LEMA DE ESTE BLOG...

LEMA DE ESTA BLOG: ... hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida. (Miguel Hernández)

Hablar de vivienda, es hablar del derecho a un proyecto de vida

28 de septiembre de 2026: Acampada en la Puerta del Sol Madrid (foto de RTVE)

Cuando escribo estas líneas, cientos de personas continúan acampadas en la Puerta del Sol de Madrid tras la multitudinaria manifestación contra el desahucio de Maricarmen. Al mismo tiempo, se están produciendo movilizaciones de protesta y apoyo en otras provincias españolas.

A mi entender, y con toda sinceridad, este puede ser el momento oportuno para que los dos grandes sindicatos, CCOO y UGT, junto al Sindicato de Inquilinas y otras muchas organizaciones de la sociedad civil, impulsen movilizaciones contundentes y sostenidas para impedir los desahucios antisociales y hacer realidad el artículo 47 de la Constitución: el derecho a disfrutar de una vivienda digna.

Se necesitan soluciones urgentes, tanto a corto como a medio plazo, frente a los desahucios, los alquileres inasumibles, los fondos de inversión, los pisos turísticos y la escasez de vivienda social. Y, sobre todo, hacen falta planes de inversión ambiciosos para construir un gran parque público de viviendas sociales en el conjunto del país.

Tampoco es descartable promover la posibilidad de viviendas sociales o con algún tipo de protección oficial, en régimen de cooperativas, que son  sociedades sin ánimo de lucro, donde los socios se agrupan para promover, construir y gestionar sus propios hogares a precio de coste, eliminando los intermediarios.

También habría que impulsar, sin demora, que los programas electorales de las candidaturas progresistas que concurran a las elecciones municipales, autonómicas y generales de 2027 incorporen propuestas concretas y viables para garantizar viviendas asequibles, pensando especialmente en los jóvenes y en quienes hoy por hoy encuentran enormes dificultades para emanciparse.

Y aquí conviene recordar algo que a veces olvidamos cuando el debate se centra exclusivamente en mirar qué hace el Gobierno de España. También es importante, pero las competencias en materia de vivienda están ampliamente descentralizadas, y las comunidades autónomas tienen un papel fundamental. Es decir, las responsabilidades son muchas y están repartidas.

  • El Gobierno central puede establecer la legislación básica, impulsar planes estatales de vivienda y aportar financiación y recursos.
  • Las comunidades autónomas gestionan sus parques públicos, las ayudas al alquiler y sus propios planes de vivienda.
  • Los ayuntamientos también tienen mucho que decir: intervienen en el urbanismo y el planeamiento, clasifican suelo, conceden licencias y pueden promover y gestionar vivienda pública municipal.

Por eso, no vale con mirar exclusivamente hacia un lado. La solución exige que todas las administraciones, cada una desde sus competencias, hagan su parte y trabajen de manera coordinada.

Y hay algo más: cuando hablamos de vivienda no podemos olvidarnos de los fondos de inversión, los llamados «fondos buitre», ni de las grandes empresas propietarias. Pero tampoco debemos olvidar, desde el punto de vista de sensibilidad social y humana, que una vivienda es, para quien vive en ella, mucho más que un activo financiero: es su casa. Es su barrio. Son sus vecinos. Son sus recuerdos. Es su vida.

En definitiva, la vivienda en la que vivimos -o aquella en la que queremos vivir cuando llega el momento de emanciparnos- es algo esencial para las personas. Garantizarla no debería ser una aspiración, sino una prioridad.

El artículo 47 de la Constitución establece un mandato claro. Ahora hace falta voluntad política, recursos y, también, movilización social para que ese derecho deje de ser una declaración constitucional y se convierta en una realidad para millones de personas.

Porque hablar de vivienda en los tiempos que vivimos, es, en definitiva, hablar de dignidad, de igualdad y del derecho a construir un proyecto de vida.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.

P.D. Francisco Naranjo fue presidente de VITRA-Madrid durante 15 años. Impulsada por CCOO, la cooperativa de viviendas VITRA, construyó en sus 34 años de actividad 33.000 viviendas protegidas en España, 9.000 de ellas en Madrid, en régimen cooperativo y a precios asequibles. Para más información leer: La isla de VITRA.

