LEMA DE ESTE BLOG...

LEMA DE ESTA BLOG: ... hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida. (Miguel Hernández)

AMNISTÍA: QUE TRATA DE ESPAÑA.


Las redes sociales me recuerdan que, por estos días, pero de 2017, hace ya nueve años, la Fundación 1º de Mayo de CCOO organizó en Madrid una exposición en recuerdo y homenaje a una gran muestra celebrada en Milán (Italia) en 1972, en apoyo al movimiento obrero español. Como tuve la oportunidad de estar en la inauguración de aquella exposición, quiero compartir estas líneas con quienes deseen acercarse a esta parte, tan valiosa como poco conocida, de nuestra memoria obrera.

La exposición Amnistía: Que trata de España fue una de las iniciativas culturales y políticas de solidaridad internacional más importantes contra la cruel dictadura franquista, esa dictadura que algunos partidos tratar de blanquear. Se celebró en Milán en marzo de 1972 bajo el título italiano Amnistia che tratta di Spagna.

La muestra fue organizada conjuntamente por las centrales sindicales italianas CGIL, CISL y UIL, junto a las entonces clandestinas Comisiones Obreras de España, con la inestimable colaboración del PCE.

Aquel proyecto tenía un doble objetivo: recaudar fondos para apoyar las luchas obreras y ayudar a las familias de los presos políticos antifranquistas, al tiempo que denunciaba internacionalmente la represión ejercida por la dictadura de Francisco Franco contra la clase trabajadora española.

El título de la exposición fue propuesto por Rafael Alberti, inspirado en el poemario Que trata de España, del poeta Blas de Otero.

Participaron cerca de trescientos artistas, poetas, intelectuales y músicos. Entre ellos figuraban nombres imprescindibles de la cultura europea y española como Pablo Picasso, Joan Miró, Antoni Tàpies, Rafael Alberti, María Teresa León, Pablo Neruda, Juan Genovés, Raimon, Lluís Llach, Manuel Gerena, Julia León o Elisa Serna, entre muchos otros. El documental que recogía las intervenciones, poemas y canciones de aquellos artistas continúa siendo hoy un testimonio especialmente emocionante.

En la exposición de 2017. De izquierda a derecha: Manuel Gerena, Paco Naranjo, Julia León y Paco Acosta. ( En la imagen de fondo del televisor, Julia León, en la exposición de 1972, cantando A la Huelga) 

Uno de los aspectos más impresionantes de aquella iniciativa fue el traslado clandestino de numerosas obras desde España hasta Italia. Muchos cuadros cruzaron la frontera ocultos en coches y furgonetas, mientras artistas y militantes se arriesgaban a detenciones y represalias policiales. Entre quienes participaron activamente en aquel arriesgado traslado se encontraban mis queridos amigos Juan Genovés y Tino Calabuig.

La exposición no se limitó al ámbito artístico. También incluyó recitales poéticos, conciertos de cantautores, proyecciones de documentales clandestinos y abundante material de propaganda antifranquista. Fue, en definitiva, un extraordinario ejemplo de alianza entre cultura, movimiento obrero y solidaridad internacional en los últimos años del franquismo.

Como comentaba antes, cuarenta y cinco años después, en 2017, parte de aquella memoria fue recuperada en la exposición Amnistía. Que trata de España. Arte y solidaridad (Milán 1972-Madrid 2017), organizada por la Fundación 1º de Mayo de CCOO y presentada en el Museo de Historia de Madrid.

La exposición madrileña evocaba la de Milán, su enorme dimensión artística y sus profundos valores democráticos, supuso, además, una nueva contribución a la recuperación de la memoria democrática de nuestro país. Permaneció abierta durante varios meses en el antiguo Hospicio de Madrid, en el emblemático edificio situado junto a la plaza de Tribunal y contó con trece cuadros pertenecientes a la CGIL, cedidas temporalmente para la ocasión.

La mayoría de las obras originales de 1972, sin embargo, permanecen en manos de sus propietarios y no pudieron trasladarse a Madrid. Especial relevancia tiene Le Fumeur, el cuadro de Picasso propiedad del Ayuntamiento de Milán. Desde hace unos días se custodia y exhibe en el prestigioso Museo del Novecento de Milán.

Dicha exposición fue inaugurada por el secretario general de CCOO, Ignacio Fernández Toxo; la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena; el responsable de Políticas Europeas e Internacionales de la CGIL, Fausto Durante y el secretario general de CCOO de Madrid, Jaime Cedrún.

La asistencia al acto inaugural fue muy numerosa. Allí coincidieron cantautores y sindicalistas de aquella época, abogados laboralistas y muchas personas comprometidas con la recuperación de una memoria democrática que durante demasiado tiempo ha sido silenciada y que todavía hoy continúa siendo cuestionada por determinados discursos revisionistas y neofranquistas empeñados, una y otra vez, en blanquear la cruel dictadura franquista.

La exposición tuvo como comisarios a Ana Abelaira, Susana Alba y José Babiano, bajo la coordinación general de Bruno Estrada. A todos ellos hay que felicitarlos por el excelente trabajo realizado.

Personalmente, y valorando muy positivamente el conjunto de la muestra y sus valiosísimas piezas históricas, me quedo especialmente con el documental que la acompañaba. Un trabajo realizado con medios modestos, pero capaz de transmitir con enorme emoción la importancia de aquella iniciativa, así como las palabras, canciones y sentimientos de solidaridad que despertó el apoyo internacional al movimiento obrero español y a las Comisiones Obreras clandestinas.

Hoy, junio de 2026, cuando vivimos tiempos de retroceso en valores como la solidaridad, la justicia social y la memoria democrática, amenazados por el avance de posiciones reaccionarias de extrema derecha, no estaría de más recuperar y volver a exponer esta imprescindible muestra en distintas ciudades de España. Sería una magnífica forma de preservar la memoria colectiva y, sobre todo, de transmitir a las generaciones más jóvenes el valor de la lucha por la libertad, la democracia y los derechos sociales.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.

GARCÍA LORCA: A 128 AÑOS DE SU NACIMIENTO

 

Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—
… Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada! —, en su Granada.

(Fragmento de El crimen fue en Granada, de Antonio Machado, dedicado a García Lorca tras su asesinato por los golpistas franquistas hace ya casi noventa años).

Federico García Lorca nació en la localidad granadina de Fuente Vaqueros el 5 de junio de 1898. Poeta, dramaturgo y prosista excepcional, está considerado uno de los escritores más populares, importantes e influyentes de la literatura española contemporánea. Fue asesinado en la madrugada del 18 al 19 de agosto de 1936, apenas un mes después del golpe de Estado fascista contra el Gobierno legítimo de la República, golpe que daría origen a la larga y cruel dictadura franquista.

