reabriera seis meses después.

Desde CCOO impulsamos la creación de coordinadoras locales en defensa del ferrocarril, así como la Coordinadora Estatal, presidida por Agustín García Calvo, siendo yo su portavoz. Se organizaron numerosas movilizaciones antes y después de los cierres, como refleja la hemeroteca: “El Gobierno central margina a Extremadura” (Hoy), “El transporte ferroviario margina a las regiones más deprimidas” (La Crónica), “Tristes vías sin trenes” (Diario de León), entre otros titulares.

1986: En una rueda de prensa de la coordinadora estatal, en el fondo: Paco Naranjo, Portavoz y Agustín García Calvo, Presidente de la Coordinadora.

No quiero terminar sin recordar otros momentos clave, como la movilización del 28 de mayo de 1997. Según Antonio Toscano, fue a partir de entonces cuando las instituciones comenzaron a reaccionar. Hay que tener en cuenta, como señaló Miguel Fuentes, que la situación del ferrocarril en Extremadura partía de un retraso histórico considerable, dando datos que avalan sus palabras.

En definitiva, poco más que añadir. Quien quiera profundizar que vaya a ver la exposición. También puede adquirir mi libro “El pasado es la linterna del futuro”. Y en cuanto al presente, creo sinceramente que el movimiento obrero ferroviario está en buenas manos: las nuevas generaciones mantienen vivo el compromiso.

Porque, además, no se pide nada extraordinario. Las reivindicaciones son las mismas de hace años: simplemente que Extremadura disponga de un ferrocarril digno, equiparable al del resto de regiones de España. Ni más ni menos.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.

EL 1º DE MAYO DE 2026 Y LOS “MÁRTIRES DE CHICAGO”


El Primero de Mayo, cualquier Primero de Mayo, es la fecha internacional que conmemora las luchas y reivindicaciones de la clase trabajadora.

En este año 2026 se cumple el 140 aniversario de aquel 1 de mayo de 1886, cuando la clase trabajadora de Chicago sufrió una brutal represión durante una huelga y en las manifestaciones en las que reclamaban la jornada laboral de ocho horas, base imprescindible de unas condiciones de trabajo dignas. Aquellas protestas, en las que murieron decenas de obreros y resultaron heridas cientos de personas, culminaron en los sucesos de Haymarket Square.

Por ello, estas fechas son propicias para recordar y rendir homenaje, como cada año, a figuras como Albert Parsons, August Spies y Adolf Fischer; al carpintero Louis Lingg; y al tipógrafo George Engel, condenados a muerte y ejecutados por encabezar aquellas movilizaciones. Junto a ellos, Samuel Fielden, Oscar Neebe y Michael Schwab fueron condenados a largas penas de prisión. Estos ocho trabajadores pasarían a la historia como los “Mártires de Chicago”.

También es un buen momento para reflexionar sobre aquellas reivindicaciones de hace casi siglo y medio, que aspiraban a una vida digna y a un trabajo decente. Su recorrido ha estado jalonado tanto de avances como de persecución, cárcel, dolor, tortura y muerte, muchas veces bajo acusaciones similares a las de entonces, promovidas por quienes han detentado el poder económico y político.

A pesar del tiempo transcurrido, las formas de explotación de la clase trabajadora siguen siendo, en esencia, las mismas, aunque más sofisticadas y, en ocasiones, presentadas como inevitables o incluso necesarias. Y, sin embargo, la clase trabajadora continúa existiendo porque la explotación no ha desaparecido; antes bien, en muchos casos se muestra hoy con mayor crudeza.

Si nos referimos al Primero de Mayo en España, debemos remontarnos a 1890, cuando se celebró por primera vez. El balance de aquella jornada fue ambivalente: por un lado, supuso un éxito indudable al tratarse de la primera movilización obrera general; por otro, los logros concretos fueron limitados. No obstante, sirvió para que patronal y Gobierno tomaran conciencia de la creciente fuerza del movimiento obrero.

Desde entonces, el Primero de Mayo se ha celebrado con continuidad, aunque con altibajos en participación, reivindicaciones y resultados. En el primer cuarto del siglo XX, su celebración osciló entre la autorización y la prohibición. El de 1931 fue especialmente significativo: celebrado pocas semanas después de la proclamación de la Segunda República, fue además el primero reconocido oficialmente como fiesta laboral por el Gobierno, a propuesta de su ministro de Trabajo, Largo Caballero.

Igualmente destacable fue el Primero de Mayo de 1936, marcado por la unidad obrera y el impulso del Frente Popular tras su victoria electoral. En Madrid, medio millón de personas salieron a la calle en una jornada que pronto quedaría ensombrecida por el golpe de Estado franquista y la posterior guerra civil.

Aquel año fue la última vez que el movimiento obrero español celebró el Primero de Mayo en libertad hasta 1978. Durante la guerra (1936-1939) y la dictadura franquista, las movilizaciones fueron prohibidas. Una orden de 1940 ratificó esa prohibición, que no empezó a suavizarse hasta 1956, cuando el régimen incorporó el 1 de mayo como festividad de San José Obrero, en línea con la doctrina de la Santa Sede. A partir de entonces, la jornada fue utilizada por el franquismo como acto propagandístico, con celebraciones oficiales, misas y exhibiciones sindicales.

Sin embargo, desde la década de 1960, con el resurgir del movimiento obrero —especialmente a través de Comisiones Obreras—, el Primero de Mayo recuperó progresivamente su carácter reivindicativo. Las jornadas de lucha del 30 de abril, las huelgas y movilizaciones clandestinas marcaron una etapa de creciente conflictividad laboral.