El desahucio de Mari Carmen: un aldabonazo a las conciencias

 

¿Alguien puede imaginarse tener 87 años, haber pagado religiosamente el alquiler durante toda una vida y que, de repente, te echen de tu casa?

Pues ha ocurrido. El 23 de septiembre de 2026, Maricarmen, una madrileña de 87 años, con graves problemas de movilidad, fue desalojada de la vivienda en la que había vivido durante más de siete décadas, en el barrio de Retiro. Era el cuarto y definitivo intento de lanzamiento, ejecutado a favor de Urbagestión, la sociedad propietaria del inmueble. Maricarmen salió de su casa en camilla y fue trasladada en una ambulancia del Samur.

Fue su padre quien firmó aquel contrato de renta antigua. Cuando él falleció, la vivienda pasó a su madre y, posteriormente, a ella. Allí siguió viviendo durante décadas, pagando cada mes, en el último año, alrededor de 500 euros y, según ha repetido en estos días, sin dejar de abonar una sola mensualidad.

«Yo no he dejado de pagar ni un solo recibo de la renta», decía. Y quizá esa sea una de las frases que mejor resumen su drama: Maricarmen no sentía que hubiera dejado de cumplir con su parte. Había pagado durante toda su vida y, sin embargo, terminó perdiendo la casa en la que había construido toda su historia.

Desde que el inmueble fue adquirido por Urbagestión, Maricarmen mantuvo durante años un conflicto por el alquiler. La renta que se le reclamaba había llegado a situarse muy por encima de los aproximadamente 500 euros que pagaba anteriormente, una cantidad que resultaba difícilmente asumible para una pensionista con unos ingresos de alrededor de 1.300 euros. El caso llegó a los tribunales y, finalmente, el lanzamiento pudo ejecutarse.

Y así llegamos a la mañana del desahucio. En la calle se habían concentrado cientos de personas. Algunas habían pasado la noche allí intentando impedir el lanzamiento. La intervención policial terminó convirtiendo aquella mañana en una escena que iba mucho más allá de un conflicto entre propietario e inquilina: se discutía, en realidad, qué lugar ocupa una persona mayor y vulnerable frente al derecho de propiedad y frente a un mercado inmobiliario cada vez más difícil de soportar.

La policía estableció un cordón que mantuvo alejados a periodistas, fotógrafos y personas que se oponían al desalojo de Maricarmen,. Las imágenes de Maricarmen saliendo en camilla camino de la ambulancia dieron la vuelta al país. La periodista Silvia Intxaurrondo, en TVE, expresó su indignación ante las dificultades para informar desde el lugar.

Maricarmen había resistido hasta el último momento. También lo hizo el Sindicato de Inquilinas, que intentó encontrar una solución. El Ministerio de Vivienda realizó gestiones y, según informaciones publicadas, hubo distintas propuestas para evitar el desalojo, pero ninguna consiguió impedirlo.

Al preguntarle cómo se encontraba después del desalojo, su respuesta fue tan sencilla como demoledora: «Estoy hecha polvo».

¿Cómo no estarlo? Setenta años de recuerdos habían quedado dentro de aquellas paredes. A los 87 años, Maricarmen se ha visto obligada a comenzar una nueva etapa de su vida lejos de la casa en la que prácticamente había vivido siempre.

Hasta aquí, los hechos. A partir de aquí, mi opinión.

Creo sinceramente que el caso de Maricarmen debería ser un aldabonazo a las conciencias. Un aviso. Una llamada de atención. Porque lo sucedido pone delante de nuestros ojos, con una crudeza difícil de ignorar, hasta dónde puede llegar el problema de la vivienda cuando detrás de un expediente judicial hay una persona concreta, con nombre, edad, recuerdos y una vida entera dentro de cuatro paredes.