Lorca fue una de las primeras víctimas ilustres de aquella barbarie. Su compromiso con la libertad, su cercanía al pueblo y su condición de homosexual lo convirtieron en objetivo de los verdugos  franquistas. Nunca ocultó su apoyo a la República legalmente elegida por el pueblo español, ni tampoco su forma de entender la vida y el arte desde la libertad más profunda.

Recuerdo aquí que CCOO de Madrid editaba, en los comienzos de este siglo, una agenda anual destinada a sus miles de delegadas y delegados sindicales. Por aquel entonces el responsable de comunicación de esa estructura sindical era el que esto escribe. Cada edición estaba dedicada a un tema, un personaje o un acontecimiento histórico relevante: dedicamos agenda a Rafael Alberti, Cervantes y El Quijote, los Abogados de Atocha, el nacimiento de CCOO, el Medio Ambiente, Miguel Hernández, Marcelino Camacho y tantas otras referencias de la memoria democrática y cultural de nuestro país.

En 2011, con motivo del 75 aniversario del asesinato de Federico García Lorca, la agenda correspondiente al año 2012 estuvo dedicada íntegramente a su figura. Fue un homenaje merecido a uno de los grandes creadores universales de nuestra literatura. Porque Lorca no fue solo un intelectual brillante: fue también un poeta profundamente ligado al pueblo, a sus emociones, a sus tragedias y esperanzas.

Sus poemas y su teatro poseen la fuerza de lo popular y la belleza de lo eterno. Muchas de sus obras pasaron a formar parte del imaginario colectivo y continúan plenamente vivas hoy en día. Ahí están Mariana Pineda, Yerma, Bodas de sangre o La casa de Bernarda Alba. Y también versos que permanecen grabados en la memoria popular: “El lagarto está llorando, la lagarta está llorando”; “Yo me la llevé al río creyendo que era mozuela, pero tenía marido”; o “Yo me subí a un pino verde por ver si la divisaba”.

Su obra Poeta en Nueva York sigue siendo una referencia imprescindible de la poesía contemporánea, al igual que su teatro, representado con pasión por las Misiones Pedagógicas de la República, que llevaron la cultura a pueblos y aldeas de toda España. Y todavía hoy Lorca continúa llenando escenarios, emocionando generaciones y retratando esa España profunda, contradictoria, culta y desgarrada que él supo comprender como pocos.

Junto a Salvador Dalí y Luis Buñuel formó uno de los tríos intelectuales y artísticos más brillantes de su tiempo. También mantuvo amistad con figuras como Severo Ochoa, Miguel de Unamuno o Manuel de Falla, entre otros muchos nombres fundamentales de la cultura y la ciencia españolas. Todos ellos coincidieron en la Residencia de Estudiantes, aquel extraordinario foco de pensamiento y creatividad que el franquismo intentó borrar poco después.

Son muchas las razones por las que CCOO de Madrid quiso rendirle aquel homenaje. Porque Lorca representa el compromiso del artista con la libertad, la cultura y la dignidad humana. Aquella agenda hacía un recorrido por su vida y su obra, pero también acercaba al Lorca más humano, al poeta cercano a la clase trabajadora madrileña y a quienes soñaban con una sociedad más justa.

Quiero aprovechar también estas líneas para recordar y agradecer el magnífico trabajo realizado entonces por las compañeras y compañeros de Comunicación de CCOO de Madrid, responsables de aquella hermosa publicación dedicada a Federico. Y recordar igualmente unas palabras de Pilar Blanco —directora durante diez años del periódico Madrid Sindical, fallecida en 2007— cuando definía a su poeta favorito: “Fue un poeta con una sensibilidad inmensa, enamorado del sonido de las fuentes, del perfume del azahar y del canto de la zambra de su Granada natal”.

Federico sigue derramando cada día, desde “su balcón abierto”, una poesía que no envejece, que continúa interpelándonos y que, quizás hoy más que nunca, sigue plenamente vigente.

Dejamos aquí un pequeño ejemplo de su canto a la libertad en Mariana Pineda:

Amas la libertad por encima de todo,
pero yo soy la misma Libertad. Doy mi sangre,
que es tu sangre y la sangre de todas las criaturas.
¡No se puede comprar el corazón de nadie!

Ahora, en 2026, se cumplen 128 años de su nacimiento y casi 90 de su asesinato. Sin embargo, el prestigio universal de Federico García Lorca permanece intacto. Más aún: su figura, su obra y sus valores son hoy incluso más admirados y necesarios.

Nota: Federico García Lorca nació el 5 de junio de 1898 en Fuente Vaqueros (Granada) y fue fusilado en agosto de 1936, en un paraje entre Víznar y Alfacar, durante los primeros días de la Guerra Civil española.

Francisco Naranjo Llanos, director de la Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.

P.D.- Publicado también en Madridiario.es

FECHAS QUE DEJAN HUELLA EN LA MEMORIA

 

Plaza de Antón Martin (Madrid). Monumento El Abrazo de Juan Genovés, inaugurado el 10 de junio de 2003. 
Al igual que enero es un mes cargado de fechas inolvidables, aunque marcadas por el dolor y la tragedia, junio también guarda en la memoria fechas imborrables, ligadas al reconocimiento, mas que merecido, a nuestros queridos Abogados de Atocha.

El 2 de junio de 2005 quedó constituida oficialmente la Fundación Abogados de Atocha, haciendo realidad el acuerdo aprobado en el Congreso de CCOO de Madrid celebrado en mayo del año anterior. (Pinchar aquí).

Pero antes, también en junio, concretamente el 10 de junio de 2003, tuvo lugar la inauguración del grupo escultórico El abrazo, de Juan Genovés, situado en la plaza de Antón Martín, en Madrid. Recordar aquella fecha me despierta innumerables recuerdos, porque hay memorias que no se apagan. Permanecen aferradas al tiempo, tercas y vivas, negándose a ceder al olvido. La memoria de los Abogados de Atocha es una de ellas.

Cada año, cuando llega enero y se recuerda el asesinato de los Abogados de Atocha en 1977, la memoria vuelve a hacerse presente en Atocha 55 y sus alrededores. Allí donde la violencia franquista quiso imponer el miedo, sigue latiendo el recuerdo de unas vidas truncadas demasiado pronto. No eran solo nombres; representaban una manera de entender la dignidad, la justicia y la esperanza. Y, junto a ello, permanece también el dolor de sus familiares y amigos.

A comienzos de los años 2000, cuando se acercaba el 25 aniversario de aquel atentado fascista que sacudió la conciencia de todo un país, desde CCOO de Madrid dimos un paso más. Impulsamos una idea sencilla y profundamente necesaria: que los municipios de la Comunidad de Madrid mantuvieran viva la memoria de quienes fueron asesinados por defender la libertad y la justicia. Queríamos que sus nombres no quedaran suspendidos en el aire, sino anclados para siempre en calles, plazas y parques; en la vida cotidiana de la gente.