En 1977, tras la legalización de los sindicatos, el Gobierno prohibió aún las manifestaciones del Primero de Mayo. A pesar de ello, miles de personas salieron a la calle en lo que se conoció como “el día de los botes de humo”, expresión acuñada por Marcelino Camacho. La jornada se saldó con numerosos heridos y detenidos en todo el país.

No sería hasta 1978 cuando el Primero de Mayo pudo celebrarse plenamente en libertad democratica, con una participación masiva y en un ambiente de entusiasmo ciudadano.

Desde entonces, esta fecha no ha dejado de ser un referente de movilización y también de celebración. Año tras año, trabajadores y trabajadoras recorren las calles de España reafirmando la vigencia de sus reivindicaciones.

Resulta ilustrativa una anécdota que contaba Emilio Gabaglio, histórico dirigente sindical europeo: dos trabajadores se dirigían a una manifestación del Primero de Mayo cuando uno preguntó cuántos serían necesarios para lograr sus objetivos. La respuesta fue clara: “Todos, compañero, todos”. Porque las conquistas sociales requieren constancia: unas veces para avanzar, otras para no retroceder.

Este 2026 será, sin duda, un nuevo Primero de Mayo de movilización en toda España. Se reclamarán cuestiones centrales como el pleno empleo, la reducción de la jornada laboral y la mejora de los salarios y también que se busquen soluciones al gran problema de la vivienda. Junto a ello, la defensa de la democracia y la exigencia de paz en el mundo, desde conflictos visibles como la guerra en Irán. o la situación en Palestina, hasta otros menos conocidos.

En Madrid, la manifestación principal, convocada por CCOO y UGT, recorrerá el centro de la ciudad a partir de las 12:00, desde la Gran Vía (esquina con Alcalá) hasta la Plaza de España.

Termino con una reflexión personal: en los 49 años transcurridos entre 1977 y 2026, solo he faltado en una ocasión a esta cita —además del obligado paréntesis de la pandemia—. Este año volveré a estar presente, recordando aquellas palabras de Gabaglio: todos los Primeros de Mayo son necesarios, para avanzar o, al menos, para no retroceder en los derechos conquistados.

Si eres trabajador o trabajadora, en las manifestaciones del 1º de mayo, te esperamos.

Francisco Naranjo Llanos
Director de la Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO

MANOLO GERENA, UN GRANDE DEL CANTE FLAMENCO, LLEGA A CÁCERES

 


El próximo 28 de abril a las 19:00 horas, el CEI presidenta Charo Cordero, acogerá una cita imprescindible con la historia, la música y la memoria democrática. ¿Quién estará sobre el escenario? Nada menos que el gran cantautor flamenco Manuel Gerena.

Gerena no es solo flamenco: es voz, es lucha, es memoria viva. Desde sus inicios en los años 60, este cantaor de La Puebla de Cazalla convirtió el cante en una poderosa herramienta de denuncia social. Supo acercar el flamenco a nuevas generaciones y se consolidó como un símbolo de la oposición al franquismo.

He tenido la suerte de verlo, oírlo y, sobre todo, escucharlo en innumerables ocasiones, además de conocerlo personalmente. Más de medio siglo dedicado al cante avala su trayectoria, recorriendo cada rincón de nuestro país. Escucharlo sigue siendo, hoy como ayer, un auténtico placer. Por eso, no podéis perdéroslo.

Manolo canta flamenco, sí, pero también “canta las cuarenta” a quien haga falta. Su compromiso con los más débiles y necesitados está presente en cada una de sus letras. Su cante llega al corazón y a las entrañas como pocos. Su voz, antes y ahora, conserva una fuerza y una emoción difíciles de describir.

El poeta Blas de Otero lo expresó de forma magistral:
“Manuel Gerena canta de los pies a la cabeza, del cuerpo y del alma; y el cante queda vapuleado, y vapuleado queda quien lo escucha. Y sus letras —letrillas, como él dice—, sencillas pero profundas, son auténtico viento del pueblo”.

Además de un gran cantaor, Manuel Gerena es un amigo generoso. No olvido —ni quiero dejar de agradecer— aquel “pequeño gran detalle” de recorrer cientos de kilómetros para acompañarme en la presentación de mi libro Los carriles de la vida en Albacete. Gracias, Manuel, querido amigo: en esos gestos también se mide la grandeza de una persona.

Será un placer volver a verlo en Cáceres, interpretando, entre otras muchas piezas, la poesía de Miguel Hernández. Hablaba con él ayer y me adelantaba que, además de estos poemas, incluirá parte de su repertorio habitual: martinetes, seguiriyas y mucho más.

Yo, personalmente, me doy por satisfecho si puedo volver a escuchar “Las nanas de la cebolla”, ese poema que Miguel Hernández escribió desde la cárcel de Alicante para su hijo. En la voz de Gerena adquiere una dimensión aún más desgarradora, cercana y profundamente humana. Confieso que siempre consigue emocionarme.

En fin, el 28 de abril nos espera, en Cáceres, un concierto de los que dejan huella, de los que se recuerdan. De esos en los que duelen las manos de tanto aplaudir a un maestro del cante y de la canción. Nos vemos allí.

Francisco Naranjo Llanos, director de la Fundación Abogados de Atocha (2013–2024) y sindicalista de CCOO