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LEMA DE ESTA BLOG: ... hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida. (Miguel Hernández)
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ELECCIONES SINDICALES 1975: “HA GANAO EL EQUIPO COLORAO"

Había oído hablar de aquella mítica portada de la revista "Doblón", de Julio de 1975, -ahora ha hecho 49 años- aunque quienes me contaban su historia la recordaban como portada de Cambio 16... En ella se observa a tres enanitos del cuento de Blancanieves, en referencia a los "enanos infiltrados" (feliz expresión de los franquistas más retrógrados, tales como Girón de Velasco y Blas Piñar),  pintando de rojo la sede del sindicato vertical. El otro día la localicé... y aquí la comparto.

Portada de Doblón, Julio de 1975

Antes de continuar comentar que Doblón, la revista que publico esta noticia en portada, fue un semanario de información económica, fundado y dirigido por el periodista José Antonio Martínez Soler en 1974. Doblón fue ejemplo de prensa beligerante con la dictadura a través de la crítica a los poderes fácticos y familias políticas del franquismo. Durante su breve existencia, - Doblón duro un par de años- en un periodo de cambio constante y a pesar de su aparente carácter económico, no renunció a informar sobre la actualidad política del país contribuyendo a incrementar el espíritu crítico de la prensa y de la sociedad española.

La historia nos recuerda que  el 30 de junio de 1975 terminaba la primera fase de las últimas elecciones sindicales del régimen dictatorial franquista,  para elegir los puestos de enlaces sindicales en las empresas, que tenían lugar bajo los estertores de la dictadura  –Franco murió el 20 de noviembre de ese mismo año-  caracterizado, en su aspecto sindical, por el modelo de sindicato verticalista del régimen dictatorial.

Dos características principales tuvieron estas elecciones. La primera, por un lado, el ánimo de algunas centrales sindicales de clase como CCOO, entonces ilegales, por copar los máximos puestos posibles dentro de la estructura sindical existente y por otro los verticalistas que quería continuar en el poder sindical, apoyados por todos los jerarcas del régimen.  La segunda, en gran parte, consecuencia de la anterior, fue la gran afluencia de personas trabajadoras a las urnas.

En aquella ocasión, las candidaturas enfrentadas fueron la “unitaria y democrática” y la “oficialista”.  El resultado fue elocuente. La primera de ellas, considerada como “rupturista”, se apuntó alrededor del 30 por 100 de los puestos a cubrir, frente a otro 30 por 100 obtenido por los “reformistas” y el 20 por 100 de los “inmovilistas e Independientes”.

Las “candidaturas unitarias y democráticas” estaban integrada en su mayoría por miembros de Comisiones Obreras (CC.OO.) y la Unión Sindical Obrera (U.S.O.), apoyadas especialmente  por el Partido Comunista de España, (PCE), el Partido del Trabajo (PTE) y la Organización Revolucionaria de Trabajadores,(ORT), todos ellos por aquel entonces ilegales y por tanto en la clandestinidad. 

Por su parte la Unión General de Trabajadores (UGT), decidió boicotear dichas elecciones, aunque algunos de sus miembros formaron parte de las candidaturas unitarias y democráticas.

La desaparecida revista Doblón,  en su número 38, del 5 de julio de 1975, y bajo el título de “Elecciones sindicales: Ha ganao el equipo colorao", publicó en portada y además en páginas interiores,  un exhaustivo informe sobre los resultados de las que fueron las últimas elecciones sindicales del franquismo y que corroboraron el sentimiento democrático del movimiento obrero español en aquellas fechas de incertidumbre política y social.

En el enlace que podéis abrir a continuación, se pueden observar  y analizar detenidamente los resultados globales de esas elecciones sindicales. Pinchar aquí: Elecciones Sindicales 1975.

Ahora es impensable, que una revista,  periódico,  medio de comunicación cualquiera,  su portada y su principal noticia, abra con la victoria de una central en unas elecciones sindicales. Gracias José Antonio Martínez Soler por echarle "bemoles" y publicar esa portada, sabiendo además, que no le iba a hacer nada de gracia a los gerifaltes del  régimen franquista.  Por cierto durante su etapa al frente del semanario Doblón, Martínez Soler, en marzo de 1976, sufrió un secuestro durante el que fue torturado y sometido a una ejecución simulada para obtener de él información sobre las personas que le dieron información para un reportaje sobre la Guardia Civil.

Manifestación en Madrid, en protesta por el secuestro de Martínez Soler 
Comento todo esto porque sindicalmente hablando yo soy de “la promoción de la transición” democrática de la dictadura a la democracia en España. Por aquel entonces trabajaba en las estaciones de RENFE de Imperial y Peñuelas y algunos amigos me convencieron para ir en las listas de las candidaturas  “Democráticas y Unitarias”, impulsadas por CCOO al Sindicato Vertical y por primera vez fui elegido enlace sindical en un órgano de representación sindical, en junio de 1975.

