LEMA DE ESTE BLOG...

LEMA DE ESTA BLOG: ... hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida. (Miguel Hernández)

DON SANTIAGO CARRILLO SOLARES

Con Santiago Carrillo, en el 25 Aniversario de los Abogados de Atocha (24 de enero de 2002).
En la mañana del sábado 25 de marzo de 2023, se va a celebrar un merecido homenaje a Santiago Carrillo Solares, en “Auditorio Marcelino Camacho” de CCOO y no me gustaría desaprovechar la ocasión para hablar de él y de su último adiós, el 18 de septiembre de 2012, a la edad de 97 años. 

La iniciativa de este homenaje parte de un amplio colectivo de amigos y amigas, colaboradores, sindicalistas, profesionales, trabajadores, militantes y simpatizantes del PCE en los últimos años del franquismo y en la construcción de la democracia. Seguro que merece la pena estar allí para escuchar pasajes de una persona que merece estar -y seguro estará- en los libros de la historia más reciente de nuestro país.

Aunque ya sabía de Santiago Carrillo desde hacía muchos años, pues en la clandestinidad, hablar del PCE, “del partido”, era hablar de Santiago Carrillo, o de Dolores Ibárruri,  “Pasionaria”, lo conocí personalmente en el 25 aniversario de los Abogados de Atocha, en el 2002, ya mayor, pero con una gran juventud acumulada en su cabeza.

Cuando en 18 septiembre de 2012, me llegó la noticia del fallecimiento de Santiago Carrillo, me encontraba en Mérida (Extremadura) y una vez que Javier López, secretario general de CCOO de Madrid, por aquel entonces, me lo comunico solo unas horas antes, que el velatorio se iba a realizar en el Auditorio Marcelino Camacho a petición de la familia, me puse rápidamente en marcha para organizar las labores de mi responsabilidad.

En aquellos momentos yo era el responsable de comunicación de CCOO de Madrid. Por supuesto la organización la realice, conjuntamente con otras personas de la ejecutiva regional y con el gabinete de prensa del sindicato, sin olvidar el contacto con las personas que designo la familia.

Lo primero que pusimos en marcha fue la foto de fondo del escenario del salón de actos de Lope de Vega 40. De varias que nos mandó nuestro fotógrafo de cabecera Fran Lorente, (gracias Fran por tus excelentes fotografías). Escogimos la que acompaño a esta crónica, así como la frase de Carrillo que se entrecomillo. 

Me ha encantado ver que 12 años después, con la misma frase de entonces, se vuelva a utilizar. “El capitalismo puede llegar a destruir la especie humana” es la frase que elegimos para que figurase en la foto que presidía el velatorio, sobre su féretro y es la que se está utilizando ahora para el homenaje.

Recordar aquí que la familia había pedido que el velatorio se instalase en el Congreso de los Diputados, pero se había topado con la negativa de la burocracia reglamentaria. Un “aplauso” sí, pero según el reglamento las puertas del Congreso sólo se abren en estos casos para los “padres de la Constitución” y para los expresidentes del Gobierno.

También pensaron en el Ateneo de Madrid, pero el lugar tenía problemas de espacio y acceso. Alguien había sugerido entonces dirigirse a CCOO de Madrid, en cuyo salón de actos, Marcelino Camacho había recibido el último adiós de miles de madrileños. Javier López, como decía antes secretario general de CCOO de Madrid, por aquel entonces, previa consultas confederales, decidió ceder el Auditorio Marcelino Camacho para el velatorio, al igual que ahora se ha cedido para el homenaje a Santiago.

Decenas de compañeros y compañeras de CCOO de Madrid se volcaron de inmediato en la organización, para garantizar que miles de ciudadanos y ciudadanas pudieran acceder al Auditorio y asegurar que cientos de personas de la Administración, la cultura, la política, los medios de comunicación, pudieran presentar su respeto y condolencias a la familia, así como que los abundantes medios de comunicación pudieran realizar su trabajo. Santiago Carrillo no era cualquier persona. El representaba como pocos la vida política de casi un siglo de nuestro país. El ejemplo de su importancia lo tenemos el que si buscas ahora en Google a Santiago Carrillo, entrecomillado, te salen cerca de un millón de referencias a su nombre.

¿Pero quién era Santiago Carrillo?

