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LEMA DE ESTA BLOG: ... hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida. (Miguel Hernández)
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La histórica Marcha Negra del 92 en la memoria.

 

La Marcha negra a su llegada a Madrid

Han pasado más de tres décadas, pero el eco de aquella caminata sigue resonando en la memoria colectiva. La llamada Marcha Negra de 1992 no fue solo una protesta laboral: fue una de las movilizaciones más simbólicas del movimiento obrero en la España reciente.

Corría marzo de 1992 cuando cerca de 500 mineros de la Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP) emprendieron un viaje que marcaría una época. Partieron desde Villablino, en la comarca leonesa de Laciana, con un objetivo claro: defender sus puestos de trabajo ante el inminente cierre del Pozo María, una decisión que dejaba en el aire el futuro de 200 trabajadores y amenazaba con ser el principio del fin de toda la actividad minera en la zona.

La situación era límite. El valle entero se había movilizado durante semanas entre huelgas, protestas y encierros. Ocho dirigentes sindicales permanecían encerrados en el pozo Calderón, mientras en la calle se sucedían los enfrentamientos con las fuerzas antidisturbios. En ese contexto de tensión, los mineros optaron por una respuesta distinta: caminar hasta Madrid. Una marcha pacífica como alternativa a la represión.

Como dejó escrito un cronista de la época, “mil pies y la solidaridad de miles de personas a lo largo de cerca de 500 kilómetros y 18 largas jornadas fueron sus únicas armas”. Aquellos hombres atravesaron la provincia de León, dejaron atrás Benavente, fueron ovacionados en Valladolid y cruzaron la meseta castellana acompañados por el apoyo popular. A cada paso, crecían la emoción y la conciencia de estar protagonizando algo histórico. (Ver breve video de la marcha).

La entrada en Madrid fue apoteósica. Los mineros llegaron como héroes, entre aplausos, vítores y el canto de Santa Bárbara Bendita. Su primera parada en la región fue en Villalba, desde donde continuaron hasta Aravaca. Pasaron la noche en un polideportivo de Aluche antes de afrontar la última etapa: la entrada por Moncloa y la manifestación frente al Ministerio de Industria.

El 25 de marzo de 1992, miles de personas se congregaron para recibirlos y acompañarlos en el tramo final. Mientras el Gobierno de Felipe González respondía con silencio, la ciudadanía madrileña les ofrecía un respaldo masivo y emocionado.

Al día siguiente, los sindicalistas encerrados en el pozo Calderón salieron a la superficie. El 31 de marzo se firmó un acuerdo de mínimos. Fue una victoria ajustada, pero victoria, al fin y al cabo.

En el camino quedaron también innumerables historias de solidaridad. Como la de una niña de apenas ocho años que, al paso de la marcha por un pueblo de Valladolid, entregó 25 pesetas a uno de los mineros. O la de Bembibre, donde muchos vecinos, en lugar de comprar papeletas de 100 pesetas para financiar la marcha, llegaron a entregar billetes de 1.000 pesetas.

Uno de los portavoces, Javier Rubio, de CCOO, relataba cómo, tras una jornada en Valladolid, descubrió su mano hinchada de tanto estrechar manos. Un detalle sencillo que resume el impacto humano de aquella marcha.

Con el Casco de la Marcha Negra, que me regalo Javier Rubio 

Durante su estancia en Madrid, compartí con ellos y sobre todo con Javier Rubio, entrevistas en periódicos y emisoras de radio. Antes de regresar a Villablino, quiso agradecer ese trabajo con un gesto inolvidable: me regaló su casco de minero, con la pegatina de Laciana. Aún hoy lo conservo en mi despacho como símbolo de aquella lucha.

Y aunque esta crónica parezca centrarse únicamente en los hombres, es de justicia rescatar del silencio la presencia de las mujeres: alma discreta pero imprescindible del entramado social que sostuvo la Marcha Negra. Fueron ellas un pilar firme en la sombra, el sostén logístico de cada jornada, las manos que atendían las heridas de los caminantes al final de cada etapa, entre muchas otras tareas esenciales en apoyo de la lucha por la defensa de la comarca de Laciana.

Veinte años después, en 2012, otra Marcha Negra volvió a recorrer España, para terminar en Madrid, esta vez desde distintos puntos del país. Y, una vez más, la respuesta fue la misma: calles llenas, apoyo popular y una reivindicación que sigue vigente. Porque, al final, la historia de aquellas marchas no habla solo del carbón, sino de algo mucho más profundo: la dignidad de quienes luchan por su trabajo y su tierra.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.

