LEMA DE ESTE BLOG...

LEMA DE ESTA BLOG: ... hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida. (Miguel Hernández)

LAS PROSERPINAS DEL MUNDO

La leyenda cuenta que el origen de la Primavera radica en este rapto, pues cuando Proserpina es llevada 
a los Infiernos, las flores murieron, pero cuando regresa, las flores renacen por la alegría del retorno de la joven. 

 PROSERPINA LA DIOSA

Proserpina era una diosa romana. Es la equivalente en la mitología romana a la diosa griega Perséfone. Es hija de Júpiter y Ceres y cuyo mito de su rapto por Plutón, dios del Infierno, es en realidad una metáfora del ciclo de la primavera.

Esta es la historia: En el deseo de encontrarle pareja a Plutón, que vivía solo en el reino de la oscuridad, interviene Venus, la diosa del amor, que manda a Cupido a que lance sus flechas sobre él. Y estando Proserpina en Sicilia bañándose feliz con otras ninfas, Plutón la vio y se enamoró perdidamente, raptándola para casarse con ella y convertirla en la reina del infierno.

Cuando desapareció Proserpina, Ceres, su madre, empezó a buscarla desconsolada por todos los rincones del mundo sin encontrar ni rastro de ella. Con el paso del tiempo su tristeza y enojo fue en aumento, y como ella era precisamente la diosa de la tierra y de su capacidad de germinar, según se iba enfureciendo iba secando los campos que pisaba, convirtiendo en desierto los lugares por los que pasaba.

Así las cosas, cuando la tierra estaba a punto de convertirse en un erial, Júpiter decidió tomar cartas en el asunto y mandó a Mercurio, el mensajero de los dioses, a convencer a Plutón de que liberara a Proserpina. Pero Plutón no estaba dispuesto a desprenderse de su esposa tan fácilmente y por ello obligó a Proserpina a comer seis semillas de granada, la fruta que simboliza la fidelidad. Con ello consiguió que Proserpina repartiera su vida entre su madre y su esposo, de tal manera que seis meses estuviera con Plutón y seis meses con su madre Ceres.

Y este es el origen de la primavera, pues cuando Proserpina vuelve con su madre, Ceres decora la tierra con flores de bienvenida, pero cuando en el otoño vuelve con Plutón, la naturaleza pierde sus colores como si se contagiara de la tristeza de Ceres.

PROSERPINA EMBALSE

De esta diosa, debe su nombre el embalse de Proserpina, más conocido por los habitantes de Mérida –emeritenses- como La Charca. Este lago de origen romano se comenzó a construir en el siglo I antes de Cristo y está situado a 5 km al norte de Mérida. Recoge las aguas de dos arroyos y tiene una capacidad de alrededor de 4 hm³. Durante la epoca romana, este embalse fue el mas importante para proveer de agua a Augusta Emerita, la capital de la antigua Lusitania.

Embalse de Proserpina, conocida popularmente como "la Charca" (Mérida)

Después de miles de años, el buen estado de conservación actual  se debe a que tras la caída del Imperio Romano, además de su función de abastecimiento de Emérita Augusta, actualmente Mérida,  a través del Acueducto de los Milagros, el lago artificial ha sido siempre una popular zona de baño y recreo, por lo que se continuó cuidando, modificando y mejorando.

El embalse de Proserpina, así como el de Cornalvo, forman parte de la denominación Conjunto Arqueológico de Mérida, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1993 por la Unesco.

PROSERPINA ESTACIÓN

Pero no, yo hoy no quería hablar solo de estas dos “Proserpina”, quería hacerlo mas ampliamente de una tercera Proserpina. Una pequeña estación de tren, lugar donde di mis primeros pasos por la vida.

Y a ello me pongo: Proserpina, la estación de ferrocarril, se inauguró en junio de 1937. La estación, un pequeño Apartadero en la línea Aljucén a Cáceres, se había construido con carácter urgente en menos de un año: “para agilizar el tráfico originado por la guerra civil en la zona”. El nombre de Proserpina se debe a la decisión de llamarla igual que el embalse que suministraba agua a la ciudad de Mérida en la época romana y del que hemos hablado anteriormente.

Se descartaron otros nombres posibles, como La Picona, Las Yeguas y La Jara, que pretendían los propietarios de las fincas con similares nombres, próximas a la estación. Después de casi 50 años de servicio en agosto de 1986 se clausuro con carácter definitivo dicha estación.

