LEMA DE ESTE BLOG...

LEMA DE ESTA BLOG: ... hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida. (Miguel Hernández)

61 ANIVERSARIO ENTRE VÍAS, TRENES Y CONVIVENCIA

Estación militar de Cuatro Vientos (Madrid), en los años 60 del siglo pasado 
Por circunstancias de la vida, siempre —o casi siempre— he estado ligado al ferrocarril. Incluso, según me contaban mis padres, nací debajo de una traviesa negra de madera, de esas que sostienen los carriles de la vía, en una pequeña estación de Extremadura. Se llamaba Proserpina, aunque hace ya muchos años que cerró sus puertas.

Años después supe que aquello del nacimiento bajo una traviesa no era cierto. Como todos los nacidos en los años cincuenta del siglo pasado, yo había venido de París, colgado del pico de una cigüeña.

Mucho más tarde, con 18 años recién cumplidos, ingresé en la compañía ferroviaria RENFE como militar en prácticas de ferrocarriles. Hoy se cumplen exactamente 61 años. Ha llovido mucho desde entonces, pero aquí seguimos: contemplando cómo cae la lluvia, viendo salir el sol y, a veces, incluso el arco iris.

Era jueves, 1 de abril de 1965. La primavera comenzaba a despuntar cuando algo más de tres centenares de jóvenes, que acabábamos de alcanzar la mayoría de edad, ingresábamos como militares en prácticas en el cuartel de ingenieros de Cuatro Vientos, en Madrid, dispuestos a comernos el mundo.

Hoy, superados ya los tres cuartos de siglo de vida —el que menos tiene 80 años—, comer, lo que se dice comer, comemos menos; pero la memoria permanece intacta, y con ella fluyen los recuerdos y las historias de aquellos años. Algunos compañeros alcanzaron lo que entonces consideraban sus sueños: ascensos, familia, desarrollo personal, compromiso político o sindical… Otros se quedaron en el camino, pero todos permanecen en nuestra memoria. Para ellos, nuestro recuerdo emocionado, nuestro respeto y nuestro deseo que descansen en paz.

Lo cierto es que la mayoría, con más o menos fortuna, nunca dejamos de luchar por abrirnos paso en una sociedad que nunca ha sido fácil, ni lo será. Basta con mirar algunas fotografías de entonces para que los recuerdos broten a borbotones. Recuerdos que empujan la pluma para que escriba sin esfuerzo.

Granada 1968, lugar donde realice el cursillo de Circulación
¡Cuántas historias podríamos contar del tren, de las máquinas, de las estaciones y de las vías! Cada uno de nosotros guarda muchos años de vivencias entre raíles, locomotoras, andenes y también convivencias, dentro y fuera del ámbito ferroviario.

Escribo hoy, 1 de abril de 2026, en este 61º aniversario, recordando muchos años celebrando encuentros en distintas ciudades de España: Las ultimas en Segovia, La Coruña, Sevilla, Mérida, Aranjuez, Alcalá de Henares… Lugares que hemos visitado con espíritu turístico, sí, pero también para reencontrarnos, compartir, reír, abrazarnos y recordar aquel camino que decidimos emprender juntos en aquel lejano abril de 1965.

“La alegría es una forma de resistencia”, decía el poeta Luis García Montero. Nosotros hemos hecho de estos aniversarios una celebración de la alegría: resistiendo al paso del tiempo y caminando con la frente alta. Somos, al fin y al cabo, una pequeña línea dentro del trazado de este país llamado España —“mi querida España”, que decía la cantante Cecilia—, un país en el que nos ha tocado vivir, trabajar y aportar nuestro esfuerzo con la esperanza de dejar un futuro mejor a quienes vienen detrás.

Revisando mi hemeroteca personal, encontré unos párrafos escritos a mano de mi intervención en el 25 aniversario, celebrado en Ávila en 1990. Decía entonces: “Dentro de 25 años, unos más gordos, otros más calvos, todos estaremos dispuestos a conmemorar el 50 aniversario, con nuestros achaques, pero allí estaremos”.

Y así fue… y más aún: hemos superado el 50 aniversario y hoy debíamos estar celebrando el 61. Aquí seguimos: unos más felices, otros más nostálgicos, todos quizá algo más pesados, pero con la misma ilusión de vivir y disfrutar. Rozando los 80 años y recordando aquel primer encuentro de hace 61 años en un lugar de Madrid cuyo nombre, por supuesto, sí quiero recordar: Cuatro Vientos.

No quiero terminar esta breve crónica —escrita desde el corazón y también desde el corazón de Extremadura, (Mérida)— sin recordar unas palabras de Joan Manuel Serrat: “Esto es una despedida, pero, sobre todo, es una fiesta”. Y añadía: “Dejemos aparte las melancolías y nostalgias, porque solo nos queda el futuro”.

Parafraseándolo, me atrevo a decir que este aniversario de 2026 —aunque por diversas circunstancias no hayamos podido celebrarlo juntos— debe ser, ante todo, una fiesta. Aparquemos la nostalgia y vivamos lo mejor posible, porque nosotros, los de la 25 promoción, sabemos bien que pasado tenemos… y mucho, así que, sencillamente, nos queda el futuro. Así que sin más:

¡Viva la 25 promoción de ffcc! Y que sean muchos años más.

Y termino con una recomendación: escuchad el poema Compuerta” de Luis Chamizo, uno de los grandes poetas de mi tierra extremeña. Apenas cinco minutos de poesía castúa, en nuestra habla extremeña, donde también aparece ese tren convertido en “bicho negro” que tanto formo y forma parte de nuestras vidas.


Francisco Naranjo Llanos, director de la Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO. 

Miguel Hernández, la voz que perdura 84 años después

 

Hoy hace 84 años que murió el poeta del pueblo en la cárcel de Alicante. Cada 28 de marzo, con motivo del aniversario de la muerte de Miguel Hernández, la memoria nos invita a regresar a aquella voz  que ha dado sentido, profundidad y dignidad a la palabra, pues para mi y otros muchos, Miguel, destaca con especial fuerza, ya que es figura esencial de la literatura española del siglo XX.

Teniendo en cuenta las fechas en que estamos y sonando de nuevo tambores de guerra en el mundo, quiero comenzar esta breve crónica sobre Miguel con una de sus poesías, “Tristes Guerras”, quizás menos conocidas que otras, pero necesaria siempre:

Tristes guerras

si no es amor la empresa.

Tristes. Tristes. 

Tristes armas

si no son las palabras.

Tristes. Tristes.

Tristes hombres

si no mueren de amores. 

Tristes. Tristes.

Miguel Hernández Gilabert, nació en Orihuela en 1910 y falleció en Alicante en 1942, a los 31 años, su trayectoria vital quedó trágicamente marcada por la Guerra Civil, la represión franquista y la enfermedad. Sin embargo, la brevedad de su vida contrasta con la intensidad y la permanencia de su obra, que ha sabido atravesar el tiempo hasta instalarse con firmeza en la conciencia colectiva.

