LEMA DE ESTE BLOG...

LEMA DE ESTA BLOG: ... hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida. (Miguel Hernández)

EL CHARCO DEL OBRERO

Madrileños en el rio Manzanares. En el fondo el Puente de los franceses.


En los años sesenta del siglo pasado, especialmente por cuestiones económicas, no se podian ir de vacaciones y una gran mayoría de madrileños veraneaban en la ciudad. El calor y la escasez de piscinas hacían que las orillas del Manzanares, la casa de campo  y las pocas piscinas que había, se llenasen de gente buscando un alivio al sofoco veraniego.

Una de las más concurridas era la piscina del Parque Sindical de Madrid, que con una capacidad de 12.000 metros cúbicos fue en su día la más grande de Europa. Fue inaugurada por el Dictador Francisco Franco el 18 de julio de 1958junto al ministro Solís, para disfrute de los «productores» denominación que recibieron durante años los trabajadores. Fue gestionada por el sindicato vertical franquista, que eran los dueños de ese patrimonio sindical, por supuesto con la cuota obligatoria que pagaban los currelas. 

Conocida popularmente como «el charco del obrero», algún domingo sus instalaciones recibieron hasta 40.000 madrileños, y de manera muy habitual, llegaban a cerca de 30.000. Había tres piscinas. Una para niños de solo 40 centímetros de profundidad. Otra enorme, de 132 por 80 metros, con una profundidad de 1,20 metros, ideal para la mayoría de los visitantes, que o no sabían nadar o no lo hacían muy bien.

Para los más avezados, una piscina olímpica de 50 metros y una profundidad de entre 1,5 y 4 metros, que contaba con la innovación de la iluminación nocturna, lo que le permitía albergar competiciones nocturnas. Los bañistas llegaban la mayoría en autobus o tranvía y cargados con las viandas necesarias para pasar un día lejos del calor de la ciudad. Acudían familias enteras o pandillas de amigos.

Era el del Parque Sindical un veraneo barato, casi a la puerta de casa. Se admitían bebidas y comidas y había merenderos para poder almorzar cómodamente. Los precios del restaurante eran módicos -algún día se podía dar un capricho la familia-, la sombra de los chopos agradable para una siestecita, el entorno mejor que las calles del barrio antes de ponerse el sol, y las horas transcurrían placidas entre los cantos de las chicharras, los gritos de los niños, el bostezo de la suegra, el sonido del chapoteo de la piscina y alguna que otra risa.

Mi anecdota comienza una tarde de un caluroso verano del año 1970 en Madrid. Trabajaba por aquel entonces a 12 horas en la estacion de ferrocarril de Peñuelas e Imperial. Acababa de comer en una casa de comidas baratas cerca de Tirso de Molina y  a continuación, bolsa en ristre,  me encamine al “charco del obrero” a pegarme un buen baño y hacer tiempo hasta la hora de entrar a trabajar a las ocho de la tarde en la estación de RENFE de Imperial.

Ese día estaba contento y feliz, pues mis padres acababan de comprarme un anillo de oro de los llamados sellos con mis iniciales grabadas y además esa misma mañana había comprado un single de Armando Manzanero, con la canción muy popular por aquellas fechas “somos novios”, pues a la semana siguiente aprovecharía para ir a Mérida y regalárselo a mi novia que cumplía años, 18, para ser exactos.

Así que sobre las cinco de la tarde entre en el Parque Sindical (actual Parque Deportivo Puerta de Hierro) con una pequeña bolsa de deporte verde donde llevaba el disco de Armando Manzanero, un bocadillo un periodico y unas ganas enormes de meterme en el agua.

Me cambie en los vestuarios, unos enormes vestuarios, pues como decia antes eran miles los que frecuentaban estas instalaciones, pues ademas de piscina tenia canchas de baloncesto, campos de futbol y otros espacios deportivos, pero la gran mayoria iban a lo que yo a remojarse el cuerpo.

Fotografia de 1966. Parque sindical, más conocido por "Charco del obrero"
Una vez cambiado y puesto el bañador entregué la ropa en los vestuarios a cambio de una ficha numerada y con la bolsa verde al hombro, a la que incorpore la cartera, el reloj de pulsera y el anillo de oro (no fuera que se me cayera al agua) y me encamine directamente a los márgenes de esa gran y poblada piscina.