La vivienda se ha convertido en uno de los grandes problemas sociales de nuestro país. Y no hablamos únicamente de quienes pierden su casa. Hablamos también de jóvenes que no pueden emanciparse, familias que destinan una parte desproporcionada de sus ingresos al alquiler y trabajadores que tienen dificultades para vivir en las ciudades donde trabajan.

Los datos de los lanzamientos judiciales siguen mostrando que el problema está lejos de resolverse. En el primer trimestre de 2025, por ejemplo, se practicaron en España 7.334 lanzamientos, según el Consejo General del Poder Judicial.  Y mientras tanto, el debate político continúa.

Unos sostienen que hay que intervenir y aumentar la regulación del mercado. Otros defienden que la solución pasa fundamentalmente por aumentar la oferta y dejar actuar al mercado. Pero, mientras unos y otros discuten, hay muchas personas que tienen que decidir cada mes entre pagar el alquiler, la hipoteca o llenar la nevera.

Por eso creo que el problema no puede abordarse únicamente desde la confrontación política. Hace falta actuar. Y también hace falta mirar hacia atrás.

En Madrid tenemos un ejemplo que todavía forma parte del debate público: en 2013, durante la alcaldía de Ana Botella, el Ayuntamiento vendió 1.860 viviendas protegidas de la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo a Fidere, filial española de Blackstone, por unos 128,5 millones de euros. Aquella operación fue objeto de una larga controversia judicial. El Tribunal de Cuentas llegó inicialmente a apreciar un perjuicio para las arcas públicas, pero posteriormente revocó aquella resolución y el Tribunal Supremo confirmó la absolución de Ana Botella y su Junta de Gobierno. Una odisea jurídica.

Los hechos judiciales son los que son. Pero el debate político sobre si fue acertado desprenderse de una parte de aquel parque público sigue abierto. Porque ahí está, a mi juicio, una de las claves del problema: si se dispone de poca vivienda pública, cualquier crisis habitacional se hace mucho más difícil de gestionar.

Según el Gobierno Central, el parque público de vivienda en España ha pasado en los últimos años del 2,5% al 3,4%, todavía muy lejos del entorno del 9% que representa la media europea. Un 3,4% es demasiado poco para un país que pretende garantizar el derecho constitucional a una vivienda digna.

Y aquí conviene recordar algo que a veces olvidamos cuando el debate se centra exclusivamente en el Gobierno de España: las comunidades autónomas tienen un papel fundamental en materia de vivienda.

Deben gestionan los parques públicos autonómicos, las ayudas al alquiler y sus propios planes de vivienda. También los ayuntamientos tienen mucho que decir: deciden sobre urbanismo y planeamiento, clasifican suelo, conceden licencias y pueden promover y gestionar vivienda pública municipal.

El Gobierno Central, por su parte, tiene capacidad para establecer la legislación básica, impulsar planes estatales de vivienda y aportar financiación y recursos. Es decir, responsabilidades hay muchas y están repartidas.

Por eso no vale con mirar exclusivamente hacia un lado. La solución exige que todas las administraciones, cada una desde sus competencias, hagan su parte.

Y hay algo más: cuando hablamos de vivienda, no podemos olvidarnos de los fondos de inversión, los llamados “fondos buitre” y de las grandes empresas propietarias. Tampoco podemos olvidar que una vivienda es, para quien vive en ella, mucho más que un activo financiero. Es su casa. Es su barrio. Son sus vecinos. Son sus recuerdos. Es su vida.

Eso es precisamente lo que el caso de Maricarmen nos obliga a mirar de frente.

Porque una sociedad puede tener leyes, jueces, policías, fondos de inversión y contratos perfectamente formalizados. Pero también debería preguntarse si, detrás de todo eso, estamos siendo capaces de proteger a las personas más vulnerables.

Y llegados a este punto, conviene volver al principio: ¿Alguien puede imaginarse tener 87 años, haber pagado religiosamente el alquiler durante toda una vida y terminar saliendo de tu casa en una camilla?

Según mi humilde opinión, sí podemos imaginarlo. Y precisamente por eso creo que lo ocurrido con Maricarmen no debería convertirse simplemente en una noticia más que desaparece en unos días de los periódicos y de los informativos. Debería ser un aldabonazo a nuestras conciencias y no un incidente mas.

