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LEMA DE ESTA BLOG: ... hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida. (Miguel Hernández)

RECUERDOS INFANTILES QUE DEJAN HUELLA

En 1958, en el rio que pasa al lado de la estación de ffcc de Proserpina  (Yo soy el niño de la derecha)
Ya he comentado en varias ocasiones que la memoria es selectiva. No se porque extraño mecanismo, cuando echas la vista atrás, solo recuerdas aquellos acontecimientos que de una manera u otra te han impacto en tu mente, para bien o para mal.

Hoy quiero contar aquí, algunos recuerdos de mi infancia, algunos de ellos rayando con la adolescencia, pues el otro día hablando con mi nieto Manu y contándole algunas cosas de cuando tenia su edad, -tiene 14 años- me dijo “pero bueno a mi eso nadie me lo cuenta, ni nada”. Razón llevas Manu, así que esta columna va dedicada a ti. Solo contare algunas cuestiones y anécdotas que me dejaron huella para así describirlas con mayor nitidez.

Comienzo con los regalos de los Reyes Magos, pues como se repetían año tras año, con pocas variaciones son fácil de recordar. Eran los años 50 del siglo pasado, vivíamos en una estación de ffcc de la linea Mérida a Cáceres. Se llamaba Proserpina y ya hace muchos años que cerro al trafico. Solo quedan las ruinas de la estación.

El regalo de Reyes que más recuerdo era una caja de lápices de colores, marca Alpino, de docena, pero cortos, que para mi eran largos, lo de cortos me entere muchos años después. Lapiceros que aunque parezca mentira me duraban hasta el año siguiente. Eso sí, condurandolos.

Otros años, además de los consabidos lápices, me dejaban tambien una pequeña caja de mazapán redonda y dentro había un dulce en forma de culebra, que en principio daba un poco de miedo pero luego con lo rica que estaba perdía uno cualquier precaución. Los años que los Reyes nos traían un estuche de madera, -plumier, le decíamos-, era ya la hostia…

Ahh, y estos regalos que comento me los traían después de pasarnos, mi hermano y yo, todo el día anterior preparando el agua para los Reyes y el heno para los camellos. Le dejábamos incluso la chimenea encendida por si venían con frío.

Años 60, siglo pasado. Tren de juguete confeccionado con botones y latas de conservas 

Menos mal que no eran esos los únicos “juguetes” que teníamos durante el año, pues mi hermano y yo nos las ingeniábamos para jugar a trenes, con unos estupendos trenes de juguete que nos hacíamos con latas de conservas -sobre todo de sardinas- que dejaban las familias que iban a pasar los domingos al campo de Proserpina. También era importante el juego de aros que hacíamos rodar con un alambre, confeccionado con aros de barrica desechados. Eramos grandes expertos en su conducción.

Continuo con una breve anécdota sobre una cabra que teníamos en Proserpina. En una ocasión mi padre llevaba varios días quejándose de la poca leche que daba la cabra cuando a primera hora de la mañana la ordeñaba y empezó a hablar de la posibilidad de venderla. Cuando ya estaba en trámites de hacerlo, a mi hermano y a mi no nos quedo otro remedio que confesar que el problema de que la cabra no diera leche no era culpa de ella, sino de nosotros –mi hermano y yo- que por la noche antes de acostarnos íbamos a su corral y nos bebíamos la leche directamente desde sus ubres y claro era lógico que al día siguiente, diese poquísima leche. Cosas de la vida y del hambre que pasábamos en aquellos años 50 del siglo pasado que algunos en la actualidad añoran,.

Otra anécdota nítida que tengo, es el de una tarde de feria que mi padre me llevo al cine Trajano, de Mérida, a ver una película de Joselito, la del “El pequeño Ruiseñor” que se estreno a mediados de los años 50. Los niños de entonces éramos de Joselito o de Marisol, del guerrero del Antifaz o de Roberto Alcázar y Pedrín. O de todos a la vez. La película bien y una vez que finalizó, nos encaminamos a la estación de ffcc de Mérida y allí estuvimos unas horas hasta que cogimos un tren para irnos a Proserpina.

Y en la estación me ocurrió una cosa extraordinaria, resultado de la cual lo pase fatal. Resulta que visto desde Proserpina yo tenía claro que había un Sol y una Luna y me encuentro de golpe y porrazo que en Mérida, a las tantas de la noche, desde los andenes de la estación, se veían al menos ocho o diez lunas a la vez. Con diez años, dolor de cabeza tenia de tanto pensar, pero no dije nada para no pecar de inculto, pero al otro día, nada más levantarme, le pregunte a mi padre el porqué de esa diferencia y su contestación me lo aclaro todo. Lo de Mérida no eran lunas, eran luces muy altas que alumbraban las playas de vías de la estación. Vaya chasco me di.

