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Los olvidos del Plan de Transporte Ferroviario

 

Este artículo de opinión fue publicado en el diario El País el 26 de agosto de 1987. Aunque aparece firmado por mí, en aquel tiempo responsable de Comunicación del Sindicato Ferroviario de CCOO, reflejaba la posición de Comisiones Obreras respecto a RENFE y al futuro del ferrocarril en nuestro país.

Por la sorprendente actualidad de algunas de sus reflexiones, especialmente en lo relativo a determinadas regiones españolas que continúan arrastrando viejos déficits ferroviarios, he querido rescatarlo y compartirlo en este blog. Espero que su lectura resulte interesante; y si no fuera así, al menos quedará como testimonio de una época y para la memoria histórica reciente.

Lo reproduzco a continuación tal y como fue publicado hace ya la friolera de casi cuarenta años…

"Desde hace unos meses asistimos a una intensa campaña publicitaria sobre el ferrocarril, en la que se nos repite una y otra vez que el recientemente aprobado Plan de Transporte Ferroviario (PTF), aprobado por el Consejo de Ministros, nos situará “a la altura de Europa” en materia ferroviaria.

Afirmar que España mejorará sustancialmente su red ferroviaria y que en el año 2000 se circulará a 200 kilómetros por hora en el triángulo Madrid-Barcelona-Valencia, además de construir tres nuevas variantes (Despeñaperros, Orduña y Guadarrama), supone desconocer lo que realmente está sucediendo en Europa o, lo que sería aún más grave, intentar engañar a los ciudadanos.

En países europeos como Francia o Alemania ya se había superado la barrera de los 200 kilómetros por hora en buena parte de sus redes ferroviarias desde los años setenta. Las previsiones apuntaban a que para el año 2000 se circularía a velocidades entre 300 y 350 kilómetros por hora, siguiendo el desarrollo de las redes europeas de alta velocidad. De ser así, España seguiría siendo la cenicienta ferroviaria de Europa.

Hablar a bombo y platillo de una inversión de 2,1 billones de pesetas durante quince años para mejorar el ferrocarril es un ejercicio de demagogia si no se aclara que gran parte de esos recursos se destinarían a mantener y renovar infraestructuras ya existentes, así como el material móvil y motor. La inversión destinada a nuevos trazados y variantes apenas alcanzaba la quinta parte de esa cifra.

La inversión real prevista rondaría los 140.000 millones de pesetas anuales. Y conviene recordar que antes de que el Gobierno del PSOE decidiera, a comienzos de 1983, paralizar las inversiones ferroviarias, ya se destinaban alrededor de 100.000 millones de pesetas al año.

Pese a todo lo anteriormente expuesto, reconocíamos que este plan supone avances positivos para determinadas regiones españolas. Sin embargo, no deja de ser un proyecto profundamente discriminatorio, centrado exclusivamente en grandes corredores y perjudicial para las regiones más deprimidas y marginadas del país.

Se renuncia así a una visión global del ferrocarril que, en un país de distancias medias como España, podría desarrollar plenamente su eficacia como servicio público, tal y como se estaba haciendo en la mayoría de países europeos.

A nuestro juicio, el PTF debería haber incorporado actuaciones que ni siquiera se contemplaban:

  • Reapertura de líneas cerradas por el propio Gobierno del PSOE a comienzos de 1985, especialmente el enlace entre Andalucía, Murcia y Valencia (línea Almendricos–Guadix), el ferrocarril Santander-Mediterráneo y la reapertura del Canfranc (Zaragoza-Canfranc-Francia).

  • Construcción de la variante de Pajares. En 1982 las excavadoras estaban preparadas para iniciar las obras del nuevo túnel, proyecto posteriormente cancelado por el Gobierno.

  • Una verdadera conexión ferroviaria Lisboa-Madrid. El PTF únicamente contempla mejoras sobre la línea existente Madrid-Badajoz-Lisboa.

  • La relación Port Bou-Barcelona-Madrid mediante un ferrocarril de alta velocidad con ancho europeo.

  • La variante del Chorro, en la línea Madrid-Málaga.

  • La revitalización de la Ruta de la Plata para viajeros, limitada al transporte de mercancías, permitiendo asi una comunicación Norte-Sur sin necesidad de pasar por Madrid y conectando Galicia, Asturias, Castilla y León, Extremadura y Andalucía.

  • Potenciación de la cornisa cantábrica mediante ancho europeo, uniendo Galicia, Asturias, Santander, Euskadi y Hendaya.