Hoy, sus versos forman parte del patrimonio cultural compartido. Poemas como Nanas de la cebollaEl niño yuntero o Para la libertad han alcanzado una amplia difusión, en gran medida gracias a la música y a la recuperación de su figura en democracia. No obstante, conviene recordar que durante años su obra permaneció silenciada, relegada a ediciones extranjeras y a una circulación casi clandestina en el interior de España.

Fue precisamente a través de esas lecturas discretas como muchos descubrimos a Miguel Hernández. En mi caso, el encuentro se produjo en 1967, con Vientos del pueblo, un libro que no solo revelaba a un poeta de extraordinaria fuerza expresiva, sino también una mirada distinta sobre la realidad del país. Aquella lectura supuso una toma de conciencia: la intuición de que existía otra España, más profunda y sobre todo más silenciada.

Retrato de Miguel Hernández de Pepe Molleda, que el artista pinto y me regalo sabiendo mi devoción por Miguel. 

Miguel Hernández no fue únicamente un escritor de talento excepcional; fue, ante todo, una voz comprometida con su tiempo, con el sufrimiento y con la dignidad de los más humildes. Esa condición explica, en gran medida, la vigencia de su obra. Su poesía no pertenece únicamente al pasado, sino que continúa interpelando al presente y proyectándose hacia el futuro.

Con el paso de los años, su figura no ha dejado de crecer. Cabe pensar que, cuando el tiempo haya borrado tantos nombres, el suyo seguirá ocupando un lugar central. Él mismo lo expresó con palabras que hoy conservan toda su fuerza: “Los poetas somos viento del pueblo: nacemos para pasar soplando a través de sus poros”.

En esas palabras perdura el sentido último de su obra. Y en ese viento, que aún nos alcanza, sigue viva la voz de Miguel Hernández.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.

LAS COSTALERAS DE LA DEMOCRACIA

Con mi compañera Isabel y Josefina Samper, compañera de Marcelino Camacho

En estos días, vísperas de Semana Santa, en el rumor cotidiano de un gimnasio cualquiera, escuché hablar de costaleros. De hombros que cargan pasos, de esfuerzos compartidos, de fe y de silencio. Y, sin saber muy bien por qué, aquel comentario abrió una puerta en la memoria. Al otro lado me esperaba un texto escrito hace más de diez años, cuando conmemorábamos el 50 aniversario de CCOO en el ferrocarril.

Fue en Madrid, en un mes de febrero frío, allá por 2015. Cuando conmemoramos ese medio siglo de vida y a su vez presentábamos Vías de Libertad, del compañero ferroviario y poeta José Luis Esparcía. Y yo, al tomar la palabra, sentí la necesidad de nombrarlas. De rescatar del olvido a quienes casi nunca aparecen en los libros ni en los discursos: las mujeres que sostuvieron, en la sombra, el peso de aquella lucha obrera. 

Porque la historia suele escribirse en masculino, pero nunca se sostuvo en soledad.

La transición democrática no fue solo un acuerdo entre despachos ni una sucesión de leyes. Fue, sobre todo, una conquista arrancada a pulso por la clase obrera. Fue lucha, sangre, sudor, miedo y dignidad. Y en ese pulso, en esa resistencia callada, los militantes de las entonces clandestinas CCOO y el PCE no caminaron solos. A su lado —aunque muchas veces invisibles— estaban ellas. Siempre estuvieron ellas.

Se ha repetido mil veces que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer. Tal vez haya que corregir el dicho: no estaban detrás, sino al lado, sosteniendo, empujando, resistiendo.

Hoy quiero detenerme en dos nombres que se reflejan como en un espejo: dos Josefinas, dos vidas unidas a la historia desde la discreción.

Josefina Manresa, la compañera del poeta Miguel Hernández, no fue solo esposa ni madre. Fue refugio, memoria viva, guardiana de una voz que la cárcel y la muerte no pudieron apagar. En sus manos, el legado del poeta sobrevivió al frío de la derrota. En sus silencios también se escribió la historia.

Y Josefina Samper… de ella poco puede decirse sin quedarse corto. Quienes la conocimos sabemos que su entereza no era un gesto, sino una forma de estar en el mundo. Sostuvo a Marcelino Camacho, sí, pero también sostuvo una manera de entender la dignidad, la lucha y la justicia.

Pero no fueron solo ellas. Nosotros, los ferroviarios, también tuvimos nuestras Josefinas. Sin nombre en los archivos, sin retratos en las paredes, sin homenajes oficiales. Mujeres anónimas que aprendieron a convivir con el miedo, con la incertidumbre, con la amenaza constante. Mujeres que hicieron de la espera una forma de militancia.

No figuraban en las listas sindicales. Muchas ni siquiera podían trabajar fuera de casa: la ley se lo impedía, como ocurría en RENFE. Pero estaban. Siempre estaban.

Repartiendo octavillas en silencio. Pegando carteles de madrugada. Doblando papeles, cosiendo palabras, sosteniendo esperanzas. Y sosteniéndonos también a nosotros cuando el miedo apretaba más que nunca, o cuando éramos detenidos injustamente. Ellas cargaban sobre sus hombros los problemas de la familia, como los costaleros cargan los pasos de Semana Santa.

Cargaban sin aplausos, sin música, sin público.
Cargaban en silencio con la vida.

Hoy nombro a algunas compañeras de sindicalistas de CCOO en el ferrocarril, sabiendo que al hacerlo dejo fuera a muchas más. Pero nombrarlas es, al menos, abrir una rendija contra el olvido: África, Amparo, Mercedes, Cuqui, Palmira, Marisa, Emi, Antonia…compañeras de José Luis Martino, Domingo Bartolome, Benito Barrera, Manuel F. Aller, Leandro Esteban, Pedro Ovejero, Antonio Maestre y Paco González.                                                                    Y por supuesto, no puedo dejar de nombrar a mi compañera Isabel, madre de mis hijos y compañera de vida, raíz y refugio.

Pero no quiero quedarme solo en el sector ferroviario. Fueron muchos los ámbitos de la producción y de los servicios los que lucharon por la libertad y la democracia en esta querida España —“esta España mía, esta España nuestra”, que cantaba Cecilia en 1975—. Y muchas las mujeres que estuvieron apoyando a sus compañeros y a su vez realizando tareas antifranquistas para acabar con la cruel dictadura y que sus nombres no deben quedar en el olvido.

Quiero recordar, como ejemplo, también, junto a Josefina Samper a Luz María, Carmelita y Mari —compañeras de Paco Acosta, Eduardo Saborido y Fernando Soto— y a tantas otras cuyos nombres no recuerdo, pero cuya presencia fue constante. Ellas, además de sufrir la injusta detención de sus maridos, lideraron la lucha por la libertad, visibilizaron la represión y soportaron la persecución y el estigma, porque no hay que olvidar, que en sonoros casos de la dictadura franquista, la libertad de los presos políticos tuvo nombre de mujer (Ver video). 

