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| Retrato de Miguel Hernández que pinto y me regalo dedicado el artista Pepe Molleda |
A Miguel Hernández, la voz que
perdura...
Cada 21 de marzo, con motivo del
Día Mundial de la Poesía, la memoria literaria nos invita a regresar a aquellas
voces que han dado sentido, profundidad y dignidad a la palabra. Entre ellas, para
mi, destaca con especial fuerza la de Miguel Hernández, poeta del pueblo y
figura esencial de la literatura española del siglo XX.
Nacido en Orihuela en 1910 y
fallecido en Alicante en 1942, a los 31 años, su trayectoria vital quedó
trágicamente marcada por la Guerra Civil, la represión y la enfermedad. Sin
embargo, la brevedad de su vida contrasta con la intensidad y la permanencia de
su obra, que ha sabido atravesar el tiempo hasta instalarse con firmeza en la
conciencia colectiva.
Hoy, sus versos forman parte del
patrimonio cultural compartido. Poemas como Nanas de la cebolla, El
niño yuntero o Para la libertad han alcanzado una amplia difusión,
en gran medida gracias a la música y a la recuperación de su figura en
democracia. No obstante, conviene recordar que durante años su obra permaneció
silenciada, relegada a ediciones extranjeras y a una circulación casi
clandestina en el interior de España.
Fue precisamente a través de esas
lecturas discretas como muchos descubrimos a Miguel Hernández. En mi caso, el
encuentro se produjo en 1967, con Vientos del pueblo, un libro que no
solo revelaba a un poeta de extraordinaria fuerza expresiva, sino también una mirada
distinta sobre la realidad del país. Aquella lectura supuso una toma de
conciencia: la intuición de que existía otra España, más profunda y sobre todo más
silenciada.
Miguel Hernández no fue
únicamente un escritor de talento excepcional; fue, ante todo, una voz
comprometida con su tiempo, con el sufrimiento y con la dignidad de los más
humildes. Esa condición explica, en gran medida, la vigencia de su obra. Su
poesía no pertenece únicamente al pasado, sino que continúa interpelando al
presente y proyectándose hacia el futuro.
Con el paso de los años, su
figura no ha dejado de crecer. Cabe pensar que, cuando el tiempo haya borrado
tantos nombres, el suyo seguirá ocupando un lugar central. Él mismo lo expresó
con palabras que hoy conservan toda su fuerza: “Los poetas somos viento del
pueblo: nacemos para pasar soplando a través de sus poros”.
En esa imagen perdura el sentido
último de su obra. Y en ese viento, que aún nos alcanza, sigue viva la voz de
Miguel Hernández.
Francisco Naranjo Llanos,
director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.

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