La respuesta fue generosa. Más de veinticinco municipios madrileños recogieron el testigo de la memoria y dedicaron espacios públicos a los Abogados de Atocha o a algunos de sus miembros. Sin embargo, persistía un silencio especialmente doloroso: el del Ayuntamiento de Madrid.

La capital del Estado seguía sin ofrecerles un lugar de reconocimiento. Ni las firmas recogidas, ni las voces que reclamaban justicia y memoria, lograban abrir aquella puerta. El olvido institucional parecía imponerse, frío y obstinado.

Pero en 2002 el Ayuntamiento rectificó. A propuesta de IU y PSOE, y con el acuerdo unánime de todos los grupos municipales, se aprobó rendir homenaje a los Abogados de Atocha en la plaza de Antón Martín. No fue solo una decisión política; fue también una deuda moral que comenzaba, por fin, a saldarse con quienes habían entregado su vida por la democracia.

Desde CCOO de Madrid pensamos entonces que aquel homenaje debía contar con un símbolo a la altura de lo que representaba. Y ese símbolo ya existía: El abrazo, de Juan Genovés. Una imagen convertida en icono universal de reconciliación, solidaridad y esperanza. Propusimos al artista transformar aquella pintura en una escultura.

Recuerdo la visita a su estudio de Aravaca como se recuerdan los momentos que dejan huella sin que uno sea plenamente consciente de ello. Juan Genovés aceptó. Y en aquel sí había mucho más que una aprobación artística: había compromiso, emoción compartida y memoria colectiva.

En El Abrazo habitan fragmentos de vida de muchas personas

Después llegaron las reuniones, las gestiones y las conversaciones necesarias para convertir aquella idea en realidad. Finalmente, el 10 de junio de 2003, El abrazo se hizo materia en el corazón de Madrid. Allí, en la plaza de Antón Martín, a pocos pasos de Atocha 55, quedó instalada la escultura: hombres y mujeres fundidos en un abrazo que desafiaba la violencia y respondía al odio con humanidad.

Aquel mismo día, por uno de esos caprichos de la historia, en la Asamblea de Madrid se desarrollaba otro episodio que también dejaría huella: el llamado El Tamayazo. Dos escenas muy distintas cruzándose en una misma fecha. Una representaba la traición y la división; la otra, el consenso, la concordia y la memoria democrática.

Maqueta de El Abrazo de Juan Genovés, que después se convirtió en grupo escultórico, situado en la Plaza de Antón Martin.

Pero vuelvo a lo esencial. Porque cada vez que contemplo hoy la escultura siento que también encierra algo profundamente personal. En aquellos años yo era responsable de Comunicación de CCOO de Madrid y participé directa y personalmente en el proceso que hizo posible que El abrazo dejara de ser únicamente un cuadro para convertirse primero en maqueta, después en monumento y, con el paso del tiempo, en Lugar de Memoria Democrática. (Pichar aquí)

Placa colocada en el monumento El Abrazo, el 24 de enero de 2026, que declara por parte del Gobierno Central a este monumento lugar de Memoria Democrática
Por eso, cuando paso por la plaza de Antón Martín y miro la escultura, pienso —sin arrogancia, pero con íntima emoción— que en ese bronce también habitan pequeños fragmentos de la vida de quienes lucharon para que aquel monumento existiera. Y, con un cierto orgullo, debo reconocer que uno de esos pequeños fragmentos también es mío.

Ah, y, por cierto, otra fecha inolvidable del mes de junio —al menos para mis padres y para mí— fue mi nacimiento. Yo también nací en junio, concretamente el 23 de junio de 1946. Pero esa ya es otra historia de bastante de menor interés que la que aquí he querido recordar.

Francisco Naranjo Llanos, director de la Fundación Abogados de Atocha (2013-2014) y sindicalista de CCOO.

P.D.- Publicado también en Madridiario.es 

Los olvidos del Plan de Transporte Ferroviario

 

Este artículo de opinión fue publicado en el diario El País el 26 de agosto de 1987. Aunque aparece firmado por mí, en aquel tiempo responsable de Comunicación del Sindicato Ferroviario de CCOO, reflejaba la posición de Comisiones Obreras respecto a RENFE y al futuro del ferrocarril en nuestro país.

Por la sorprendente actualidad de algunas de sus reflexiones, especialmente en lo relativo a determinadas regiones españolas que continúan arrastrando viejos déficits ferroviarios, he querido rescatarlo y compartirlo en este blog. Espero que su lectura resulte interesante; y si no fuera así, al menos quedará como testimonio de una época y para la memoria histórica reciente.

Lo reproduzco a continuación tal y como fue publicado hace ya la friolera de casi cuarenta años…

"Desde hace unos meses asistimos a una intensa campaña publicitaria sobre el ferrocarril, en la que se nos repite una y otra vez que el recientemente aprobado Plan de Transporte Ferroviario (PTF), aprobado por el Consejo de Ministros, nos situará “a la altura de Europa” en materia ferroviaria.

Afirmar que España mejorará sustancialmente su red ferroviaria y que en el año 2000 se circulará a 200 kilómetros por hora en el triángulo Madrid-Barcelona-Valencia, además de construir tres nuevas variantes (Despeñaperros, Orduña y Guadarrama), supone desconocer lo que realmente está sucediendo en Europa o, lo que sería aún más grave, intentar engañar a los ciudadanos.

En países europeos como Francia o Alemania ya se había superado la barrera de los 200 kilómetros por hora en buena parte de sus redes ferroviarias desde los años setenta. Las previsiones apuntaban a que para el año 2000 se circularía a velocidades entre 300 y 350 kilómetros por hora, siguiendo el desarrollo de las redes europeas de alta velocidad. De ser así, España seguiría siendo la cenicienta ferroviaria de Europa.

Hablar a bombo y platillo de una inversión de 2,1 billones de pesetas durante quince años para mejorar el ferrocarril es un ejercicio de demagogia si no se aclara que gran parte de esos recursos se destinarían a mantener y renovar infraestructuras ya existentes, así como el material móvil y motor. La inversión destinada a nuevos trazados y variantes apenas alcanzaba la quinta parte de esa cifra.

La inversión real prevista rondaría los 140.000 millones de pesetas anuales. Y conviene recordar que antes de que el Gobierno del PSOE decidiera, a comienzos de 1983, paralizar las inversiones ferroviarias, ya se destinaban alrededor de 100.000 millones de pesetas al año.

Pese a todo lo anteriormente expuesto, reconocíamos que este plan supone avances positivos para determinadas regiones españolas. Sin embargo, no deja de ser un proyecto profundamente discriminatorio, centrado exclusivamente en grandes corredores y perjudicial para las regiones más deprimidas y marginadas del país.

Se renuncia así a una visión global del ferrocarril que, en un país de distancias medias como España, podría desarrollar plenamente su eficacia como servicio público, tal y como se estaba haciendo en la mayoría de países europeos.