  • Una futura conexión ferroviaria con África, que facilitaría enormemente las relaciones comerciales con el norte africano y permitiría ingresos adicionales mediante el uso compartido de la infraestructura ferroviaria.

Transporte y ecología

Sin estas actuaciones, que considerábamos prioritarias, el Plan de Transporte Ferroviario presenta demasiados olvidos y desaprovecha las enormes posibilidades de un medio de transporte capaz de afrontar importantes retos ecológicos, energéticos y territoriales que padece nuestro país.

Una verdadera política económica de futuro debe tener en cuenta el deterioro medioambiental y el progresivo agotamiento de los recursos naturales. En ese contexto, el ferrocarril representa el sistema de transporte con menor impacto sobre el entorno y los ecosistemas, además de una eficiencia energética muy superior a la carretera.

Un Estado moderno, comprometido con el progreso y el bienestar, debería incorporar estos factores a la hora de diseñar una política de transportes basada en la complementariedad y armonía entre los distintos medios. Ignorar esta realidad supondría perpetuar indefinidamente las carencias existentes.

Y todo ello sin entrar a fondo en las estadísticas y comparaciones sobre seguridad vial y su incidencia directa en la pérdida de vidas humanas.

Un solo dato: en toda Europa, incluida España, y a igualdad de personas transportadas, por cada fallecido en accidente ferroviario, mueren más de 2.000 personas en la carretera.

Francisco Naranjo Llanos, secretario de Información y Prensa del Sindicato Ferroviario de Comisiones Obreras"

Madrid, agosto de 1987,

P.D.- Si se quiere leer el original publicado en El Pais, pichar aquí.

A propósito de las elecciones andaluzas: recuerdos de una campaña electoral

De izquierda a derecha: Jesus Montero, Marcelino Camacho, Manolo Fdez Aller, Paco Naranjo y Pablo Martin Urbano, en un mitin de IU en la estación de Principe Pio (Junio de 1987).

Dentro de un mes Andalucía volverá a citarse con las urnas. Será el 17 de mayo de 2026. Y ahora que la campaña empieza a latir —todavía tímida, pero ya inevitable—, la memoria se me llena de otras campañas, de otros carteles, de otras plazas. Campañas vividas —y a veces sufridas— a lo largo de casi medio siglo de democracia por quienes ya peinamos canas y guardamos más recuerdos que certezas.

Hay una, sin embargo, que regresa a mi memoria con especial nitidez: La de 1987. La viví desde dentro, con la intensidad de quien cree que todo está por hacer. Han pasado 39 años, pero a veces el tiempo no es más que una capa fina de polvo sobre lo vivido.

Un año antes, en 1986, había nacido Izquierda Unida, al calor de aquellas movilizaciones que llenaron calles y conciencias con un “NO” rotundo a la OTAN. La Plataforma Cívica por la Salida de España de la Alianza Atlántica, presidida por Antonio Gala, logró reunir a buena parte de la izquierda de este país. No a toda: el PSOE defendía el “SÍ”, y Alianza Popular (hoy PP), en una de esas piruetas políticas tan suyas, optó por la abstención.

De aquel impulso colectivo surgió la idea de una confluencia política más estable, una casa común para quienes se situaban a la izquierda del PSOE. Ocho organizaciones dieron el paso inicial. El PCE de Gerardo Iglesias era su columna vertebral. Tras debates, encuentros y no pocas dudas, nació Izquierda Unida.

Para muchos de nosotros fue algo más que una sigla: fue una esperanza. Veníamos de tiempos convulsos dentro del PCE, y aquello abría una puerta. En las elecciones generales de junio de 1986, IU logró cerca de un millón de votos y siete diputados. No era una victoria, pero sí un comienzo.

Por entonces, yo formaba parte del Comité Intercentros de RENFE por CCOO y militaba en la Agrupación Ferroviaria del PCE. Mi experiencia electoral había sido, hasta ese momento, casi simbólica: figurante en listas de “relleno” necesario para completar candidaturas. Pegaba carteles, repartía octavillas, escuchaba discursos. Poco más.

Pero en 1987 di un pequeño salto, de esos que no cambian la historia, pero sí la vivencia personal: pasé de “relleno” a “florero”. Seguía sin opciones reales de salir elegido, pero el lugar en la lista era más visible y la implicación, mucho mayor. Y, qué duda cabe, para mí aquello era un honor.