Estación de ferrocarril de Proserpina en el año 2015. Se cerro definitivamente en 1986.

Mi padre, que primero fue Obrero de Vías y Obras, viviendo en una casilla cerca de donde estaba la estación y después Mozo de Agujas en la propia estación, estuvo trabajando por esa zona desde los años 40 hasta los 60 del siglo pasado. Y en ese entorno nací y viví yo hasta 1962, que cumplidos los 15 años, nos trasladamos a Mérida. 

Teniendo en cuenta que a la edad que escribo estas líneas, me acuerdo con mayor nitidez de muchas de las anécdotas, vivencias e intrahistorias, que me pasaron viviendo allí, que lo que cene anoche, voy a contar algunas de ellas.

Pero antes, lo primero que quiero destacar es que en Proserpina aprendí a leer y escribir, e incluso un poco a pensar, sobre todo gracias a esos grandes maestros, que eran los encargados de la estación (Factores de Circulación, en las categorías ferroviarias), que fueron los que me dieron clases, hasta que con 12 años, comencé a desplazarme a la Escuela de Maestría Industrial de Mérida. Gracias a Cipriano Barrio, Vicente Rojas, Antonio Hidalgo y Juan Avalos y algún otro más que no recuerdo su nombre. Entre los niños que ibamos al "colegio" juntos, recuerdo a mi hermano Juan, a Alfonso y a las niñas Maria Luisa, Maribel y Mari, la hija de la señora Candela.

Año 1958: En el río Aljucen, afluente del Guadiana, con unas vecinas de la estación de Proserpina
 (Yo soy el niño de la derecha, tenia por entonces 12 años).

En cuanto a mis recuerdos de aquella época lo que más claro se refleja en mi memoria es lo relacionado con la comida. Hay que tener en cuenta que la guerra incivil del golpista Francisco Franco, había terminado hacia muy poco tiempo y los años llamados “del hambre”, estaban aún vigentes y ya sabéis que el hambre agudiza el ingenio.

Recuerdo cosas tales como que, durante muchos días, prácticamente la mitad de cada mes, con el cocido de garbanzos, teníamos para la comida del almuerzo, la cena y el desayuno. Es decir, garbanzos en el almuerzo, sopas de garbanzos por la noche y el tocino para las tostadas del desayuno. Un día sí y otro también. Reitero que estamos hablando de los años 50 del siglo pasado.

Para que os hagáis una idea general de la obsesión de hambre, os contare que en un momento dado, ya cerca de los años sesenta, conseguimos tener una cabra que se ordeñaba por las mañanas y que hacía posible que tuviéramos leche fresca casi todos los días. Pues bien, mi padre decidió que tenía que vender la cabra por la razón de que esta daba cada vez menos leche.      

Cuando ya estaba en trámites su venta, no quedó otro remedio que confesar que la culpa de que la cabra no diera leche no era de ella, sino de nosotros –mi hermano y yo- que por la noche antes de acostarnos íbamos a su redil y nos bebíamos la leche directamente desde sus ubres y claro era lógico que al día siguiente la pobre cabra diese poquísima leche.

En otra ocasión el señorito de turno, en este caso de una de las fincas colindantes a la estación, creo recordar que “El Chaparral”, contrato a mi padre, a mi hermano y a mí, para hacer de ojeadores en una cacería que habían organizado. Menudo día nos pasamos espantando conejos, liebres y perdices para que los amigos del señorito de turno se divirtieran en sus confortables puestos de caza.

Al final del día volvimos a casa, más contentos que unas pascuas, pues además del jornal ganado, íbamos cargados con varias piezas de caza que se habían “extraviado” durante la jornada. Ya teníamos para comer bien más de una semana. Años después, muchos años después y con motivo de ver la película de Miguel Delibes, “Los Santos Inocentes”, recordé esta agridulce anécdota.

En otras ocasiones, como vivíamos en una estación en pleno campo, bastante alejada de cualquier pueblo, íbamos a la compra cada mes en tren a Mérida o en asno prestado a Esparragalejo. 