A nuestro juicio, el PTF debería haber incorporado actuaciones que ni siquiera se contemplaban:

  • Reapertura de líneas cerradas por el propio Gobierno del PSOE a comienzos de 1985, especialmente el enlace entre Andalucía, Murcia y Valencia (línea Almendricos–Guadix), el ferrocarril Santander-Mediterráneo y la reapertura del Canfranc (Zaragoza-Canfranc-Francia).

  • Construcción de la variante de Pajares. En 1982 las excavadoras estaban preparadas para iniciar las obras del nuevo túnel, proyecto posteriormente cancelado por el Gobierno.

  • Una verdadera conexión ferroviaria Lisboa-Madrid. El PTF únicamente contempla mejoras sobre la línea existente Madrid-Badajoz-Lisboa.

  • La relación Port Bou-Barcelona-Madrid mediante un ferrocarril de alta velocidad con ancho europeo.

  • La variante del Chorro, en la línea Madrid-Málaga.

  • La revitalización de la Ruta de la Plata para viajeros, limitada al transporte de mercancías, permitiendo asi una comunicación Norte-Sur sin necesidad de pasar por Madrid y conectando Galicia, Asturias, Castilla y León, Extremadura y Andalucía.

  • Potenciación de la cornisa cantábrica mediante ancho europeo, uniendo Galicia, Asturias, Santander, Euskadi y Hendaya.

  • Una futura conexión ferroviaria con África, que facilitaría enormemente las relaciones comerciales con el norte africano y permitiría ingresos adicionales mediante el uso compartido de la infraestructura ferroviaria.

Transporte y ecología

Sin estas actuaciones, que considerábamos prioritarias, el Plan de Transporte Ferroviario presenta demasiados olvidos y desaprovecha las enormes posibilidades de un medio de transporte capaz de afrontar importantes retos ecológicos, energéticos y territoriales que padece nuestro país.

Una verdadera política económica de futuro debe tener en cuenta el deterioro medioambiental y el progresivo agotamiento de los recursos naturales. En ese contexto, el ferrocarril representa el sistema de transporte con menor impacto sobre el entorno y los ecosistemas, además de una eficiencia energética muy superior a la carretera.

Un Estado moderno, comprometido con el progreso y el bienestar, debería incorporar estos factores a la hora de diseñar una política de transportes basada en la complementariedad y armonía entre los distintos medios. Ignorar esta realidad supondría perpetuar indefinidamente las carencias existentes.

Y todo ello sin entrar a fondo en las estadísticas y comparaciones sobre seguridad vial y su incidencia directa en la pérdida de vidas humanas.

Un solo dato: en toda Europa, incluida España, y a igualdad de personas transportadas, por cada fallecido en accidente ferroviario, mueren más de 2.000 personas en la carretera.

Francisco Naranjo Llanos, secretario de Información y Prensa del Sindicato Ferroviario de Comisiones Obreras"

Madrid, agosto de 1987,

P.D.- Si se quiere leer el original publicado en El Pais, pichar aquí.

En recuerdo de Juan Genoves, en el sexto aniversario de su fallecimiento.

 


Juan Genoves, posando con su cuadro El Abrazo, tambien llamado Amnistia.

Tal día como hoy, 15 de mayo de 2026, se cumplen seis años del fallecimiento en Madrid, a los 89 años de edad, de Juan Genovés, artista universal y autor de la emblemática obra El Abrazo, también conocida como Amnistía.

En 2017, el Patronato de la Fundación Abogados de Atocha le concedió su premio por su compromiso con la paz, la libertad y la concordia. El galardón se entregó el 24 de enero, coincidiendo con el 40 aniversario del asesinato de los Abogados de Atocha.

Juan Genovés fue mucho más que el autor de un cuadro histórico, como El Abrazo. Fue uno de los artistas españoles con mayor proyección internacional, con miles de obras expuestas en museos y galerías de los cinco continentes, desde Nueva York a Tokio, de Ciudad del Cabo a Sídney.

Pero si una obra marcó su vida y la memoria colectiva de nuestro país fue El Abrazo, realizado en 1975 y convertido en símbolo de la Transición española. Reproducido bajo el nombre de Amnistía, se editaron cientos de miles de carteles para reclamar la libertad de los presos políticos y apoyar la lucha por las libertades democráticas.

Uno de aquellos carteles colgaba precisamente en el despacho de abogados laboralistas de Atocha 55, donde el 24 de enero de 1977 fueron asesinados cuatro abogados y un sindicalista por un comando de extrema derecha.

Paradójicamente, cuando en 1976 comenzaron a imprimirse los carteles, Juan Genovés fue detenido y permaneció incomunicado durante siete días en la Dirección General de Seguridad por el “grave delito” de ser el autor de aquella obra.

La escultura inspirada en El Abrazo, impulsada por CCOO, se encuentra desde 2003 en la plaza de Antón Martín de Madrid, como homenaje a los abogados laboralistas asesinados. Este monumento es desde el pasado año 2025 lugar de memoria democratica.

En la transición, también fue durante años símbolo de Amnistía Internacional en España, ayudando incluso a financiar los primeros pasos de la organización en nustro pais.

Tuve la oportunidad de visitar a Juan Genovés en su estudio en vísperas de la entrega del premio de 2017. A sus 86 años seguía transmitiendo vitalidad, ilusión y una enorme capacidad de trabajo: dedicaba entre diez y doce horas diarias a pintar. Nos recibió sin prisas, con cercanía y sencillez, y mantuvimos una conversación inolvidable sobre arte, memoria y compromiso.

En enero de 2017, en el estudio de Juan Genoves, posando con el farol que le regalaron los ferroviarios de CCOO en 1987.

Hablamos, cómo no, de El Abrazo y de sus continuas desapariciones de los espacios públicos. Desde que el Estado adquirió la obra en 1980, el cuadro vivió una historia casi clandestina: pasó años almacenado, oculto o retirado, hasta que diversas denuncias públicas, en especial las de CCOO, lograron devolverlo a la luz.

Finalmente, en 2016, fue trasladado al Congreso de los Diputados, cumpliéndose así uno de los deseos de Genovés, quien sostenía que aquella obra ya pertenecía al pueblo español.

Durante aquella conversación hubo una reflexión suya que me impresionó especialmente. Decía: “Estamos en una época en la que parece ponerse de moda no pensar. Estoy esperando que vuelva a ponerse de moda pensar; quizá estaríamos todos mejor”. Una frase sencilla, pero llena de verdad.

Tras aquella tarde con este gran artista y, al mismo tiempo, profundamente humilde, comprendí aún más la dimensión humana de Juan Genovés.

En fin, Juan, estés donde estés, aquí seguiremos recordándote. Porque mientras exista tu enorme legado, seguirá viva una parte imprescindible de nuestra memoria colectiva.

