LEMA DE ESTE BLOG...

LEMA DE ESTA BLOG: ... hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida. (Miguel Hernández)

EL 1º DE MAYO DE 2026 Y LOS “MÁRTIRES DE CHICAGO”


El Primero de Mayo, cualquier Primero de Mayo, es la fecha internacional que conmemora las luchas y reivindicaciones de la clase trabajadora.

En este año 2026 se cumple el 140 aniversario de aquel 1 de mayo de 1886, cuando la clase trabajadora de Chicago sufrió una brutal represión durante una huelga y en las manifestaciones en las que reclamaban la jornada laboral de ocho horas, base imprescindible de unas condiciones de trabajo dignas. Aquellas protestas, en las que murieron decenas de obreros y resultaron heridas cientos de personas, culminaron en los sucesos de Haymarket Square.

Por ello, estas fechas son propicias para recordar y rendir homenaje, como cada año, a figuras como Albert Parsons, August Spies y Adolf Fischer; al carpintero Louis Lingg; y al tipógrafo George Engel, condenados a muerte y ejecutados por encabezar aquellas movilizaciones. Junto a ellos, Samuel Fielden, Oscar Neebe y Michael Schwab fueron condenados a largas penas de prisión. Estos ocho trabajadores pasarían a la historia como los “Mártires de Chicago”.

También es un buen momento para reflexionar sobre aquellas reivindicaciones de hace casi siglo y medio, que aspiraban a una vida digna y a un trabajo decente. Su recorrido ha estado jalonado tanto de avances como de persecución, cárcel, dolor, tortura y muerte, muchas veces bajo acusaciones similares a las de entonces, promovidas por quienes han detentado el poder económico y político.

A pesar del tiempo transcurrido, las formas de explotación de la clase trabajadora siguen siendo, en esencia, las mismas, aunque más sofisticadas y, en ocasiones, presentadas como inevitables o incluso necesarias. Y, sin embargo, la clase trabajadora continúa existiendo porque la explotación no ha desaparecido; antes bien, en muchos casos se muestra hoy con mayor crudeza.

Si nos referimos al Primero de Mayo en España, debemos remontarnos a 1890, cuando se celebró por primera vez. El balance de aquella jornada fue ambivalente: por un lado, supuso un éxito indudable al tratarse de la primera movilización obrera general; por otro, los logros concretos fueron limitados. No obstante, sirvió para que patronal y Gobierno tomaran conciencia de la creciente fuerza del movimiento obrero.

Desde entonces, el Primero de Mayo se ha celebrado con continuidad, aunque con altibajos en participación, reivindicaciones y resultados. En el primer cuarto del siglo XX, su celebración osciló entre la autorización y la prohibición. El de 1931 fue especialmente significativo: celebrado pocas semanas después de la proclamación de la Segunda República, fue además el primero reconocido oficialmente como fiesta laboral por el Gobierno, a propuesta de su ministro de Trabajo, Largo Caballero.

Igualmente destacable fue el Primero de Mayo de 1936, marcado por la unidad obrera y el impulso del Frente Popular tras su victoria electoral. En Madrid, medio millón de personas salieron a la calle en una jornada que pronto quedaría ensombrecida por el golpe de Estado franquista y la posterior guerra civil.

Aquel año fue la última vez que el movimiento obrero español celebró el Primero de Mayo en libertad hasta 1978. Durante la guerra (1936-1939) y la dictadura franquista, las movilizaciones fueron prohibidas. Una orden de 1940 ratificó esa prohibición, que no empezó a suavizarse hasta 1956, cuando el régimen incorporó el 1 de mayo como festividad de San José Obrero, en línea con la doctrina de la Santa Sede. A partir de entonces, la jornada fue utilizada por el franquismo como acto propagandístico, con celebraciones oficiales, misas y exhibiciones sindicales.

Sin embargo, desde la década de 1960, con el resurgir del movimiento obrero —especialmente a través de Comisiones Obreras—, el Primero de Mayo recuperó progresivamente su carácter reivindicativo. Las jornadas de lucha del 30 de abril, las huelgas y movilizaciones clandestinas marcaron una etapa de creciente conflictividad laboral.

En 1977, tras la legalización de los sindicatos, el Gobierno prohibió aún las manifestaciones del Primero de Mayo. A pesar de ello, miles de personas salieron a la calle en lo que se conoció como “el día de los botes de humo”, expresión acuñada por Marcelino Camacho. La jornada se saldó con numerosos heridos y detenidos en todo el país.