LA MARCHA NEGRA DE 1992

Hay una lumbre en Asturias
que calienta España entera,
y es que allí se ha levantado,
toda la cuenca minera...
Empezaron los mineros
y los obreros fabriles.
Si siguen los campesinos
seremos cientos de miles.
                                                               (De un poema de Marcos Ana)

Hace 20 años -en marzo de 1992- hubo una gran marcha negra. El motivo principal, la defensa del empleo, pues para reducir perdidas había que cerrar el Pozo María situado en el pueblo de Villablino (León), con lo cual perdían su puesto de trabajo 200 mineros.

 Todo el Valle de Laciana se movilizó para que la amenaza de cierre del Pozo María no fuera el primer paso para el cese de toda la actividad minera de la comarca, tras la posible quiebra de la legendaria Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP).

 Después de muchos días de movilizaciones en la comarca, huelgas y con ocho compañeros dirigentes sindicales, encerrados dentro del pozo minero Calderón  y tras varios enfrentamientos con los antidisturbios, los mineros decidieron emprender una nueva forma de lucha: Ir andando hasta Madrid para reivindicar el mantenimiento de los puestos de trabajo en la zona de Laciana. Esa fue la respuesta pacífica de los mineros lacianiegos como respuesta a las cargas de los antidisturbios.

Como decía un cronista de la época: “1000 pies  y la solidaridad de miles de personas a lo largo de cerca de 500 kilómetros y 18 largas jornadas fueron sus pacíficas armas. Casi 500 mineros conmovieron al país entero. La gesta surcó la provincia de norte a sur hasta dejarla atrás en Benavente, cosechó ovaciones en Valladolid y atravesó la ancha Castilla. Los  mineros entraron en Madrid como héroes, vitoreados y cantando a Santa Bárbara Bendita”.  

La primera parada que hicieron en la región de Madrid fue en Villalba. De ahí hasta Aravaca  y al día siguiente la entrada a Madrid por Moncloa. Después y antes de la manifestación ante el Ministerio de Industria pernoctaron en un polideportivo de Aluche. En todos los sitios muchas personas les daban la bienvenida, pero lo de Moncloa y ante el Ministerio fue donde más había.

Entrando en Madrid el 25 de marzo de 1992

El 25 de marzo de 1992 miles de personas estaban en  Moncloa para recibirles y acompañarles hasta el final de su recorrido que era el Ministerio de Industria. El Gobierno de Felipe González contestó con el silencio al paso firme de la marcha negra, pero los madrileños los recibieron con un gran aplauso de bienvenida.  

Al día siguiente salieron los encerrados del Pozo Calderón  y el 31 de marzo se firmó un acuerdo de mínimos. Fue una victoria por la mínima pero victoria al fin y al cabo  Por el camino se quedaron cientos  de anécdotas y  la solidaridad de miles de personas.

La solidaridad, por ejemplo, de una niña de unos ocho años que al paso por un pueblo de Valladolid se acercó a uno de los mineros  le dio la mano y a su vez le dejo 25 pesetas. O en Bembibre, que por papeletas que costaban 100 pesetas para financiar la Marcha, mucha gente daba billetes de 5.000.

 Uno de los portavoces de la marcha, creo se llamaba Javier Rubio, -y sé que era de CCOO- me contaba cosas como cuando después de pasar por Valladolid, cuando llego al lugar donde pernoctaban,  sorprendentemente se dio cuenta que tenía una gran hinchazón  en su mano derecha y era el resultado de haber dado la mano a muchísimas personas. Esta anécdota siempre la he recordado y la vuelvo a recordar hoy  para plasmarla en esta breve crónica de aquella marcha.

Marcha minera de Villalbino 1992

Estuve con este compañero de CCOO en las entrevistas con varios periódicos y  emisoras de radio durante el par de días que estuvieron en la región madrileña. También recuerdo que lo acompañe a Hora 25 de la cadena Ser. El compañero antes de irse de vuelta a  Villablino, quiso agradecerme mi labor con los medios de comunicación y me hizo el mejor regalo que puede hacer un minero. Nada menos que me regalo su casco de minero adornado con la pegatina de LACIANA. Para mí fue una gran alegría. Aun lo conservo en el despacho.

Ahora, 20 años después, que viene otra Marcha Negra a Madrid desde varios puntos de España, -también del Valle de Laciana- estoy convencido que la clase obrera madrileña y de todos los pueblos de España por donde pasen, volverán a echarse a la calle para estar con esos valientes mineros que lo único que piden es conservar sus puestos de trabajo. 


No digo más, pero el 10 y 11 de Julio de 2012, seguro que el pueblo de Madrid estará con ellos. Y así fue, pero esa es otra historia.



RONTEKY