Sobre el asno, recuerdo que al comienzo del año comprábamos un par de cerditos que a lo largo del año los cebábamos para la matanza. Vendíamos uno y el otro nos servia para tener embutidos hasta la siguiente temporada. Cuando íbamos a comprarlos mi padre y yo nos montábamos en el burro los dos pero a la vuelta metía mi padre a los dos cerditos en una parte del serón que llevamos y a mí y una piedra gorda en la otra parte para hacer contrapeso y él andando tirando del animal. Era raro el año que yo y los cerditos no salíamos rodando o tenía que gritar cuando estaba a punto de caerme del serón. En fin cosas de la vida...

En fin, como decía Bertol Brech: “después de las guerras, entre los vencidos, el pueblo llano pasa hambre; entre los vencedores, el pueblo llano la pasa también" y en nuestro caso, a pesar de que mi padre estuvo en el bando de “los vencedores”, no éramos una excepción.

Otro de los recuerdos que me ha venido muchas veces a la mente, eran los muchos y variados resfriados que cogía todos los años, especialmente en invierno, debido a que nunca tuve zapatos, siempre iba con alpargatas o con sandalias de goma con los dedos de los pies al aire. Cuando tuve los primeros zapatos –con 12 años- fueron de la marca “segarra”, la del famoso gorila, los de la famosa pelotita verde, con un par de números más de mi pie, pues tenían que durarme un mínimo de dos o tres años. Y por supuesto eran heredados de mi hermano Juan.


 Con mi padre José Mariá y mi hermano Juan, en los años finales de los 50 o comienzos de los 60.

Otra anécdota, esta menos triste, pero tan real como la vida misma. En una ocasión fui a Mérida al cine, a ver nada menos que a Joselito en su película “El pequeño ruiseñor”. La película fue lo de menos, lo gordo, para mi grave, fue que lo que me paso en la estación de Mérida, a las tantas de la noche, esperando a que saliera un tren de mercancías que nos llevara de vuelta a Proserpina.

Dando vueltas por los andenes me entraron unas enormes dudas que no dejaban de darme vueltas en la cabeza y empezaba a dudar hasta de mis “profesores” ferroviarios, pues me habían enseñado que solo había una luna y así era en Proserpina, pero no en Mérida, que veía con nitidez 8 o 10 lunas llenas.

Al día siguiente, ya de vuelta a Proserpina, le pregunte a mi padre por esa diferencia del planeta lunero entre una y otra estación. Sin necesidad de hablar con los profesores mi padre me saco de dudas: Eran los altos focos de luces de la estación de Mérida.

En fin, hay muchas más, pero como muestra creo que son suficiente. Por cierto, que allí, en aquella pequeña estación de ferrocarril, fui creciendo por fuera y por dentro, en esas edades es cuando más te ves crecer y al igual que Proserpina –la diosa- fue el origen de la primavera, Proserpina -la estación- fue para mí el origen de esa primavera de mi vida y ahora, que ya voy por el invierno, repaso lo que dice mi amiga y poeta Mercedes Blanco, fallecida recientemente, en su libro La Estación del Frío: (DEP compañera Mercedes).

Y en el andén del tiempo

Me he sentado a esperar

El penúltimo tren

Que me lleve a la Estación del Frío

Acaso sin regreso

 

Francisco Naranjo Llanos

Director de la Fundación Abogados de Atocha

P.D.- Agradezco a Antonio Hidalgo Rodríguez, uno de los Factores de Circulación en Proserpina (1957/1962), -uno de mis maestros-, los datos y fotografías sobre la estación y que me han servido mucho para completar esta breve intrahistoria sobre las Proserpinas del mundo.

ABOGADOS DE ATOCHA, EN ZAFRA SE PLANTO UN ÁRBOL

Este pasado 24 de enero hizo 42 años de aquel salvaje atentado de la extrema derecha fascista en el despacho de Atocha 55, atentado que segó  la vida a cuatro abogados y un sindicalista y dejo malheridos a otros cuatro abogados. A consecuencia de ese brutal atentado fallecieron los abogados:

-        Luis Javier Benavides Orgaz
-        Enrique Valdelvira Ibáñez
-        Serafín Holgado de Antonio
-        Francisco Javier Sauquillo y Pérez del Arco
-        Ángel Rodríguez Leal

Y resultaron gravemente heridos:

-        Mª Dolores González Ruiz
-        Luis Ramos Pardo
-        Miguel Sarabia Gil
-        Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell

Y un año más, coincidiendo con el 42 aniversario, en su memoria hemos salido a la calle a recordarles y homenajearles en Madrid y en otros pueblos de España.