Los responsables de IU consideraban que yo tenía cierta notoriedad —hoy diríamos presencia mediática— por mi labor en el ferrocarril. Así que me propusieron ir en las listas al Parlamento Europeo. Ocupé el puesto número 13. Las previsiones más optimistas hablaban de tres escaños. Y no se equivocaron.

Lista electoral de IU para el Parlamento Europeo (Elecciones de Junio de 1987).

Acepté sin dudarlo y entregué a la campaña electoral la mitad de mis vacaciones. Durante quince días recorrí distintos territorios, aunque fue Andalucía la que dejó una huella más profunda en mi memoria. De aquellos días conservo una colección de escenas, de pequeñas historias que aún hoy llevo en esa “mochila de IU” que nunca se pierde del todo.

Recuerdo especialmente una tarde en un pueblo blanco situado en la cúspide de la sierra de Málaga. Serían las cinco, y el calor caía con esa densidad propia de junio en el sur. Tras preguntar en un bar, nos dirigimos a casa del alcalde. Y allí, como si el guion lo hubiera escrito alguien con sentido de la épica popular, nos encontramos con una banda de música apostada en la puerta: medio centenar de personas, de todas las edades, esperando.

Después de los saludos, iniciamos el recorrido por el pueblo. Abría la marcha una furgoneta con altavoces; detrás, candidatos y militantes; y cerrando, la banda. Las calles empinadas nos obligaban a avanzar despacio, entre fachadas encaladas y miradas curiosas. Aquello no parecía un acto político. Era, más bien, una procesión laica, una celebración cívica, algo que recordaba —salvando las distancias— a ciertas escenas corales de Novecento.

De vez en cuando nos deteníamos. La banda tocaba, y los vecinos ofrecían agua, refrescos, alguna copa improvisada. El tiempo se estiraba sin prisa. Tras más de dos horas de recorrido, llegamos al local del PCE. Y allí aguardaba otra sorpresa: un salón amplio, lleno hasta los bordes, con una barra animada y un escenario presidido por dos figuras que imponían respeto: José Díaz y Dolores Ibárruri, “La Pasionaria”, observándolo todo desde sus retratos.

Con un vaso de moriles en la mano y aquel público entregado, el mitin fluyó casi sin esfuerzo. Bastaba con mirar hacia atrás, nombrar a aquellos referentes, y dejarse llevar por la emoción compartida.

Días después, en otro pueblo malagueño, el escenario fue distinto, pero igual de revelador. Un parque, la noche cayendo despacio, quinientas sillas ocupadas y seis oradores sobre el escenario. Propuse intervenciones breves, diez minutos cada uno. Se aceptó. En poco más de una hora habíamos terminado.

Y entonces ocurrió algo inesperado: el público pidió más. No había prisa, el aire era agradable, y la política —por una vez— no pesaba. Así que volvimos a hablar, cinco minutos más cada uno. Nunca me había pasado algo parecido. Ni antes ni después.

Aquel año, en el pueblo de la sierra IU revalidó la mayoría absoluta. En el otro, los resultados apenas variaron. Tal vez, como suele decirse, el pescado ya estaba vendido. Pero eso importa menos con el paso del tiempo. Lo que queda es la experiencia, la conciencia de haber estado allí, de haber formado parte de algo colectivo, aunque uno supiera de antemano que no ocuparía ningún cargo.

Hoy el paisaje político es otro. Las siglas cambian, los liderazgos se renuevan, pero algunas aspiraciones permanecen. En Andalucía, mi confianza está en la coalición Por Andalucía, donde confluyen distintas fuerzas de izquierda, con Antonio Maíllo como candidato.

Maíllo con su equipo para ganar las elecciones del 17M en Andalucia 

Su reto principal no es menor: recuperar la sanidad y la educación públicas, erosionadas tras años de políticas que las han debilitado. Devolverlas a lo que siempre debieron ser: patrimonio común, derechos de todos.

Dentro de unas semanas sabremos qué decide la ciudadanía. Yo sigo pensando —quizá con la misma mezcla de razón y deseo que en 1987— que la izquierda puede ganar.

Eso sí, hay que ir a votar. Algo que no ha cambiado en todos estos casi 50 años: para que las cosas ocurran, hay que estar. Hay que participar. Aunque solo sea introduciendo una papeleta en la urna. Porque ni desde la barra de un bar ni desde la placidez del salón se construye lo común. Y lo común —conviene no olvidarlo— siempre merece la pena.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.

