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LEMA DE ESTA BLOG: ... hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida. (Miguel Hernández)

Cada pancarta exige, cada voto transforma

 

Puerta del Sol, lunes 5 de octubre de 2026

Hoy he estado en Madrid por asuntos médicos. La edad no perdona. Y ya que estaba en la capital, he aprovechado para acercarme a la Puerta del Sol y conocer de primera mano la acampada reivindicativa por una vivienda digna. Quería ver con mis propios ojos lo que allí estaba ocurriendo y, sobre todo, trasladar mi apoyo y solidaridad a las personas acampadas.

Al llegar, inevitablemente, me vinieron a la memoria otros tiempos: las grandes concentraciones y manifestaciones sindicales, las huelgas generales, los Primeros de Mayo y tantas movilizaciones en las que miles de trabajadores salíamos a la calle para reivindicar derechos que hoy consideramos irrenunciables.

Y, aunque eran aproximadamente las doce de la mañana, había bastante animación, tanto entre quienes participan en la acampada como entre los numerosos visitantes que transitaban por la Puerta del Sol. La reivindicación estaba allí, visible, ocupando el espacio público y recordándonos que el problema de la vivienda no es una cuestión secundaria ni una preocupación exclusiva de los jóvenes.

Porque los jóvenes de ayer, de hoy y de mañana tienen, como es lógico, sus propias prioridades. Y entre ellas hay una que considero fundamental: no se trata únicamente de vivir para trabajar, sino de que el empleo y los salarios permitan construir un proyecto de vida.

Y para construir ese proyecto de vida hace falta algo tan elemental como poder acceder a una vivienda digna y asequible, ya sea en propiedad o en alquiler. No parece razonable que trabajar, tener un salario y cumplir con las obligaciones no sea suficiente para poder independizarse, formar una familia o, simplemente, vivir con un mínimo de estabilidad.

Por eso considero importante la acampada reivindicativa de la Puerta del Sol. Porque las sociedades democráticas necesitan ciudadanos que se movilicen, que protesten, que reivindiquen y que hagan visibles sus problemas. Las pancartas, las concentraciones, las manifestaciones y las huelgas forman parte de esa democracia que hemos construido entre todos.

Pero también creo que la movilización social y la participación política no deberían caminar por separado.

La calle expresa el malestar y formula las reivindicaciones. Las instituciones tienen la responsabilidad de convertir esas demandas en leyes, presupuestos y políticas públicas. Y las urnas son una de las herramientas que tiene la ciudadanía para decidir qué propuestas y qué políticas quiere respaldar.

De ahí el título de este artículo: cada pancarta exige, cada voto transforma.

El próximo 29 de noviembre tendremos una nueva oportunidad para comprobar hasta qué punto somos capaces de unir ambas cosas: la movilización social y la participación electoral. La reivindicación de una vivienda digna necesita presencia en las calles, pero también necesita que quienes tienen responsabilidades institucionales sean conscientes de la dimensión del problema y actúen en consecuencia.

En este sentido, la huelga general por una vivienda y un salario digno y por la moderación de precios,  convocada por CCOO y UGT, se sitúa también dentro de ese proceso de movilización social. Más allá de las legítimas diferencias que pueda haber sobre las formas, las estrategias o las medidas concretas, lo importante es que el problema de la vivienda ha dejado de ser una preocupación individual para convertirse en una cuestión social y política de primer orden.

Porque podemos llenar las plazas de pancartas, las calles de manifestantes y las redes sociales de mensajes. Y debemos hacerlo cuando existan razones para reivindicar. Pero si después la ciudadanía se desentiende de las decisiones que se toman en las instituciones, corremos el riesgo de que toda esa energía social no consiga traducirse en cambios concretos.

Por eso tampoco comparto la idea de quedarse en casa el 29N, o votar en blanco, porque ningún candidato o candidata nos parezca suficientemente cercano, porque no responda exactamente a nuestras expectativas o porque consideremos que unos son más "puros" que otros. En democracia, las discrepancias son legítimas y nadie debería renunciar a su capacidad crítica. Pero también conviene recordar que las decisiones políticas tienen consecuencias muy concretas sobre nuestras vidas: sobre el precio de la vivienda, los alquileres, los salarios, los servicios públicos o las condiciones laborales.

La política no se hace solamente en los parlamentos. También se hace en las calles, en los centros de trabajo, en las asociaciones vecinales, en los sindicatos y, por supuesto, en las urnas.

Yo, que he vivido muchos años de movilización sindical y he participado en más de una negociación colectiva, sé que las reivindicaciones rara vez se consiguen al cien por cien. Siempre existe una correlación de fuerzas y siempre hay que avanzar desde la realidad concreta. Por eso las conquistas sociales no suelen llegar de golpe: son el resultado de muchas luchas, muchas negociaciones y también muchas decisiones políticas.

La vivienda digna, es hoy por hoy, una de esas grandes batallas sociales.

Por eso, cuando veo una acampada en la Puerta del Sol, no veo solamente unas tiendas y unas pancartas. Veo a personas que están diciendo que quieren poder vivir, trabajar, emanciparse y construir su futuro sin que el acceso a una vivienda se convierta en una carrera de obstáculos.

Y recuerdo también que muchos de los derechos que hoy consideramos normales fueron, en su día, reivindicaciones que parecían difíciles de alcanzar. La movilización es necesaria. La protesta es necesaria. La organización social es necesaria. Y la participación democrática, votando libremente, también.

Ahora que sabemos quién ha votado a favor la regulación al decreto de los alquileres y quien lo ha hecho negativamente, tenemos más motivos para acudir a las urnas. Porque cada pancarta exige. Pero cada voto, cuando se ejerce libremente y de manera consciente, también puede transformar.

Yo como siempre, desde las primeras elecciones democráticas en España, -hace ya casi 50 años-, votare con quien vaya Izquierda Unida, sin siquiera mirar los nombres de la lista. Cada uno es libre de elegir el voto que considere, pero por favor reflexionemos y no votemos a quienes una y otra vez, en el Congreso, en las Comunidades Autónomas y en los Ayuntamientos, se sitúan contra los intereses de la clase trabajadora.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.      

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