Deje la bolsa verde al lado de un árbol, cercano al borde de la piscina para que estuviera a mi vista y me di un chapuzón de campeonato. A pesar de que debido a la mucha gente que había no estaba muy fría -yo diría que más bien templada tirando a caliente- se me quitaron todos los sudores y calores del cuerpo. Como vulgarmente se dice “me quede como nuevo”.

Después de un rato tomando el sol y sin quitarle un ojo a la bolsa verde me volví a meter otro ratito. Salí, me duche en las duchas pegadas a la piscina y  me apreste a dar buena cuenta del bocadillo, pues seria cerca de las siete de la tarde y como decía antes tenía que comenzar a trabajar a las ocho. Y ohh, sorpresa, la bolsa verde había desaparecido del lugar donde la había dejado.

Después de buscar la bolsa verde por los alrededores infructuosamente y jurar y maldecir en varios idiomas, incluido el arameo, me encamine a los vestuarios para requerir la ropa e irme inmediatamente a trabajar, pues ya seme estaba haciendo tarde.

Llegue a los vestuario y ohh, sorpresa,  no me dan la ropa porque no llevo ficha y según sus normas no pueden entregarla a no ser que le enseñe el DNI u otra documentación que acredite que yo soy yo. Y yo solo llevaba el bañador, pues la ficha, la documentación, el single del Armando Manzanero, el Marca, el bocadillo y por supuesto el anillo de oro se habían quedado en la bolsa verde.  La única opción que me daban era que me quedara al cierre de la piscina y que si quedaba alguna ropa después de irse todos esa seguramente seria la mía.

Después de un rato de debate y discusión al comienzo y de lloros y ruegos al final, con los encargados de los vestuarios, conseguí que me dejaran pasar a coger mi ropa,  que dicho sea de paso,  menos mal que me quede con el lugar donde lo habían colgado pues allí había cientos de perchas con su correspondiente ropa cada una. Al final quedamos tan amigos y recuerdo que incluso me prestaron dinero para poder coger el autobús. Llegue al trabajo un poco tarde, pero llegue incluso vestido.

En fin que vaya tarde de verano la de aquel día. Días después volví a las instalaciones del “charco del obrero” y había aparecido la bolsa verde con la documentación, pero del poco dinero que llevaba, el anillo de oro y del disco de Armando Manzanero, nada de nada. Así que aprovechando la ocasión les dejo con la canción “Somos Novios”.

Somos novios, Armando Manzanero.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha y sindicalista de CCOO 

P.D.- Este articulo también se puede leer en la sección de OPINION de Madridiario.es 

“EL ABRAZO” DE GENOVES EN ANTON MARTIN


Desde junio de 2003 en la madrileña plaza de Antón Martín, frente al número 55 de la calle Atocha está situada la Estatua que representa el cuadro El Abrazo de Juan Genovés.

Para conocimiento general de la ciudadanía madrileña y de quienes nos visitan de otros lugares es preciso en primer lugar dar a conocer el trágico suceso ocurrido en la noche del 24 de enero de 1977.  Ese día un grupo de pistoleros de extrema derecha irrumpieron en el despacho de abogados laboralistas vinculados a CCOO y al PCE situado en el número 55 de la calle Atocha, a pocos metros de la plaza de Antón Martín, irrumpieron en el despacho  y ametrallaron a las nueve personas que allí se encontraban a punto de comenzar una reunión de trabajo; eran los denominados como Abogados de barrio. El resultado de aquel atentado fue de cuatro abogados y un sindicalista asesinados. Resultando gravemente heridos otros cuatro abogados.

En el año 2001, un año antes de conmemorar el 25º Aniversario del atentado, CCOO de Madrid puso en marcha una iniciativa dirigida a las corporaciones locales madrileñas cuyo objetivo consistía en que los Ayuntamientos, dedicaran un espacio público, calle, plaza, monumento, etc.,  en recuerdo y homenaje a los Abogados de Atocha que antes de su asesinato habían puesto su conocimiento y compromiso al servicio de los ciudadanos de los municipios, incluido Madrid Capital.