Mujeres de CCOO en la manifestación del 1º de Mayo de 1979

Ellas son solo un fragmento de un todo inmenso. Por eso hoy, desde la memoria y desde la justicia, me atrevo a proponer darles el nombre que les pertenece: Costaleras de la Democracia, o como me ha comentado una compañera que vivió aquellas oscuras épocas en primera persona: Mujeres que rompieron la oscuridad con su empuje por la libertad y contra la dictadura.

Porque mientras otros levantaban la voz, ellas sostenían el peso.
Porque mientras la historia miraba hacia otro lado, ellas mantenían el equilibrio. Porque sin su fuerza callada, sin su coraje invisible, nada de aquello habría sido posible.

Y porque ya es hora de que dejemos de ver solo el paso…
y empecemos a reconocer a quienes lo llevaron.

Francisco Naranjo Llanos, director de la Fundación Abogados de Atocha (2013–2024) y sindicalista de CCOO

La histórica Marcha Negra del 92 en la memoria.

 

La Marcha negra a su llegada a Madrid

Han pasado más de tres décadas, pero el eco de aquella caminata sigue resonando en la memoria colectiva. La llamada Marcha Negra de 1992 no fue solo una protesta laboral: fue una de las movilizaciones más simbólicas del movimiento obrero en la España reciente.

Corría marzo de 1992 cuando cerca de 500 mineros de la Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP) emprendieron un viaje que marcaría una época. Partieron desde Villablino, en la comarca leonesa de Laciana, con un objetivo claro: defender sus puestos de trabajo ante el inminente cierre del Pozo María, una decisión que dejaba en el aire el futuro de 200 trabajadores y amenazaba con ser el principio del fin de toda la actividad minera en la zona.

La situación era límite. El valle entero se había movilizado durante semanas entre huelgas, protestas y encierros. Ocho dirigentes sindicales permanecían encerrados en el pozo Calderón, mientras en la calle se sucedían los enfrentamientos con las fuerzas antidisturbios. En ese contexto de tensión, los mineros optaron por una respuesta distinta: caminar hasta Madrid. Una marcha pacífica como alternativa a la represión.

Como dejó escrito un cronista de la época, “mil pies y la solidaridad de miles de personas a lo largo de cerca de 500 kilómetros y 18 largas jornadas fueron sus únicas armas”. Aquellos hombres atravesaron la provincia de León, dejaron atrás Benavente, fueron ovacionados en Valladolid y cruzaron la meseta castellana acompañados por el apoyo popular. A cada paso, crecían la emoción y la conciencia de estar protagonizando algo histórico. (Ver breve video de la marcha).

La entrada en Madrid fue apoteósica. Los mineros llegaron como héroes, entre aplausos, vítores y el canto de Santa Bárbara Bendita. Su primera parada en la región fue en Villalba, desde donde continuaron hasta Aravaca. Pasaron la noche en un polideportivo de Aluche antes de afrontar la última etapa: la entrada por Moncloa y la manifestación frente al Ministerio de Industria.

El 25 de marzo de 1992, miles de personas se congregaron para recibirlos y acompañarlos en el tramo final. Mientras el Gobierno de Felipe González respondía con silencio, la ciudadanía madrileña les ofrecía un respaldo masivo y emocionado.

Al día siguiente, los sindicalistas encerrados en el pozo Calderón salieron a la superficie. El 31 de marzo se firmó un acuerdo de mínimos. Fue una victoria ajustada, pero victoria, al fin y al cabo.

En el camino quedaron también innumerables historias de solidaridad. Como la de una niña de apenas ocho años que, al paso de la marcha por un pueblo de Valladolid, entregó 25 pesetas a uno de los mineros. O la de Bembibre, donde muchos vecinos, en lugar de comprar papeletas de 100 pesetas para financiar la marcha, llegaron a entregar billetes de 1.000 pesetas.

Uno de los portavoces, Javier Rubio, de CCOO, relataba cómo, tras una jornada en Valladolid, descubrió su mano hinchada de tanto estrechar manos. Un detalle sencillo que resume el impacto humano de aquella marcha.

Con el Casco de la Marcha Negra, que me regalo Javier Rubio 

Durante su estancia en Madrid, compartí con ellos y sobre todo con Javier Rubio, entrevistas en periódicos y emisoras de radio. Antes de regresar a Villablino, quiso agradecer ese trabajo con un gesto inolvidable: me regaló su casco de minero, con la pegatina de Laciana. Aún hoy lo conservo en mi despacho como símbolo de aquella lucha.

Y aunque esta crónica parezca centrarse únicamente en los hombres, es de justicia rescatar del silencio la presencia de las mujeres: alma discreta pero imprescindible del entramado social que sostuvo la Marcha Negra. Fueron ellas un pilar firme en la sombra, el sostén logístico de cada jornada, las manos que atendían las heridas de los caminantes al final de cada etapa, entre muchas otras tareas esenciales en apoyo de la lucha por la defensa de la comarca de Laciana.

Veinte años después, en 2012, otra Marcha Negra volvió a recorrer España, para terminar en Madrid, esta vez desde distintos puntos del país. Y, una vez más, la respuesta fue la misma: calles llenas, apoyo popular y una reivindicación que sigue vigente. Porque, al final, la historia de aquellas marchas no habla solo del carbón, sino de algo mucho más profundo: la dignidad de quienes luchan por su trabajo y su tierra.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.

21 DE MARZO, DIA MUNDIAL DE LA POESIA

 

Retrato de Miguel Hernández que pinto y me regalo dedicado el artista Pepe Molleda 

A Miguel Hernández, la voz que perdura...

Cada 21 de marzo, con motivo del Día Mundial de la Poesía, la memoria literaria nos invita a regresar a aquellas voces que han dado sentido, profundidad y dignidad a la palabra. Entre ellas, para mi, destaca con especial fuerza la de Miguel Hernández, poeta del pueblo y figura esencial de la literatura española del siglo XX.

Nacido en Orihuela en 1910 y fallecido en Alicante en 1942, a los 31 años, su trayectoria vital quedó trágicamente marcada por la Guerra Civil, la represión y la enfermedad. Sin embargo, la brevedad de su vida contrasta con la intensidad y la permanencia de su obra, que ha sabido atravesar el tiempo hasta instalarse con firmeza en la conciencia colectiva.

Hoy, sus versos forman parte del patrimonio cultural compartido. Poemas como Nanas de la cebolla, El niño yuntero o Para la libertad han alcanzado una amplia difusión, en gran medida gracias a la música y a la recuperación de su figura en democracia. No obstante, conviene recordar que durante años su obra permaneció silenciada, relegada a ediciones extranjeras y a una circulación casi clandestina en el interior de España.

Fue precisamente a través de esas lecturas discretas como muchos descubrimos a Miguel Hernández. En mi caso, el encuentro se produjo en 1967, con Vientos del pueblo, un libro que no solo revelaba a un poeta de extraordinaria fuerza expresiva, sino también una mirada distinta sobre la realidad del país. Aquella lectura supuso una toma de conciencia: la intuición de que existía otra España, más profunda y sobre todo más silenciada.

