LEMA DE ESTE BLOG...

LEMA DE ESTA BLOG: ... hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida. (Miguel Hernández)

DEL MUNDIAL ME QUEDO CON NICO WILLIAMS Y LAMINE YAMAL


Nico Williams y Lamine Yamal en el mundial de futbol de 2026

    De la histórica victoria de España en el Mundial me quedo, ante todo, con la juventud y la diversidad de este extraordinario equipo. También con una frase que Luis de la Fuente ha repetido durante todo el campeonato y que trasciende al fútbol: Juntos somos más fuertes”. Una lección aplicable a muchos otros ámbitos de la vida. No es casual que CCOO y UGT hayan utlizado un slogan muy similar en la Huelga General del 14D (14 de diciembre de 1988): Juntos podemos”, copiado despues por otras organizaciones. 

    Pero vayamos al futbol: por encima de todo, en el Mundial, me quedo con Nico Williams y Lamine Yamal.

    El pasado 19 de julio de 2026, en el minuto 106 de la final del Mundial, Lamine Yamal abrió el juego hacia Pedro Porro. Este envió un balón en profundidad que Nico Williams prolongó de cabeza hacia el corazón del área. Allí apareció Ferran Torres para marcar el gol más importante del fútbol español en las últimas décadas y convertir a España en campeona del mundo.

    Sin embargo, la verdadera historia de este Mundial había comenzado mucho antes. Muchísimo antes. Y las vidas de Nico y Lamine lo explican mejor que cualquier discurso.

    En 1994, Félix Williams y María Arthuer, padres de Iñaki y Nico, abandonaron Ghana sin saber adónde los conduciría el camino. Atravesaron el desierto entre el hambre, la sed y la muerte. Llegaron a Melilla, saltaron la valla, fueron detenidos y, gracias a la intervención de un abogado de Cáritas, pudieron quedarse en España.

    En 2002 nació Nico, en Pamplona. Su padre pasó casi una década trabajando como vigilante y limpiador de obras en Londres para enviar dinero a la familia. Su madre encadenó empleos precarios. Vivieron separados durante años hasta que, de algún modo, el fútbol volvió a reunirlos.

    Cuando el árbitro señaló el final de la final, Nico buscó a sus padres en la grada. Seguramente recordó todo lo que habían sufrido para ofrecerles un futuro mejor a sus hijos. Tras recibir la medalla de campeón del mundo, cruzó el campo, saltó la valla y se la colocó a su madre diciéndole una frase que lo resume todo:

    Toma, mamá. Es para ti. Te la mereces más que yo”.

    La historia de Lamine Yamal no es menos emocionante.

    Nacido en Esplugues de Llobregat (Barcelona), en 2007, detrás de su meteórico ascenso como una de las grandes figuras del fútbol mundial hay también una historia de humildad, migración y raíces obreras.

    Su padre, Mounir, emigró desde Marruecos, y su madre, Sheila, desde Guinea Ecuatorial. Ambos llegaron muy jóvenes a Cataluña y trabajaron en oficios modestos: él como pintor de edificios y ella como camarera en el sector de la hostelería.

    Lamine creció entre Granollers y el barrio de Rocafonda, en Mataró. Allí, jugando en pistas de cemento con chicos mayores que él, forjó el carácter, la velocidad y el descaro que hoy maravillan al mundo. Por eso sigue celebrando sus goles formando con los dedos el número 304, el código postal de Rocafonda, como homenaje al barrio que lo vio crecer y al esfuerzo de sus padres.

    Existe además una hermosa historia detrás de su nombre. "Lamine Yamal" no son nombre y apellido, sino un nombre compuesto. Sus padres decidieron llamarlo así en agradecimiento a dos vecinos que, cuando atravesaban una situación de extrema pobreza, los acogieron en su casa y les ayudaron a pagar el alquiler.

    También me emocionó verlo, nada más terminar la final, correr hacia su madre —su padre no pudo asistir por enfermedad— y volver a jugar sobre el césped con su hermano pequeño, Keyne, como si aún fuera aquel niño de Rocafonda que soñaba con llegar algún día a vestir la camiseta de la selección.