SE NOS HA IDO MANUEL FERNANDEZ ALLER

Con Marcelino Camacho, Manolo y yo, en el III Congreso del Sindicato Ferroviario de CCOO (Cádiz, abril de 1984).
Ayer me informaba Pepa Paez, la actual secretaria general del sector ferroviario de CCOO, que había fallecido Manuel Fernandez Aller, con 83 años, compañero que fue secretario general del sindicato ferroviario de CCOO en los años 80/90 del siglo pasado y aunque éramos conscientes de su ya larga y grave enfermedad, sentí un golpe duro y se me agolparon los recuerdos en mi mente, además de alguna furtiva lagrima en mis ojos.

Cuando recibí la noticia tenia a mi lado a mi compañera Isabel y cuando se lo dije, ella comento: se van muriendo los históricos, “los históricos mejores”, matice yo, pues en muy poco periodo de tiempo se nos han ido Manolo Cachan, Miguel Zurdo, y Domingo Bartolomé, que con Jose Luis Martino, Manolo Navarro, Vicente Muñoz Frías, Benito Barrera, también fallecidos hace algo más de tiempo, eran -con alguno más- la columna vertebral del sector ferroviario de CCOO,  en las últimas décadas del siglo pasado.

Quiero escribir algo de él y sobre él y que mejor que recordar algunas vivencias compartidas en mi etapa sindical ferroviaria (1975/1988).

Conocí a Manolo Fernandez Aller, en 1975, pocos meses después de las ultimas elecciones sindicales del vertical, donde al igual que yo había sido elegido enlace sindical en las oficinas de Paseo del Rey, en el entorno de Príncipe Pio. Él, encabezada cualquier reivindicación – movilización, que se realizara entre el personal de oficina en el conjunto de Madrid. Era un líder nato. Su carácter cercano y tranquilo, sumamente preparado en lo laboral, su categoría era de “Experto Laboral”, (titulación de Graduado Social), hacia muy creíble sus palabras y se tenia una gran confianza en él.

La relación con él y con otros compañeros ferroviarios de Madrid:  Manolo Cachan, Gregorio Marcos, Domingo Bartolomé, Leandro Esteban, Santiago Rueda… se debía a que en aquellos momentos éramos, -eran- los que se estaban moviendo en Madrid para articular el Pleno de Representantes Ferroviarios, organismo unitario al margen del sindicalismo verticalista, organismo unitario que consiguió la firma del primer Colectivo en RENFE a finales de 1976.

Durante muchos años mantuvimos una excelente amistad, en lo personal, en lo sindical y en lo político, pues como he comentado era de las personas que se dejaban querer. En lo sindical, a pesar de que todos queríamos estar negociando y revindicando en Renfe, él no tuvo problemas de ningún tipo el ser la persona designada por la Ejecutiva del SF de CCOO, para estar con los compañeros de contratas ferroviarias ayudándoles a conseguir sus primeros convenios colectivos. Un ejemplo que pocos seguían por aquel tiempo.

Después, ya en abril del año 1981, en el 2º Congreso del Sindicato Ferroviario, fue elegido secretario general, por la practica unanimidad de los 280 delegados y delegadas que asistieron al congreso en representación de sus 25.000 afiliados y afiliadas que tenía el sector. En los siguientes congresos fue reelegido hasta los primeros años de la década de los 90, que ya decidió no presentarse a la reelección en el 5º Congreso, celebrado en junio de 1992. A pesar de ello continuo ligado al sindicato hasta ya entrado el año 2000, representado a CCOO en el Consejo de Administración de RENFE, entre otras tareas sindicales.

Yo estuve codo a codo con Manolo, como decía antes, tanto en el Pleno de Representantes, como en el Comité Intercentros de RENFE, así como de responsable de Comunicación en el sindicato hasta que pasé a la Unión Regional de CCOO de Madrid en 1987 y en esos mas de 13 años son muchas las anécdotas, buenas y malas, que pasamos juntos.