Miguel Hernández no fue únicamente un escritor de talento excepcional; fue, ante todo, una voz comprometida con su tiempo, con el sufrimiento y con la dignidad de los más humildes. Esa condición explica, en gran medida, la vigencia de su obra. Su poesía no pertenece únicamente al pasado, sino que continúa interpelando al presente y proyectándose hacia el futuro.

Con el paso de los años, su figura no ha dejado de crecer. Cabe pensar que, cuando el tiempo haya borrado tantos nombres, el suyo seguirá ocupando un lugar central. Él mismo lo expresó con palabras que hoy conservan toda su fuerza: “Los poetas somos viento del pueblo: nacemos para pasar soplando a través de sus poros”.

En esa imagen perdura el sentido último de su obra. Y en ese viento, que aún nos alcanza, sigue viva la voz de Miguel Hernández.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.

19 de marzo: Día del Padre, de todos los padres.

Mi padre José María Naranjo, en los años 60 en la estación de ffcc de Mérida 

El 19 de marzo, la voz insistente de la publicidad nos recuerda que es el Día del Padre. Pero más allá de los escaparates y los regalos, estas líneas quieren ser un homenaje íntimo, casi susurrado, a aquellos padres del siglo pasado. A los que no les dábamos obsequios envueltos en papel brillante —porque casi nunca podíamos—, pero sí algo más verdadero: el cariño sencillo, la presencia, la gratitud callada.

Porque, al fin y al cabo, ¿qué mejor regalo que compartir la vida con ellos? Verlos entregarse sin medida, gastarse los días para que nosotros pudiéramos crecer un poco más libres, un poco más dignos, dentro de las estrecheces de cada tiempo.

Estas palabras van por ellos. Y en ellas habita la historia de mi padre, el “Abuelo Pepe” para sus nietos y bisnietos. Una historia que podría ser, sin apenas cambiar los nombres, la de tantos abuelos de este país.

Se llamaba José María, aunque para todos fue siempre el abuelo Pepe. Nació un caluroso día de julio de 1913 en un pequeño pueblo blanco de Extremadura, Esparragalejo, y se fue, 84 inviernos después, en un diciembre frío de 1997, en Mérida, aquella antigua Augusta Emérita que aún guarda el eco de Roma entre sus piedras.

En las tardes de invierno, alrededor de la mesa camilla y el brasero de picón, nos contaba su vida como quien desgrana una cosecha. Había sido labrador, segador de sol a sol, con jornadas interminables bajo el cielo extremeño. Pero entre surco y surco encontró un resquicio: sabía cocinar, y ese talento le salvaba del filo constante de la hoz. Preparaba para la cuadrilla gazpacho y garbanzos cocidos, con su tocino y su morcilla, siempre lo mismo, siempre suficiente.

Sin embargo, lo que más nos fascinaba eran sus historias de la guerra. En aquellos años cincuenta sin televisión ni radio, sus palabras eran nuestro único relato del mundo. Hablaba en voz baja, como si el pasado aún pudiera oírle.

Nos contó cómo, en el verano de 1936, se marchó con otros jóvenes a defender su pueblo, cavando zanjas con sus propias manos. Semanas después, cuando el hambre apretaba, su padre llegó con la noticia: el pueblo ya había caído. Volvieron, se entregaron, y al poco tiempo les ofrecieron una salida: sumarse al bando vencedor. Todos aceptaron. Así, casi sin quererlo, mi padre conoció los dos lados de una misma tragedia.

En el frente de Navalcarnero, una vez más, la cocina le apartó del fusil. Su guerra fue, dentro de lo terrible, más silenciosa. Años después, al ver La Vaquilla de Berlanga, no pude evitar pensar en él.

Terminada la guerra, volvió al campo, y más tarde al ferrocarril. Empezó ganando siete pesetas al día, lo justo para sobrevivir en un tiempo en que el aceite costaba casi lo mismo. Fue mozo de agujas, guardagujas… y, sobre todo, sostén de una familia que aprendió a vivir con poco.

Recuerdo aquellos años de garbanzos interminables: al mediodía, por la noche en sopa, y al amanecer con el tocino sobre el pan. Y, sin embargo, nunca nos faltó lo esencial.

Teníamos animales: cerdos, gallinas, una cabra. De ellos venía la vida diaria. Y también alguna travesura. Como aquella vez en que la cabra dejó de dar leche y mi padre, desesperado, juraba venderla. Hasta que mi hermano y yo confesamos el secreto: por las noches la ordeñábamos directamente para beber su leche caliente antes de dormir. Aquella confesión salvó a la cabra… y nos arrancó una de esas risas que aún resuenan.

Vivíamos en la estación de Proserpina, rodeados de campo. Para comprar, viajábamos en tren a Mérida o en burro hasta el pueblo. Recuerdo especialmente el regreso con los cerditos: mi padre los colocaba en un lado del serón y a mí en el otro, para equilibrar el peso, mientras él caminaba tirando del animal. No era raro que acabáramos todos en el suelo, entre risas y protestas.

Hoy, tantos años después de su nacimiento y de su partida, me gusta recordarlo así: con su cesta de mimbre casi vacía al salir a trabajar y casi siempre llena al volver. Con su empeño silencioso en que sus hijos fueran algo más. Con su vida entera entregada, sin aspavientos.

Gracias por lo que nos diste y por lo que nos enseñaste. Estoy seguro de que, de algún modo, sigues mirándonos, quizá orgulloso, quizá en silencio, como siempre hiciste.

Descansa en paz  Papa, y solo recordarte que aquí sigues. Siempre te recordaremos.

Hasta siempre Abuelo Pepe. Te queremos. Y feliz Día del Padre, de todos los padres.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.

11M: LA DIGNIDAD DE UNA MUJER Y LA DESVERGUENZA DEL PP

Pilar Manjon, en diciembre de 2004`, en la comparecencia de la Comisión de Investigación del 11M:
“Por favor, señorías, dejen de crispar a los ciudadanos dividiendo al pueblo. No hagan política de patio de colegio. Va siendo hora de dejar de trasladarnos sus miserias y crispaciones".

Aquel 11 de marzo de 2004, -me acuerdo tal como si fuese hoy- a primera hora de la mañana iba escuchando la radio, camino de Alcalá, a un congreso sindical de CCOO, de la comarca del Henares.

Eran poco más de las ocho de la mañana cuando Iñaki Gabilondo en la SER, anunciaba que: “hace unos momentos se ha registrado dos explosiones consecutivas en la madrileña estación de Atocha y muy cerca de ella, por el momento las noticias son confusas”

A partir de ahí todo se precipita, llego tarde a Alcalá por los atascos y controles que había en varios puntos de la carretera. No se celebra el acto previsto, pero sí una manifestación a las doce de la mañana para condenar el atentado, desde la sede de CCOO hasta el Ayuntamiento.

Por la tarde de vuelta a Madrid se comienzan los preparativos de la gran manifestación unitaria del día siguiente. También comenzamos a difundir los comunicados conjuntos condenando los atentados, así como los de la convocatoria de la manifestación. (Yo en aquellas fechas era el responsable de comunicación de CCOO de Madrid).