    Maria y Sehila, madres de Nico y Lamil, con las medallas de oro de sus hijos 

    Hay muchos más motivos para recordar este Mundial, pero si tuviera que elegir dos imágenes me quedaría con estas: la medalla de Nico sobre el pecho de su madre y el abrazo de Lamine a la suya. Porque, más allá de los goles y de la copa, ambas escenas nos recuerdan que detrás de los grandes campeones casi siempre hay familias que un día lo arriesgaron todo para que sus hijos pudieran tener un futuro mejor.

    Francisco Naranjo Llanos, director de la Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.

YO FUI UN «ENANO INFILTRADO»


Portada revista Doblón, Julio 1975

Aniversario de las últimas elecciones sindicales del franquismo

Hace un año, por estas fechas, escribí una columna titulada «Ha ganao el equipo colorao», con motivo del cincuentenario de las últimas elecciones sindicales del Sindicato Vertical. En ella recordaba la histórica portada que el semanario Doblón dedicó, en julio de 1975, al triunfo de las candidaturas democráticas impulsadas por Comisiones Obreras.

Días después, José Antonio Martínez Soler, director entonces de Doblón, resalto aquel artículo en 20 Minutos y escribió unas palabras que me emocionaron profundamente:

«Francisco Naranjo, un "enano infiltrado" de CC.OO. de RENFE en el sindicato franquista, me ha recordado la portada que hicimos para celebrar la infiltración heroica de los sindicalistas clandestinos en el corazón del franquismo. Entre todos tumbamos la dictadura desde dentro. No fue una concesión desde arriba, sino una conquista desde abajo.»

Un año después quiero volver sobre aquellos hechos. No desde la nostalgia, sino porque conviene recordar cómo miles de trabajadores contribuyeron a debilitar la dictadura desde sus propias estructuras.

En junio-julio de 1975 se celebraron las últimas elecciones sindicales del franquismo. En RENFE, como en otros muchos sectores, las candidaturas unitarias democráticas obtuvieron un respaldo masivo. Aquel fue el comienzo de una transformación que ya nadie pudo detener.

Este mes se cumplen 51 años de aquellas elecciones y también de mi primera candidatura sindical. Trabajaba como Factor de Circulación en Madrid-Peñuelas cuando varios compañeros, especialmente Santiago Rueda —fallecido el pasado año—, me convencieron para presentarme. Ganamos los diez puestos de enlace sindical del centro de trabajo. Sin saberlo, iniciaba una trayectoria de más de medio siglo de compromiso con CCOO.

Fue entonces cuando me convertí en uno de aquellos «enanos infiltrados». La expresión, utilizada despectivamente por los sectores más reaccionarios del franquismo, fue convertida por Doblón en un símbolo de orgullo. Su inolvidable portada mostraba a tres enanitos de Blancanieves pintando de rojo la sede del Sindicato Vertical bajo un titular que ya forma parte de la memoria democrática: «Ha ganao el equipo colorao».

Aquella revista dedicó un amplio reportaje a los resultados de las elecciones, demostrando que el movimiento obrero había apostado claramente por la democracia cuando la dictadura daba ya sus últimos coletazos. Hoy resulta impensable que un medio de comunicación abra su portada con unas elecciones sindicales. Por eso merece un reconocimiento el valor de José Antonio Martínez Soler, que asumió los riesgos de publicar aquella información y otras de suma importancia, en plena dictadura.

No fueron decisiones sin consecuencias. En marzo de 1976 fue secuestrado y torturado por grupos fascistas vinculados al régimen. Su compromiso con la libertad merece ser recordado.

Las elecciones de 1975 enfrentaron dos modelos sindicales: el continuista, representado por el sindicalismo oficial, y el democrático, impulsado por las organizaciones clandestinas, especialmente la de CCOO. La participación fue muy elevada y el resultado confirmó que el franquismo también estaba perdiendo la batalla en los centros de trabajo.

Pocos meses después, en enero de 1976, el Gobierno de Arias Navarro militarizó RENFE y otros servicios públicos para frenar la movilización obrera. El efecto fue justamente el contrario. La respuesta de los ferroviarios fue aún más firme. El 16 de enero cerca de cinco mil trabajadores celebramos en la estación de Chamartín la histórica Gran Asamblea Democrática de Ferroviarios de Madrid, uno de los hitos más importantes del movimiento sindical en el ferrocarril.

Ese mismo año, todavía en la clandestinidad, constituimos el Pleno de Representantes Ferroviarios, órgano unitario que permitió negociar el primer convenio colectivo de RENFE.

