LEMA DE ESTE BLOG...

LEMA DE ESTA BLOG: ... hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida. (Miguel Hernández)

RECUERDOS EN EL ANIVERSARIO DE LOS ABOGADOS DE ATOCHA

 
1988: Homenaje a los Abogados de Atocha, en el cementario de Carabanchel (Madrid)
El 24 de enero de cada año se recuerda y conmemora el aniversario de los "Abogados de Atocha", esos mártires de la libertad que fueron vilmente asesinados el 24 de enero de 1977 en Atocha 55, Madrid.

Como es conocido ese día un grupo de pistoleros de extrema derecha irrumpieron en el despacho de los abogados laboralistas de CCOO y del PCE situado en el número 55 de la calle Atocha en Madrid y ametrallaron a las nueve personas presentes. Fallecieron los abogados, Javier Sauquillo, Javier Benavides, Enrique Valdelvira, Serafín Holgado y el sindicalista Ángel Rodríguez Leal. Resultaron gravemente heridos Alejandro Ruiz Huertas, Mª Dolores González, Luís Ramos y Miguel Sarabia.

Lo dicho anteriormente es conocido por todos aquellos que hayan profundizado  en la historia de este país, pero yo había cogido la pluma hoy para hablar de cómo vivimos algunos esos días tan borrascosos para el estado español.

El atentado fascista venía precedido por la huelga en el transporte interurbano, la muerte el 23 de enero, del estudiante Arturo Ruiz por disparos de los guerrilleros de Cristo Rey  y el fallecimiento de Mari Luz Nájera por impacto de un bote de humo de la policía, -“los grises” les llamábamos- el 24 de enero. Ese mismo día, 24 de enero, por la noche, un grupo de pistoleros perpetra la que fue llamada durante muchos años La Matanza de Atocha.

Teniendo en cuenta que el que esto escribe, en aquellos momentos era un joven sindicalista de RENFE y conocía el despacho de abogados de Atocha así como a algunos compañeros del transporte que se reunían allí, viví aquellos sucesos con enorme intensidad y porque no decirlo con miedo. En esas fechas mis dos hijos tenían cuatro años uno y menos de seis meses el otro.

Recuerdo que al día siguiente, el 25 de enero, mantuvimos una reunión en la estación de Príncipe Pió del denominado “Pleno de Representantes Ferroviarios”, organismo unitario de los trabajadores de RENFE, -una representación asamblearia- al margen del Sindicato Vertical franquista.

En aquella reunión, después de mucho debate, siempre teníamos horas de debate, además de condenar el atentado y convocar huelga en el ferrocarril para el día siguiente, elegimos a dos compañeros para que comprasen unas coronas y las llevasen donde pudieran, pues en esos momentos ni siquiera se sabía si iba a haber ceremonia y entierro público. Uno de los nominados era yo mismo.

Al día siguiente, 26 de enero, -día del entierro- compramos las coronas  cerca de donde nos reunimos, al lado de la estación del Norte. Íbamos  en el coche de mi compañero, pero como Madrid no estaba para ir en coche, muy pronto lo aparcamos y cargamos con las coronas. Una cada uno por las calles de Madrid y aunque no mirábamos mucho, creo que la gente nos miraba un poco raro, hasta que llegamos a la calle de Alcalá-Gran Vía,  donde ya había otras personas que hacían lo mismo que nosotros. Jamás he tenido tanto tiempo una corona de flores en las manos. Más de dos horas y no exagero nada.

"El silencio dolía más que los disparos. Los claveles fluían como un manto de sangre”.

Aquel entierro, (la imagen adjunta es de aquel día en la plaza de Colon), seguramente ha sido la manifestación más multitudinaria conocida en España aún hoy en día, manifestación que colapso la ciudad entera. No sé quien dijo sobre la manifestación: "El silencio dolía más que los disparos. Los claveles fluían como un manto de sangre”. Para mí ha sido la más impresionante y emotiva que he asistido en mí vida, aquellos miles y miles de hombres y mujeres, aquélla tensión contenida, aquel silencio, solo roto con algunas vivas a los muertos y por el canto de la internacional, (ya en el cementerio) fue algo que el pueblo de Madrid, el país entero, nunca olvidara.