En esta ocasión en el acto central, realizado en el Auditorio Marcelino Camacho, de CCOO de Madrid,  además de recordarles, la Fundación Abogados de Atocha entregó su premio anual al Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio de México y el reconocimiento al colectivo de cantautores y cantautoras por la libertad.

En la región madrileña el primer acto fue en Alcorcón el 18 de enero y el último, por ahora, en Alcobendas el 6 de febrero, entre ambos ha habido actos en Getafe, Rivas, Coslada, Leganés, Parla y Pinto. Fuera de Madrid, desde la Fundación que sepamos, se ha realizado reconocimientos en Salamanca, Zamora, Palencia y Zafra. En la mayoría de ellos. además de otras fuerzas políticas y sociales, ha participado activamente la Fundación Abogados de Atocha y CCOO.

Pero en este breve artículo me quiero referir especialmente al organizado en Zafra (Extremadura), por un grupo de jóvenes antifascistas  y en el que he tenido el honor de participar, disertando sobre la historia del criminal atentado de los Abogados de Atocha 55  y su contexto político y social.

La jornada se celebro el sábado 2 de Febrero a última hora de la tarde, en la sede de la librería La Industrial y comenzó  con la proyección de un reportaje-documental titulado “Abogados de Atocha: Memoria Viva”, la presentación por parte de Beatriz Blanco, una de las administradoras de la Librería y  por Abel Cabello, uno de los jóvenes organizadores del acto y después intervine yo.

Francisco Naranjo, Director de la Fundación Abogados de Atocha en un momento del acto de Zafra. 

El foro, abierto a todos las personas que quisieran ir, tuvo  una asistencia masiva, lleno a rebosar, incluso con personas en la puerta de la calle, conto con la presencia de destacadas personalidades de la región extremeña, como el reconocido y conocido escritor José María Lama y la Secretaria General de CCOO de Extremadura Encarna Chacón, así como varios ediles del gobierno municipal, entre otras muchas personas conocidas de la ciudad zafrense, de variados credos políticos.

Pero sobre todo, en un pueblo que en principio no tendría nada que ver con la historia de los Abogados de Atocha, ver  un público  mayoritariamente joven, siguiendo  con  emoción y gran expectación el desarrollo del acto, fue para mí una agradable  sorpresa y a su vez admiración hacia los jóvenes que lo habían propiciado.  

El acto finalizo con un interesante coloquio, coloquio que concluyo resaltado la importancia que tuvo este atentado fascista  y su posterior entierro, con 150.000 personas en la plaza de Colon de Madrid, para que nuestro país avanzara, en la conquista de las libertades y desarrollara la democracia en España, en aquellos momentos muy débil por los residuos franquistas, en lo que se denomino la transición española.


Publico asistente al acto de los Abogados de Atocha en la librería La Industrial de Zafra 

Así lo resumieron los jóvenes organizadores,  en un comunicado dado a conocer públicamente posteriormente al acto. Entre otras cosas dicen: “El sábado 2 de febrero  la dignidad reboso la librería La industrial. Más de un centenar de personas desbordaron el acto en memoria de los Abogados de Atocha. Pero esto ha sido solo el comienzo. Recogemos toda esa ilusión, todas esas ganas para que la Zafra Antifascista siga avanzando”

A mi humilde entender, aparte de estar plenamente de acuerdo con su mensaje,  ese día 2 de febrero de 2019 en Zafra, se planto un pequeño árbol que puede servir para que en el futuro, sus ramas,  los jóvenes de nuestro país, que son la base de la sociedad que vivimos, vean con esperanza y como un referente de lucha, los valores de los Abogados de Atocha, valores tales como la paz, la justicia social, la igualdad, la democracia y la libertad. Desde la Fundación Abogados de Atocha, vamos a continuar contribuyendo a ello.