Madrid, marzo de 1985. Entrega en deposito al Museo Ferroviario del cuadro de Rafael Alberti: De izquierda a derecha Manuel Fernandez Aller, Paco Naranjo, Paco Caballero, Miguel Zurdo, dos directivos del museo y Domingo Bartolome.
Solo destacar algunas de ellas: Cuando a comienzos de enero de 1976 nos militarizaron en RENFE, el día que daba comienzo la militarización yo había estado trabajando de noche en la estación de ffcc de Peñuelas y habíamos quedado un pequeño grupo en Paseo del Prado, frente a la sede del actual Ministerio de Sanidad, entonces sede del Ministerio de Relaciones Sindicales. Como eran las 10 de la mañana no había llegado casi nadie, llame a través de una cabina a la oficina donde trabajaba Manolo y este en cuanto me cogió el teléfono me mando urgente para casa, notificándome la decisión ministerial de militarizarnos, no solo a nosotros si no también a los compañeros del Metro. Hasta un par de meses después no podíamos ni abrir la boca.

Otra fecha señalada de mis recuerdos con Manolo, fue el 23F, (23/2/1981), fecha aciaga que se produjo el golpe de estado en el Congreso de los Diputados por parte de Tejero y su gente.  Yo por entonces vivía en Alcorcón, pero después de lo que había pasado aquella tarde, tanto mi familia como yo, aun no habíamos salido de Madrid. Estábamos en la casa de otro compañero: Santiago Rueda y a ella llamo Manolo, sobre las 10 de la noche, para comentarnos que teníamos que acercarnos solidariamente a apoyar a los diputados secuestrados (aquí la historia de aquel nefasto 23F). Manolo como siempre al pie del cañón, esa noche y al día siguiente 24F, presentándole a la Empresa una propuesta urgente de paro de 5 minutos a las 12,00 h del medio día en defensa de la democracia.

En aquellas épocas de los 80/90 convocábamos bastantes huelgas en el ferrocarril para conseguir reivindicaciones y derechos para los ferroviarios y otras muchas para que no nos los quitaran. En una de ellas, estando de piquetes en la estación del Norte. Me acuerdo como si fuera ahora, Manolo y yo, nos fuimos a dar una vuelta por las vías para ver como iban los paros programados y si se estaban cumpliendo los servicios esenciales y tal.

A la vuelta a la sede del Comité Intercentros (Por entonces estaba en Príncipe Pio), nos dicen que subiéramos, que la Dirección de RENFE quería hablar con la Comisión Negociadora, así que a prisa y corriendo, tuvimos que lavarnos bien las manos sucias de actuar de “piquetero-informante” para ir bien limpitos a la reunión. El único problema, fue que Manolo tuvo que ir en mangas de camisa en pleno invierno, porque la chaqueta se había manchado de transitar por las vías, en especial al pasar por debajo de los topes de algún vagón. De nuevo Manolo supo estar al pie de las vías y no solo en las oficinas.

En fin, podría seguir escribiendo muchas mas cosas, pero para dar unas pinceladas sobre el gran sindicalista y mejor persona que fue Manuel Fernandez Aller, creo que es suficiente. Para terminar, solo reiterar mis condolencias a su familia, en especial a su compañera Cuqui y sus hijos y que DEP cámara, compañero y amigo Manolo, que aquí en la tierra siempre te recordaremos,  pues como dice Alberto Cortez en la primera estrofa de su canción…

Cuando un amigo se va
Queda un espacio vacío
Que no lo puede llenar
La llegada de otro amigo

(Canción de Cuando un amigo se va de Alberto Cortez)

 

Francisco Naranjo Llanos, director Fundacion Abogados de Atocha y sindicalista de CCOO

P.D.- Este articulo tambien se puede leer en OPINION, en Madridiario.es 

De Pepa Vázquez a Pepa Paez: Un largo camino hacia la igualdad

Pepa Vazquez y Pepa Paez 

Por azares del destino, hace unos años coincidí con la hermana de una mujer ferroviaria luchadora y pionera: Pepa Vázquez. Fue la primera mujer que participó en la negociación del primer Convenio Colectivo de RENFE.

Ese encuentro me llevó a explorar en la memoria y regresar a la década de los años 70, en concreto a 1976, cuando un grupo de sindicalistas ferroviarios comenzábamos a esbozar una plataforma reivindicativa con el objetivo de lograr la negociación del primer convenio colectivo en RENFE.

Un año antes, en 1975, se celebraron las últimas elecciones sindicales del Sindicato Vertical. En ellas, las candidaturas apoyadas por CCOO obtuvieron muy buenos resultados en la elección de enlaces sindicales. Sin embargo, las trabas impuestas por las estructuras del sindicalismo franquista hacían prácticamente imposible acceder al Jurado de Empresa, órgano encargado de negociar las condiciones laborales en la empresa.