Francisco Naranjo Llanos, director de la Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.


RECUERDOS DE "LO BIEN" QUE VIVIAMOS CON FRANCO

Hoy existe un amplio porcentaje de jóvenes que sostiene que con Franco se vivía mejor. Según el CIS, cerca del 20 %. Esa idea, alimentada por la desinformación en redes sociales y por el discurso reaccionario de la extrema derecha, choca frontalmente con la realidad que recuerdan los historiadores y quienes vivimos aquella época: una España sin libertades, marcada por la pobreza, el miedo y la represión.

Con estas pequeñas intrahistorias no pretendo hacer un discurso político, sino dejar constancia de algunos recuerdos de mi infancia que, por sí solos, desmontan ese espejismo nostálgico construido por quienes nunca conocieron aquellos años.

Años cincuenta siglo pasado: mi hermano Juan, mi padre Jose Maria y el que esto escribe, es decir yo.
Hace pocos dias encontré una fotografía de finales de los años cincuenta. En ella aparecemos mi padre, José María, mi hermano Juan y yo, tomada en el entorno de la pequeña estación de ferrocarril de Proserpina, lugar donde transcurrió mi infancia hasta nuestro traslado a Mérida. Proserpina —nombre de diosa y de un pantano cercano— era entonces poco más que un apeadero perdido en la línea Mérida-Cáceres. Hoy permanece silenciosa, cerrada al paso del tiempo y de los trenes.

Cuando miro aquella imagen reconozco al niño enfermizo que fui, con varios resfriados cada invierno. Hasta pasado los diez años apenas tuve unos zapatos de verdad. Crecí entre alpargatas gastadas y sandalias de goma, con los pies siempre expuestos al frío, al barro y al agua. Cuando por fin llegaron unos zapatos “buenos”, eran heredados: unos Gorilas de Segarra de mi hermano, varios números más grandes, como si el futuro tuviera demasiada prisa por alcanzarme.

Eran los años cincuenta del siglo pasado, en plena dictadura franquista; esos años que algunos evocan hoy con nostalgia sin haberlos conocido. Años en los que la principal preocupación de la inmensa mayoría de las familias era, sencillamente, poder comer al día siguiente.

Mi padre , como Mozo de Agujas de RENFE, apenas ganaba para sobrevivir y la vida exigía imaginación constante. Criábamos pollos, teníamos una cabra para la leche y cada año engordábamos dos cerdos: uno se vendía y el otro se reservaba para la matanza, de la que dependía buena parte de la alimentación familiar durante meses.

Nunca olvidaré los pucheros de garbanzos de mi madre, “la abuelaCatalina”, que daban para las veinticuatro horas del día: los garbanzos al mediodía, la sopa por la noche y, para el desayuno del día siguiente, algún trozo de tocino, morcilla o chorizo, cuando los había. Visto desde hoy podría parecer abundancia; entonces era apenas lo imprescindible para resistir.

De la cabra guardo una anécdota que todavía me hace sonreír. Mi padre se lamentaba de que cada día daba menos leche y pensaba venderla. Al final, mi hermano y yo tuvimos que confesar la verdad: por las noches íbamos al corral y bebíamos directamente de sus ubres. La pobre cabra no tenía culpa de nuestra hambre.

También recuerdo algunos días que íbamos como ojeadores en cacerías organizadas por el señorito de una finca cercana. Nosotros espantábamos conejos y perdices para que sus invitados dispararan cómodamente desde sus puestos. Ellos sí vivían bien. Volvíamos agotados, pero felices si, además, conseguíamos traer alguna pieza, “extraviadaentre los matorrales, para casa. Entonces sí había fiesta familiar.

Años después, al leer y ver la película de Los santos inocentes de Miguel Delibes, comprendí con tristeza muchas cosas de aquella España desigual y resignada.

Estación de ferrocarril de Proserpina. Fotografia de 2015.

Proserpina estaba aislada en medio del campo y las compras se hacían una vez al mes, viajando en tren a Mérida o en un asno prestado hasta Esparragalejo. Con el asno cada comienzo de año íbamos a comprar los lechones para la siguiente matanza. A la ida, mi padre y yo montábamos juntos en el burro; a la vuelta, los cerdos ocupaban un lado del serón y yo hacía de contrapeso en el otro. Más de una vez terminábamos todos en el suelo.

Nuestros mejores juguetes eran latas vacías de sardinas atadas unas a otras para improvisar un tren. Y los Reyes Magos solían traer una simple caja de lápices de marca Alpino que debía durar todo el año escolar.

Para la merienda o la cena, mi hermano y yo salíamos algunas tardes con un alambre —“el pincho”, lo llamábamos— y un tirachinas a cazar lo que se terciara: lagartos, conejos o pájaros. Muchas veces regresábamos con las manos vacías; otras, con alguna pieza que limpiábamos en un arroyo cercano. Aquellos días, cualquier pequeña captura se convertía en motivo de celebración.

Así transcurría la vida: entre estrecheces, ingenio y una lucha constante por salir adelante. Por eso me cuesta escuchar con tristeza, con mucha tristeza, que “con Franco se vivía mejor”. Quizá algunos vivieran bien; la inmensa mayoría no. Y muchos lo pasaron muchísimo peor que nosotros, porque al menos mi padre tenía un trabajo fijo en el ferrocarril.

La memoria no solo conserva lo que fuimos, sino también aquello que tuvimos que resistir. Conviene recordarlo para no transformar la miseria, el miedo y la ausencia de libertad, en una falsa nostalgia construida desde la ignorancia o el olvido.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.

LA LUCHA OBRERA POR EL FERROCARRIL EN EXTREMADURA

Uno de los paneles de la exposición “Vías de dignidad. La lucha obrera por el ferrocarril”, expuesta en Plasencia 

Dicen que dijo Ernesto Sábato que “vivir consiste en construir futuros recuerdos”. En ese sentido, al ver anunciada esa interesante y oportuna exposición “Vías de dignidad. La lucha obrera por el ferrocarril”, de la Fundación Cultura y Estudios de CCOO de Extremadura, que puede visitarse durante esta semana en Plasencia y que reivindica un tren digno para la región extremeña, me han venido a la memoria muchos recuerdos de esa lucha obrera que ya dura cerca de medio siglo y que seguro continuará.

La exposición tiene como objetivo sensibilizar a la ciudadanía a través de distintos contenidos y se plantea como un ejercicio de memoria colectiva, así como una llamada a la acción. Recuerda que los avances logrados no han sido fruto del azar, sino de la presión social sostenida y de la movilización ciudadana.

Lo reitero: me parece una iniciativa muy interesante. Espero y deseo que esta exposición pueda verse en otras ciudades extremeñas.