No sería hasta 1978 cuando el Primero de Mayo pudo celebrarse plenamente en libertad democratica, con una participación masiva y en un ambiente de entusiasmo ciudadano.

Desde entonces, esta fecha no ha dejado de ser un referente de movilización y también de celebración. Año tras año, trabajadores y trabajadoras recorren las calles de España reafirmando la vigencia de sus reivindicaciones.

Resulta ilustrativa una anécdota que contaba Emilio Gabaglio, histórico dirigente sindical europeo: dos trabajadores se dirigían a una manifestación del Primero de Mayo cuando uno preguntó cuántos serían necesarios para lograr sus objetivos. La respuesta fue clara: “Todos, compañero, todos”. Porque las conquistas sociales requieren constancia: unas veces para avanzar, otras para no retroceder.

Este 2026 será, sin duda, un nuevo Primero de Mayo de movilización en toda España. Se reclamarán cuestiones centrales como el pleno empleo, la reducción de la jornada laboral y la mejora de los salarios y también que se busquen soluciones al gran problema de la vivienda. Junto a ello, la defensa de la democracia y la exigencia de paz en el mundo, desde conflictos visibles como la guerra en Irán. o la situación en Palestina, hasta otros menos conocidos.

En Madrid, la manifestación principal, convocada por CCOO y UGT, recorrerá el centro de la ciudad a partir de las 12:00, desde la Gran Vía (esquina con Alcalá) hasta la Plaza de España.

Termino con una reflexión personal: en los 49 años transcurridos entre 1977 y 2026, solo he faltado en una ocasión a esta cita —además del obligado paréntesis de la pandemia—. Este año volveré a estar presente, recordando aquellas palabras de Gabaglio: todos los Primeros de Mayo son necesarios, para avanzar o, al menos, para no retroceder en los derechos conquistados.

Si eres trabajador o trabajadora, en las manifestaciones del 1º de mayo, te esperamos.

Francisco Naranjo Llanos
Director de la Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO

MANOLO GERENA, UN GRANDE DEL CANTE FLAMENCO, LLEGA A CÁCERES

 


El próximo 28 de abril a las 19:00 horas, el CEI presidenta Charo Cordero, acogerá una cita imprescindible con la historia, la música y la memoria democrática. ¿Quién estará sobre el escenario? Nada menos que el gran cantautor flamenco Manuel Gerena.

Gerena no es solo flamenco: es voz, es lucha, es memoria viva. Desde sus inicios en los años 60, este cantaor de La Puebla de Cazalla convirtió el cante en una poderosa herramienta de denuncia social. Supo acercar el flamenco a nuevas generaciones y se consolidó como un símbolo de la oposición al franquismo.

He tenido la suerte de verlo, oírlo y, sobre todo, escucharlo en innumerables ocasiones, además de conocerlo personalmente. Más de medio siglo dedicado al cante avala su trayectoria, recorriendo cada rincón de nuestro país. Escucharlo sigue siendo, hoy como ayer, un auténtico placer. Por eso, no podéis perdéroslo.

Manolo canta flamenco, sí, pero también “canta las cuarenta” a quien haga falta. Su compromiso con los más débiles y necesitados está presente en cada una de sus letras. Su cante llega al corazón y a las entrañas como pocos. Su voz, antes y ahora, conserva una fuerza y una emoción difíciles de describir.

El poeta Blas de Otero lo expresó de forma magistral:
“Manuel Gerena canta de los pies a la cabeza, del cuerpo y del alma; y el cante queda vapuleado, y vapuleado queda quien lo escucha. Y sus letras —letrillas, como él dice—, sencillas pero profundas, son auténtico viento del pueblo”.

Además de un gran cantaor, Manuel Gerena es un amigo generoso. No olvido —ni quiero dejar de agradecer— aquel “pequeño gran detalle” de recorrer cientos de kilómetros para acompañarme en la presentación de mi libro Los carriles de la vida en Albacete. Gracias, Manuel, querido amigo: en esos gestos también se mide la grandeza de una persona.

Será un placer volver a verlo en Cáceres, interpretando, entre otras muchas piezas, la poesía de Miguel Hernández. Hablaba con él ayer y me adelantaba que, además de estos poemas, incluirá parte de su repertorio habitual: martinetes, seguiriyas y mucho más.