La respuesta fue enormemente positiva. En un corto  período de tiempo, y en su memoria, veinticuatro municipios de la Comunidad de Madrid de todos los colores políticos tenían en sus  callejeros una referencia con el nombre “Abogados de Atocha”.

Importante fue también la presencia e intervención de la dirección del sindicato en los plenos municipales a la hora de debatir la moción correspondiente por la cual, se daba a conocer un hecho que muchos concejales y vecinos asistentes a los plenos desconocían. La inauguración pública de las calles, plazas, esculturas…. Fue un paso más para dar a conocer y poner en valor la figura de los abogados que sufrieron aquel criminal atentado

En el caso de la capital, siendo Alcalde de Madrid José María Álvarez del Manzano, nos encontramos con más dificultades, cuando en las mismas fechas se revindico también un espació público y en especial que la obra El Abrazo en su versión escultura, (primera y única realizada por Juan Genovés) se situara en la plaza Anton Martín,

La iniciativa contó de forma inmediata con el apoyo de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos y de los grupos municipales de IU y PSOE y fue después de mucho trabajo, manifiestos, recogida de firmas, etc, cuando un par de años después, la petición fue aceptada por el equipo de Gobierno del PP y votada por unanimidad por el pleno del ayuntamiento madrileño en 2002.

Por supuesto antes de hacer la propuesta a los grupos municipales, en CCOO teníamos el consentimiento expreso del autor, Juan Genovés, que estaba encantado que su “abrazo” sirviera como recuerdo y homenaje a esos trabajadores por la libertad y la justicia,  que eran y son los Abogados de Atocha.

La inauguración del monumento tuvo lugar un año después, el 10 de junio de 2003, fecha que por aras a la casualidad coincide con otro hecho histórico en la Comunidad Autónoma Madrileña, ya que fue el día que se perpetró el nefasto hecho antidemocrático en el parlamento regional madrileño, denominado  Tamayazo. Pero eso es otra historia.

Años después, en el en 2007, coincidiendo con el 30 aniversario del atentado fascista y ya constituida la Fundación Abogados de Atocha, solicitamos al gobierno del ayuntamiento madrileño la colocación de una placa que explicara el significado del Monumento, como dice su texto: “para conocimiento del pueblo de Madrid y quienes nos visitan”, propuesta que fue aceptada de inmediato por la Corporación Municipal. 

Placa situada en la estatua de Juan Genoves en Anton Martin 

Habíamos detectado dificultad a la hora de comprender por parte de los ciudadanos el por qué de la escultura de Juan Genovés y en ese lugar de Madrid. Al día de hoy  la leyenda de la Placa explica de forma resumida su significado, del mismo modo que hacemos nosotros en este articulo de opinión.  

Recordar aquí que “El Abrazo”, cuadro pintado por Juan Genovés  en los años 70, fue un  símbolo de la transición española, con cuyas copias en forma de póster se revindicó la amnistía y la libertad en nuestro país. Uno de estos pósteres estaba colgado en el despacho de abogados laboralistas en  Atocha 55, lugar donde fueron asesinados el 24 de enero de 1977.

También se conoce esta obra popularmente con el nombre de “Amnistía”, por haber sido utilizada por la Junta Democrática en 1975/1976 para pedir la liberación de los presos políticos de la Dictadura Franquista en España, reproduciéndose  miles de  copias, que se vendían para sufragar los gastos de la campaña.

Igualmente, el cuadro fue durante muchos años el símbolo de la prestigiosa ONG, Amnistía Internacional, organización todavía incipiente. Con los ingresos económicos de la venta de reproducciones de El Abrazo, pudo costear su primera sede en Madrid.

Por cierto de la misma manera, en el 2001, CCOO de Madrid eligió también esta obra para conmemorar el 25º aniversario del sindicato en la región madrileña, reproduciéndola en libros, carteles, agendas, pegatinas, etc, tras recibir la autorización de su autor.
  

INFORMACIÓN ELABORADA POR...
Raúl Cordero Torres y Francisco Naranjo Llanos,Vicepresidente y Director  de la Fundación Abogados de Atocha

Gente decente en el Congreso de los Diputados.