Y pasando a los recuerdos personales, tengo que decir que, a finales de la década de los 70 del siglo pasado, desde CCOO comenzamos a sembrar la semilla del movimiento obrero ferroviario extremeño. Aquello daría lugar posteriormente a la creación de un potente sector ferroviario dentro de CCOO, que fue y sigue siendo punta de lanza de las movilizaciones para que el Gobierno central y también el autonómico (cuando se creó en 1983), tuvieran en cuenta las reivindicaciones del personal ferroviario y de la ciudadanía en su conjunto.

Como relato en mi libro “El pasado es la linterna del futuro” (60 años de CCOO en el ferrocarril), mucho antes de contar con gobiernos autonómicos ya nos habíamos movilizado para conseguir mejoras para los trabajadores, siendo conscientes de que esas mejoras también repercutirían en beneficio de la ciudadanía..

Aunque debemos reconocer que siempre hemos tropezado con la misma piedra: gobernara quien gobernara, se apostaba más por la carretera que por el ferrocarril. A pesar de ello, nunca desfallecimos.

Recuerdo cuando, por primera vez, vine a Extremadura para participar en la puesta en marcha de la primera ejecutiva del sindicato ferroviario de CCOO en la provincia de Badajoz. Era a finales de 1977, y celebramos la reunión en el antiguo edificio del sindicato vertical, en la calle San Salvador de Mérida.

Aún conservo una fotografía de aquel momento. Está fechada el 26 de diciembre de 1977. Ya ha llovido. La imagen fue tomada en la antigua casa sindical de Mérida.. En ella aparecen, junto a la sigla de CCOO, los participantes en la asamblea de personal ferroviario: Ángel Álvarez (responsable entonces de CCOO en la provincia de Badajoz), Paco Naranjo —es decir, yo mismo— y José Luis Piñeiro, ambos pertenecientes al Sindicato Ferroviario de CCOO a nivel estatal.

El objetivo de aquella reunión era constituir el sindicato ferroviario de CCOO en la provincia de Badajoz, algo que conseguimos. Con la asistencia de cerca de un centenar de trabajadores, quedó elegido el núcleo de dirección del sindicato, compuesto por los compañeros Eugenio Nieto, como secretario general y  Eugenio Coronado, Manuel Guisado y Pedro Moreno, formando el núcleo duro de la dirección.

Y aunque, según datos de CCOO de Extremadura, por aquellas fechas se superaban los 300 afiliados ferroviarios en la provincia, era la primera vez, tras la represiva dictadura franquista, que se constituía formalmente el Sindicato Ferroviario de CCOO en la zona.

Desde entonces han pasado 48 años y el destino de las personas nombradas ha sido diverso. Ángel Álvarez Morales se incorporó a la política y, diez años después (1987), llegó a ser consejero en uno de los gobiernos de Rodríguez Ibarra. A José Luis Piñeiro Novoa, tras varios años en el Comité Intercentros de RENFE, le perdí la pista. Lo último que supe es que presidía la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Galicia.

A los compañeros que asumieron responsabilidades aquel día, quiero agradecerles su disposición y compromiso en aquellos momentos. Un recuerdo especial para Eugenio Coronado, con quien más congenié. Me consta que todos ellos han fallecido. Descansen en paz y, de nuevo, gracias por vuestro compromiso con la clase trabajadora en tiempos tan difíciles.

Aquella fue la primera vez que me desplacé desde Madrid por estos menesteres, pero no sería la última. Han sido innumerables las ocasiones en las que he viajado a Extremadura: a Mérida, a Cáceres y a su provincia, organizando asambleas —a veces con apenas dos o tres personas— en estaciones, en brigadas de vías y obras, recorriendo la línea hasta Navalmoral, especialmente en 1978, durante las primeras elecciones sindicales en libertad.

Años después, y en especial con el regreso de Paco González en 1980 a su pueblo natal, Calamonte y una vez elegido secretario general, el sector ferroviario en la región se consolidó notablemente. Tanto es así, que los secretarios generales que le sucedieron — Antonio Toscano, Manolo Taguas, Miguel Fuentes y Manuel Nicolás— no solo representaron excelentemente al sector, sino que también asumieron responsabilidades de mayor alcance. Todos ellos, excelentes personas y grandes sindicalistas. (Manolo Taguas se nos quedó por el camino. Descanse en paz; siempre te recordaremos).

Todos los mencionados, junto a muchas otras personas quizá menos conocidas, han encabezado la lucha por el ferrocarril: en la calle, en la vía, subidos a un bidón… Sí, sé que hoy hay muchos más, que alzan la voz —especialmente en redes sociales— por un ferrocarril digno. Recordar que esto de las redes es algo relativamente reciente, pues estas herramientas no se generalizaron hasta finales de la primera década del actual siglo. Quizás lo más novedoso es que en la actualidad se haya subido al carro el sector empresarial, que en aquella época de los cierres de línea permaneció mudo. Bienvenidos a la lucha por un ferrocarril digno.

Recordar que lo más grave ocurrió, sobre todo, en la primera mitad de los años 80, y culminó el 1 de enero de 1985. La Nochevieja de 1984 fue la última en la que cerca de 2.000 kilómetros de vía vieron pasar trenes (914 km de supresión total y 894 km cerrados para viajeros). Se cumplía así el acuerdo del Consejo de Ministros del 30 de septiembre de 1984, que eximía a RENFE de mantener el servicio en aquellas líneas cuyos ingresos no cubrieran el 23 % de los gastos, facilitando su cierre.

Con ese criterio, el recorte habría sido aún mayor. La previsión inicial, basada en datos de 1982, contemplaba la supresión de servicios en 3.500 kilómetros de los más de 13.000 existentes. Las presiones sociales, políticas e incluso internas lograron reducir parcialmente aquel impacto..

Algunos gobiernos autonómicos —Extremadura, Andalucía, Murcia, Valencia y Cataluña— alcanzaron acuerdos con el Gobierno central para asumir déficits y evitar cierres. Resulta llamativo que Castilla y León, gravemente afectada por el cierre del tramo Palazuelo-Astorga de la Ruta de la Plata, no suscribiera ningún acuerdo. También es significativo que algunos pactos, como los de Andalucía, se firmaran la misma noche del 31 de diciembre, o que el tramo Zafra-Llerena cerrara esa noche y reabriera seis meses después.

Desde CCOO impulsamos la creación de coordinadoras locales en defensa del ferrocarril, así como la Coordinadora Estatal, presidida por Agustín García Calvo, siendo yo su portavoz. Se organizaron numerosas movilizaciones antes y después de los cierres, como refleja la hemeroteca: “El Gobierno central margina a Extremadura” (Hoy), “El transporte ferroviario margina a las regiones más deprimidas” (La Crónica), “Tristes vías sin trenes” (Diario de León), entre otros titulares.

1986: En una rueda de prensa de la coordinadora estatal, en el fondo: Paco Naranjo, Portavoz y Agustín García Calvo, Presidente de la Coordinadora.

