Al igual que enero es un mes
cargado de fechas inolvidables, aunque marcadas por el dolor y la tragedia,
junio también guarda en la memoria fechas imborrables, pero ligadas al
reconocimiento merecido de nuestros queridos Abogados de Atocha.
Plaza de Antón Martin (Madrid). Monumento El Abrazo de Juan Genovés, inaugurado el 10 de junio de 2003.
El 2 de junio de 2005 quedó constituida
oficialmente la Fundación Abogados de Atocha, haciendo realidad el acuerdo
aprobado en el Congreso de CCOO de Madrid celebrado en mayo del año anterior. (Pinchar aquí).
Pero antes, también en junio,
concretamente el 10 de junio de 2003, tuvo lugar la inauguración del grupo
escultórico El abrazo, de Juan Genovés, situado en la plaza de Antón
Martín, en Madrid. Recordar aquella fecha me despierta innumerables recuerdos,
porque hay memorias que no se apagan. Permanecen aferradas al tiempo, tercas y
vivas, negándose a ceder al olvido. La memoria de los Abogados de Atocha es una
de ellas.
Cada año, cuando llega enero y se
recuerda el asesinato de los Abogados de Atocha en 1977, la memoria vuelve a
hacerse presente en Atocha 55 y sus alrededores. Allí donde la violencia franquista
quiso imponer el miedo, sigue latiendo el recuerdo de unas vidas truncadas
demasiado pronto. No eran solo nombres; representaban una manera de entender la
dignidad, la justicia y la esperanza. Y, junto a ello, permanece también el
dolor de sus familiares y amigos.
A comienzos de los años 2000,
cuando se acercaba el 25 aniversario de aquel atentado fascista que sacudió la
conciencia de todo un país, desde CCOO de Madrid dimos un paso más. Impulsamos
una idea sencilla y profundamente necesaria: que los municipios de la Comunidad
de Madrid mantuvieran viva la memoria de quienes fueron asesinados por defender
la libertad y la justicia. Queríamos que sus nombres no quedaran suspendidos en
el aire, sino anclados para siempre en calles, plazas y parques; en la vida
cotidiana de la gente.
La respuesta fue generosa. Más de
veinticinco municipios madrileños recogieron el testigo de la memoria y
dedicaron espacios públicos a los Abogados de Atocha o a algunos de sus
miembros. Sin embargo, persistía un silencio especialmente doloroso: el del
Ayuntamiento de Madrid.
En El Abrazo habitan
pequeños fragmentos de la vida de muchas personas
La capital del Estado seguía sin
ofrecerles un lugar de reconocimiento. Ni las firmas recogidas, ni las voces
que reclamaban justicia y memoria, lograban abrir aquella puerta. El olvido
institucional parecía imponerse, frío y obstinado.
Pero en 2002 el Ayuntamiento
rectificó. A propuesta de IU y PSOE, y con el acuerdo unánime de todos los
grupos municipales, se aprobó rendir homenaje a los Abogados de Atocha en la
plaza de Antón Martín. No fue solo una decisión política; fue también una deuda
moral que comenzaba, por fin, a saldarse con quienes habían entregado su vida
por la democracia.
Desde CCOO de Madrid pensamos
entonces que aquel homenaje debía contar con un símbolo a la altura de lo que
representaba. Y ese símbolo ya existía: El abrazo, de Juan Genovés. Una
imagen convertida en icono universal de reconciliación, solidaridad y
esperanza. Propusimos al artista transformar aquella pintura en una escultura.
Recuerdo la visita a su estudio
de Aravaca como se recuerdan los momentos que dejan huella sin que uno sea
plenamente consciente de ello. Juan Genovés aceptó. Y en aquel sí había mucho
más que una aprobación artística: había compromiso, emoción compartida y
memoria colectiva.
Después llegaron las reuniones,
las gestiones y las conversaciones necesarias para convertir aquella idea en
realidad. Finalmente, el 10 de junio de 2003, El abrazo se hizo materia
en el corazón de Madrid. Allí, en la plaza de Antón Martín, a pocos pasos de
Atocha 55, quedó instalada la escultura: hombres y mujeres fundidos en un
abrazo que desafiaba la violencia y respondía al odio con humanidad.
Aquel mismo día, por uno de esos
caprichos de la historia, en la Asamblea de Madrid se desarrollaba otro
episodio que también dejaría huella: el llamado El Tamayazo. Dos escenas
muy distintas cruzándose en una misma fecha. Una representaba la traición y la
división; la otra, el consenso, la concordia y la memoria democrática.
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| Maqueta de El Abrazo de Juan Genovés, que después se convirtió en grupo escultórico, situado en la Plaza de Antón Martin. |
Pero vuelvo a lo esencial. Porque
cada vez que contemplo hoy la escultura siento que también encierra algo
profundamente personal. En aquellos años yo era responsable de Comunicación de
CCOO de Madrid y participé directa y personalmente en el proceso que hizo
posible que El abrazo dejara de ser únicamente un cuadro para convertirse
primero en maqueta, después en monumento y, con el paso del tiempo, en Lugar de
Memoria Democrática. (Pichar aquí)
Por eso, cuando paso por la plaza
de Antón Martín y miro la escultura, pienso —sin arrogancia, pero con íntima
emoción— que en ese bronce también habitan pequeños fragmentos de la vida de
quienes lucharon para que aquel monumento existiera. Y, con un cierto orgullo,
debo reconocer que uno de esos pequeños fragmentos también es mío.
Ah, y, por cierto, otra fecha
inolvidable del mes de junio —al menos para mis padres y para mí— fue mi
nacimiento. Yo también nací en junio, concretamente el 23 de junio de 1946.
Pero esa ya es otra historia de bastante de menor interés que la que aquí he
querido recordar.
Francisco Naranjo Llanos,
director de la Fundación Abogados de Atocha (2013-2014) y sindicalista de CCOO.

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