Porque la vivienda no puede ser únicamente un negocio. Es también un derecho. Lo dice, claramente, el artículo 47 de nuestra Constitución:

“Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”.

El mandato constitucional es claro. Ahora hace falta voluntad política para hacerlo realidad.

Porque querer es poder. Y si de verdad queremos que casos como el de Maricarmen no vuelvan a repetirse, los poderes públicos deberán de dejar de mirar hacia otro lado y empezar a trabajar, entre todos, para que el derecho a la vivienda deje de ser una declaración constitucional y se convierta, de verdad, en un derecho efectivo.

Protesta en Mérida (Extremadura), el 24 de septiembre de 2026

Por Maricarmen y por tantos otros y otras que, quizá sin hacer ruido, están esperando que alguien les ayude a no perder su casa, espero que este tema de vivienda y habitabilidad, especialmente difícil para jóvenes y mayores, enfile un camino que acabe con este grave y esencial problema a corto y medio plazo.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.

P.D. Francisco Naranjo fue presidente de VITRA-Madrid durante 15 años. Impulsada por CCOO, VITRA construyó en sus 35 años de actividad 33.000 viviendas protegidas en España, 9.000 de ellas en Madrid, en régimen cooperativo y a precios asequibles. Para mas información leer: LA ISLA DE VITRA

Adiós a Miguel Corbacho, un hombre del fútbol y de la vida

 

Miguel Corbacho en 1966

Ha fallecido un pionero del fútbol base emeritense. Y también un amigo. Miguel Corbacho Sánchez nos dejó el 27 de agosto, a los 85 años de edad.

Su trayectoria y su entrega al deporte fueron reconocidas en 2001 con la Medalla al Mérito Deportivo del Fútbol Amateur de la Federación Española de Fútbol, entre otros galardones. También colaboró con distintos medios de comunicación y ejerció durante cuatro décadas como presidente y entrenador del Rayo Emeritense. Bajo su dirección, el club llegó a contar incluso con una sección de baloncesto aficionado y un equipo femenino de Fútbol 7.

En 2010, el entonces alcalde de Mérida, Ángel Calle, le impuso el escudo de la ciudad en reconocimiento a su dedicación al fútbol base de la capital extremeña.

Ocho años después, en 2018, el Ayuntamiento de Mérida rindió homenaje a la trayectoria del Rayo Emeritense con una exposición de fotografías y trofeos conquistados por el club entre 1966 y 2006, que Miguel Corbacho había donado al Consistorio. La muestra se inauguró en el polideportivo Diocles, donde también se descubrió una placa en homenaje al club y a quien durante tantos años fue su presidente y entrenador.

En aquel acto, Miguel recordó los comienzos del club en la zona de la barriada de La Paz. Lo contaba con la sencillez que le caracterizaba: “Al ver a los chavales jugando los animé a que se vinieran al equipo, que denominé Rayo Emeritense, por el Rayo Vallecano, porque se portaron muy bien conmigo”.

Cuando intervino el alcalde de Mérida, Antonio Rodríguez Osuna, definió aquel momento como “un día importante para Mérida, porque se reconocía la historia de un club y de una persona que ha dado su vida por muchos niños y niñas de Mérida”.

Yo por mi parte, tengo muy buenos recuerdos de Miguel Corbacho. Fui uno de aquellos jugadores de los que él comentaba al recordar los primeros tiempos del Rayo Emeritense. Un recuerdo que permanece aún en mi memoria.

Dicen que, cuando uno alcanza cierta edad, quizá no recuerde qué comió ayer, pero puede recordar con una nitidez sorprendente lo ocurrido hace 50 o 60 años. Y hay algo que ayuda especialmente a mantener viva esa memoria: contemplar una fotografía de aquella época.

Una imagen es capaz de abrir de golpe el cajón de los recuerdos. Ves una cara, un campo de fútbol, una camiseta, unos compañeros y, de repente, aparece detrás toda una historia. No solo recuerdas la fotografía: recuerdas lo que sucedió alrededor de ella.