Fatigado del todo el día, sobre las nueve da la noche, lo primero que pienso es irme a casa. Un compañero dice de ir al IFEMA, lugar donde llevan los cadáveres de los atentados. Las familias de los fallecidos o desaparecidos están en el recinto ferial Juan Carlos I, donde son atendidos por psicólogos y psiquiatras, que les acompañan durante el tiempo que tarden con el proceso de identificación.

Visita al IFEMA

Aunque insisto en no querer ir al IFEMA, mi compañero me convence y al final voy pero con la idea de estar solo un rato. El panorama que nos encontramos allí es muy difícil de describir. Hay que vivirlo.

Después de ver muchas escenas de dolor y de muchas vueltas por el edificio, encontramos y tratamos de animar a la familia Benito Samaniego, con un hijo desaparecido, de 27 años, Rodolfo, sobrino de un amigo y conocido dirigente sindical: Rodolfo Benito, que para el dolor de su familia lo encontraron esa misma noche. Era uno de los asesinados por el atentado.

Con su nombre, familiares y amigos ha creado una Fundación, con sede en Alcalá de Henares, con el fin de mantener vivo su recuerdo y el de las personas que sufrieron el brutal atentado en las estaciones de ffcc de Madrid. Desde entonces todos los años se realiza un acto en recuerdo y homenaje de las víctimas y se entregan los premios de la Fundación a la Innovación Tecnológica.

Vuelvo de nuevo a la noche de aquel día. Serian ya más de las doce de la noche. Alguien nos comentó que en otro lugar del edificio del IFEMA se encontraba Pilar Manjón, a la que fuimos a ver y que también estaba a la espera de saber algo de su hijo Daniel. Pilar, sindicalista, miembro de la Ejecutiva de CCOO de Madrid en aquellas fechas, estaba destrozada ya en esos momentos. 

Nuestros abrazos y palabras de ánimo no le servían de nada. Su hijo estaba desaparecido y se temía lo peor. Y lo peor tardo, su hijo fue de los últimos en identificar, no apareció hasta algunas semanas después. El dolor de esa madre, además al ser compañera y amiga, ha sido algo que no he podido olvidar ni creo que nunca en mi vida olvidare.

Aquella noche me fui a casa más allá de las dos de la madrugada y aunque reconozco que pude hacer poco, me siento orgulloso y nunca me he arrepentido de haber ido y estado en el IFEMA aquella tarde y parte de la noche, intentando consolar a Pilar y a otros compañeros y amigos.

La gran mentira del PP con el atentado del 11M

Lo que aún me enoja es que partir de los atentados, los bulos y las mentiras del Partido Popular (PP) sobre el 11 de marzo de 2004, han continuado, siendo uno de los episodios de desinformación más probados en la historia política de España. Las críticas y evidencias acumuladas durante dos décadas señalan que el Gobierno de José María Aznar mantuvo la autoría de ETA a pesar de los indicios policiales, que muy pocas horas después de las explosiones, ya se habían encontrado pruebas que apuntaban a Al Qaeda. Como por ejemplo, una furgoneta con versos del Corán y detonadores, y a pesar de ello el Gobierno insistía en que ETA era la responsable y olvidaba que Al Qaeda, habia amenazado con matar a los cristianos "allá donde estén" por el claro posicionamiento de Aznar en la guerra de Irak, con los que se llamaron "El trio de las Azores". 

Incluso José María Aznar, presidente del Gobierno por aquel entonces, llamó personalmente a directores de periódicos para asegurarles que ETA era la autora. Además, se forzó una resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU que señalaba directamente a la banda terrorista vasca.

Tras perder las elecciones del 14 de marzo de 2004, sectores del PP y medios de comunicación afines, continuaron alimentaron durante años las teorías de la conspiración que sugerían una colaboración entre ETA y los yihadistas o una trama policial para ocultar la verdad y dar pábulo a la gran mentira urdida por los altos cargos del Partido Popular, con Aznar a la cabeza.

 En fin, ahí están las hemerotecas para atestiguar lo que digo.

Comisión de Investigación: La dignidad y la valentía de una madre coraje

En diciembre de 2004, casi nueve meses después del criminal atentado, Pilar Manjón, dio muestras a todos de su entereza, valentía y de madre coraje. Eso ya lo sabe la sociedad española y creo que todo el mundo. Entonces solo lo sabíamos algunos de nosotros. Cada vez que la veo y la abrazo, siento como un pinchazo en el corazón, continúo emocionándome y me acuerdo de aquel fatídico día, 11-M del 2004, día que fueron asesinadas 192 personas, entre ellas su hijo: Daniel Paz Manjón, de 20 años de edad.

A pesar de los años transcurridos, aun hoy, retumban en la sociedad algunas de las palabras de Pilar en la Comisión de Investigación del Congreso de los Diputados, en diciembre de 2004, con la desagradable imagen de algunos de los representantes del Partido Popular.

Pujalte y  Zaplana, en representación del PP en la Comisión de Investigación del 11M, en pleno ataque de risa, mientras Pilar Manjón hablaba de su ponencia,

En concreto Eduardo Zaplana y Vicente Martínez Pujalte, "pasando" de Pilar, leyendo distraída y divertidamente un periódico. Mientras ella hablaba y lloraba en nombre de las víctimas, ellos se reían a carcajadas.  Algo, que aunque todos lo vimos por TV, se nos ha quedado muy gravado en la memoria. Esa desvergüenza y ese desprecio por las víctimas del 11M, de dos "teóricos" representantes del pueblo, es difícil de asimilar y olvidar. Como se puede observar la filosofía de “Mazón y su Ventorro”, viene de lejos en la historia del Partido Popular.

Por otro lado, la dignidad de la intervención de Pilar, fue calificada por muchos como un “aldabonazo a las conciencias”, y a mi humilde entender, también, como una verdadera lección de valentía y coraje, de una madre que ha perdido un hijo, así como de una representante responsable de colectivo cruelmente golpeado y despreciado.

Estos son los primeros párrafos de sus palabras:

“Sr. Presidente, señoras y señores Comisionados: Mi nombre es Pilar Manjón. Vengo en representación de la Asociación 11M Afectados del Terrorismo, de las víctimas, heridos y sus familias...Pido por favor, señorías, dejen de crispar a los ciudadanos desde sus escaños, dividiendo al pueblo. No hagan política de patio de colegio. Va siendo hora de dejar de trasladarnos sus miserias y crispaciones”.

En este enlace se puede ver y escuchar la intervención completa de Pilar Manjón.

Desde que ocurrió el atentado criminal hasta la fecha han pasado 22 años y desde entonces todos los años los sindicatos de clase, CCOO y UGT de Madrid, conjuntamente con la Unión de Actores y la Asociación 11M, afectados del Terrorismo, recuerdan ese día en la estación de Atocha-Cercanías, rindiendo a las víctimas y a sus familiares su más sentido homenaje. Este año está previsto realizar el acto el miércoles 11 de marzo a las 10,30 h de la mañana.