Un año después,  ya en 1976, aun en clandestinidad, conjuntamente con otros muchos compañeros y compañeras, constituimos  el “Pleno de Representantes Ferroviarios”, órgano de representación unitaria de RENFE, con el que firmamos a finales de ese año el Primer Convenio Colectivo de la compañía ferroviaria.

A partir de 1978, ya en las primeras elecciones sindicales en democracia, fui elegido de nuevo representante sindical por CCOO, así como secretario del Comité Intercentros de RENFE y responsable de comunicación  de CCOO en el sector ferroviario hasta 1987. A continuación  pase a CCOO de Madrid, pero esa ya es otra historia.

Francisco Naranjo Llanos, Director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.

 


Gente decente en el Congreso de los Diputados.

Rueda de prensa del PCE en Junio de 1977

En los distintos actos celebrados en estas fechas del 39 aniversario, para recordar y homenajear a los Abogados de Atocha —cuando un año más se conmemora un nuevo aniversario de su asesinato— surgen con frecuencia reflexiones y preguntas ante ciertas descalificaciones hacia la historia de la Transición en España. Estas críticas proceden, en demasiadas ocasiones, de dirigentes de algunas organizaciones políticas llamadas “emergentes”, que muchos sitúan en la izquierda, aunque ellos prefieran definirse desde una supuesta “centralidad del tablero”, un concepto tan ambiguo como revelador de su voluntad de situarse equidistantes entre derecha e izquierda.

Desde esta perspectiva, comparto una reflexión personal.

Si aquellos mártires de la libertad —los Abogados de Atocha, vilmente asesinados en enero de 1977— hubieran sobrevivido, hoy seguirían defendiendo el proyecto político que su partido, el PCE, impulsó durante la Transición y que, con todas sus limitaciones y en función de la correlación de fuerzas del momento, quedó reflejado en la Constitución de 1978. Seguramente mostrarían también su indignación ante la tergiversación —o el desconocimiento— de quienes hoy hablan con demasiada ligereza de “pacto de castas” o de “régimen del 78”.

Conviene recordar que en aquellos años no hubo concesiones gratuitas al franquismo. Los avances democráticos y los derechos conquistados fueron fruto de la lucha colectiva: de las movilizaciones en las calles, de las huelgas del movimiento obrero, del papel decisivo del sindicalismo de clase —con CCOO a la cabeza— y de las campañas por la libertad y la amnistía que movilizaron a toda una sociedad comprometida con la democracia.

Hoy, algunos pretenden erigirse en “la gran esperanza blanca” de una ciudadanía legítimamente indignada por las injusticias sociales y laborales. Sin embargo, pierden credibilidad política e histórica cuando, con una osadía injustificada, desprecian la memoria de la Transición repitiendo eslóganes como “pacto de castas”, “régimen del 78” o afirmaciones tan simplistas como que “por primera vez llega gente normal y decente al Congreso”.

¿Acaso olvidan que en ese mismo Congreso estuvieron, porque así lo quiso los votos el pueblo español, figuras como Dolores Ibárruri, Santiago Carrillo, Rafael Alberti, Marcelino Camacho, Jordi Solé Tura, Cipriano García, Simón Sánchez Montero, Eduardo Saborido o Horacio Fernández Iguanzo?.  Muchos de ellos regresaban del exilio o salían de la cárcel, y todos lucharon en condiciones extremadamente difíciles para sacar a este país de la dictadura. Si ahora algunos se autoproclaman “los decentes”, ¿qué están insinuando sobre quienes les precedieron, que eran indecentes ?

Un poco de humildad y de respeto hacia nuestra historia reciente no vendría mal. Persistir en estos discursos demagógicos resulta, a mi juicio, tan injusto como ofensivo. Es equiparar, de manera inadmisible, a quienes arriesgaron —y en muchos casos entregaron— su vida por la democracia, con quienes dedicaron la suya a perpetuar privilegios y a explotar a la clase trabajadora.

Basta ya de despreciar el esfuerzo colectivo por la libertad. Basta ya de ningunear a quienes tuvieron el coraje y la generosidad de construir el futuro. Basta ya de trivializar nuestra historia con consignas vacías y alejadas de la realidad.

Para mí, que no quede ninguna duda, los Abogados de Atocha son y deben seguir siendo un referente. Entre otras cosas, nos recuerdan que los derechos sociales y laborales no se heredan: se conquistan y se defienden cada día. Mantener viva su memoria significa también mantener encendidos los valores que representaron y representan:  libertad, igualdad y justicia.

Ese es el compromiso de la Fundación Abogados de Atocha. Y por eso quiero concluir con las palabras del poeta Paul Éluard, que de tanto repetirlo, se ha convertido en nuestro lema:

“Si el eco de su voz se debilita, pereceremos.”

Francisco Naranjo Llanos, Director de la Fundación Abogados de Atocha y sindicalista de CCOO.