Y hablando de cine, recuerdo otra anécdota que me ocurrió en el Teatro Cine Alcazaba, de reciente inauguración por aquel entonces, años 60 del siglo pasado. En la actualidad está cerrado. Fuimos mi primo Paco Llanos y yo a ver una película de sesión continua. Era por la tarde y entramos a oscuras y sin acomodador. Subimos sin luces y en los primeros asientos libres que pudimos nos sentamos. Al cabo de un ratito de estar allí comencé a pensar que vaya mierda de cine, tan nuevo y tal y vaya asientos tan duros e incómodos tiene, con lo bien que estamos en el cine de verano de mi pueblo (Esparragalejo), que nos llevamos incluso las sillas de casa. Cuando ya nos acostumbramos a la oscuridad del cine nos dimos cuenta de nuestro error, vimos que nos habíamos sentado en los escalones de las escaleras del cine. De pueblo teníamos que ser.

Y siguiendo con los recuerdos, comencé a ir a la escuela de Maestría Industrial de Mérida a los 12 años y termine la oficialia industrial, rama Ebanistería, a los 16. Me dieron una beca para continuar estudiando peritaje Industrial a Santander, pero por cuestiones familiares no fui. Durante los cuatro años de oficialia participe en los concursos con otros alumnos de distantes escuelas y en una ocasión, creo tendría 14 años, quede campeón de Extremadura de Ebanistería B. Después no pude participar en el concurso nacional por tener lesiónado un dedo de la mano derecha y el concurso era de trabajos manuales.

Años 60 siglo pasado. Fotografia del equipo juvenil Augusta, en el estadio municipal de Merida. (Camiseta verde y pantalon blanco).
En cuanto al futbol, tengo muchas historias, pues aunque comencé a jugar ya con cerca de 14 años, cuando nos vinimos a vivir a Mérida. Jugué en el Augusta y en el Rayo Emeritense. El primer equipo era del grupo del Imperio de Agustín Jimenez y el Rayo de Miguel Corbacho. Jugué prácticamente hasta los 18 años. En ambos equipos me lo pase muy bien, aunque reconozco que la preparación física era mas deficiente que la de ahora y eso se notaba en el campo . Jugábamos en el actual Romano del Mérida AD. Y no digo nada lo mal que lo pasábamos cuando jugábamos en los campos de tierra. No existía el césped artificial y las calidades del balón y de las botas de futbol daban mucho que desear. Para finalizar esto del futbol solo comentar que yo a lo largo de algo más de cuatro años jamas estrene botas de futbol nuevas. Todas eran de segunda mano, cedidas o compradas, a aquellos jugadores que si tenían posibilidades de comprárselas nuevas.

En fin querido nieto Manu, para finalizar comentarte que estuve en Mérida hasta los 18 años, compaginando el trabajo en un taller de carpintería, con el deporte y con los estudios de Delineante General en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos. En 1965, aun con 18 años, aprobé unas convocatorias para RENFE y tuve que dejar todo lo comentado en Mérida para irme a Madrid y centrarme en el ferrocarril y en CCOO, pero esa es otra historia.


Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha y sindicalista de CCOO.

P.D.- Este articulo se puede leer también en el apartado de OPINION de Madridiario.es 

5 comentarios:

  1. 👏🏼👏🏼super interesante, tendré que enterarme de la historia del ferrocarril y de CCOO

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  2. Lo acabo de leer, como se nota el cambio con el paso de los años. No se que seria de nuestra generación (acomodada, digitalizada y ademas vaga) sin vuestros tiempos.
    Ahora parece que no nos basta con la gran cantidad de cosas que tenemos y vosotros os emocionabais con muy  "poco".
    También me da que pensar y reflexionar,  que si todo ha cambiado tanto en cuestión de 60 años, que les deparará a mis futuros nietos en otros 60.
    Un besito abuelo y gracias por escribir esas cosas. 💋💋

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  3. Tu nieto fliparía con lo que has vivido, como lo has vivido y podrá ver, con el tiempo, como ha evolucionado todo.
    Es un enriquecimiento que va a tener que no salen en los libros de texto

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  4. Bonitas anécdotas le has contado a tu nieto. Muchas cosas le sonarán raras, como el que no llevaras botas de futbol nuevas,  o tener que cojer el tren para ir al cine, pero seguro que no se va a olvidar de ninguna de ellas

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  5. Precioso relato de la infancia en una España gris y pobre

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