El Club Deportivo Rayo Emeritense en estadio municipal de Merida en 1966.

Eso es precisamente lo que me ocurre cuando vuelvo a contemplar esta foto, una de las que se expusieron en el polideportivo Diocles. Al verla, regreso a los años sesenta del siglo pasado, cuando comencé a dar mis primeros pasos en el fútbol, con apenas 14 años. Recuerdo aquellos partidos que disputé en el Estadio Municipal de Mérida —hoy Estadio Romano José Fouto— con el Augusta, perteneciente al grupo del Imperio de Mérida, uno de los conjuntos destacados de aquella época, cuyo presidente era Agustín Jiménez.

Por aquel entonces ya llevaba algunos años viajando entre la estación de ferrocarril de Proserpina y Mérida para estudiar en la Escuela de Maestría Industrial. Allí terminé, con 16 años, los estudios de Oficialía Industrial en la rama de Madera, con especialidad en Ebanistería.

Cuando cumplí 18 años ingresé en RENFE, en Madrid, aunque regresé a Mérida al cabo de un año. Estuve en la capital extremeña entre 1966 y 1969, realizando las prácticas ferroviarias. Como vivía con mis padres en la barriada de San Juan, jugaba en los campos de fútbol del entorno de La Paz. Y fue allí donde conocí a Miguel Corbacho.

Fue entonces cuando me fichó para aquellos comienzos del Rayo Emeritense. Jugué un par de temporadas con ellos y guardo de aquella etapa recuerdos extraordinarios. Y, entre todos ellos, ocupa un lugar especial Miguel Corbacho.

La fotografía tomada en el Estadio Municipal de Mérida, a la que antes hacía referencia, es testimonio de aquellos años y de aquella amistad nacida alrededor del fútbol.  Después, ya en Madrid, continué jugando al fútbol, aunque entonces fue principalmente fútbol sala y campeonatos de empresas en el pabellón del Centro Cultural y Deportivo de RENFE, en Madrid-Delicias.

Pero mi afición por el fútbol nunca desapareció. Al contrario, continuó en la familia. Primero fueron mis hijos y, después, mis nietos quienes siguieron vinculados al deporte. Uno de mis hijos destacó en el fútbol. El otro, ya adolescente, cambió el balón de futbol por el rugby. Y mis nietos han seguido también esa estirpe deportiva: uno juega actualmente en un equipo de regional de Getafe, otro en el juvenil del Rayo Vallecano y el mas pequeño, todavía en categoría alevín, en Las Rozas.

En la actualidad, ya jubilado he vuelto al Romano Jose Fouto a ver el Merida AD y al polideportivo Diocles a realizar gimnasia de mantenimiento. Y casualidades de la vida, en ambos lugares he coincido con amigos que jugaron conmigo hace esos 60 años que decía antes. 

En fin, estas líneas no pretenden ser más que mi particular manera de darle el último adiós a Miguel Corbacho, una persona de la que conservo un recuerdo profundamente entrañable.

No solo por su vida dedicada al deporte y, sobre todo, al fútbol. También por su manera de tratar a los chavales de aquella época. Por su cercanía, por su entusiasmo y por las enseñanzas que, muchas veces sin darnos cuenta, nos transmitió dentro y fuera del terreno de juego.

Miguel fue uno de esos hombres que hicieron mucho por el fútbol cantera de Mérida cuando apenas había medios, pero sobraban ilusión, compromiso y ganas de enseñar. Su legado no está únicamente en los trofeos, las fotografías o en la historia del Rayo Emeritense. Está, sobre todo, en las generaciones de niños y jóvenes que pasaron por sus manos y que hoy, décadas después, seguimos recordándolo.

Descansa en paz, Miguel. Te lo has ganado. Aquí, en la tierra, y especialmente en Mérida, te seguiremos recordando. Recibe un abrazo de uno de aquellos chavales -jugadores- que compartió contigo una parte de su juventud y que, muchos años después, sigue agradeciendo tus enseñanzas deportivas y, sobre todo, humanas.

Francisco Naranjo Llanos, director de la Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.