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| 11 de julio de 1976: Asamblea de CCOO en Barcelona. Cipriano García modera la reunión. El pasado jueves, 9 de julio, Comisiones Obreras conmemoró el cincuentenario de la histórica Asamblea de Barcelona, celebrada el 11 de julio de 1976. No fue una reunión más. Aquel encuentro marcó un antes y un después en la historia del sindicalismo español: simbolizó el paso de CCOO de la clandestinidad a su decisión de constituirse como sindicato, apenas unos meses después. La
Asamblea tuvo que celebrarse de forma semiclandestina en la iglesia de Sant
Medir, en el barrio barcelonés de Sants, después de que el Gobierno prohibiera
la Asamblea General prevista en Madrid. Más de seiscientos delegados y
delegadas de toda España consiguieron reunirse sorteando la vigilancia policial
y el riesgo permanente de detención. Bajo la presidencia de Cipriano García
intervinieron muchos participantes, entre otros, Marcelino Camacho, Nicolás
Sartorius y Juan Muñiz Zapico. Aquella
jornada supuso un auténtico punto de inflexión. Comisiones Obreras dejaba de
ser únicamente un movimiento de resistencia obrera para debatir el convertirse
en una organización sindical estable, democrática y unitaria. De las
resoluciones aprobadas en Barcelona nacieron decisiones importantes: la emisión
del primer carné de afiliación, la constitución meses después de la
Confederación Sindical de CCOO y el diseño de una estructura organizativa que
culminaría con la celebración de su primer Congreso Confederal. Sin
embargo, la Asamblea de Barcelona solo puede entenderse si miramos el camino
recorrido hasta llegar a ella. Comisiones Obreras había nacido en los años cincuenta,
en plena dictadura franquista, como un movimiento espontáneo de trabajadores y
trabajadoras que se organizaban para defender salarios, derechos y libertades.
Durante los años sesenta se extendió por toda España hasta convertirse en la
principal organización del movimiento obrero, pese a la represión, los estados
de excepción, las detenciones y procesos como el 1001, con el que la dictadura
pretendió, sin conseguirlo, descabezar a sus principales dirigentes. La muerte del dictador Francisco Franco en 1975 abrió una nueva etapa, pero la democracia no llegó por generación espontánea. Fue conquistada gracias a la movilización y al sacrificio de miles de hombres y mujeres que se enfrentaron a la cárcel, la persecución, los despidos y la violencia para conquistar las libertades sindicales y los derechos democráticos. Entre ellos destacaron, de forma muy especial, los militantes de Comisiones Obreras. La
Asamblea de Barcelona fue una de las grandes victorias de ese proceso. Demostró
que CCOO era ya una realidad imposible de detener y aceleró el camino hacia la
legalización de los sindicatos, que llegaría el 27 de abril de 1977. Poco
después se celebrarían las primeras elecciones sindicales democráticas, en las
que Comisiones Obreras obtuvo la confianza mayoritaria de los trabajadores. Cincuenta
años después, recordar aquella Asamblea no es un simple ejercicio de memoria.
Es un acto de justicia con quienes hicieron posible, con valentía y enormes
sacrificios personales, que hoy disfrutemos de derechos laborales, libertades
sindicales y democracia. Pero
la memoria solo tiene sentido cuando ilumina el presente. Vivimos tiempos en
los que resurgen discursos que cuestionan el papel de los sindicatos,
relativizan el valor de la negociación colectiva o presentan los derechos
laborales como obstáculos para el progreso económico. Al mismo tiempo, crecen
las desigualdades, la precariedad adopta nuevas formas y la desinformación
alimenta la desafección hacia las instituciones democráticas. Frente
a esos desafíos, conviene recordar que ninguno de los derechos de los que hoy
disfrutamos fue un regalo. Todos fueron conquistados gracias a la organización,
la solidaridad y la lucha colectiva. Por
eso, la Asamblea de Barcelona sigue interpelándonos medio siglo después. Nos
recuerda que la democracia no se limita a depositar una papeleta en una urna
cada cierto tiempo. También se construye en los centros de trabajo, en la
negociación colectiva, en el diálogo social y en la capacidad de la ciudadanía
para organizarse y defender sus derechos. Una
democracia sin sindicatos fuertes es una democracia más débil; un mundo del
trabajo sin representación colectiva deja al trabajador mucho más expuesto
frente al poder económico. Ningún
derecho conquistado es irreversible. La historia demuestra que las libertades
pueden retroceder cuando se olvidan las razones por las que fueron
conquistadas. Cada generación tiene la responsabilidad de preservar ese legado
y ampliarlo para quienes vendrán después. Celebrar
el cincuentenario de la Asamblea de Barcelona es celebrar la historia de Comisiones
Obreras, pero también reivindicar una parte esencial de la historia democrática
de España. Porque en Sant Medir no solo nació la posibilidad de un sindicato
moderno. Allí se fortaleció la esperanza de un país que empezaba a dejar atrás
la dictadura para construir un futuro de libertad, justicia social y
democracia. Con
motivo de esta efeméride, Comisiones Obreras ha organizado diversos actos para
recuperar el llamado "espíritu de Sant Medir". El principal se
celebró en el Centro Cívico Cotxeres de Sants, muy próximo al lugar donde tuvo
lugar la Asamblea de 1976, con el objetivo de recordar medio siglo de
conquistas sociales, laborales y democráticas. El
acto celebrado el pasado 9 de julio puede verse íntegramente a través del
enlace: “50 Aniversario de la Asamblea de
Barcelona”
Es un testimonio de gran valor histórico y humano que merece contemplarse con calma.
No solo porque recuerda un episodio decisivo de nuestra historia reciente, sino
porque ayuda a comprender que las libertades de las que hoy disfrutamos tienen
nombres, rostros y biografías de hombres y mujeres que decidieron no
resignarse. Hoy,
cincuenta años después, aquella esperanza sigue siendo una tarea inacabada. El
mejor homenaje a quienes se reunieron en Sant Medir, desafiando la prohibición
y el miedo, no consiste únicamente en recordarlos. Consiste en mantener viva su
convicción de que una sociedad más libre, más igualitaria y más justa nunca se
conquista de una vez para siempre: hay que defenderla cada día. Porque la historia no la cambian solo los grandes dirigentes. La cambian, sobre todo, miles de hombres y mujeres anónimos que, cuando llega el momento decisivo, son capaces de vencer el miedo para conquistar la libertad de todos. |
50 años de la Asamblea que hizo posible el sindicato de CCOO
Francisco Naranjo Llanos, director de la Fundación Abogados de Atocha (2013-2024) y sindicalista de CCOO.


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