En ese contexto, y bajo una militarización decretada en enero de 1976 que afectó a RENFE y a otras empresas similares, iniciamos un amplio proceso de asambleas de base. De ahí surgió la plataforma reivindicativa y la elección de representantes al margen del sindicato oficial. Este proceso culminó en noviembre de ese mismo año con la designación de una Comisión Negociadora que, tras intensas conversaciones con la dirección de RENFE, se firmó el primer convenio colectivo el 20 de diciembre de 1976.

En aquella comisión, formada por 24 miembros, había una mujer: Josefa Vázquez Vázquez, “Pepa Vázquez”. Tenía 25 años, era informadora en Sevilla Plaza de Armas y estudiaba Derecho, carrera que concluiría a comienzos de los años 80 para ejercer posteriormente como abogada en Sevilla y Alicante. Regresó más tarde a Andalucía, donde falleció en la primavera de 2020, a los 70 años, probablemente a consecuencia de la maldita pandemia. Descansa en paz Pepa.

Por entonces, las mujeres que participaban en lo que llamábamos el “Pleno de Representantes Ferroviarios” —un organismo unitario creado al margen del Jurado de Empresa— se contaban con los dedos de una mano. Y entre ellas destacaba especialmente Pepa Vázquez: una joven sevillana, inteligente, firme y cercana. Yo tenía entonces 30 años; ella, 25. Conviene no olvidar que hablamos de 1976, apenas un año después de la muerte del dictador, asesino y genocidio, Francisco Franco.

Recuerdo también a otras compañeras: Minerva García, de Madrid; Teresa Hernández, de Contratas Ferroviarias; Amparo, de Valencia; Otilia, de Barcelona; Mercedes Blanco, de Zamora; y, por supuesto, la más conocida a partir de aquellas fechas: María Jesús Álvarez, también de Madrid.

En el boletín Carril, de las CCOO ferroviarias, en su número de enero de 1977, Pepa Vázquez señalaba que una de las tareas urgentes, tras la firma del convenio, era eliminar la discriminación de la mujer en los puestos de trabajo. Tenía toda la razón. Aquella reivindicación costó varios años de lucha. No fue hasta 1979 cuando se convocaron por primera vez plazas en categorías hasta entonces vetadas a las mujeres: factores, ayudantes de maquinista, especialistas de estaciones, entre otras comenzaron a ingresar en RENFE.

Hasta ese momento, las mujeres en RENFE estaban relegadas a puestos muy concretos: Pasos a nivel, oficinas, información o limpieza. Y, además, una ley franquista obligaba a las trabajadoras a abandonar su empleo al contraer matrimonio, bajo el pretexto de “liberarlas de la oficina, el taller y la fábrica”. Un despropósito tan real como injusto.

Fueron mujeres como Pepa Vázquez y otras quienes lograron romper esos corsés. Es cierto que desde CCOO y desde el sindicalismo masculino se les prestaba apoyo, pero no siempre en las condiciones que hoy consideraríamos adecuadas. Y lo dice alguien que lo vivió en directo..

Un ejemplo claro: en octubre de 1977 celebramos en Madrid el primer Congreso del Sindicato Ferroviario de CCOO. Se eligieron 50 personas para la Comisión Ejecutiva: 48 hombres y 2 mujeres (María Jesús Álvarez y Teresa Hernández). El Consejo Estatal Ferroviario lo componían 140 personas: 135 hombres y 5 mujeres. Aunque la presencia femenina en el sector era reducida, estas cifras evidencian un desequilibrio bastante evidente.

Con el paso de los años, se fue avanzando. Hoy, es motivo de orgullo, al menos para el que esto escribe, que la máxima responsabilidad de CCOO en el ferrocarril en conjunto del sector, esté en manos de una mujer: Pepa Páez Parada, una excelente sindicalista y mejor persona, también andaluza, como la pionera Pepa Vázquez. Curiosamente, entre una y otra median cerca de medio siglo.

En un acto celebrado en Atocha con motivo del 8 de marzo de 2020, Pepa Páez señalaba “que el camino hacia la igualdad efectiva no es sencillo, pero que se han dado pasos importantes en la buena dirección. Recordaba cómo el ferrocarril fue históricamente un ámbito hostil para las mujeres, con un sistema laboral claramente discriminatorio que limitaba su acceso y desarrollo profesional”

También destacaba el papel de CCOO, “como una de las primeras organizaciones en incorporar la lucha por la igualdad de género en su estrategia, incluyendo ya en 1976 reivindicaciones concretas para acabar con la discriminación de las trabajadoras ferroviarias”.

