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Vista de una sala de la
exposición de Sánchez Castillo: 'Salón de los espejos' en el Palacio
Velázquez en el Retiro (Madrid). |
Conocí a Fernando Sánchez
Castillo hace unos seis años, en 2020, a raíz de la polémica decisión del gobierno
municipal del Partido Popular, encabezado por el alcalde José Luis Martínez-Almeida,
de retirar las placas con los nombres de los represaliados por el franquismo
que formaban parte del Memorial del Cementerio de La Almudena. Aquel monumento
había sido impulsado por el anterior gobierno de Manuela Carmena y el proyecto
se encontraba ejecutado en más de un ochenta por ciento cuando fue paralizado.
El responsable artístico de la
obra era precisamente Fernando Sánchez Castillo. Me lo presentaron dos amigos,
Tomás Montero y Fausto Canales, dos personas entregadas en cuerpo y alma a la
búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación de la memoria histórica. Sus
avales sobre Fernando eran incontestables.
Desde entonces hemos mantenido
numerosas conversaciones, muchas de ellas relacionadas con la búsqueda del
bolígrafo que salvó la vida a mi compañero y amigo Alejandro Ruiz-Huerta,
superviviente de los asesinatos de los Abogados de Atocha y actual presidente
de la Fundación Abogados de Atocha. Finalmente, Alejandro consiguió una
fotografía del objeto, lo que permitió al artista realizar una reproducción que
hoy forma parte de la exposición recién inaugurada en el Palacio de Velázquez
del Museo Reina Sofía, en el parque del Retiro de Madrid. La muestra puede
visitarse desde el 24 de junio de 2026 hasta el 7 de marzo de 2027.
«La Perla Peregrina», nombre de
la exposición, reúne piezas y objetos cargados de historia y simbolismo. Entre
ellos se encuentra la reproducción del bolígrafo Inoxcrom que detuvo la bala
destinada a Alejandro Ruiz-Huerta, así como las zapatillas que una de Las Trece
Rosas regaló a su sobrina Martina Barroso, en la actualidad las zapatillas son
propiedad de su nieta Paloma Barroso.
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| Reproducían del bolígrafo y de las zapatillas de las que hablo en la crónica |
El conjunto de la exposición
constituye una profunda reflexión sobre la memoria histórica, el poder y las
diversas formas de resistencia frente a los relatos oficiales. A través de
esculturas, instalaciones, vídeos, monumentos y objetos de gran carga
simbólica, el artista madrileño explora las manipulaciones y silencios que se
esconden tras los grandes acontecimientos históricos, cuestionando la manera en
que el poder construye la memoria colectiva y legitima determinadas versiones
de los hechos.
Sánchez Castillo combina
investigación, ironía y crítica para desmontar la solemnidad de los discursos
dominantes. Obras dedicadas al yate Azor de Franco, al atentado contra
Carrero Blanco, a reliquias del franquismo o a monumentos transformados y
descontextualizados revelan la fragilidad y el carácter efímero de los símbolos
del poder. Al mismo tiempo, la muestra rinde homenaje a figuras de la resistencia
y la desobediencia civil, desde el anónimo Tank Man de Tiananmen hasta
las Madres de Plaza de Mayo o Federico García Lorca.
La exposición recupera también
memorias olvidadas de la Guerra Civil, el exilio republicano y la lucha por las
libertades, rescatando gestos anónimos, pintadas antifranquistas, refugios
improvisados y otras formas de resistencia cotidiana.
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| Alejandro Ruiz-Huerta y Fernando Sanchez Castillo delante de la urna que alberga el bolígrafo que salvo la vida a Alejandro. |
Especialmente impactante resulta
una de las obras dedicadas a la tortura durante la dictadura franquista. Un
gran lienzo en blanco y negro muestra una bandera azotada por el viento,
evocando el movimiento de las toallas húmedas utilizadas por los torturadores
para golpear a las víctimas sin dejar marcas visibles. Sin embargo, el artista
persigue precisamente lo contrario: hacer visibles esas huellas ocultas. Las
telas están impregnadas de pigmento negro de Marte, un óxido de hierro que
remite simbólicamente a la sangre.
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| Fernando Sanchez y Francisco Naranjo, delante del cuadro relacionado con las toallas húmedas. |
En definitiva, según mi modesta
opinión, la exposición plantea una idea esencial: la Historia no solo la
escriben o cuentan quienes vencen, sino también quienes resisten, desobedecen y
mantienen viva la memoria frente al poder.
Dado que la muestra permanecerá
abierta hasta el 7 de marzo de 2027, hay tiempo más que suficiente para
visitarla con calma. Incluso sentándose delante de cada obra, como diría mi amigo Juan Genovés Q.E.P.D, Mi recomendación es recorrerla sin prisas, detenerse ante
cada pieza y dejarse interpelar por las preguntas que plantea. Gusten más o
menos sus propuestas artísticas, pocos visitantes saldrán indiferentes. Estoy
convencido de que muchos descubrirán aspectos poco conocidos de nuestra
historia reciente que rara vez aparecen en los relatos oficiales o en los
libros de texto.
¿Pero quién es Fernando
Sánchez Castillo?
Fernando Sánchez Castillo
(Madrid, 1970) es uno de los artistas contemporáneos españoles más destacados
de su generación. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de
Madrid, completó su formación en diversas instituciones internacionales y ha
desarrollado una trayectoria centrada en el análisis crítico de la memoria
histórica, los símbolos del poder y la construcción de los relatos oficiales.
A través de esculturas,
instalaciones, vídeos, dibujos y proyectos de investigación, su obra explora la
relación entre arte, política e historia, abordando cuestiones como el
franquismo, la Guerra Civil, la Transición democrática y los mecanismos de
representación del poder.
Su trabajo ha sido exhibido en
importantes museos y centros de arte nacionales e internacionales,
consolidándose como una de las voces más singulares del arte contemporáneo
español.
Esta es mi visión de Fernando y
su obra y así os la he contado. Ahh y no dejéis de visitar la exposición.
Reitero: no os va a dejar indiferentes.
Francisco Naranjo Llanos,
director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.


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