No quiero terminar sin recordar otros momentos clave, como la movilización del 28 de mayo de 1997. Según Antonio Toscano, fue a partir de entonces cuando las instituciones comenzaron a reaccionar. Hay que tener en cuenta, como señaló Miguel Fuentes, que la situación del ferrocarril en Extremadura partía de un retraso histórico considerable, dando datos que avalan sus palabras.

En definitiva, poco más que añadir. Quien quiera profundizar que vaya a ver la exposición. También puede adquirir mi libro “El pasado es la linterna del futuro”. Y en cuanto al presente, creo sinceramente que el movimiento obrero ferroviario está en buenas manos: las nuevas generaciones mantienen vivo el compromiso.

Porque, además, no se pide nada extraordinario. Las reivindicaciones son las mismas de hace años: simplemente que Extremadura disponga de un ferrocarril digno, equiparable al del resto de regiones de España. Ni más ni menos.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.

EL 1º DE MAYO DE 2026 Y LOS “MÁRTIRES DE CHICAGO”


El Primero de Mayo, cualquier Primero de Mayo, es la fecha internacional que conmemora las luchas y reivindicaciones de la clase trabajadora.

En este año 2026 se cumple el 140 aniversario de aquel 1 de mayo de 1886, cuando la clase trabajadora de Chicago sufrió una brutal represión durante una huelga y en las manifestaciones en las que reclamaban la jornada laboral de ocho horas, base imprescindible de unas condiciones de trabajo dignas. Aquellas protestas, en las que murieron decenas de obreros y resultaron heridas cientos de personas, culminaron en los sucesos de Haymarket Square.

Por ello, estas fechas son propicias para recordar y rendir homenaje, como cada año, a figuras como Albert Parsons, August Spies y Adolf Fischer; al carpintero Louis Lingg; y al tipógrafo George Engel, condenados a muerte y ejecutados por encabezar aquellas movilizaciones. Junto a ellos, Samuel Fielden, Oscar Neebe y Michael Schwab fueron condenados a largas penas de prisión. Estos ocho trabajadores pasarían a la historia como los “Mártires de Chicago”.

También es un buen momento para reflexionar sobre aquellas reivindicaciones de hace casi siglo y medio, que aspiraban a una vida digna y a un trabajo decente. Su recorrido ha estado jalonado tanto de avances como de persecución, cárcel, dolor, tortura y muerte, muchas veces bajo acusaciones similares a las de entonces, promovidas por quienes han detentado el poder económico y político.

A pesar del tiempo transcurrido, las formas de explotación de la clase trabajadora siguen siendo, en esencia, las mismas, aunque más sofisticadas y, en ocasiones, presentadas como inevitables o incluso necesarias. Y, sin embargo, la clase trabajadora continúa existiendo porque la explotación no ha desaparecido; antes bien, en muchos casos se muestra hoy con mayor crudeza.

Si nos referimos al Primero de Mayo en España, debemos remontarnos a 1890, cuando se celebró por primera vez. El balance de aquella jornada fue ambivalente: por un lado, supuso un éxito indudable al tratarse de la primera movilización obrera general; por otro, los logros concretos fueron limitados. No obstante, sirvió para que patronal y Gobierno tomaran conciencia de la creciente fuerza del movimiento obrero.

Desde entonces, el Primero de Mayo se ha celebrado con continuidad, aunque con altibajos en participación, reivindicaciones y resultados. En el primer cuarto del siglo XX, su celebración osciló entre la autorización y la prohibición. El de 1931 fue especialmente significativo: celebrado pocas semanas después de la proclamación de la Segunda República, fue además el primero reconocido oficialmente como fiesta laboral por el Gobierno, a propuesta de su ministro de Trabajo, Largo Caballero.

Igualmente destacable fue el Primero de Mayo de 1936, marcado por la unidad obrera y el impulso del Frente Popular tras su victoria electoral. En Madrid, medio millón de personas salieron a la calle en una jornada que pronto quedaría ensombrecida por el golpe de Estado franquista y la posterior guerra civil.

Aquel año fue la última vez que el movimiento obrero español celebró el Primero de Mayo en libertad hasta 1978. Durante la guerra (1936-1939) y la dictadura franquista, las movilizaciones fueron prohibidas. Una orden de 1940 ratificó esa prohibición, que no empezó a suavizarse hasta 1956, cuando el régimen incorporó el 1 de mayo como festividad de San José Obrero, en línea con la doctrina de la Santa Sede. A partir de entonces, la jornada fue utilizada por el franquismo como acto propagandístico, con celebraciones oficiales, misas y exhibiciones sindicales.

Sin embargo, desde la década de 1960, con el resurgir del movimiento obrero —especialmente a través de Comisiones Obreras—, el Primero de Mayo recuperó progresivamente su carácter reivindicativo. Las jornadas de lucha del 30 de abril, las huelgas y movilizaciones clandestinas marcaron una etapa de creciente conflictividad laboral.

En 1977, tras la legalización de los sindicatos, el Gobierno prohibió aún las manifestaciones del Primero de Mayo. A pesar de ello, miles de personas salieron a la calle en lo que se conoció como “el día de los botes de humo”, expresión acuñada por Marcelino Camacho. La jornada se saldó con numerosos heridos y detenidos en todo el país.

No sería hasta 1978 cuando el Primero de Mayo pudo celebrarse plenamente en libertad democratica, con una participación masiva y en un ambiente de entusiasmo ciudadano.

Desde entonces, esta fecha no ha dejado de ser un referente de movilización y también de celebración. Año tras año, trabajadores y trabajadoras recorren las calles de España reafirmando la vigencia de sus reivindicaciones.

Resulta ilustrativa una anécdota que contaba Emilio Gabaglio, histórico dirigente sindical europeo: dos trabajadores se dirigían a una manifestación del Primero de Mayo cuando uno preguntó cuántos serían necesarios para lograr sus objetivos. La respuesta fue clara: “Todos, compañero, todos”. Porque las conquistas sociales requieren constancia: unas veces para avanzar, otras para no retroceder.

Este 2026 será, sin duda, un nuevo Primero de Mayo de movilización en toda España. Se reclamarán cuestiones centrales como el pleno empleo, la reducción de la jornada laboral y la mejora de los salarios y también que se busquen soluciones al gran problema de la vivienda. Junto a ello, la defensa de la democracia y la exigencia de paz en el mundo, desde conflictos visibles como la guerra en Irán. o la situación en Palestina, hasta otros menos conocidos.

En Madrid, la manifestación principal, convocada por CCOO y UGT, recorrerá el centro de la ciudad a partir de las 12:00, desde la Gran Vía (esquina con Alcalá) hasta la Plaza de España.

Termino con una reflexión personal: en los 49 años transcurridos entre 1977 y 2026, solo he faltado en una ocasión a esta cita —además del obligado paréntesis de la pandemia—. Este año volveré a estar presente, recordando aquellas palabras de Gabaglio: todos los Primeros de Mayo son necesarios, para avanzar o, al menos, para no retroceder en los derechos conquistados.