Para terminar, quiero añadir una reflexión personal. A lo largo de mi vida, las mujeres me han enseñado más valores positivos que los hombres: desde mi madre hasta mi compañera de vida. Pero, en el ámbito sindical —y especialmente en lo relativo a la igualdad y la solidaridad—, han sido muchas las mujeres quienes me han dado verdaderas lecciones.

En la actualidad, cuando viajo en tren y veo a una jefa de estación o a una trabajadora en cualquier otra categoría, no puedo evitar emocionarme. Es entonces cuando recuerdo a aquellas pioneras que lucharon por abrir camino.

Creo, sinceramente y sin ánimo de reprochárselo a nadie, que estas mujeres —y muchas otras que no he mencionado— merecerian un homenaje por parte de CCOO, su sindicato. Algunas, como Pepa Vázquez, Mercedes Blanco o Maria Jesus Alvarez y muchas más ya no podrán estar presentes. Pero su legado sigue vivo en cada avance logrado.

 

Francisco Naranjo Llanos, director de la Fundación Abogados de Atocha y sindicalista de CCOO.

     

MARCELINO CAMACHO: UN SINDICALISTA PARA LA HISTORIA


Con Marcelino Camacho en la estación de ferrocarril de Madrid-Chamartín, en Abril de 1985.

(...Ya estás aquí de pie
con esa forma tuya de enseñarnos,
dos pasos adelante y uno atrás
sí es necesario.
Se trata de luchar
teniendo como alma la verdad).

Esta era una de las estrofas de la canción que Víctor Manuel dedico a Marcelino Camacho en 1976.

En aquella época estábamos viviendo en España lo que se ha llamado "la transición" y hasta un año después, abril de 1977, no se legalizo CCOO.

Antes, aun en la clandestinidad, el 11 de julio de 1976, en la Asamblea Nacional de CCOO en Barcelona, constatada la imposibilidad de crear un sindicato unitario, se decide dar el paso de movimiento a organización sindical y se propone la creación de la Confederación Sindical de Comisiones Obreras y se elige a Marcelino Camacho coordinador.

Las resoluciones de la Asamblea de Barcelona, culminó, en junio de 1978, con el primer congreso confederal de CCOO, congreso en el que fue elegido como Secretario General Marcelino Camacho, cargo que ostentó hasta 1987.

Marcelino nació en el pueblo de Osma La Rasa, (Soria), el 21 de enero de 1918 y murió en Madrid a la edad de 92 años, el 29 de octubre de 2010. 

Al día siguiente miles de personas le dijimos hasta siempre en la Puerta de Alcalá de Madrid, lugar donde al comienzo de la democracia terminaban los 1º de mayo. El mismo lugar donde Marcelino dio durante años sus mejores mítines sindicales.

Aquél sábado lluvioso, en que dimos el último adiós, desde el auditorio que lleva su nombre, una marea de chubasqueros rojos avanzó lentamente por las calles de Madrid hasta llegar a la Puerta de Alcalá donde se gloso la lucha del histórico sindicalista por los derechos de la clase obrera.

Por la calle de Alcalá en el ultimo adiós a Marcelino Camacho

Aparte de la afinidad ideológica y sindical con Marcelino, visto desde el lado humano, en mi caso había otro plus añadido, el profesional: ser o proceder de ferroviario une mucho. Marcelino se crió en una casa, le llamaban "casilla", del ferrocarril en Osma-La Rasa y su padre trabajó de guardagujas y su madre de guardabarrera en el ferrocarril. Marcelino estuvo de aspirante a factor y fue el golpe de estado contra La República en 1936, lo que le privo de ser ferroviario en su vida laboral. Mi padre también trabajo de guardagujas y también me críe en una casa, “casilla”, del ferrocarril e ingrese en Renfe de factor.

Son muchas las ocasiones que he coincidido con Marcelino, tanto en el sector ferroviario, como en otros lugares comunes del sindicato o en las cientos de movilizaciones que los sindicatos de clase han protagonizado en nuestro país.

Para un breve artículo de opinión tampoco se trata de dar pelos y señales de todas y cada una, pero recuerdo con mucho cariño una manifestación que realizamos en Bruselas los ferroviarios europeos en defensa del ferrocarril en abril de 1985.

