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| Placa situada en la estatua de Juan Genoves en Anton Martin |
Raúl Cordero Torres y Francisco Naranjo Llanos,Vicepresidente y Director de la Fundación Abogados de Atocha
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| Placa situada en la estatua de Juan Genoves en Anton Martin |
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| Rueda de prensa del PCE en Junio de 1977 |
En los distintos actos celebrados
en estas fechas del 39 aniversario, para recordar y homenajear a los Abogados
de Atocha —cuando un año más se conmemora un nuevo aniversario de su asesinato—
surgen con frecuencia reflexiones y preguntas ante ciertas descalificaciones
hacia la historia de la Transición en España. Estas críticas proceden, en
demasiadas ocasiones, de dirigentes de algunas organizaciones políticas
llamadas “emergentes”, que muchos sitúan en la izquierda, aunque ellos
prefieran definirse desde una supuesta “centralidad del tablero”, un concepto
tan ambiguo como revelador de su voluntad de situarse equidistantes entre
derecha e izquierda.
Desde esta perspectiva,
comparto una reflexión personal.
Si aquellos mártires de la
libertad —los Abogados de Atocha, vilmente asesinados en enero de 1977—
hubieran sobrevivido, hoy seguirían defendiendo el proyecto político que su
partido, el PCE, impulsó durante la Transición y que, con todas sus
limitaciones y en función de la correlación de fuerzas del momento, quedó
reflejado en la Constitución de 1978. Seguramente mostrarían también su
indignación ante la tergiversación —o el desconocimiento— de quienes hoy hablan
con demasiada ligereza de “pacto de castas” o de “régimen del 78”.
Conviene recordar que en aquellos
años no hubo concesiones gratuitas al franquismo. Los avances democráticos y
los derechos conquistados fueron fruto de la lucha colectiva: de las
movilizaciones en las calles, de las huelgas del movimiento obrero, del papel
decisivo del sindicalismo de clase —con CCOO a la cabeza— y de las campañas por
la libertad y la amnistía que movilizaron a toda una sociedad comprometida con
la democracia.
Hoy, algunos pretenden erigirse
en “la gran esperanza blanca” de una ciudadanía legítimamente indignada por las
injusticias sociales y laborales. Sin embargo, pierden credibilidad política e
histórica cuando, con una osadía injustificada, desprecian la memoria de la
Transición repitiendo eslóganes como “pacto de castas”, “régimen del 78” o
afirmaciones tan simplistas como que “por primera vez llega gente normal y
decente al Congreso”.
¿Acaso olvidan que en ese mismo
Congreso estuvieron, porque así lo quiso los votos el pueblo español, figuras
como Dolores Ibárruri, Santiago Carrillo, Rafael Alberti, Marcelino Camacho,
Jordi Solé Tura, Cipriano García, Simón Sánchez Montero, Eduardo Saborido o
Horacio Fernández Iguanzo?. Muchos de
ellos regresaban del exilio o salían de la cárcel, y todos lucharon en
condiciones extremadamente difíciles para sacar a este país de la dictadura. Si
ahora algunos se autoproclaman “los decentes”, ¿qué están insinuando sobre
quienes les precedieron, que eran indecentes ?
Un poco de humildad y de respeto
hacia nuestra historia reciente no vendría mal. Persistir en estos discursos
demagógicos resulta, a mi juicio, tan injusto como ofensivo. Es equiparar, de
manera inadmisible, a quienes arriesgaron —y en muchos casos entregaron— su
vida por la democracia, con quienes dedicaron la suya a perpetuar privilegios y
a explotar a la clase trabajadora.
Basta ya de despreciar el
esfuerzo colectivo por la libertad. Basta ya de ningunear a quienes tuvieron el
coraje y la generosidad de construir el futuro. Basta ya de trivializar nuestra
historia con consignas vacías y alejadas de la realidad.
Para mí, que no quede ninguna
duda, los Abogados de Atocha son y deben seguir siendo un referente. Entre
otras cosas, nos recuerdan que los derechos sociales y laborales no se heredan:
se conquistan y se defienden cada día. Mantener viva su memoria significa
también mantener encendidos los valores que representaron y representan: libertad, igualdad y justicia.
Ese es el compromiso de la
Fundación Abogados de Atocha. Y por eso quiero concluir con las palabras del
poeta Paul Éluard, que de tanto repetirlo, se ha convertido en nuestro lema:
“Si el eco de su voz se
debilita, pereceremos.”
Francisco Naranjo Llanos, Director de la Fundación Abogados de Atocha y sindicalista de CCOO.