Después, muchos años después, conocí personalmente a los, sobrevivientes de aquel atentado criminal: Lola González, Miguel Sarabia, Luis Ramos y Alejandro Ruiz-Huerta. (En los últimos años se nos han ido Luis, Miguel y Lola).
Estas cuatro personas, conjuntamente con los cuatro abogados y un sindicalista asesinados por los fascistas,  son y continuaran siendo, iconos de la lucha por la libertad y por la democracia en nuestro país.

No quiero finalizar estos breve apuntes a un hecho histórico, sin recordar también que a partir de aquella fecha, todas las manifestaciones  que discurren por la calle Atocha, -una calle madrileña muy céntrica- al pasar a la altura del número 55, con un nudo en la garganta,  siempre gritamos  con el puño en alto:

 !!Atocha, hermanos, no os olvidamos!!
 

                    

                                Ver vídeo: Documental:
    "LOS ABOGADOS DE LA DEMOCRACIA"  deTino Calabuig


RONTEKY 




MARCELINO CAMACHO: UN SINDICALISTA PARA LA HISTORIA


Con Marcelino Camacho en la estación de ferrocarril de Madrid-Chamartín, en Abril de 1985.

(...Ya estás aquí de pie
con esa forma tuya de enseñarnos,
dos pasos adelante y uno atrás
sí es necesario.
Se trata de luchar
teniendo como alma la verdad).

Esta era una de las estrofas de la canción que Víctor Manuel dedico a Marcelino Camacho en 1976.

En aquella época estábamos viviendo en España lo que se ha llamado "la transición" y hasta un año después, abril de 1977, no se legalizo CCOO.

Antes, aun en la clandestinidad, el 11 de julio de 1976, en la Asamblea Nacional de CCOO en Barcelona, constatada la imposibilidad de crear un sindicato unitario, se decide dar el paso de movimiento a organización sindical y se propone la creación de la Confederación Sindical de Comisiones Obreras y se elige a Marcelino Camacho coordinador.

Las resoluciones de la Asamblea de Barcelona, culminó, en junio de 1978, con el primer congreso confederal de CCOO, congreso en el que fue elegido como Secretario General Marcelino Camacho, cargo que ostentó hasta 1987.

Marcelino nació en el pueblo de Osma La Rasa, (Soria), el 21 de enero de 1918 y murió en Madrid a la edad de 92 años, el 29 de octubre de 2010. 

Al día siguiente miles de personas le dijimos hasta siempre en la Puerta de Alcalá de Madrid, lugar donde al comienzo de la democracia terminaban los 1º de mayo. El mismo lugar donde Marcelino dio durante años sus mejores mítines sindicales.

Aquél sábado lluvioso, en que dimos el último adiós, desde el auditorio que lleva su nombre, una marea de chubasqueros rojos avanzó lentamente por las calles de Madrid hasta llegar a la Puerta de Alcalá donde se gloso la lucha del histórico sindicalista por los derechos de la clase obrera.

Por la calle de Alcalá en el ultimo adiós a Marcelino Camacho

Aparte de la afinidad ideológica y sindical con Marcelino, visto desde el lado humano, en mi caso había otro plus añadido, el profesional: ser o proceder de ferroviario une mucho. Marcelino se crió en una casa, le llamaban "casilla", del ferrocarril en Osma-La Rasa y su padre trabajó de guardagujas y su madre de guardabarrera en el ferrocarril. Marcelino estuvo de aspirante a factor y fue el golpe de estado contra La República en 1936, lo que le privo de ser ferroviario en su vida laboral. Mi padre también trabajo de guardagujas y también me críe en una casa, “casilla”, del ferrocarril e ingrese en Renfe de factor.

Son muchas las ocasiones que he coincidido con Marcelino, tanto en el sector ferroviario, como en otros lugares comunes del sindicato o en las cientos de movilizaciones que los sindicatos de clase han protagonizado en nuestro país.

Para un breve artículo de opinión tampoco se trata de dar pelos y señales de todas y cada una, pero recuerdo con mucho cariño una manifestación que realizamos en Bruselas los ferroviarios europeos en defensa del ferrocarril en abril de 1985.