Yo, personalmente, me doy por satisfecho si puedo volver a escuchar “Las nanas de la cebolla”, ese poema que Miguel Hernández escribió desde la cárcel de Alicante para su hijo. En la voz de Gerena adquiere una dimensión aún más desgarradora, cercana y profundamente humana. Confieso que siempre consigue emocionarme.

En fin, el 28 de abril nos espera, en Cáceres, un concierto de los que dejan huella, de los que se recuerdan. De esos en los que duelen las manos de tanto aplaudir a un maestro del cante y de la canción. Nos vemos allí.

Francisco Naranjo Llanos, director de la Fundación Abogados de Atocha (2013–2024) y sindicalista de CCOO

Cristina Almeida: No me he perdido ni un día de mi vida

Cristina Almeida, intervino el pasado 22 de Abril, el centro cultural Alcazaba en Mérida (Badajoz).

Cristina Almeida, amiga y compañera durante casi dos décadas en la Fundación Abogados de Atocha, ha estado en estos días en Mérida participando en una conferencia sobre las mujeres durante la dictadura franquista. Allí hemos estado escuchándola. Ella como siempre, brillante. Y, además, la he visto llena de energía y vitalidad, recuperada de la delicada operación a la que fue sometida en el hospital público Ramón y Cajal. “Estoy disfrutando de una segunda vida”, ha dicho, agradecida a la sanidad pública.

Su paso por Mérida me ha llevado a recordar una vieja aventura electoral en Extremadura, en las elecciones europeas de 1987. Yo militaba entonces, desde el sector ferroviario, en CCOO y en el PCE, y fui candidato de IU al Parlamento Europeo en un puesto simbólico: el número 13 de la lista. Sabíamos que salir eurodiputado era imposible, pero me lo tomé muy en serio, hasta el punto de pedir dos semanas de vacaciones laborales, de mis treinta días, para hacer campaña.

En esos días recorrí varias regiones de nuestro querido país, pero guardo especial recuerdo de Extremadura. Salimos de Madrid hacia Mérida, en un día caluroso del mes de junio, en un Renault 6 sin aire acondicionado, atravesando el entonces interminable puerto de Miravete, de la provincia de Cáceres. Tardamos casi cinco horas en llegar a Mérida, con grupo de periodistas esperando desde hacía rato.

Aquel día fue una maratón: rueda de prensa, encuentro en Montijo, mitin en Badajoz, regreso a Mérida para otro acto y cena con los camaradas en el hotel Las Lomas, en Mérida. Yo hacía de telonero de Cristina. Pensaba que dormiríamos allí, pero surgió la sorpresa: había que volver a Madrid esa misma noche por compromisos laborales suyos.

Así que conduje de vuelta mientras ella descansaba. Llegamos de madrugada. La dejé en su casa y me fui a la mía, en Alcorcón. Me acosté cerca de las siete, tras casi 24 horas de militancia activa… y con una reunión a mediodía. Tenía entonces menos de 40 años y una convicción intacta, así que físicamente también aguante.

La compañera y camarada de aquel viaje sigue siendo hoy una gran amiga: Cristina Almeida. Incluso prologó recientemente mi libro Los carriles de la vida. Y cada vez que la escucho decir que no ha perdido ni un día de su vida de hacer cosas, me reafirmo en esa forma de estar en el mundo.

Han pasado muchos años, casi cuarenta, desde aquellas fechas que relato hoy, y aunque a veces haya motivos para el desencanto, sigo creyendo que hay que votar siempre, aunque sea con la mano en la nariz. Costó demasiada sangre obrera y trabajadora, el conquistar ese derecho como para renunciar a él.

Desde la clase trabajadora, desde los progresistas, debemos seguir llenando las urnas con votos conscientes y decentes, recordando quién ha defendido lo público, la sanidad, la educación etc y quienes se dedican a privatizar, una y otra vez.

Y tú, Cristina, sigue así, dando lecciones de igualdad y de la historia real de esta España mía, de esta España nuestra, que diría la cantante Cecilia y continua con lo que significa esa frase, tan tuya, de “vivir sin perder un solo día” pues es, sin duda, una gran filosofía que ya quisiéramos algunos poder seguir tus pasos por la vida. Un gran abrazo amiga y seguro que nos seguiremos viendo por los caminos.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.