FRANCISCO NARANJO LLANOS

Director de la Fundación Abogados de Atocha 

PINCELADAS SOBRE LOS 1 DE MAYO EN LA HISTORIA


Conmemoramos, este año, el 132 aniversario de aquel Primero de Mayo de 1886, en el que los trabajadores de Chicago padecieron la brutal represión en una huelga y en las manifestaciones en las que reivindicaban la jornada laboral de ocho horas, que constituía la base de unas condiciones dignas de trabajo. Movilizaciones en las que murieron y fueron heridas muchas personas y que culminaron en la revuelta de Haymarket Square. Sucesos que supusieron condenas de muerte, cadena perpetua o numerosos años de cárcel a 8 trabajadores que quedarían para la historia como “Los mártires de Chicago”
También conmemoramos el 128 aniversario del primer Primero de mayo de en España en 1890. Y en dicho sentido recordar que en el Congreso fundacional de la Segunda Internacional celebrado en París el año 1889 se tomó la decisión de celebrar el 1º de mayo como una gran manifestación internacional en esa fecha fija para que en todos los países y ciudades para que los trabajadores reclamasen la reducción de la jornada laboral a las ocho horas.
A partir de esas fechas los 1 de mayo han tenido un largo recorrido cargado de persecuciones, cárcel, dolor, tortura y muerte, bajo acusaciones parecidas, a cargo de los patronos, los poderosos, los ricos y sus ejércitos
Por ello es buen momento para recordar que, pese a los años transcurridos, las formas de explotación de la clase trabajadora siguen siendo básicamente las mismas, aunque se han perfeccionado de tal manera que, al igual que en aquellos lejanos días, son presentadas y asumidas como inevitables y hasta necesarias.
Y, sin embargo, la clase trabajadora sigue existiendo, porque la explotación de los trabajadores y trabajadoras no ha desaparecido. Es más, esa explotación se ha despojado de la careta y se nos muestra en su más cruda realidad.
En fin sigamos con la historia. Como decía antes tendríamos que remontarnos a 1890, cuando se celebro el 1 de mayo por primera vez en nuestro país, con unas organizaciones del movimiento obrero  dividido. Por un lado el anarquismo que convoco huelga general, mítines y manifestaciones para el 1 de mayo y siguientes días y por otro los socialistas  que convocaron mítines y manifestaciones para el día 4 de mayo.
En Madrid los anarquistas protagonizaron mítines el día 1, destacando el celebrado en el Retiro, mitin  y que continuó con una manifestación hasta el Congreso de los Diputados donde se entregó un escrito con reivindicaciones obreras a su presidente, Alonso Martínez.
Los socialistas realizaron un mitin el 4 de mayo y después se encaminaron con un cortejo de treinta mil personas a entregar al presidente del gobierno la tabla reivindicativa, por aquel entonces Sagasta.

El balance del primer 1º de mayo español fue significativo. Al ser la primera movilización obrera general el éxito fue indudable y, por consiguiente, tanto los patronos como el gobierno comenzaron a ser conscientes que, a partir de entonces, había que tener en cuenta al movimiento obrero.
En cuanto en los siguientes años, aunque en principio no se tenía pensado repetir la convocatoria del 1º de mayo, el éxito de las convocatorias de 1890 en las grandes ciudades europeas hizo que diversas organizaciones del movimiento obrero europeo se pronunciasen en los meses posteriores para su reedición, continuando siendo la reducción del tiempo de trabajo la bandera del 1º de mayo de 1891 con menor éxito que las movilizaciones del año anterior y mayor dureza represiva por parte del gobierno de turno español, en este caso el del conservador Canovas del Castillo.
Es esa época es de destacar los primeros de mayo de los años 1913 y 1914: En esos dos años las mujeres tuvieron un protagonismo especial. El primero de esos dos años encabezaban las manifestaciones los niños de las escuelas laicas y las damas rojas que entonaban la Internacional, la Marsellesa y otros himnos y canciones de la clase obrera.
En 1917, después del octubre revolucionario ruso y el empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores, como resultado de los desastres de la guerra, Europa conoce una gran efervescencia social, que se traduce en tumultuosos avances de las organizaciones sindicales y en estallido constante de huelgas, que en España se concreta en la exitosa huelga general de 1917 y la consecución en una gran mayoría de países de Europa de las anheladas jornadas de 8 horas. 
A partir de entonces se alternaron años en los que se autorizó la celebración con otros de prohibición. El Primero de Mayo de 1919 fue tranquilo en Madrid. La manifestación se desarrolló desde la plaza de Isabel II hasta la plaza de la Independencia, y por la tarde los obreros y sus familias merendaron en la Dehesa de la Villa.
Al año siguiente, 1920, hubo incidentes en la manifestación madrileña porque hubo disparos en la calle Arenal, aunque no pasó nada más. En ese año, en las peticiones al gobierno se solicitó el restablecimiento de las garantías constitucionales y una reducción del ejército. No pudieron faltar las reivindicaciones obreras: el cumplimiento de la legislación social y el abaratamiento de los precios de los alimentos.
La celebración del año 1922 además de las manifestaciones se convoco un paro de un día. Las peticiones siguieron mezclando lo sindical con lo político, destacando la protesta contra la guerra de Marruecos. En esos años, Largo Caballero desempeñó un gran protagonismo en el Primero de Mayo.
En la Dictadura de Primo de Rivera (1923/1930) fueron prohibidas las manifestaciones y la celebración del 1 de mayo, pero se permitió que los socialistas realizasen actos de tipo cultural en recintos cerrados, como conferencias. También se permitieron las reuniones de ocio y deporte en el campo: en la Dehesa de la Villa y en Puerta de Hierro siguieron desarrollándose.
Pero el gobierno siempre desplegó muchas fuerzas para evitar manifestaciones y concentraciones de otro tipo. Eso no fue obstáculo para que se diesen paros, especialmente en el comercio.
Primo de Rivera nunca quiso reprimir con dureza a los socialistas, dentro de su estrategia para que colaborasen en el sistema corporativo, frente a la represión sin miramientos que sufrieron los anarquistas.
El Primero de Mayo de 1931 fue extraordinario, en especial por dos razones. Se celebró a las pocas semanas de la proclamación de la República y, sobre todo, porque fue la primera celebración como fiesta oficial. Efectivamente, el gobierno provisional, a propuesta del ministro de Trabajo, Francisco Largo Caballero, había establecido el día 1 de Mayo como Fiesta oficial del Trabajo.