Con Marcelino en abril de 1985 en la estación de RENFE de Madrid Chamartín

Salíamos de la estación de Madrid-Chamartín a las 11 de la noche y allí sorpresiva y agradablemente nos encontramos a Marcelino que sin previo aviso a las diez y pico de la noche fue a despedirnos y desearnos lo mejor en nuestro viaje. Algunas personas pensareis, que “era su obligación” o quizás  “que tontería”, pero en aquellos años que el Secretario General del primer sindicato de este país fuera a despedir a un grupo de jóvenes sindicalistas ferroviarios era lo más. Personalmente aún se me humedecen los ojos cuando lo recuerdo y nunca lo he olvidado. Seguro que el centenar de ferroviarios que íbamos en aquel tren tampoco.

Igualmente nunca olvidare y lo recuerdo con mucho afecto que desde que nos conocimos en 1978, en el primer congreso de los ferroviarios de CCOO, durante más de 30 años, Marcelino, cada vez que nos veíamos siempre me hacia la misma pregunta: ¿qué tal los ferroviarios?.

La última vez que estuve personalmente con Marcelino y Josefina fue en mayo del año 2010, cinco meses antes de la muerte de Marcelino. Todo el mundo que los conoce sabe que son entrañables y su mayor preocupación es que te sientas a gusto y feliz en el rato que estas allí. Lo que más le disgusto a Josefina ese día es que no tuviera magdalenas, sus famosas magdalenas, que en otras ocasiones nos traía con el café, fuera la hora que fuese.

En casa de Marcelino y Josefina en mayo de 2010

Marcelino como siempre, con el periódico “El País” encima de la mesa camilla, subrayando las noticias que consideraba interesantes, pero por estas fechas no pasaba de las primera páginas. En esa época en la portada estaban todas las noticias importantes para él.

Josefina Samper, la compañera de toda la vida de Marcelino, nos hablaba de todo lo que había pasado en los últimos días, de la casa y de su nuevo barrio, en Majadahonda (Madrid), que aunque le gustaba, no acababa de acostumbrarse, después de tantos años de vivir en su Carabanchel, en un tercero sin ascensor, pero por problemas de movilidad de Marcelino se tuvieron que mudar lo más cerca posible de sus hijos.

Lo que si era para Josefina “santo de su devoción”, de esta nueva casa, -aunque fuera atea-, era la cocina. Muy satisfecha nos la enseñaba y decía orgullosa: “algunas veces incluso comemos en ella”. Para comprender el entusiasmo de Josefina hay que tener en cuenta que esta cocina tendría unos seis metros cuadrados y ellos venían de su casa de toda la vida, construida en los años sesenta, de menos de 60 metros cuadrados en total, cuya cocina como era lógico iba en proporción.

Guardo orgulloso y como un tesoro, el libro de Marcelino "Charlas en la prisión", especialmente sobre todo por la cariñosa y preciosa dedicatoria, porque Marcelino no era de las personas que dedican un libro con la clásica frase " con afecto a fulanito, etc, etc", no, Marcelino te lo dedicaba pensando en ti, en lo que había vivido contigo y si además te daba un consejo, mejor que mejor, escrita con una caligrafía firme y fuerte que ya nos gustaría tener a la mayoría de nosotros. Esta es una de sus dedicatorias...


Para conocer el perfil humano de estas dos grandes personas tan cercanas y cordiales, creo que con un par de pinceladas, es suficiente. A mí siempre me impactaron los dos, de ahí que nunca he concebido a Marcelino sin Josefina y tampoco a Josefina sin Marcelino, A partir de su fallecimiento Josefina no tendrá a Marcelino, pero nos va a tener a todas y todos nosotros.


Para finalizar esta breve crónica recordar, para que todos y todas lo tengamos en cuenta, las palabras que pronunció una de las últimas veces que hablo Marcelino, con motivo de la visita de una vecina al hospital, vecina que se quejaba de algo que la había pasado: "Si uno se cae, se levanta inmediatamente y sigue adelante". Descansa en paz Marcelino, un sindicalista que seguro que pasara a la historia de nuestro país y gracias por todo lo que nos enseñaste en vida.