Sirvan estas líneas como recuerdo y homenaje a Daniel, a Rodolfo y a las 192 personas inocentes asesinadas y a los más de 2000 heridos en el brutal atentado de aquel 11-M, que tanto dolor, rabia e indignación, causo a todos, especialmente a sus familiares y amigos.

Para finalizar agradecer a Pilar Manjón su gran labor en defensa de las víctimas en aquellos momentos tan necesarios, con su dolor, pero también con su dignidad y valentía. Gracias Pilar, madre coraje, compañera además de amiga, un gran abrazo.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.

8M DE 2026: MARÍA JESÚS, EJEMPLO DE LUCHADORA POR LA IGUALDAD

 En la foto Maria Jesus, con José Luis Martino, SG del sector Ferroviario de CCOO, finales de los años 70 del siglo pasado).
En estos días, hace un año falleció a la edad de 70 años, María Jesús Álvarez García, una de las mujeres que más ha luchado por la igualdad de género en el sector ferroviario. Por casualidades de la vida y de la muerte, coincidió su fallecimiento con el día internacional de las mujeres. (8 de marzo de 2025).

Cuando he comentado, hablado o escrito sobre la transición democrática, siempre la nombro como un ejemplo de lucha por las mujeres. Es más, cuando voy en el tren y veo a una interventora, una jefa de estación, una maquinista de tren, siempre me viene a la memoria la figura de esa gran mujer. En mis dos últimos libros publicados, Loscarriles de la vida y El pasado es la linterna del futuro, María Jesús, ocupa un lugar preferente.

Para no repetirme, a continuación, incluyo un artículo de opinión sobre su historia y trabajo sindical en los años 70 del siglo pasado, escrito en 2010.

María Jesús, una joven luchadora ferroviaria

María Jesús llego despacio, sin hacer ruido, sin molestar, sentándose en las últimas filas. Pelo moreno rizado, gafas redonditas, vestida con el uniforme de informadora de RENFE, camisa amarilla, falda y chaqueta azul, azulón.

Los demás, prácticamente todos hombres, cerca de una treintena, estábamos debatiendo como llevar a la práctica las acciones necesarias en RENFE para conseguir la amnistía de los represaliados por el franquismo, así como montar algo representativo, al margen del sindicalismo vertical, el sindicato del régimen, la teórica representación de los trabajadores, pero sumisos a la empresa.

Las reuniones las celebrábamos en la calle Silva, una calle colateral a Gran Vía, en Madrid, al lado de la plaza de Callao, en un local de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica). Ese día, mejor dicho, esa tarde-noche, la mayoría, por no decir todos, tan enfrascados estábamos en el debate, que no nos habíamos dado cuenta de la presencia de una persona nueva en la reunión.

De pronto sonó una delicada voz de mujer desde las últimas filas, más o menos diciendo, “Que trabajaba cerca de allí y que se había enterado de la existencia de estas reuniones y que quería participar y ayudar en lo que pudiese”. Todos nosotros, primero disimuladamente y después con todo descaro, miramos para ver cómo era esa jovencita. A pesar del tiempo trascurrido, me acuerdo perfectamente: Pelo moreno rizado, gafas redonditas, vestida con el uniforme de informadora de RENFE de aquel tiempo, falda y chaqueta azul oscuro y camisa amarilla.

Después de aquel día, vinieron muchos días, incluso años, ya que María Jesús Álvarez García, así se llama aquella joven desconocida, participó activamente en la creación del movimiento obrero en RENFE, aquel Pleno de Representantes Ferroviarios, en la que participaban militantes afiliados a sindicatos de clase -especialmente de CCOO- y otros muchos no afiliados.

Hay que tener en cuenta que estamos hablando de finales de 1975 o primeros días de 1976 y las primeras elecciones sindicales, ya en democracia, se celebraron en abril de 1978.

El Pleno, -o la “platajunta”- como se le conocía coloquialmente entre los más de 80.000 ferroviarios, de la plantilla que tenía entonces RENFE, negocio el primer convenio colectivo de la compañía ferroviaria en 1976 con una Comisión Negociadora con el 99 % de hombres y cuando en su desarrollo, se hablaba de los derechos de las mujeres y de igualdad de género, pasábamos olímpicamente del tema, menos mal que estaba María Jesús para ponernos las pilas.

Comienzo de los años 80. Maria Jesús con Benito Barrera, por aquel entonces SG de la Federación de Transportes de CCOO

Había otras mujeres en el Pleno, pero reitero, en las negociaciones del desarrollo del primer Convenio Colectivo, ella era sola en la Comisión Negociadora.

De esas negociaciones que comento, salieron la posibilidad de que en el ferrocarril pudiese haber mujeres, a partir de 1979, entre otras muchas categorías, Maquinistas, jefas de Estación, Interventoras, etc. Hasta esas fechas solo podían ser administrativas, limpiadoras, guardabarreras y poco más. Mujeres que tenían que abandonar su trabajo cuando se casaban. Era Ley. Franquista, pero Ley.

Desde hace ya mucho tiempo cuando voy en el tren y una interventora me pide el billete, o en una estación veo a una mujer dándole la salida al tren con su banderín y su gorra roja, no tengo por menos que recordar a María Jesús, aquella compañera, informadora de RENFE, de una oficina de la calle de Alcalá de Madrid, que nos hizo ver a los hombres de la Comisión Negociadora que ellas, las mujeres, tenían tanta o más capacidad para realizar toda clase de funciones y tareas que el régimen dictatorial franquista, consideraba que  debían de ser solo cosa de hombres.

Hace ya muchos años, María Jesús, que no te veo, ni sé nada de ti, pero quiero que sepas, que me siento orgulloso de haber sido, además de compañero de luchas sindicales, tu amigo. Te mereces este y otros muchos reconocimientos y estoy seguro, que, si supieran esto que cuento aquí, muchas mujeres y hombres, tendrías también su seguro reconocimiento, pues eres una de las personas que más contribuisteis a que hayamos avanzado en la igualdad de género en el ferrocarril y por ende en el conjunto del estado. Estés donde estés y espero que estés bien, un gran abrazo compañera M.ª Jesús”.

Ese articulo, como decía antes, lo escribí en 2010. En la actualidad y a pocos meses de su fallecimiento, conocí personalmente a una de las hijas de María Jesús, se llama Alba, nació el día 28 de un mes de septiembre y no por casualidad sus padres, Antonio Muñoz y María Jesús, le pusieron de nombre Alba, sino como recuerdo y homenaje a lo que significa para ellos la canciónAl Alba” del cantante Luis Eduardo Aute, canción de triste recuerdo, pero de gran contenido social e histórico. Por cierto, hace poco tiempo que estuve con Alba y su compañero, empaticé plenamente con ellos. Iba la cosa de tomar un café en la estación de ferrocarril de Madrid-Chamartín y estuvimos hablando más de tres horas. Espero repetir un día de estos.