La celebración de 1931 fue una manifestación de alegría democrática en todo el país. En Madrid se puso en marcha pasadas las diez de la mañana. La capital estaba llena de banderas republicanas. En la cabecera de la manifestación iban del brazo el rector de la Universidad de Salamanca, Miguel Unamuno, el ministro de Trabajo, Francisco Largo Caballero, el ministro de Hacienda, Indalecio Prieto y el alcalde de la capital, Pedro Rico. También hubo representantes del movimiento obrero occidental y de la OIT.
En los recuerdos de la historia del 1 de mayo, es destacable que meses antes del golpe de estado de Franco y de la posterior  guerra in-civil, el 1º de mayo de  1936, fue un gran primero de mayo de unidad obrera y frente popular, celebrado poco después de la victoria política del Frente Popular en febrero de ese mismo año. Ese año se manifestaron en Madrid medio millón de personas. Las banderas rojas se mezclaron con la tricolor de las republicanas, en el cortejo de los manifestantes que expusieron sus reivindicaciones al presidente Azaña.
La alegría duro poco, pues dos meses después,  una parte del ejército se alzo en armas contra la Republica dando así el inicio de la guerra in-civil y la posterior dictadura a partir de 1939. Durante los tres años que duro la guerra los actos del primero de mayo fueron muy escasos, entre otras cosas porque donde triunfo el golpe de estado lo primero que hicieron fue prohibir cualquier tipo de movilización.
Y ya en la Dictadura Franquista, ese periodo negro de nuestra historia, se suprimió la festividad del 1 de mayo. Concluida la guerra una orden del 9 de marzo de 1940 ratifico la suspensión, hasta el año 1956 que el ministro del sindicato vertical José Solís, después de una visita al Vaticano, se adhirió al uno de mayo, como fiesta de SAN JOSE OBRERO, “por solidaridad con la disposición de la Santa Sede”.
A partir de 1957 la Organización Sindical Educación y Descanso organizaría todos los años un espectáculo denominado “demostración sindical”. Grupos de trabajadores y trabajadoras realizaban ejercicios gimnásticos y folclóricos ante el dictador en el estadio de Chamartín. (Actual Bernabeu).