Con Marcelino en abril de 1985 en la estación de RENFE de Madrid Chamartín

Salíamos de la estación de Madrid-Chamartín a las 11 de la noche y allí sorpresiva y agradablemente nos encontramos a Marcelino que sin previo aviso a las diez y pico de la noche fue a despedirnos y desearnos lo mejor en nuestro viaje. Algunas personas pensareis, que “era su obligación” o quizás  “que tontería”, pero en aquellos años que el Secretario General del primer sindicato de este país fuera a despedir a un grupo de jóvenes sindicalistas ferroviarios era lo más. Personalmente aún se me humedecen los ojos cuando lo recuerdo y nunca lo he olvidado. Seguro que el centenar de ferroviarios que íbamos en aquel tren tampoco.

Igualmente nunca olvidare y lo recuerdo con mucho afecto que desde que nos conocimos en 1978, en el primer congreso de los ferroviarios de CCOO, durante más de 30 años, Marcelino, cada vez que nos veíamos siempre me hacia la misma pregunta: ¿qué tal los ferroviarios?.

La última vez que estuve personalmente con Marcelino y Josefina fue en mayo del año 2010, cinco meses antes de la muerte de Marcelino. Todo el mundo que los conoce sabe que son entrañables y su mayor preocupación es que te sientas a gusto y feliz en el rato que estas allí. Lo que más le disgusto a Josefina ese día es que no tuviera magdalenas, sus famosas magdalenas, que en otras ocasiones nos traía con el café, fuera la hora que fuese.

En casa de Marcelino y Josefina en mayo de 2010

Marcelino como siempre, con el periódico “El País” encima de la mesa camilla, subrayando las noticias que consideraba interesantes, pero por estas fechas no pasaba de las primera páginas. En esa época en la portada estaban todas las noticias importantes para él.

Josefina Samper, la compañera de toda la vida de Marcelino, nos hablaba de todo lo que había pasado en los últimos días, de la casa y de su nuevo barrio, en Majadahonda (Madrid), que aunque le gustaba, no acababa de acostumbrarse, después de tantos años de vivir en su Carabanchel, en un tercero sin ascensor, pero por problemas de movilidad de Marcelino se tuvieron que mudar lo más cerca posible de sus hijos.

Lo que si era para Josefina “santo de su devoción”, de esta nueva casa, -aunque fuera atea-, era la cocina. Muy satisfecha nos la enseñaba y decía orgullosa: “algunas veces incluso comemos en ella”. Para comprender el entusiasmo de Josefina hay que tener en cuenta que esta cocina tendría unos seis metros cuadrados y ellos venían de su casa de toda la vida, construida en los años sesenta, de menos de 60 metros cuadrados en total, cuya cocina como era lógico iba en proporción.

Guardo orgulloso y como un tesoro, el libro de Marcelino "Charlas en la prisión", especialmente sobre todo por la cariñosa y preciosa dedicatoria, porque Marcelino no era de las personas que dedican un libro con la clásica frase " con afecto a fulanito, etc, etc", no, Marcelino te lo dedicaba pensando en ti, en lo que había vivido contigo y si además te daba un consejo, mejor que mejor, escrita con una caligrafía firme y fuerte que ya nos gustaría tener a la mayoría de nosotros. Esta es una de sus dedicatorias...


Para conocer el perfil humano de estas dos grandes personas tan cercanas y cordiales, creo que con un par de pinceladas, es suficiente. A mí siempre me impactaron los dos, de ahí que nunca he concebido a Marcelino sin Josefina y tampoco a Josefina sin Marcelino, A partir de su fallecimiento Josefina no tendrá a Marcelino, pero nos va a tener a todas y todos nosotros.


Para finalizar esta breve crónica recordar, para que todos y todas lo tengamos en cuenta, las palabras que pronunció una de las últimas veces que hablo Marcelino, con motivo de la visita de una vecina al hospital, vecina que se quejaba de algo que la había pasado: "Si uno se cae, se levanta inmediatamente y sigue adelante". Descansa en paz Marcelino, un sindicalista que seguro que pasara a la historia de nuestro país y gracias por todo lo que nos enseñaste en vida.


Video en recuerdo y homenaje a Marcelino Camacho,
con la canción de Victor Manuel "MARCELINO" de fondo.



Francisco Naranjo Llanos, director Fundacion Abogados de Atocha y sindicalista de CCOO 

P.D.- Este articulo tambien se puede leer en la sección de OPINION de Madridiario.es