Con la llegada de la democracia continué siendo elegido representante sindical por CCOO. Fui secretario del Comité Intercentros de RENFE y responsable de Comunicación del sindicato en el sector ferroviario, antes de incorporarme a CCOO de Madrid. Pero esa ya es otra historia.

Han pasado más de cincuenta y un años y sigo sintiéndome orgulloso de haber sido uno de aquellos «enanos infiltrados» para ayudar a Comisiones Obreras.  Porque no nos infiltrábamos para conseguir privilegios, sino democracia; no buscábamos poder, sino derechos.

Aquella lucha silenciosa de miles de trabajadores y trabajadoras (Nico Sartorius los denomina: Los Costaleros de la Democracia), ayudó a abrir el camino de las libertades y los derechos que hoy disfrutamos y que nunca deberíamos dar por garantizados.

El pasado es la linterna del futuro. Editorial Utopía libros 

Esta historia y varias más la recojo en mi libro El pasado es la linterna del futuro, obra en homenaje a las mujeres y hombres que, desde el ferrocarril, durante 60 años (1964-2024), contribuyeron decisivamente a construir un sindicalismo democrático y un país más libre. Personas que, con su compromiso, han dejado una huella imborrable en la historia del sindicalismo de clase en el ferrocarril.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.

18 de julio: Noventa años del Golpe de Estado franquista

 

Los nacionales: la oligarquía financiera, los grandes propietarios agrarios y una parte de la jerarquía eclesiástica y de sectores del Ejército...

El 18 de julio de 2026 se cumplen noventa años del golpe de Estado militar contra el Gobierno legítimo de la Segunda República Española, surgido democráticamente de las elecciones de febrero de 1936.

Aquel golpe, preparado durante meses por una parte del Ejército español, con el respaldo de los sectores más reaccionarios del país, desembocó en la Guerra Civil Española y, tras la derrota de la República en 1939, dio paso a la dictadura de Francisco Franco: cuarenta años de represión, persecución y ausencia de libertades que se prolongaron hasta la muerte del dictador, el 20 de noviembre de 1975, e incluso dejaron su sombra durante los años de la Transición.

La memoria es frágil, sobre todo cuando existen poderosos intereses empeñados, aun hoy, en blanquear aquella dictadura. Basta preguntar hoy a algunos jóvenes quién fue Franco para comprobar hasta qué punto el desconocimiento de nuestra historia resulta preocupante. Más de uno respondería con ironía involuntaria: ¿En qué equipo jugaba?

Por eso conviene volver a la hemeroteca y a los libros de historia. Y, sobre todo, llamar a las cosas por su nombre. Lo ocurrido en julio de 1936 fue un golpe de Estado. No un "alzamiento nacional", como durante décadas repitió la propaganda franquista y como todavía hoy aparece en algunos textos o discursos interesados. El lenguaje nunca es inocente, y las palabras también sirven para deformar la historia.

En estos días he releído un pequeño libro de Justo Vila Izquierdo, Extremadura: La guerra civil, publicado por Universitas Editorial en 1983. Es una obra rigurosa que explica con claridad cómo se fue gestando la conspiración militar tras la victoria del Frente Popular en las elecciones del 16 de febrero de 1936 y cómo se desarrollaron aquellos acontecimientos en Extremadura, comarca por comarca y pueblo por pueblo.

Las elecciones de febrero de 1936, las ganó democráticamente la izquierda con 269 diputados, frente a los 205 obtenidos por las fuerzas de centro y derecha. Conviene recordarlo porque, con demasiada frecuencia, algunos intentan sembrar dudas sobre la legitimidad de aquel resultado. También conviene recordar que la Falange de José Antonio Primo de Rivera apenas obtuvo unos cinco mil votos y no consiguió representación parlamentaria.

Los preparativos del golpe no comenzaron después de las elecciones. Ya existían contactos conspirativos antes de que los españoles acudieran a las urnas. Pero la victoria del Frente Popular aceleró definitivamente los planes de quienes nunca aceptaron que el poder pudiera cambiar de manos por decisión democrática.

No voy a detenerme en todos los detalles. Historiadores de la talla de Manuel Tuñón de Lara, Paul Preston, Hugh Thomas o Ángel Viñas, han documentado exhaustivamente aquellos hechos. Frente a ese trabajo historiográfico, la tesis difundida por determinados pseudohistoriadores según la cual la sublevación militar fue una respuesta inevitable al supuesto caos existente en España carece de fundamento. Es, sencillamente, un intento de justificar lo injustificable.