Santiago Carrillo nació en Gijón, en 1915. Vivió su infancia en una España que agotaba la Restauración Borbónica y la dictadura de Primo de Ribera. Cuando se proclama la República, aún muy joven, como periodista recibe el encargo de cubrir la información parlamentaria. En 1934 es ya secretario de las Juventudes Socialistas y, tras pasar por la cárcel por su participación en la Revolución de 1934, con el triunfo del Frente Popular, consigue unir a los jóvenes socialistas y comunistas en las Juventudes Socialistas Unificadas.

Luego vino la guerra Civil, su participación en la Junta de Defensa de Madrid en defensa de la República, su afiliación al PCE, el exilio, París, el final de la lucha guerrillera, la política de Reconciliación Nacional. El apoyo e implicación del PCE en el desarrollo de las CCOO. El Eurocomunismo junto al francés Marcháis y el italiano Berlinguer, tras la invasión soviética de Checoslovaquia. La muerte del Dictador. La Junta Democrática, la Plataforma Democrática. La Platajunta. La Transición. El retorno del exilio. El asesinato de los Abogados de Atocha y la inmediata legalización del PCE. Los Pactos de la Moncloa y la Constitución.

Después vino el desplome electoral del PCE en 1982. La crisis interna. Su exclusión del Partido Comunista de España. Los “carrillistas” acabaron integrándose en el PSOE. Él se apartó de la política activa, pero nunca de la política y hasta los últimos días de sus 97 años continuó analizando y opinando sobre la actualidad política. Sus reflexiones eran modélicas.

Santiago Carrillo, fue polémico, de acuerdo, pero con una gran y larga trayectoria vital que ha transitado por la convulsa vida política de todo un siglo de la historia de España y a pesar de ser tan polémico, políticos de todos los colores pasaron por el auditorio “Marcelino Camacho” a rendirle homenaje. Allí estuvieron: Jordi Pujol, Herrero de Miñón, Felipe González, ministros del PP, representantes del CiU, del PCE, de IU, del PSOE, el PP, de UPyD, del PNV. Personas de la cultura como Pilar Barden, Víctor Manuel y Ana Belén, Juan Diego, José Sacristán, o Álvaro de Luna, etc, etc.

En definitiva, un velatorio, un último adiós, que adquirió tintes de reconciliación de los demócratas de nuestro país, que necesitamos también estos días, más que nunca, después de ver por ejemplo el esperpento de la moción de censura de VOX.

Esperando que el homenaje del sábado, aparte de ser un gran homenaje a Santiago Carrillo, sea también una lección de la historia reciente de nuestro país, recordando a Carrillo, solo me quedar decir DEP don Santiago.

P.D.- Santiago Carrillo Solares, nació en Gijón el 18 de enero de 1915 y murió en Madrid el 18 de septiembre de 2012.

Francisco Naranjo Llanos, director de la Fundación Abogados de Atocha y sindicalista de CCOO.


JAIME SARTORIUS: UN HOMBRE DE PAZ, JUSTICIA Y LIBERTAD

Jaime Sartorius, en 2015, en la sala del antiguo Tribunal de Orden Publico (TOP). (Fotografía de Fran Lorente)

El viernes 3 de marzo de 2023 falleció en Madrid el histórico abogado Jaime Sartorius, a los 83 años de edad, patrono de la Fundación Abogados de Atocha, entre otras muchas cosas. Jaime fue uno de los grandes abogados que durante la dictadura defendió a un gran número de trabajadores antifranquistas ante el Tribunal de Orden Público (TOP) y persona fundamental de la acusación particular en el Proceso 1001 de los “10 de Carabanchel” en 1973 y en el juicio de los asesinatos de Abogados de Atocha de 1980.

En la mañana del frio sábado 4 de marzo le dimos el último adiós en el Tanatorio de la Paz de Tres Cantos., en Madrid. DEP compañero y amigo Jaime., tu capacidad para ejercer la abogacía y tus enseñanzas siempre se quedarán entre nosotros y serán recordadas por los demócratas de este país.

Si alguna persona quiere profundizar en quien fue Jaime Sartorius, solo tiene que acudir a la hemeroteca o se dé una vuelta por los periódicos o las redes sociales.

Yo, para comenzar este breve y necesario artículo de opinión, escrito a 24 horas de su fallecimiento -me cuesta pronunciar la palabra muerte, porque Jaime siempre estará con nosotros- lo he hecho y no he encontrado a nadie que le critique, pues como he titulado Jaime ha sido siempre una persona que siempre ha tenido una meta: Las libertades, la justicia y la paz.