Video en recuerdo y homenaje a Marcelino Camacho,
con la canción de Victor Manuel "MARCELINO" de fondo.



Francisco Naranjo Llanos, director Fundacion Abogados de Atocha y sindicalista de CCOO 

P.D.- Este articulo tambien se puede leer en la sección de OPINION de Madridiario.es 



AQUELLOS "VIENTOS DEL PUEBLO" ...QUE ME HICIERON PENSAR…

Cuadro que me dedico el artista Pepe Molleda...
Pero hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida (Miguel Hernandez.)

El 30 octubre del 2010 Miguel Hernández habría cumplido 100 años si la salud, la guerra y especialmente el régimen franquista, no hubieran acabado con él, en la cárcel de Alicante el 28 de marzo de 1942, a la temprana edad de 31 años.

En la actualidad casi todo el mundo conoce a Miguel Hernández, el poeta de Orihuela, su pueblo y el mío, al poeta de las Nanas de la Cebolla, poesía dedicada a su hijo Manuel, escrita desde la cárcel de Alicante para su mujer Josefina Manresa. Por cierto, que casualidad, pero otra extraordinaria mujer también se llama Josefina (de apellido Samper), la compañera de toda la vida de Marcelino Camacho.

Reitero, hoy en día todo el mundo sabe que Miguel es el compositor de esas grandes y famosas poesías, que canta con gran maestría, Juan Manuel Serrat: El niño yuntero, Volvió con tres heridas, Elegía, Para la libertad, Canción ultima, y recientemente, Hijo de la luz y de la sombra..., pero eso es ahora, con motivo de su 100 aniversario y en democracia, a partir de los años ochenta, pero antes era un poeta maldito, olvidado, escondido, maltratado, por el régimen de Franco,…

Conocí por primera vez  a Miguel Hernández en 1967, a través de esos libros que iban de mano en mano y que desde Méjico y Argentina nos hacía llegar las Editoriales Austral o Losada y que nos devolvían, con toda su voz y todo su acento, a aquellos poetas y escritores que fueron condenados al ostracismo por el régimen fascista. Aquellos libros, como Serrat dijo años después: “eran ventanas abiertas por las que entraba un aire nuevo que ventilaba el tenebroso tiempo de la dictadura”.

Trabajaba en aquellas fechas cerca del rastro madrileño, en concreto en la estación de ferrocarril de Imperial y en él compré: “Vientos del Pueblo”, el primer gran libro de Miguel que tuve en mis manos. A pesar de mis 21 años recién cumplidos, aquellos “Vientos del Pueblo”, fueron los que me hicieron pensar, por primera vez en mi vida, que existía otra España que yo apenas conocía.

Miguel Hernández, fue y será, a partir de aquellas fechas, el que me despertó ideológicamente y el que ha hecho que a lo largo del tiempo, haya tratado de seguir -seguro que con poco éxito- los valores del autor de “El rayo que no cesa”, título de otro de sus libros, pues a pesar de los buenos y grandes poetas que la generación del 27 dio a España; Rafael Alberti, Federico García Lorca, Pedro Salinas, Jorge Guillen, Luís Cernuda, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre…. como Miguel, el poeta del pueblo, ninguno.

Durante este año 2010, muchos somos los que recordamos y rendimos homenaje a Miguel Hernández por sus cien años de su nacimiento. Dentro de otros cien, todos estaremos muertos y la mayoría olvidados, pero Miguel será, estoy convencido, más conocido, aunque ahora, pues su poesía no solo es actual, sino tan futura como sus palabras: “Los poetas somos viento del pueblo: nacemos para pasar soplando a través de los poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas”

Jamás me ha gustado ser fan de nadie, ni en lo ideológico, ni en lo deportivo, ni en lo personal, pero como dicen que no hay regla sin excepción, en mi caso, esa excepción es MIGUEL HERNANDEZ GILABERT, poeta de Orihuela, su pueblo y también el de todos los que amamos el pensamiento, la obra y la poesía de Miguel.

 

                                                "El niño yuntero"  poema de Miguel Hernández,                                                            interpretado por Joan Manuel Serrat.       



Francisco Naranjo, director Fundacion Abogados de Atocha y sindicalista de CCOO.