Lo que sí está sobradamente demostrado es que la decisión definitiva de levantarse en armas cristalizó tras la victoria electoral del Frente Popular. Resulta llamativo que todavía hoy determinados medios de comunicación, la conocida "caverna mediática", insistan en difundir una versión edulcorada del franquismo y de sus orígenes.

Las causas reales del golpe fueron la cerrada oposición de la oligarquía financiera, de los grandes propietarios agrarios, de una parte de la jerarquía eclesiástica y de sectores del Ejército a aceptar las reformas democráticas impulsadas por la República.

Incapaces de recuperar el poder mediante las urnas, optaron por las armas recurriendo a los generales “africanistas”, por cierto, trayendo “inmigrantes”, como fuerza de choque, para desencadenar el golpe de estado. Contaron además con el decisivo apoyo de la Alemania nazi y la Italia fascista, sin cuya intervención la historia de España probablemente habría sido muy distinta.

El libro de Justo Vila Izquierdo: Extremadura: La guerra civil

El libro de Justo Vila profundiza en todo ello con especial atención a Extremadura. Es una obra que merece la pena releer precisamente ahora, cuando algunos pretenden reescribir el pasado para acomodarlo a sus intereses presentes.

En lo personal, poco sé con certeza de aquellos años. Mi familia eran jornaleros extremeños y, como tantos otros, apenas hablaban de la guerra. Mi padre me contaba algunas historias, siempre en voz baja. Durante la dictadura se aprendió que había cosas de las que era mejor no hablar. Y cuando se hablaba, se hacía con prudencia, suavizando incluso los recuerdos para evitar problemas.

Recuerdo especialmente una de aquellas conversaciones. Mi padre había hecho el servicio militar años antes cuando fue movilizado en 1936. Comenzó la guerra en el ejército republicano y, apenas unas semanas después, terminó combatiendo en el llamado ejército nacional.

Era un joven jornalero de Esparragalejo, un pequeño pueblo de Extremadura, sin apenas estudios. Junto a otros muchachos fue reclutado por las autoridades republicanas para defender el acceso al pueblo. Les entregaron unas escopetas, algunos víveres y les ordenaron cavar una trinchera a varios kilómetros de distancia por donde, supuestamente, podían llegar las tropas sublevadas.

Durante dos semanas permanecieron allí sin que apareciera nadie. Cuando ya casi no les quedaba comida, llegó mi abuelo y les preguntó qué hacían.

-Defendiendo el pueblo.

Mi abuelo respondió con toda naturalidad:

- ¿Qué pueblo ni qué pueblo? Volved para casa. Hace días que los fascistas ya lo han ocupado.

Regresaron, fueron detenidos durante unas semanas y finalmente les ofrecieron incorporarse al ejército franquista. Todos aceptaron. Mi padre pasó el resto de la guerra destinado en las cocinas de los frentes de Talavera y Navalcarnero.

Por eso siempre decía que había estado en los dos bandos. Como tantos españoles humildes, no eligió la guerra. Lo único que intentó fue sobrevivir. Nunca ocultó que simpatizaba más con la República que con la dictadura, pero también repetía que lo primero era seguir vivo y sacar adelante a la familia.

Esa experiencia me enseñó que las guerras las deciden unos pocos, pero las sufren sobre todo quienes jamás las quisieron.

Esta es mi modesta aportación al noventa aniversario de aquel 18 de julio. Un día funesto para la democracia española. Un día en el que las grandes fortunas, los terratenientes, el poder financiero, buena parte de la jerarquía eclesiástica y un sector del Ejército decidieron acabar por las armas con un régimen democrático porque no habían logrado derrotarlo en las urnas.

Aun contando con el apoyo de la Alemania nazi y la Italia fascista, necesitaron tres años de guerra para imponerse a la República, dejando tras de sí cientos de miles de muertos, el exilio de toda una generación y una dictadura de casi cuarenta años. Todavía hoy miles de españoles continúan en fosas y cunetas esperando ser identificados y recibir la dignidad que les fue arrebatada.

Para terminar solo deseo que las generaciones más jóvenes conozcan lo que realmente ocurrió antes de formarse una opinión. Porque, como decía el poeta Marcos Ana, para poder "pasar página" primero hay que leerla. Y en España aún quedan muchas páginas por leer.

Francisco Naranjo Llanos, director de la Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.