Solo con leer lo que escribió en su día Antonio Baylos, en 2016, en vísperas de un homenaje en el Círculo de Bellas Artes, de los muchos que se merecía Jaime, estaría dicho todo;

“Jaime Sartorius es parte de la historia viva de este país. De su historia democrática, la de aquellas personas que han trabajado tanto y en condiciones tan duras contra la dictadura, por traer la democracia y la libertad a la mayoría de la población. Su trayectoria vital es impresionante. Los archivos de su despacho – y las trazas de los derechos peleados y afirmados a través de los expedientes jurídicos de tantas personas – se pueden hoy consultar en la Fundación 1 de Mayo de CCOO.”

Pero con eso, no está dicho todo, hay más, mucho más; Jaime es un referente para toda una generación de Abogados y Abogadas, pero también para la clase obrera y de personas de a pie, como por ejemplo yo mismo.

Lo conocí personalmente hace algo más de 20 años, cuando desde CCOO de Madrid, estábamos preparando el 25 aniversario de los asesinatos de los Abogados de Atocha, en los comienzos de este siglo. Debo confesar que me impresiono. Ya sabía de sus capacidades, pero tenerlo sentado a tu lado, contando deliciosas anécdotas de la historia de dos juicios tan importantes para la democracia, como son el Proceso 1001, juicio celebrado en diciembre de 1973 y el de los Abogados de Atocha, celebrado en 1980 y justo hoy 4 de marzo, se cumplen 43 años del día que se dictó sentencia contra los encausados del juicio de Atocha 55.

Una de las cosas que me fascino de Jaime, fue su contagiosa pasión por la paz, el bien común y la libertad. Algunos nos quedábamos extasiados al escuchar sus correrías por Europa y Estados Unidos en 1973 reclamando apoyo y solidaridad para los encausados en el Proceso 1001, consiguiendo que hubiera numerosas muestras de solidaridad a los del 1001 y de condena al franquismo.

Recuerdo que nos decía que incluso el famoso actor Marlon Brando se había comprometido a asistir al juicio de los del 1001, así como otras muchas personas influyentes. Los jueces españoles de entonces, que eran fachas pero no tontos, fijaron las fechas del juicio con muy poco tiempo de anticipación para impedir que muchas personas no pudieran ajustar sus agendas y viajes a los días del juicio.

Otra cuestión que recuerdo con nitidez, es cuando Jaime contaba, sobre el juicio de los Abogados de Atocha, cuando el juez Gómez Chaparro, le concede un permiso a uno de los encausados por los asesinatos (Lerdo de Tejada) por el motivo de “tener que asistir a la comunión de su sobrino”. Por supuesto no volvió a la cárcel. Jaime tuvo una entrevista con el juez Gómez Chaparro para pedirle explicaciones y a pesar de su carácter pacífico, tranquilo y sosegado, le dijo “es Vd un hijo de puta”.

Cuatro abogados de los ocho de la acusación particular en el juicio de Atocha 55: Rato, Mohedano, Jaime Sartorius y Bono en 2010. (Foto de Fran Lorente

En fin, podría seguir contando cosas de Jaime, todas buenas, pero para un breve y rápido repaso de lo que fue Jaime para sus compañeros y para la historia de España, me quedo con la frase de Alejandro Ruiz-Huerta, el único sobreviviente que queda de los Abogados de Atocha y actual presidente de la Fundación Abogados de Atocha, cuando se enteró de su fallecimiento, nos comento: “Jaime era un gran compañero, una luz en la transición y en la democracia. Su recuerdo permanecerá en cada esfuerzo común por la justicia y la libertad”

Poco más que decir. Finalizo con la última estrofa del verso del gran poeta del pueblo Miguel Hernández, a su amigo Ramón Sijé, en esta ocasión dedicada a Jaime Sartorius:

A las aladas almas de las rosas

del almendro de nata te requiero,

que tenemos que hablar de muchas cosas

compañero del alma, compañero.

 

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha y sindicalista de CCOO



23F: DIA DE PISTOLAS Y METRALLETAS, PERO TAMBIEN DE SOLIDARIDAD .