Pocos años después estos actos se complementarían con la retrasmisión por TV de dos espectáculos de masas más populares por entonces. Un partido de futbol y una corrida de toros, procurando que estos los protagonizaran los toreros situados en la cima del escalafón y que el partido de futbol lo jugasen dos grandes equipos. El objetivo era retener a los trabajadores en sus casas y no asistieran a los actos ilegales que comenzaban a convocar el movimiento obrero y la oposición clandestina.
A partir de los años sesenta con la revitalización del movimiento obrero a través de las Comisiones Obreras, comenzó a generarse una nueva dinámica en relación con la celebración del Primero de Mayo. El día anterior, es decir, el 30 de abril, se establecía como jornada de lucha con paros cortos, boicots al transporte colectivo de las grandes empresas y minutos de silencio en los comedores de las fábricas
También a partir de 1960, las organizaciones de la Acción Católica, inician un despertar crítico. Comienzan a proclamar la dignidad obrera, especialmente a través de las organizaciones la HOAC y de la JOC “Juventud Obrera Católica”. De manera paralela estas organizaciones comienzan a colaborar con militantes del movimiento obrero.
Como ya he comentado la festividad del 1 de mayo quedo suprimida y el derecho de reunión, manifestación y huelga  y hasta 1962 estuvo tipificado como delito de rebelión militar. En estas condiciones eran difíciles por no decir imposible  hacer grandes actos.
A pesar de ello a partir de los años 60 el PCE y las incipientes CCOO, llamaban a manifestarse en la calle el 1 de mayo, lanzando octavillas.
La respuesta a estos llamamientos no era una manifestación tal como la conocemos hoy. Eran concentraciones más o menos numerosas en las aceras en torno a locales sindicales del vertical.
Y fue a partir de 1962, después de las huelgas mineras de la primavera y hasta 1976 cuando en España dibujaría una curva ascendente de conflictividad laboral, incluidos los 1 de mayo. Por ejemplo en el 1 de mayo de 1967 en Madrid miles de trabajadores se dieron cita en  Gran Vía, recorriendo de arriba abajo y al revés las amplias aceras de esa calle madrileña.
En 1975 y 1976, en un contexto sin precedentes de la conflictividad laboral en España se dio un paso más desafiando en la calle a las autoridades el 1 de mayo de manera masiva.
En Madrid, además de los repetidos y masivos saltos y cortes de tráfico de por la mañana, por la tarde nos íbamos a la Casa de Campo donde la policía armada a caballo trataba de dispersarnos cuando nos concentrábamos.
Las organizaciones sindicales fueron legalizadas en abril de 1977. Por entonces ya habían sido legalizados los partidos políticos. A pesar de ello el Gobierno de Adolfo Suarez prohibió las manifestaciones del 1 de mayo a lo largo y ancho de la geografía española. De forma excepcional fueron autorizados algunos mítines en recintos cerrados. 

En Madrid se había convocado una concentración con mitin incluido en los alrededores del campo del Rayo Vallecano, en la popular barrida de Vallecas. La policía disperso con material antidisturbios a todos aquellos grupos  de trabajadores que intentaron concentrarse a lo largo de la mañana. No se pudo realizar el mitin.
Por la tarde se había organizado una fiesta campestre en el Pinar de las siete hermanas en la Casa de Campo, fiesta que tuvo un carácter pacífico hasta que al final de la tarde intervino la policía.
La jornada de aquel 1 de mayo de 1977, se saldo con tres heridos graves, doscientos heridos de diversa consideración y centenares de detenidos.
Y fue en 1978 cuando de verdad, tras la vuelta a la democracia, realizamos un 1 de mayo en libertad. La prensa destaco al día siguiente la normalidad ciudadana con la que trascurrió la conmemoración y en la que participaron centenares de miles de personas. La manifestación central se celebro en Madrid bajo una constante lluvia. A pesar de ello se calcula que acudieron a la manifestación alrededor de trescientos mil trabajadores, que desfilaron desde Paseo de las Delicias a la Puerta de Alcalá, con servicio de orden impresionante, de cerca de diez mil militantes. Todo en un ambiente general de entusiasmo.

Este año 2018 hay convocadas 80 manifestaciones en el conjunto del estado español, con el slogan “Tiempos de ganar” y las principales reivindicaciones se centran en reclamar mas y mejor empleo, mayores salarios, pensiones dignas y mas igualdad.
Esperemos que la clase trabajadora este, una vez más, a la altura y se manifieste masivamente en las calles, al igual que se ha hecho durante los últimos cuarenta años. Los motivos y la fecha lo merecen.
FRANCISCO NARANJO LLANOS
Director Fundación Abogados Atocha