Si eres trabajador o trabajadora, en las manifestaciones del 1º de mayo, te esperamos.

Francisco Naranjo Llanos
Director de la Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO

MANOLO GERENA, UN GRANDE DEL CANTE FLAMENCO, LLEGA A CÁCERES

 


El próximo 28 de abril a las 19:00 horas, el CEI presidenta Charo Cordero, acogerá una cita imprescindible con la historia, la música y la memoria democrática. ¿Quién estará sobre el escenario? Nada menos que el gran cantautor flamenco Manuel Gerena.

Gerena no es solo flamenco: es voz, es lucha, es memoria viva. Desde sus inicios en los años 60, este cantaor de La Puebla de Cazalla convirtió el cante en una poderosa herramienta de denuncia social. Supo acercar el flamenco a nuevas generaciones y se consolidó como un símbolo de la oposición al franquismo.

He tenido la suerte de verlo, oírlo y, sobre todo, escucharlo en innumerables ocasiones, además de conocerlo personalmente. Más de medio siglo dedicado al cante avala su trayectoria, recorriendo cada rincón de nuestro país. Escucharlo sigue siendo, hoy como ayer, un auténtico placer. Por eso, no podéis perdéroslo.

Manolo canta flamenco, sí, pero también “canta las cuarenta” a quien haga falta. Su compromiso con los más débiles y necesitados está presente en cada una de sus letras. Su cante llega al corazón y a las entrañas como pocos. Su voz, antes y ahora, conserva una fuerza y una emoción difíciles de describir.

El poeta Blas de Otero lo expresó de forma magistral:
“Manuel Gerena canta de los pies a la cabeza, del cuerpo y del alma; y el cante queda vapuleado, y vapuleado queda quien lo escucha. Y sus letras —letrillas, como él dice—, sencillas pero profundas, son auténtico viento del pueblo”.

Además de un gran cantaor, Manuel Gerena es un amigo generoso. No olvido —ni quiero dejar de agradecer— aquel “pequeño gran detalle” de recorrer cientos de kilómetros para acompañarme en la presentación de mi libro Los carriles de la vida en Albacete. Gracias, Manuel, querido amigo: en esos gestos también se mide la grandeza de una persona.

Será un placer volver a verlo en Cáceres, interpretando, entre otras muchas piezas, la poesía de Miguel Hernández. Hablaba con él ayer y me adelantaba que, además de estos poemas, incluirá parte de su repertorio habitual: martinetes, seguiriyas y mucho más.

Yo, personalmente, me doy por satisfecho si puedo volver a escuchar “Las nanas de la cebolla”, ese poema que Miguel Hernández escribió desde la cárcel de Alicante para su hijo. En la voz de Gerena adquiere una dimensión aún más desgarradora, cercana y profundamente humana. Confieso que siempre consigue emocionarme.

En fin, el 28 de abril nos espera, en Cáceres, un concierto de los que dejan huella, de los que se recuerdan. De esos en los que duelen las manos de tanto aplaudir a un maestro del cante y de la canción. Nos vemos allí.

Francisco Naranjo Llanos, director de la Fundación Abogados de Atocha (2013–2024) y sindicalista de CCOO

Cristina Almeida: No me he perdido ni un día de mi vida

Cristina Almeida, intervino el pasado 22 de Abril, el centro cultural Alcazaba en Mérida (Badajoz).

Cristina Almeida, amiga y compañera durante casi dos décadas en la Fundación Abogados de Atocha, ha estado en estos días en Mérida participando en una conferencia sobre las mujeres durante la dictadura franquista. Allí hemos estado escuchándola. Ella como siempre, brillante. Y, además, la he visto llena de energía y vitalidad, recuperada de la delicada operación a la que fue sometida en el hospital público Ramón y Cajal. “Estoy disfrutando de una segunda vida”, ha dicho, agradecida a la sanidad pública.

Su paso por Mérida me ha llevado a recordar una vieja aventura electoral en Extremadura, en las elecciones europeas de 1987. Yo militaba entonces, desde el sector ferroviario, en CCOO y en el PCE, y fui candidato de IU al Parlamento Europeo en un puesto simbólico: el número 13 de la lista. Sabíamos que salir eurodiputado era imposible, pero me lo tomé muy en serio, hasta el punto de pedir dos semanas de vacaciones laborales, de mis treinta días, para hacer campaña.

En esos días recorrí varias regiones de nuestro querido país, pero guardo especial recuerdo de Extremadura. Salimos de Madrid hacia Mérida, en un día caluroso del mes de junio, en un Renault 6 sin aire acondicionado, atravesando el entonces interminable puerto de Miravete, de la provincia de Cáceres. Tardamos casi cinco horas en llegar a Mérida, con grupo de periodistas esperando desde hacía rato.

Aquel día fue una maratón: rueda de prensa, encuentro en Montijo, mitin en Badajoz, regreso a Mérida para otro acto y cena con los camaradas en el hotel Las Lomas, en Mérida. Yo hacía de telonero de Cristina. Pensaba que dormiríamos allí, pero surgió la sorpresa: había que volver a Madrid esa misma noche por compromisos laborales suyos.

Así que conduje de vuelta mientras ella descansaba. Llegamos de madrugada. La dejé en su casa y me fui a la mía, en Alcorcón. Me acosté cerca de las siete, tras casi 24 horas de militancia activa… y con una reunión a mediodía. Tenía entonces menos de 40 años y una convicción intacta, así que físicamente también aguante.

La compañera y camarada de aquel viaje sigue siendo hoy una gran amiga: Cristina Almeida. Incluso prologó recientemente mi libro Los carriles de la vida. Y cada vez que la escucho decir que no ha perdido ni un día de su vida de hacer cosas, me reafirmo en esa forma de estar en el mundo.

Han pasado muchos años, casi cuarenta, desde aquellas fechas que relato hoy, y aunque a veces haya motivos para el desencanto, sigo creyendo que hay que votar siempre, aunque sea con la mano en la nariz. Costó demasiada sangre obrera y trabajadora, el conquistar ese derecho como para renunciar a él.

Desde la clase trabajadora, desde los progresistas, debemos seguir llenando las urnas con votos conscientes y decentes, recordando quién ha defendido lo público, la sanidad, la educación etc y quienes se dedican a privatizar, una y otra vez.

Y tú, Cristina, sigue así, dando lecciones de igualdad y de la historia real de esta España mía, de esta España nuestra, que diría la cantante Cecilia y continua con lo que significa esa frase, tan tuya, de “vivir sin perder un solo día” pues es, sin duda, una gran filosofía que ya quisiéramos algunos poder seguir tus pasos por la vida. Un gran abrazo amiga y seguro que nos seguiremos viendo por los caminos.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.