El golpista Coronel Tejero con pistola en mano en el Congreso de los diputados
A 45 años vista, -toda una vida- nos parece increíble lo que pasó aquel 23 de febrero de 1981 (23F para la historia), pero ahí está esa nefasta fecha para el recuerdo y sobre todo para que nos sirva de experiencia para que no ocurra nunca jamás. Estos son mis vivencias de aquel día, negro día, que un grupo de militares quiso secuestrar la incipiente democracia en España. Solo habían pasado poco más de cinco años que había muerto el dictador, asesino y genocida, Francisco Franco.

Estaba en la estación del Norte de Madrid, la de Madrid Príncipe Pio, lugar donde la representación sindical de RENFE tenía ubicado el Comité Intercentros de la compañía ferroviaria. Con otro compañero del Comité, Santiago Rueda, fui a tomar un café a “Casa Germán”, una pequeña y cutre cafetería que aún se mantenía en esa estación y ya estaba de boca en boca la noticia: ¡Se está produciendo un Golpe de Estado en el Congreso de los Diputados!

Y así era: El golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 en España, más conocido como 23F, fue un intento fallido de golpe de Estado perpetrado por algunos mandos militares, pero que nos puso un nudo en la garganta durante más de 24 horas a muchos de los que estábamos luchando por la libertad y la democracia en nuestro país en aquellas fechas de incipiente transición democrática.

Los episodios centrales fueron el asalto al Congreso de los Diputados por un numeroso grupo de guardias civiles, unos doscientos, a cuyo mando se encontraba el teniente coronel Antonio Tejero Molina, durante la sesión de votación para la investidura del candidato a la presidencia del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, en sustitución de Adolfo Suarez González, de Unión de Centro Democrático, (UCD) y la ocupación militar de la ciudad de Valencia en virtud del estado de excepción proclamado por el capitán general de la III Región Militar Jaime Milans del Bosch

A las seis de la tarde empieza la votación nominal para la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo como presidente del Gobierno. A, u las 18:22 horas, cuando iba a emitir su voto el diputado socialista Manuel Núñez Encabo, un grupo de guardias civiles, subfusil en mano, irrumpió en el hemiciclo encabezados por el teniente coronel Antonio Tejero que grita desde la tribuna: ¡Quieto todo el mundo!, dando la orden de que todos se tirasen al suelo.

Como vicepresidente del Gobierno, el teniente general Manuel Gutiérrez Mellado se levantó, se dirigió al teniente coronel Tejero y le ordenó que se pusiera firme y le entregase el arma. Tras un brevísimo forcejeo y para reafirmar su orden, Tejero efectuó un disparo que fue seguido por unas ráfagas de los subfusiles de los asaltantes. Sin inmutarse, con los brazos en jarras, Gutiérrez Mellado permaneció indiferente al sonido de las armas. Mientras, los diputados obedecían las órdenes de Tejero, excepto Santiago Carrillo y el presidente del Gobierno Adolfo Suárez, que se mantuvieron sentados en sus escaños…

En fin, continuo: Como decía antes eran algo más de las seis y media de la tarde de aquel negro 23 de febrero y esto es lo que estaba pasando en el Congreso. Yo me encontraba en la estación del Norte de Madrid. Lugar donde la representación sindical tenía ubicado el Comité Intercentros de RENFE. Estábamos en reuniones sindicales en los locales del Comité.

Y como comentaba antes, con un compañero del Comité de Empresa fui a tomar un café a “Casa Germán”, una pequeña cafetería al lado del antiguo Economato de Príncipe Pío y ya estaba de boca en boca la noticia: ¡Se está produciendo un Golpe de Estado en el Congreso de los Diputados! Germán puso la TV y los que estábamos allí aun pudimos ver unos minutos en directo lo que estaba pasando en el hemiciclo: unos sonidos y unas imágenes nada tranquilizadoras, que te ponían un nudo en la garganta y una desazón por todo el cuerpo.

A partir de las siete de la tarde, casi no recuerdo más, quizás algo de música militar y una antigua película, pero en esos momentos me preocupaba más que mi compañera Isabel y mis hijos Paco y Mario, entonces de 8 y 4 años, que habían salido de compras por el centro de Madrid no llegaban… y encima cada vez que pasábamos por las puertas de la comisaría de la estación sentíamos como los policías estaban cada vez más nerviosos.

Al fin sobre las ocho de la noche llego mi familia. Vivíamos en Alcorcón, un pueblo de las afueras de Madrid y corrían rumores de que estaban cortadas las carreteras, así que sin dudarlo nos fuimos en casa del compañero y además amigo Santiago Rueda en Madrid que vivía en el Paseo de Extremadura a continuar escuchando las emisoras de radio y ver la Tele. 