Rueda de prensa del PCE en Junio de 1977

En los distintos actos celebrados en estas fechas del 39 aniversario, para recordar y homenajear a los Abogados de Atocha —cuando un año más se conmemora un nuevo aniversario de su asesinato— surgen con frecuencia reflexiones y preguntas ante ciertas descalificaciones hacia la historia de la Transición en España. Estas críticas proceden, en demasiadas ocasiones, de dirigentes de algunas organizaciones políticas llamadas “emergentes”, que muchos sitúan en la izquierda, aunque ellos prefieran definirse desde una supuesta “centralidad del tablero”, un concepto tan ambiguo como revelador de su voluntad de situarse equidistantes entre derecha e izquierda.

Desde esta perspectiva, comparto una reflexión personal.

Si aquellos mártires de la libertad —los Abogados de Atocha, vilmente asesinados en enero de 1977— hubieran sobrevivido, hoy seguirían defendiendo el proyecto político que su partido, el PCE, impulsó durante la Transición y que, con todas sus limitaciones y en función de la correlación de fuerzas del momento, quedó reflejado en la Constitución de 1978. Seguramente mostrarían también su indignación ante la tergiversación —o el desconocimiento— de quienes hoy hablan con demasiada ligereza de “pacto de castas” o de “régimen del 78”.

Conviene recordar que en aquellos años no hubo concesiones gratuitas al franquismo. Los avances democráticos y los derechos conquistados fueron fruto de la lucha colectiva: de las movilizaciones en las calles, de las huelgas del movimiento obrero, del papel decisivo del sindicalismo de clase —con CCOO a la cabeza— y de las campañas por la libertad y la amnistía que movilizaron a toda una sociedad comprometida con la democracia.

Hoy, algunos pretenden erigirse en “la gran esperanza blanca” de una ciudadanía legítimamente indignada por las injusticias sociales y laborales. Sin embargo, pierden credibilidad política e histórica cuando, con una osadía injustificada, desprecian la memoria de la Transición repitiendo eslóganes como “pacto de castas”, “régimen del 78” o afirmaciones tan simplistas como que “por primera vez llega gente normal y decente al Congreso”.

¿Acaso olvidan que en ese mismo Congreso estuvieron, porque así lo quiso los votos el pueblo español, figuras como Dolores Ibárruri, Santiago Carrillo, Rafael Alberti, Marcelino Camacho, Jordi Solé Tura, Cipriano García, Simón Sánchez Montero, Eduardo Saborido o Horacio Fernández Iguanzo?.  Muchos de ellos regresaban del exilio o salían de la cárcel, y todos lucharon en condiciones extremadamente difíciles para sacar a este país de la dictadura. Si ahora algunos se autoproclaman “los decentes”, ¿qué están insinuando sobre quienes les precedieron, que eran indecentes ?

Un poco de humildad y de respeto hacia nuestra historia reciente no vendría mal. Persistir en estos discursos demagógicos resulta, a mi juicio, tan injusto como ofensivo. Es equiparar, de manera inadmisible, a quienes arriesgaron —y en muchos casos entregaron— su vida por la democracia, con quienes dedicaron la suya a perpetuar privilegios y a explotar a la clase trabajadora.

Basta ya de despreciar el esfuerzo colectivo por la libertad. Basta ya de ningunear a quienes tuvieron el coraje y la generosidad de construir el futuro. Basta ya de trivializar nuestra historia con consignas vacías y alejadas de la realidad.

Para mí, que no quede ninguna duda, los Abogados de Atocha son y deben seguir siendo un referente. Entre otras cosas, nos recuerdan que los derechos sociales y laborales no se heredan: se conquistan y se defienden cada día. Mantener viva su memoria significa también mantener encendidos los valores que representaron y representan:  libertad, igualdad y justicia.

Ese es el compromiso de la Fundación Abogados de Atocha. Y por eso quiero concluir con las palabras del poeta Paul Éluard, que de tanto repetirlo, se ha convertido en nuestro lema:

“Si el eco de su voz se debilita, pereceremos.”

Francisco Naranjo Llanos, Director de la Fundación Abogados de Atocha y sindicalista de CCOO.