Con Alba, hija de Maria Jesús, en septiembre de 2025, en la estación de ffcc de Chamartín 

Para terminar, me gustaría dedicar este nuevo reconocimiento y recuerdo a esa gran mujer que fue María Jesús, a su familia y amigos, a su hermana Encarna, a sus hijas Alba y Tania y a sus nietos Kai y Zoe, para que se sientan orgullosas de su hermana,  madre y abuela, como lo estamos sus compañeros, por haber sido un referente, una gran mujer luchadora que junto con otras y otros, fueron los que consiguieron los avances en igualdad que tenemos ahora en el ferrocarril, avances, que por cierto que hay que seguir combatiendo para mantener y aumentar.

En fin, finalizo: Descansa en paz querida amiga y recuerda que estés donde estés, toda tu familia y amigos te seguimos echando de menos y como dice Isabel Allende, en su libro Eva Luna: "La muerte no existe, la gente sólo muere cuando la olvidan”, pues ya sabes María Jesús, aquí en la tierra, aún somos muchos los que te seguimos recordando.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.

AMPARO CLIMENT, GRAN ARTISTA MULTICULTURAL

Hoy me apetece escribir sobre una gran mujer que conocí en el siglo pasado y que desde entonces es amiga, además de ser una gran artística multicultural, y sobre todo una de las personas más solidarias y de gran conciencia de clase que he conocido.

(22 de mayo de 2016). En el auditorio Marcelino Camacho, asistiendo a la película "Las lágrimas de África" con  Amparo Climent y otras compás de CCOO. 

La extensa biografía de Amparo Climent Corbín  (Valencia), que es la persona a la que me refiero, -entre otras muchas cosas- dice que es una destacada actriz, directora y guionista española, reconocida por su versatilidad artística y su compromiso social. Se formó en Arte Dramático en la escuela valenciana El Micalet y es licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid.  Ha trabajado en multitud de películas, como Tranvía a la Malvarrosa y Demonios en el jardín y en series populares como La que se avecina, Hospital Central y El Comisario...

En teatro fue actriz principal en la compañía de Arturo Fernández durante seis años, protagonizando obras como Esmoquin. Como Directora y Guionista, está especializada en el género documental, ha dirigido obras de fuerte contenido y carga social como Las lágrimas de África  y Los sueños de Idomeni. Es también reconocida por su documental Las cartas perdidas (2021) sobre las presas y represaliadas del franquismo.

Entre otras cuestiones es miembro de la Junta Directiva de la Academia de Cine de España y socia fundadora de la Academia Valenciana de l'Audiovisual. En 2019, recibió el Premio Pilar Bardem, “Cine, Ayuda y Solidaridad”, otorgado por la Academia de Cine por su labor humanitaria. Además, desarrolla una labor editorial dirigiendo la colección "Memoria de la escena española" para AISGE.

Mas menos, esta es brevemente su biografía “oficial”, pero a ojos de un  sindicalista que la ha conocido hace muchos años, Amparo, es más, mucho más. Lo primero que quiero destacar es, que aparte de su faceta relacionada con las artes escénicas, Amparo es una gran artista multicultural, muy comprometida con las causas sociales y solidarias de este mundo que nos ha tocado vivir.

La conocí hace unos treinta años, a través de Jorge Bosso, por aquellos años secretario general de la Unión de Actores y Actrices. Yo era por aquel entonces el responsable de comunicación de CCOO de Madrid. Hablo de los años 90 del siglo pasado.

Teníamos una movilización sindical con los compañeros de UGT Madrid y otras organizaciones y necesitábamos a alguien conocido para que leyera el comunicado conjunto, que no fuera de las direcciones sindicales. Es decir independiente de siglas. Jorge me recomendó a Amparo Climent y aunque desde los sindicatos querían a una persona más mediática, jamás nos arrepentimos de contar con ella.

Desde entonces el sindicato ha contado con Amparo en innumerables ocasiones y ella con gran profesionalidad, siempre ha estado dispuesta para nuestros muchos eventos sindicales y culturales. Una de las fechas que recuerdo con especial cariño fue cuando se hizo, desde CCOO de Madrid, un homenaje al poeta Marcos Ana,  autor del libro “Decidme cómo es un árbol“ en octubre de 2009. Un acto brillantemente conducido por  Amparo y Juan Diego Botto.

He coincidido con Amparo en innumerables eventos suyos, relacionados con sus múltiples facetas, de CCOO y de la Fundación Abogados de Atocha. Amparo no se pierde ningún acto de los  aniversarios de loa Abogados de Atocha. Yo he asistido a varias de sus exposiciones y presentaciones, pues entre sus múltiples aficiones también es pintora y escritora. También he asistido a algunos preestrenos de sus documentales y obras de teatro.

(Mayo de 2012). Gran exposición en la Fundacion AISGE de Amparo Climent. En la fotos con Amparo, entre los retratos de Miguel Hernández y María Zambrano.

Interesantísimo su ultimo y reciente trabajo documental: "Dolores Ibárruri. Pasionaria", (2025), Obra  que ofrece una visión íntima y humana de la histórica líder comunista española y  que está triunfando en todos los lugares donde se proyecta y que es imprescindible ver.

En la actualidad Amparo está dirigiendo en un teatro madrileño:Lorca. La voz de un poeta”, recital escénico-musical que recorre la vida y la obra poética del gran Federico García Lorca.

Después de releer lo que he escrito sobre Amparo, da la impresión que todo su camino ha sido de color de rosa, pues no; me consta que en muchas ocasiones las ha pasado canutas, pues estás profesiones socio-culturales están llenas de altibajos y ella, gracias a su capacidad de resistencia y lucha, a mi humilde entender, las ha ido superado con notable aprovechamiento.

En fin termino: personas y sobre todo mujeres como Amparo, son necesarias en esta España mía, en esta España nuestra, que diría la cantante Cecilia, recordando su bella canción “Mi querida España”.  No digo más. Solo aprovecho para recomendar que veáis de Amparo Climent, alguno de sus numerosos y excelentes trabajos. Quedareis encantados como yo lo he estado y seguiré estando. Un abrazo Amparo y mucha “mierda” en tus seguras y triunfadoras siguientes obras multiculturales.

Francisco Naranjo Llanos, Patrono y director de la Fundación Abogados de Atocha (2005-2024) y sindicalista de CCOO.

EN EL 25 ANIVERSARIO DE LA ACAMPADA DE SINTEL

Ahora que se cumplen  25 años del conflicto de SINTEL, con muchas movilizaciones y huelgas y sobre todo una acción sin precedentes en pleno centro de Madrid, de los cerca de dos mil trabajadores de Sintel, consistente en acampar en el madrileño Paseo de la Castellana. Acampada que duro seis meses, desde el 29 de enero al 3 de agosto de 2001, me apetece dar mi particular visión, pues lo viví muy cercano. Yo por aquel entonces era el responsable de Comunicación de CCOO de Madrid.

Sintel, por aquellas fechas era una saneada empresa de telefonía y tenía una gran afiliación sindical, en especial sus empleados estaban acostumbrados a la negociación y a la movilización para establecer sus convenios. Pero de repente se encontraron en la calle. Los incumplimientos de la dirección de la misma y la venta fraudulenta de la empresa, la falta de interlocutores y la nula respuesta del gobierno, les lanzaron a una acción sin precedentes en la Castellana, desde El Bernabéu hasta la Plaza Castilla, con cientos de tiendas de campaña y casitas de madera que se construyeron ellos mismos y que llamaron  “Campamento de la Esperanza”.

A 25 años vista, de esos seis largos meses, me vienen a la memoria mil y un recuerdos y anécdotas de las movilizaciones de esos trabajadores y sus familias, en especial de sus mujeres.

Ya ha llovido desde entonces, tanto, que incluso dio tiempo a que se produjesen, entre otros, los documentales Alzados del SueloEl efecto Iguazu, este ultimo, premiado con un Goya por la Academia de Cine en 2003. Este documental debe su nombre a que algunos de los trabajadores de Sintel habían estado realizando trabajos en Argentina y visitaron las cataratas de Iguazu, situadas en la frontera con Brasil y pudieron comprobar que el río va tranquilo hasta que de golpe se acelera de tal forma que cualquier barca un poco despistada puede ser arrastrada al despeñadero sin salvación: Al igual que el capitalismo inmerso en la globalización puede arrojar a empresas y trabajadores al vacío de forma brusca sin que nadie pueda sentirse a salvo.

La movilización sindical comenzó en  diciembre del 2000, después de varios meses de no pagarles la nomina, la dirección de la empresa les comunica un ERE  de 1200 bajas, de los 1800 trabajadores de la plantilla, ERE que fue contestado con una huelga, que da comienzo el 22 de enero de 2001 y una semana después se decide la acampada en pleno centro de Madrid, el paseo de la Castellana, frente al estadio del Real Madrid, el Santiago Bernabéu. Acampada bautizada, como decía antes, como Campamento de la Esperanza.

Los primeros meses de acampada y movilizaciones convocadas por el Comité de Empresa y apoyada por todos los sindicatos, fueron seguidas masivamente por la plantilla y genero unas grandes muestras de solidaridad por la ciudadanía. Manifestaciones, a finales de febrero de 2001 encierro de mujeres en la Catedral de la Almudena, la organización modélica del campamento, etc. Las visitas del mundo de la cultura con personas como José Saramago y José Luis Sampedro, cantantes como Miguel Ríos, Luis Pastor e Ismael Serrano, líderes vecinales, políticos, sindicalistas...y por supuesto cientos de trabajadores y trabajadoras.

El Campamento de la Esperanza se convirtió en foro abierto a todos: Conciertos, actos públicos, manifestaciones, todo era poco para trasladar la solidaridad con los trabajadores de SINTEL en aquellos meses. El apoyo es generalizado y como  le gusta decir a Javier López, que era secretario general de CCOO de Madrid por aquel entonces, Madrid se convertía una vez más “en el rompeolas de todas las Españas” y como ejemplo de lucha de la clase trabajadora.

José Luis Sampedro con Javier López, Francisco  Naranjo y Olga Lucas, compañera de Sampedro, en el Campamento de la Esperanza (Fotografía de marzo de 2001).

Vienen de todo el país, pero especialmente de Madrid. Desde los sindicatos  se dirige el proceso de movilización,  junto a los trabajadores de Sintel, cuyos líderes naturales eran Adolfo Jiménez y Valeriano Aragonés. Desde las Comisiones Obreras madrileñas se organizan múltiples actos de solidaridad con los acampados, se busca la intermediación del Gobierno Regional, negocian con las autoridades,  para evitar intervenciones policiales contra el campamento, que en varios momentos estuvieron a punto de producirse y movilizamos a la organización madrileña del sindicato en apoyo a la lucha de  Sintel, una semana sí y otra también, a lo largo de esos seis meses.

El final de la acampada se produjo el 3 de Agosto de 2001, tras una masiva asamblea celebrada en el Salón de Actos de CCOO de Madrid, (hoy lleva el nombre de Auditorio Marcelino Camacho). La votación de la asamblea traslada una masiva confianza en el Acuerdo que los sindicatos habían alcanzado con el Gobierno Central, que incorporaba indemnizaciones, recolocaciones y el impulso a otras posibles salidas de empleo, entre otros aspectos.

Lo que parecía una satisfactoria salida al conflicto, se convirtió sin embargo en un nuevo foco de problemas. Unos meses después, una parte importante de los trabajadores de SINTEL que no renunció nunca a un nuevo proyecto colectivo empresarial, dirigido por ellos mismos, desencadena una controversia interna en CCOO y diferentes estructuras sindicales mantienen posiciones contrapuestas. Una confrontación interna que se agudiza en el marco de conflictos desencadenados en  la comisión ejecutiva confederal de las CCOO, que finaliza con ceses y dimisiones. En esa época el Secretario General del sindicato era José María Fidalgo.

A pesar de todos los problemas sindicales y jurídicos los trabajadores de Sintel no se rindieron nunca, continuaron luchando en la calle, en los despachos y por la vía jurídica. Crearon una Empresa SINTRATEL en la que dieron empleo a cerca de 400 trabajadores.

Por otro lado recordar de este conflicto, que en noviembre del año 2000, los trabajadores de Sintel interpusieron la primera demanda jurídica, denuncia que después de 13 años, dio lugar a que en la Audiencia Nacional se llegara a un acuerdo,  el 14 de junio de 2013, que se resumía “que la actual propietaria de Sintel, la empresa Mas Tec, accedía  voluntariamente a pagar un total de 35 millones de euros que serian repartidos entre los  ex trabajadores y proveedores de la antigua filial de telefónica”, cuestión que me confirmó en su día personalmente Adolfo Jiménez, compañero y amigo y uno de los máximos dirigentes sindicales de aquella historia. Adolfo, era el Presidente del Comité de Empresa de Sintel. En concreto ese acuerdo significaba que la mayoría de los trabajadores de Sintel tendrían una pensión digna y otros una indemnización importante.

Desde mi punto de vista, al margen de posibles equivocaciones y errores de unos o de otros, lo que está claro es que el colectivo de los 1800  trabajadores de Sintel y sus familias, aunque tarde, muy tarde, con el acuerdo de la Audiencia Nacional de junio de 2013, han tenido un buen resultado como colofón de su larga lucha, lucha que  ha merecido la pena y han dejado muy claro que la lucha obrera sirve y como dijo Valeriano  Aragonés, uno de los lideres de aquellas movilizaciones, en su intervención, cuando en noviembre de 2013 recogió el premio Ciudadanos, frase válida para cualquier colectivo: "Si se lucha se puede perder pero si no se lucha estas perdido". Lo que no sirve para nada es resignarse,

En fin, termino, a 25 años vista, gracias por vuestro ejemplo de lucha obrera y un abrazo compas de Sintel y por mi parte, perdonad por los fallos que tuviesen algunas personas de mi sindicato, pero recordar que la organización madrileña de CCOO, siempre estuvo ahí con vosotros, especialmente en los seis meses que duro la acampada.

Francisco Naranjo Llanos, director Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.