Serian algo más de las diez de la noche cuando sonó el teléfono de la casa de mi amigo Santi y nos comentó:

-Ha llamado Manolo Fernández Aller y dice que el Partido -se refiere al PCE- ha decidido que hay que ir a concentrarse a las puertas del Congreso de los Diputados. Esta fue la conversación que mantuvimos entre nosotros;

- ¿Pero porque y para qué?

-No lo sé, pero si lo dice el Partido, así que será por algo.

-Eso sí, ahí tienes razón, si lo dice el Partido, no hay más que hablar. Vámonos.

Mi amigo vivía en un tercero sin ascensor. Dejamos a mis hijos con mi compañera Isabel en la casa del Paseo de Extremadura, nos pusimos los abrigos y comenzamos a bajar las escaleras. Ya estábamos casi en la puerta de la calle cuando mi compañera nos grita:

-Que ha llamado el otro Manolo (Manolo Cachan) y dice que hay contraorden: que el Partido dice ahora que no hace falta ir al Congreso.

-Y por qué?

-Pues porque va a ser, dice mi compañero Santi: Porque lo dice el Partido, te parece poco.

-Vale si el Partido lo dice, no hay más que discutir.

Y en el piso del Paseo de Extremadura nos quedamos hasta que hablo el Rey Juan Carlos I. Después de la comparecencia del Rey en TVE consideramos que el golpe estaba controlado y decidimos irnos a dormir a nuestro domicilio, como decía antes, a un pueblo a las afueras de Madrid. (Alcorcón). Así que cogimos el automóvil y llegamos a casa sobre las dos de la madrugada.

Pero para nosotros las sorpresas a lo largo día –ya las tantas de la noche- no habían acabado. No llevamos ni cinco minutos en la casa -seria la una de la madrugada-  y sonó repetidamente el timbre del telefonillo del portal. Contestamos con más nervios de lo habitual. Era una vecina de urbanización que al ver luz en el piso quería hablar con nosotros con urgencia, especialmente conmigo.

La hicimos pasar para ver que ocurría con la vecina y sus urgencias. Se llamaba señora Anastasia. Con unas llaves en las manos, con gran ansiedad y muy nerviosa, me insistía una y otra vez:

-Por favor Francisco, coge estas llaves y vete a un piso vacío que tengo en Cuatro Caminos en Madrid. Yo viví los años posteriores a la guerra en el bando de los vencidos y se lo que pasa en estos casos.

(Recordar aquí brevemente que su marido fue uno de los muchos represaliados por el franquismo en el ferrocarril).

No acepte su generosa propuesta y me quede con mi compañera y mis hijos en la casa de Alcorcón, pero le agradecí de corazón su humano y solidario gesto.

Aun hoy al escribir esto y recordar esa anécdota de ese negro dia, se me humedecen los ojos, pensando en aquella señora: Nerviosa, preocupada por mí, con las llaves en la mano. La recuerdo enlutada, encorvada, pequeña y con unos ojos y una mirada que lo decían todo. Hace muchos años que no se nada de ella, pero me temo que por la edad que tenía por entonces ya hará tiempo que no estará con nosotros

Ahora en la distancia quiero decirle alto y claro para que me oiga: GRACIAS SEÑORA ANASTASIA por su compromiso y sobre todo por su solidaridad. Este donde este, mi familia y yo siempre la recordaremos con cariño.

“Por la libertad, la democracia y la constitución”, manifestación celebrada el 27 de febrero de 1981, convocada por todas las fuerzas políticas, sociales y sindicales

Al día siguiente, 24 febrero, a primeras horas de la mañana, un grupo de representantes sindicales de RENFE, en nombre del Comité Intercentros,  presentamos a la Dirección de la compañía una comunicación condenando el golpe de estado y convocando un paro laboral en el ferrocarril para las 12,00 h de ese medio día. Tres días después -el 27 de febrero de 1981- se realizaba en Madrid una de las más grandes manifestaciones que recuerdo: “por la libertad, la democracia y la constitución” convocada por las organizaciones sociales, políticas y sindicales. Más adelante, se conoció que, si el intento de golpe militar del 23F se hubiese consolidado, la ultraderecha había elaborado listas negras para su eliminación física en cada una de las provincias españolas. Pero eso ya es otra historia.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO